Existen estudios que muestra la existencia de varios factores que influyen en la toma de decisiones de una organización y que su cumplimiento influye de forma importante en la conducta de la empresa (Di Lorenzo, 2007). De acuerdo con lo expuesto por Jensen (1993) existen cuatro fuerzas que actúan sobre la empresa para resolver los problemas de agencia que son: (a) el mercado de capitales, (b) el sistema regulatorio legal y político, (c) el mercado de productos y servicios, y (d) los
controles internos de cada organización liderados por el directorio y que se encuentran definidos en los acuerdos tomados en las juntas de accionistas y en el consejo de administración (García, 2003). Estas fuerzas influirán en la eficiencia empresarial, misma que dependerá de cómo interactúan los controles internos y externos y que marcarán el lineamiento para la dirección de la empresa, configurando entre ellos el gobierno de la misma (Palacín, 2002).
Los mecanismos de control externos pueden ser agrupados en: (a) Mercado de productos que controla la permanencia en el mercado por parte de las empresas de acuerdo con la satisfacción adecuada que esta hace de las necesidades de sus clientes, (b) mercados de trabajo de los directivos en donde se fijan los precios que se pagan por los directivos de acuerdo con el prestigio alcanzado por ellos, (c) mercados de capitales en el que se obtiene el valor que gana la empresa como consecuencia de las
acciones realizadas por los directivos, y (d) mercados de control corporativo en los que se encuentran incluidos los sistemas legales, políticos y reglamentarios (Palacín, 2002). Estos últimos ofrecen un marco regulatorio acerca de la conducta de los individuos que participan en la empresa (García, 2003). Estos mecanismos se encuentran relacionados a la forma cómo el entorno, mediante controles propios que existen en él, protege a las partes principal y agente de distintas maniobras que puedan realizar y que puedan desequilibrar la equidad en el contrato entre principal - agente.
La competencia en el mercado de productos constituye un importante mecanismo de control, sea cual sea la estructura de propiedad (Salas, 2002). Y variables como la estructura de la propiedad de una compañía pueden ser influidas por el grado de competencia en el mercado de productos (Birt, Bilson, Smith, & Whaley, 2006), pues el mercado de bienes y servicios también actúa sobre la empresa en un ambiente de competencia que presiona para que el objetivo de la compañía sea el de maximizar su valor. En caso de que esto no suceda, la compañía estará destinada a desaparecer (Ricart, Álvarez, & Gifra, 2005).
Con respecto al mercado de capitales, éste constituye un medio de control que refleja la valoración que tienen las empresas en el mercado a partir de la gestión que se realice en ellas, premiando el mercado las decisiones que conduzcan de una buena manera a la empresa con la mayor valoración de las acciones de dichas empresas (Ricart, Álvarez, & Gifra, 2005). Dentro de la Teoría de la Agencia se distinguen dos campos acerca de este tipo de control, uno que hace énfasis en cómo los mercados de capital pueden afectar a la empresa, y otra que indica que los mercados de capital no afectarán a los problemas que se verán en la empresa (Eisenhardt, 1989).
Las amenazas de la toma de control en las empresas por medio de compras hostiles también se convierten en presiones sobre los directivos con la finalidad de que estos actúen de manera eficiente (Ricart, Álvarez, & Gifra, 2005). Y se
conviertan en un tipo de control desde los mercados de capitales. La toma de decisiones a partir de este tipo de situaciones busca desplazarse en el mercado para tener el control corporativo en donde la actividad hostil de toma de poder ha sido reemplazada por ejercicios de reestructuraciones internas, y fomentar la mayor participación de los propietarios en la asignación de capital en el monitoreo directo de sus inversiones (Carati & Rad, 2000). El objetivo de esto es lograr mantener la propiedad de la empresa.
El marco regulatorio propio del entorno en el que se desarrolla una empresa también ejerce control sobre las acciones que ésta realice, pues es innegable que existe influencia de la ley en el gobierno corporativo (Di Lorenzo, 2007). Y, a pesar de que el Instituto Americano de la Ley, en su publicación Principios del gobierno corporativo del año 1994, indica que el principal objetivo de una organización es realizar el beneficio de la corporación y la ganancia de los accionistas; también se debe considerar que la empresa está obligada a actuar dentro de los límites legales incluso si los objetivos anteriores no se cumplen (Di Lorenzo, 2007).
La ley no necesariamente es un determinante en la conducta de las empresas. Por ello, un aspecto que se debe considerar en la evaluación del control que puede ejercer el marco regulatorio está relacionado con la claridad de los mandatos legales a los cuales se ve sometida la empresa; debido a que los mandatos legales vagos no ocasionan verdaderas influencias en la conducta de la empresa. Un sistema legal en el cual se encuentren claramente establecidos los estándares legales y los cursos de
conducta por parte de los miembros de la industria generará un mayor cumplimiento (Di Lorenzo, 2007).
En general, los controles externos aseguran que se respeten no sólo los derechos de los propietarios, sino también de los grupos de interés, lo que permite el desarrollo de mecanismos que permitan vincular las decisiones de la empresa con el bienestar de ellos (OCDE, 1999).
Debido a que los principales involucrados en el gobierno de la empresa son: (a) los propietarios, (b) el consejo de administración y (c) la alta dirección, estas tres partes generan, en base a distintas consideraciones, los mecanismos de control interno con los que se conducirá la empresa (García, 2003). Los mecanismos de control interno en las empresas son establecidos por los accionistas con la esperanza de alcanzar un punto cercano de convergencia entre sus retornos y el beneficio para los gerentes (Lashgari, 2004) y se puede destacar entre ellos a los siguientes: (a) Consejos de administración, (b) diseño de contratos de compensación, (c) accionistas, y (d) estructura financiera (Palacín, 2002). Los controles internos se establecen de acuerdo con el grado de influencia legítima que tienen los distintos participantes dentro de una organización. Aquellos determinan códigos y
procedimientos que deben ser atendidos por los integrantes de la empresa (García, 2003) y centran su atención en los órganos de gobierno que genere la sociedad para la supervisión (Ricart, Álvarez, & Gifra, 2005).
Se observa que los problemas de agencia en la empresa están relacionados con la estructura de la propiedad que ella maneje (Claessens, 2006). Ésta la constituyen por la propiedad de la administración, la propiedad institucional y la propiedad individual. El incremento en la propiedad de la compañía es una señal
positiva de su valor, pues los beneficios de los accionistas se conectan con los de los gerentes. Esto significa que los costos de agencia se verán reducidos cuando los gerentes tengan más acciones. De otro lado, el aumento de propiedad gerencial ocasiona que los gerentes ganen más poder para controlar la firma y reduzcan el riesgo de ser reemplazados. De ese modo, el valor de la empresa puede disminuir si el gerente no siente que puede aparecer alguien que pueda retarlo y sacarlo (Chen & Kao, 2005).
Los órganos que existen en una empresa son la junta general de accionistas, el directorio, que se encuentra encargado de la administración de la sociedad, y la gerencia encargada de la alta dirección. El gobierno de las sociedades busca la defensa del derechos de los accionistas, dentro de los cuales se encuentran algunos referidos a los métodos de registro de propiedad, transferencia de propiedad, información acerca de la empresa, participación en las decisiones, elección de representantes y participación de beneficios (OCDE, 1999).