Como pone de manifiesto Olza Moreno (2009: 47-48), los estudios de las UFs de corte pragmático, calificados como constructivistas, han insistido en la necesidad de llevar a cabo el análisis del empleo y el procesamiento de expresiones idiomáticas no sólo con base en explicaciones de corte gramatical o semántico, sino también- y sobre todo- desde presupuestos pragmáticos (cfr. Moeschler, 1992; Vega Moreno, 2007). El objetivo de dichas investigaciones ha sido demostrar que el estudio de la interpretación del significado idiomático de las UFs no debería limitarse al análisis de su defectividad o irregularidad, sino que debería fundamentarse, más bien, en principios que describan
los contextos y entornos cognitivos que activan el conjunto de asunciones e inferencias pragmáticas necesarias para el procesamiento adecuado de cada unidad (Pragmatic
adjustment, Vega Moreno, 2007, cap. 7)63. Según Moeschler (1992: 109), el hablante debe activar un conjunto de asociaciones conceptuales que constituyen la base de las inferencias pragmáticas que le permiten interpretar adecuadamente la expresión idiomática.
5.3.1. Un modelo del significado fraseológico
Como resalta Timofeeva (2005: 1072; 2007: 1030), las UFs son estructuras esencialmente pragmáticas, esto es, surgen y se codifican en la lengua como consecuencia del uso. Asimismo, en el discurso a menudo son portadoras no sólo de significado denotativo convencionalizado, sino de una fuerte carga emotiva, puesto que expresan la actitud del hablante. La misma opinión comparte Castillo Carballo (2010: 797) quien señala que con frecuencia en el discurso es posible hacer un doble uso de las UFs, según se active su carácter compositivo o unitario: “Desde un punto de vista formal permanecen inalterables, aunque en cuanto a su contenido se producen contrastes semánticos favorecidos por el contexto” 64
Por ello, la investigación de las UFs desde el corte pragmático, más amplio, no sólo permite demostrar su complejidad designativa, sino que también proporcionar un marco adecuado para afrontar la problemática del tratamiento interlingüístico de las UFs (cfr. Timofeeva, 2008: 168, Dobrovol’skij, 2005: 361).
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A sabiendas de que “la dimensión semántica no cubre todos los aspectos relativos a la comunicación humana” (Timofeeva, 2008: 172), la investigadora en cuestión, partiendo de la intrusión pragmática en la semántica de Levinson (1989; 2004 [2000], 28-33, 258-397), así como de la Teoría de la Relevancia de Sperber y Wilson (1994 [1986]), postula el reanálisis de la configuración del significado fraseológico. Es decir, resalta el poder comunicativo de las UFs y propone su propio modelo, un punto de partida para nuestras reflexiones prácticas, organizado en dos niveles: a) el semántico que abarca los parámetros pragmáticos presentes en el nivel del significado
63
Cabe resaltar que Vega Moreno (2007: 201) propone un modelo de análisis pragmático, guiado por la relevancia (relevance-driven), cuyo objetivo es explicar los procesos que intervienen en la interpretación no sólo de usos literales del lenguaje, sino que también de cadenas idiomáticas o figuradas con diverso nivel de fijación e institucionalización.
64
convencionalizado de la UF, que no se explicitan en el uso, dado que forman parte de la ”memoria interna” de una expresión dada; b) el pragmático que se relaciona con capacidades comunicativas adicionales, cuya generación está condicionada por informaciones presentes en un enunciado mayor. Es decir, dicho modelo distingue dos tipos de información que aporta una unidad en el discurso: la directamente derivada del significado lingüístico del signo, y la que deriva de su integración y combinación con otros elementos en un contexto dado (Timofeeva, 2008: 174; 371). El primer tipo, las
implicaturas de primer nivel, son las informaciones implícitas de determinada índole65
que presentan cierto grado de convencionalización, puesto que dependen de las características de la forma interna de la UF66
a) UFs en un estadio pleno de fraseologización que desarrollan Implicaturas
Convencionales (ICs), esto es, presentan la codificación o la convencionalización completa de sus valores implicaturales que imponen su carga evaluativa en un enunciado mayor, dominan la tónica general del mismo;
(la visión de la pragmática como componente). El segundo tipo, las implicaturas de segundo nivel, presentan un carácter circunstancial y se originan a partir de la interacción de la forma interna de una UF con un contexto dado (la concepción de la pragmática como perspectiva). Cabe resaltar que ambos tipos de implicaturas están interrelacionadas y ejercen entre sí una influencia mutua (Timofeeva, 2008: 373). Así pues, la investigadora (ibídem: 416- 432) distingue entre:
b) UFs en un estadio intermedio de fraseologización que desarrollan implicaturas en términos de inferencias preferidas, denominadas Implicaturas Conversacionales Generalizadas (ICGs). Se trata de informaciones recogidas en
los dos bloques evaluativos (vid. infra) que a pesar de presentar cierto grado de convencionalización, pueden verse modificadas por determinadas circunstancias contextuales en el segundo nivel de significación fraseológica, y, por ende, mostrar mayor dependencia del contexto general del enunciado que los alberga;
65 El modelo macrocomponencial del significado fraseológico de primer nivel (dimensión semántica de
las UFs) de Timofeeva (2008: 374) está compuesto por seis bloques: 1. Información denotativa; 2. Información motivacional: el componente de imagen; 3. Información evaluativa racionalizada; 4. Información evaluativa emotivo-emocional; 5. Información estilística; 6. Información gramatical.
66 No obstante, dichas implicaturas, como resalta la propia autora, no se pueden identificar con las
implicaturas convencionales de las propuestas pragmáticas de corte griceano, pues no parten del contenido lingüístico y gramatical propiamente dicho de los componentes de la expresión, sino que constituyen efectos de un largo proceso inferencial. Dado que se ajustan o concretan por medio de determinadas condiciones contextuales, tampoco se pueden identificar con las explicaturas relevantistas. Tienen un carácter especial que deriva inmediatamente de la especificidad de la semántica fraseológica (Timofeeva, 2008: 372- 373) .
c) UFs que desarrollan nuevas implicaturas, totalmente circunstanciales, esto es, generadas bajo determinadas circunstancias contextuales, pero relacionados con alguno de los bloques informativos del significado fraseológico: Implicaturas
Conversacionales Particularizadas (ICPs).
Así pues, el grado de convencionalización de las implicaturas de primer nivel repercute en el grado de interrelación con el contexto general. No obstante, la gradación en la convencionalización de valores implicaturales, tanto ICGs como ICs, no afecta al significado fraseológico de primer nivel en su totalidad, sino que puede mostrar incidencia distinta en cada uno de los bloques informativos“. Así, por ejemplo, una UF puede presentar un valor evaluativo racionalizado como una Implicatura Convencional, mientras que otros valores aparecen como inferencias preferidas y, por tanto, más propensas a depender del contexto general”(Timofeeva, 2008: 418-420)67
En lo que atañe al primer nivel del significado fraseológico conviene mencionar que las UFs no solamente designan un objeto, sino que también lo dotan de características predicativas, lo clasifican. Sin embargo, cualquier calificación se considera una evaluación, que puede ser entendida como un tipo de información que contiene datos sobre el valor del denotado (cfr. Teliya, 1996: 109; Kabakova, 2002: 4, apud. Timofeeva, 2008: 395).
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Dicha evaluación puede ser cualitativa o cuantitativa. En lo que concierne a la primera, ésta se reparte a lo largo de una escala trifocal, que se configura alrededor de la
evaluación cero (indiferencia), la evaluación positiva y la evaluación negativa
expresadas en distintos grados. En cambio, la segunda oscila entre los valores “más de
la norma” y los valores “menos de la norma”. La misma UF puede desarrollar ambos
tipos de información, por ejemplo, la CE tener menos seso que un mosquito presenta tanto la evaluación cuantitativa (mucho), como la cualitativa (negativo). Asimismo, la evaluación de este tipo se denomina racionalizada, dado que se debe analizar en el contexto de opinión que forja el hablante sobre el denotado (Timofeeva, 2008: 395- 396). Aunque la propia evaluación no expresa la emoción, sino la operación mediante la que se establece la escala de las normas de convivencia de una sociedad (Teliya, 1996:
67 Timofeeva (2008: 399) pone de manifiesto que “la distinción entre la evaluación racionalizada fija y la
no fija es bastante artificial, por lo que conviene hablar más bien de tendencias que se observan en cada unidad fraseológica dada”. Por otra parte, parece muy útil, dado que constituye un amalgama entre lo individual y lo social, se presenta como una connotación objetivo-subjetiva que “parte desde el hablante que pertenece a una configuración social y que evalúa los estamentos de dicha configuración” (ibídem: 400).
110, apud. Timofeeva, 2008: 396), su origen es emocional, dado que la emoción, el interés hacia el denotado, interviene como el motor de la evaluación racionalizada, deja una impronta en su configuración en forma de una dependencia de la empatía del hablante o del oyente. Como subraya Timofeeva (2008: 396) “ello es sobre todo aplicable a la evaluación racionalizada en términos cualitativos, pues la adscripción del denotado expresado por la UF a uno u otro polo cualitativo depende de la posición empática que adopta el hablante o el oyente en la elección o en la percepción del signo fraseológico”. Estos valores evaluativos racionalizados constituyen implicaturas, puesto que son informaciones que no están directamente presentes en el componente de imagen de una UF dada, sino que se infieren a partir de determinadas condiciones de uso.
No obstante, la UF no sólo expresa la opinión del hablante sobre el referente, sino que también produce el sentimiento o la reacción emocional hacia el mismo (de aprobación, de admiración, de desaprobación, de repugnancia o de rechazo, etc.). Esto es, se trata de la evaluación emotivo-emocional que brota inmediatamente del componente de imagen (su lectura literal), es la reacción directa hacia la imagen como tal, sin relacionarla con el referente (p.ej. faltar un tornillo, echar/tragar sapos y
culebras). Por otra parte, dicha evaluación no se limita sólo a una reacción a la imagen
literal que subyace a la UF, sino que aparece también como resultado de la interpretación de dicho componente (sus valoraciones) en la dimensión normativa de una comunidad sociolingüística dada (Timofeeva, 2008: 401). Asimismo, las valoraciones realizadas en el bloque racionalizado no siempre desencadenan consecuencias emotivo-emocionales en el primer nivel del significado fraseológico. Es decir, muchas veces se requieren datos adicionales, procedentes de un contexto más amplio (el segundo nivel del enunciado mayor) para activar las valoraciones emotivo- emocionales. Sobre todo, las UFs que se caracterizan cualitativamente como neutras o las que desarrollan evaluaciones cuantitativas (p.ej. poner pies en polvorosa) pueden no manifestar en su significado de primer nivel valores emocionales (ibídem: 415).
Asimismo, cabe resaltar que dicho bloque presenta una naturaleza bidemensional, es decir, la primera dimensión- la emocional- describe el sentimiento, en cambio la segunda- la emotiva- como consecuencia de su parámetro sociocultural, presenta un valor ilocutivo, suscita en el oyente que experimente un determinado sentimiento, es la percepción de la imagen en el contexto cultural. Ahora bien, ambas dimensiones, aunque poseen características propias, resultan complementarias, “son caras de un mismo fenómeno” (Timofeeva, 2008: 402).