CHAPTER 3. PROOFS
3.2 Recurrence and transience: Proof of theorem 1.2.1
En el actual capítulo se abordarán algunos planteamientos que surgen entorno al espacio público en el sector las Independencias en la Comuna 13 de Medellín. Donde el
discurso institucional plantea una intención, pero el resultado final deviene en un desbordado apropiamiento del espacio público una vez instalado el turismo en el sector, generando así diferentes dinámicas, conflictos y reclamos. Además, se pretende discutir lo que suscita el empleo de la categoría <<transformación>> en la que se pretende solventar el discurso oficial de ciudad, alrededor del turismo en las Independencias y la ciudad. Una transformación asumida sin reparo, ligada al éxito de las obras de remodelación urbana en la ciudad, pretendiendo ubicarse forzadamente en la consciencia colectiva del turista, omitiendo a su vez los reales móviles que propician la visita de extranjeros a la ciudad, direccionados al morbo del pasado, la violencia, el narcotráfico y su configuración en una <<cultura-narco>>.
Palabras Clave: espacio público, apropiación, transformación, voyerismo, turismo. Abstract:
The current chapter will address some approaches that arise around public space in the Independencias sector in Comuna 13 of Medellin. Where institutional discourse proposes an intention, but the result becomes an overflowing appropriation of public space once tourism is installed in the sector, thus generating different dynamics, conflicts and claims. In addition, it is intended to discuss what raises the use of the <<transformation>> category, in which it is intended to solve the official discourse of the city, around tourism in the Independences and the city. A transformation assumed without qualms, linked to the success of urban remodeling works in the city, seeking to be forcibly placed in the collective consciousness of the tourist, omitting in turn the real mobiles that encourage the visit of foreigners to the city, directed to the morbidity of the past, violence, drug trafficking and its configuration in a <<narco-culture>>.
Keywords: public space, appropriation, transformation, voyeurism, tourism.
¿Espacio público para quién?
Uno de los argumentos en los que se solventaron las intervenciones hechas en el sector las Independencias era la carencia de espacios públicos y esa necesidad es
precisamente lo que el P. U. I con su componente físico ya abordado en el primer capítulo, pretendía remediar:
digamos que el P.U.I se compone de 3 momentos claves o aspectos, el aspecto físico, como construimos espacios públicos de calidad y llevamos equipamientos de calidad en zonas donde hay déficit de espacio público y también hay precariedad y bajos índices de calidad de vida (Entrevista funcionario 2 del E. D. U, 2019).
Es decir, se presenta como una alternativa para solucionar la falta de espacios públicos en el sector debido al apiñamiento de este por su carácter geográfico, que no contaba con espacios amplios, la dotación de estos espacios se proyecta para el disfrute y uso de la comunidad por medio de construcciones de plazoletas, viaductos, miradores, bloques de cemento que simulan mesas y sillas, gimnasios al aire libre, parques.
“Es el tema de urbanismo, urbanismo y paisajismo, no solo cumpliendo una finalidad en temas de movilidad, sino dotar ese sector de espacios públicos que antes no había, puntos de encuentro” (Entrevista funcionario del E. D. U, 2019). Sin embargo, con la detonación del turismo como una nueva posibilidad económica en el sector, los espacios públicos pensados para el disfrute de la comunidad que surgían a partir de la necesidad por cubrir déficits por la anterior ausencia de los mismos, se ven sujetos a apropiaciones por parte de la comunidad, que ve en el nuevo espacio público una forma de usufructo o al menos un medio para comerciar productos. Por otra parte, lo que se proponía como un espacio público para la comunidad se convierte en un escenario copado por turistas, en el que el disfrute queda reducido a las relaciones comerciales entre quienes se valen del espacio para comerciar y quienes demandan de estos servicios, en este caso, los turistas.
Ya (Álvarez, C, 2019) había puesto en evidencia esta coyuntura en las Independencias, no solo refiriéndose a la apropiación desbordada del espacio público, sino dejando en evidencia a su vez la adecuación y uso de las viviendas para usufructo de quienes la habitan, o sea, de espacios íntimos o privados, al igual que la poca formalización de estos comerciantes emergentes, la gran mayoría sin (R. U. T), requerimientos legales de Cámara de Comercio y sus constantes conflictos, problematizando la intencionalidad de las obras desde el discurso institucional y lo contradictorio que resultaba la etiqueta de turismo “comunitario” en un escenario donde
no hay regulación alguna, tampoco es evidente el beneficio general de la comunidad, puesto que los beneficiarios claros son los peces gordos de la cadena turística.
Respecto a esta situación, desde la Subsecretaria de Espacio Público se aborda de manera distante lo que sucede, argumentando que ese tipo de situaciones ya no corresponden a tal dependencia, sino a la Policía Nacional, desde la expedición del nuevo código nacional de policía:
para ubicarte en la Misionalidad de espacio público es muy importante que distingas dos momentos con respecto a la competencia de regular y controlar las conductas que no sean adecuadas en el espacio público y los dos momentos son antes del código nacional de policía y después del código nacional de policía, porque antes del código nacional de policía nosotros teníamos una competencia administrativa para hacer un control sancionatorio, incluso retener elementos, lo hacíamos por delegación del señor alcalde (Entrevista Subsecretaria de Espacio Público, 2019).
Dicha figura que impide a la dependencia directa del espacio público recae sobre la Policía Nacional, específicamente en la Policía de Turismo que sería la encargada en este contexto, de acuerdo con la actualización del último Código nacional de policía y convivencia del (2016):
Artículo 140. Comportamientos contrarios al cuidado e integridad del espacio público:
4. Ocupar el espacio público en violación de las normas vigentes.
6. promover o facilitar el uso u ocupación del espacio público en violación de las normas y jurisprudencia constitucional vigente
Sin embargo, más que preguntarnos por los entes encargados de reprimir o regular este tipo de manifestaciones en el espacio público, lo que se intenta es evidenciar la conflictiva relación que hay entre el espacio público planeado y narrado desde la retórica dominante, ya sea desde sus planeadores, controladores, administradores con respecto a quienes viven el espacio público, se supone son sus destinatarios finales y lo dotan de significado a partir de la experiencia, además de lo coyuntural de cada caso, como sucede con las nuevas dinámicas turísticas en el sector, que si bien en un principio las obras
fueron planeadas con unos objetivos, terminan tomando otro sentido, adecuándose a las necesidades de quienes lo habitan y en este caso urgen de su explotación.
Ahora bien, este fenómeno de usufructo de los espacios tanto públicos y privados, se entienden como una mercantilización de este, en la que se opta por un supuesto bien de uso como lo es el espacio público que presupone no tener un fin comercial, pero termina por convertirse en un bien de cambio que genera un ingreso o beneficio a quien la explote, en este caso quienes lo habitan y disponen. Quien mejor expone dicha figura es Marx (2008):
La mercancía de consumo es valor de uso (...]; pero al mismo tiempo, como mercancía no es valor de uso. Si fuese valor de uso para su poseedor, es decir en inmediato medio de satisfacción de sus propias necesidades, no sería mercancía, Para su poseedor es más bien no-valor de uso, o sea, simple soporte material del valor de cambio, o simple medio de cambio; y siendo soporte activo del valor de cambio, el valor de uso llega a ser medio de cambio. Para su poseedor no es ya valor de uso porque es valor de cambio. Como valor de uso es preciso que llegue a serlo, en primer lugar, para los demás. No siendo valor de uso para su propio poseedor, lo es para las demás mercancías (p. 63-64).
Se podría intentar representar en la idea de la renuncia de en este caso los destinatarios formales del espacio público en las Independencias como valor de uso para disfrute propio, convirtiendo dicho espacio de acuerdo a sus necesidades en un valor de cambio, tal como sucede con los grafitis en espacio público, los diferentes comercios informales ubicados en el espacio público que a la fecha del mes de septiembre del año 2019 llegaban a 43 en inmediaciones de las Escaleras Eléctricas y los viaductos, los tours en general que voluminosamente se llevan a cabo en el espacio público.
Figura 11. Ventas ambulantes sobre un gimnasio al aire libre. Fotografía tomada por: Juan Diego Rojas (2018)
Figura 12. Sobreocupación de espacio público en viaducto media ladera. Fotografía tomada por: Juan Diego Rojas (2018)
Figura 13. Show artístico sobre el espacio público a inicio del viaducto media ladera. Fotografía tomada por: Juan Diego Rojas (2018)
Figura 14. Pendón de alcaldía de Medellín. Fotografía tomada por: Juan Diego Rojas (2018)
Este valor de cambio delegado al espacio público por sus destinatarios finales, sus habitadores, difiere de las intenciones del urbanismo reformador del espacio público y lo prevé como un ejercicio negociador del control social, alineador con la población, aunque esto no concluye en traer consigo dichas premisas de facto, puesto que la necesidad y realidad de quienes habitan el espacio y en este caso disponen de este como mercancía a generar un ingreso o beneficio, permite verle como un acto emancipador y a su vez contrastador del objetivo urbanista premeditado, deviniendo en apropiación.
Así lo llega a desarrollar el ya varias veces nombrado en este trabajo (Lefebvre, 2013) que lo sugiere como una apropiación positiva o re-apropiación a modo de respuesta a la apropiación negativa de los dominadores del espacio, o sea, quienes lo planifican, es decir, una constante lucha por producciones de los diferentes espacios (vividos, concebidos, percibido) dicha re-apropiación a su vez se concibe como un acto de resignificacion de la condición política del habitante que lo reafirma como ciudadano y reclamante de su derecho a la ciudad, sin necesariamente ser un acto consciente, planeado u organizado.
Sugiriendo también interpretarse como una validación de la privatización del espacio público diseñado desde arriba, que si bien es parte del espacio vivido que los habitantes re-significan o re-apropian, termina estando cada vez más cerca del <<orden>> concebido, de un mercado “espontaneo” al servicio de los visitantes en un espacio público actualizado digno de la formalización para su <<adecuado uso>>, lo cual termina siendo una metodología para redirigir al monopolio del espacio, fin último del espacio concebido.
Tal apropiación positiva contrapuntea con el <<ciudadanismo>> que expone (Manuel Delgado , 2011) pretendido por el espacio público <<concebido>> como una especie de contrato social abstracto e intangible del que resulta como propósito un pre- supuesto de armonía o proyecto cívico interventor de espacios y constructor de comportamientos adecuados en los ciudadanos con respecto a este, además de una pedagogía preparatoria cortoplacista a la instrumentalización del espacio público para una
permitida explotación, siempre y cuando sea estéticamente ordenada, armónica y vanguardista acorde a los proyectos de ciudad y monopolizada por quienes hacen parte del entorno <<concebido>> revalidando una privatización solapada.
En este punto vale la pena lanzar interrogantes como ¿espacio público para quien y para qué? el carácter ambiguo, confuso, si se quiere pluri-conceptual del mismo, es lo que revienta en el <<ciudadanismo>>, la apropiación positiva o reapropiación, y las constantes apariciones de actores convertidos en usuarios consumidores o mercaderes alienados, aptos con el ideal del sector dominante del espacio, como se evidencia en este caso en otras áreas de la ciudad:
Pero el privado, el pudiente, el empresario, puede ocupar el espacio público de manera temporal para unos usos muy limitados y debe pagarle al municipio por ese uso y este trámite se hace en la Agencia para el Paisaje y el Patrimonio y las Asociaciones Publico Privadas que las siglas que las resume son A.P.P, o sea que esta entidad se creó para que a nombre de la alcaldía administre estos usos transitorios, pero allá si es pagando y allá te hacen la liquidación y entonces allá ya es una explotación por parte de un privado que no es vulnerable, no es pobre, pero necesita hacer publicidad, un evento, como estas ferias artesanales que típicamente hacen en el parque el poblado (Entrevista Subsecretaria de Espacio Público, 2019).
Tales intenciones reguladoras administrativas hacen parte del alegato constante enmarcados en el llamado por la <<formalización>> también hermanadas con la idea de <<ciudadanismo>> correspondientes al discurso de “igualdad de condiciones” y aceptar que “las normas son para todos” en dirección de no empañar la tematización armónica adjudicada a distintos espacios en la ciudad. Reafirmando así el espacio público, como (Delgado, 2011) lo piensa, no es más que extensión material convertida en ideología, o si se quiere ideología(s) de acuerdo con la conveniencia de cada actor, espacio público del que todos pueden apropiarse, pero nadie es propietario.
Cabe resaltar lo paradójico que resulta en ocasiones reclamaciones como “usted se va por aquí o por allá y ve una cantidad de negocios y no son de gente de por acá, el espacio público está invadido, a mí me indigna ver venezolanos haciendo tours aquí” (Entrevista madre de un guía, 2019). Sobre la explotación del espacio público en inmediaciones a las Escaleras Eléctricas por personas que no son residentes permanentes
del sector o incluso personas extranjeras que ofrecen tours, generando así la inquietud sobre no solo la apropiación, sino una supuesta correspondencia del espacio público, es decir, valido para los residentes del sector quienes se sienten como dueños del derecho a la explotación de ese espacio y solo este corresponde a ellos, quienes no lo son, quienes son de otros barrios o como en este caso, extranjeros usufructuando espacio público, no les correspondería tal derecho de acuerdo al imaginario del habitante directo y el espacio.
Un turismo de transformación que aún no transforma
La exposición a la que ha estado la ciudad de Medellín, la misma que parece ser el propósito de su actualización urbana hace cuestionarse a lo largo de este trabajo qué tan prioritario es el interés en torno al habitante en realidad, partiendo de una suscitada necesidad por figuración internacional como estrategia de captación de capitales privados en la ciudad, la cual se promueve como una ciudad ideal para hacer negocios e inversiones, así como para ser sede de grandes eventos, reiterándolo discursivamente sobre una categoría surgida de la nada que ha sabido aprovechar, la <<transformación>> titular como variante o nueva tipología de un turismo que en discurso oficial confunde al no ser claro si es presupuestado, planeado o espontaneo, que surge del desorden y choques de intereses, como el caso de la <<transformación>> de la Comuna 13, pero a la vez es útil como axioma y slogan de mercado.
La <<transformación>> que además se asume como logro concluido es lo que abarca todo en uno, la rehabilitación social por medio de la efectividad de la puesta en marcha de proyectos urbanos de vanguardia global, además del civismo traducido en ciudadanismo, los nuevos procesos creativos entendidos como culturales, la asepsia urbana y la defensa y orgullo a ultranza de los ciudadanos para con su ciudad, que hacen de esta tipología una especie de patrimonio alternativo, equiparable a los patrimonios tradicionales de la ciudad, pero a su vez no des-usa los valores discursivos “paisas” para sustentar tales logros.
Esa entereza que permite a la ciudad mutar positivamente incluso ante el peor de los panoramas, como lo era hace no más de veinte años, es lo que se supone atrae miles de visitantes diarios a la ciudad y al sector de las Escaleras Eléctricas en las Independencias de la Comuna 13.
Sin embargo, una cosa es como se proyecta en este caso la retórica institucional de la ciudad y su intento por oficializarse y otra muy diferente como terminan siendo las
motivaciones del turista dirigidas más a una práctica voyerista por testificar la cercanía al caos de los años 80 y 90 del siglo XX y algunas supervivencias o prácticas relacionadas.
Es decir, ¿es en realidad la transformación social y urbana lo que motiva al turista a visitar la ciudad? O ¿es un patrimonio otro o turismo oscuro lo que termina movilizando a los turistas a visitar la ciudad? Como también ¿se puede asumir la transformación como un logro concluido gracias al proyecto de ciudad?
Durante el ejercicio etnográfico de trabajo de campo se realizaron encuestas a turistas en inmediaciones a la estación de metro San Javier como en alrededores de las Escaleras Eléctricas, si bien las preguntas eran abiertas, en un formato cualitativo, la mayoría de los turistas confirmaban que dentro de sus motivaciones de visita a la ciudad estaban vinculadas a la figura de Pablo Escobar, el tour o tours que hay de Pablo Escobar (guías del grafitour también manifestaron la constante vinculación errónea del grafitour o de la Comuna 13 con Pablo Escobar por parte de algunos turistas) como también se dejaba en claro la influencia de series televisivas con temática narco, películas e incluso por la influencia de letras de reggaetón.
Si bien, dentro del ejercicio nadie manifestó las drogas, su fácil acceso y bajos precios, u otros intereses como el turismo sexual, Medellín también es buscada por garantizar esto dentro de su portafolio de diversión, así lo advierte la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito unodc (2013):
Este fenómeno se describe como una corriente turística en la que personas nacionales y extranjeras visitan una o varias zonas específicas de un país, con la intención de adquirir, consumir y transportar drogas, principalmente marihuana, cocaína y heroína, e incluso de visitar plantaciones y laboratorios clandestinos para conocer el proceso de elaboración. Los factores que caracterizan estas zonas y que se confirman con los hallazgos de este estudio, son entre otros: 1) La imagen clandestina que se ofrece al viajero, con esta motivación del destino como un lugar en el que es posible adquirir sustancias psicoactivas de alta calidad y precios favorables para el consumidor, 2) la Percepción de una frágil acción y/o complicidad por parte de las autoridades locales frente a la venta y el consumo, especialmente cuando se trata del control de ciudadanos extranjeros 3) la disminución del riesgo social para el turista o viajero al encontrarse en un espacio
lejano a su cotidianidad, que lo desinhibe frente a factores de riesgo asociados a lo ilícito (p. 5).
Figura 15. Panfletos en inmediaciones al Parque Lleras. Fotografía tomada por: Juan Diego Rojas (2018)
Así mismo, la etnografía virtual también fue un recurso usado en el presente proyecto de investigación, en el que en plataformas como YouTube se pudo constatar esta visión de ciudad, donde algunos canales de blogueros10 internacionales, angloparlantes, abiertamente comparten su experiencia como turista en la ciudad, haciendo recomendaciones de que hacer y qué no hacer, aconsejan sobre drogas de calidad y a