a. Como núcleo del problema de la posibilidad del conocimiento 7, 27, 30, 31, 98 (27, 30, 7, 31, 98)
Como complemento de lo dicho bajo inmanencia, reducción fenomenológica,
posibilidad del conocimiento (entre otros apartados en que nos referimos a este
concepto), desglosamos aquí las tesis que conciernen directamente a la
trascendencia
. Y en primer lugar, advertimos que la trascendencia es el rasgo de ciertos conocimientos por el cual estos pueden considerarse “problemáticos”. El problema del conocimiento, que es el problema de su posibilidad (la cuestión: “¿cómo es posible que el conocimiento alcance su objeto?”), ha surgido ante una reflexión que se mueve todavía dentro de la actitud natural. Una reflexión posterior, filosófica, descubre que el rasgo por el cual el conocimiento resulta problemático es su trascendencia. Esta consiste en el hecho de que el conocimiento postula como existentes en sí mismos objetos que “no le están dados defilosofía éste puede ser el oscuro paraje en que merodean los fantasmas del solipsismo, del relativismo. El verdadero filósofo preferirá, en lugar de huir ante ellos, iluminar ese oscuro paraje.
También en esta obra habla Husserl de una “notable disciplina trascendental, primera en sí, que es efectivamente solipsista-trascendental” (§ 102, p. 280).
58 Este punto está tratado principalmente en la Quinta de las Meditaciones cartesianas. 59 En ID escritas transcendencia y transcendente; pero la distinta grafía no afecta al sentido.
modo absoluto”, es decir, objetos que no forman parte de la misma corriente de conciencia que el acto de conocimiento mismo que los postula. De estos objetos se dice entonces que son trascendentes (en el sentido corriente: que están “más allá” de la vivencia de conocimiento misma). (Véase bajo reflexión gnoseológica.) El concepto de trascendencia y trascendente se determina entonces simplemente por la noción más común de una “exterioridad” de los objetos respecto de una “interioridad” subjetiva (de conciencia mental, psíquica, anímica). Pero este no es todavía el concepto adecuado, fenomenológico, de la trascendencia. Este sólo surge cuando el problema de la trascendencia se plantea en sus términos legítimos, dentro ya de una reflexión propiamente filosófica, fenomenológica, como se aclara en seguida.
b. Como aquello que hay que desconectar en la reducción
32, 33, 37, 39, 43, 45, 101, 104 (32, 33, 43, 104, 101, 45, 37, 39)
La reflexión gnoseológica que es ya filosófica descubre que el problema del conocimiento (el problema que presenta su “trascendencia”) que se ha planteado la reflexión natural ha sido referido por ésta al conocimiento natural, es decir, al conocimiento humano, a un conocimiento que, por ende, transcurre por completo dentro de la misma esfera objetiva que dicha reflexión natural consideraba problemática. O dicho de otro modo, descubre que también los actos de conocimiento (y no sólo sus objetos) son trascendentes en el mismo sentido. Y, por lo tanto, que el problema del conocimiento, si es legítimo, debe referirse a actos de conocimiento que no se supongan ellos mismos, sabiéndolo o no, como trascendentes. La realización de la reducción fenomenológica, entendida como una desconexión, como una puesta entre paréntesis, de toda trascendencia, de todos los objetos trascendentes, es la vía de acceso a estos actos que no poseen ya trascendencia alguna, que son absolutamente inmanentes (los mismos actos de conocimiento —y demás vivencias— fenomenológica o trascendentalmente reducidos). Estos actos siguen “postulando”, por así decirlo, objetos trascendentes; poseen, pues, una referencia trascendente (o una trascendencia), pero la poseen como un carácter inmanente [45]. Este es entonces el concepto fenomenológico de la trascendencia: la trascendencia como un carácter o un rasgo inmanente que se encuentra en los fenómenos1 inmanentes mismos. Con más precisión: en la conciencia inmanente misma (o, como también se le llama, en la conciencia trascendental) encontramos la trascendencia justamente como un carácter de (algunos de) sus objetos intencionales. Y este carácter consiste, una vez más, en el “no estar contenidos como 'ingredientes' (como elementos reales [
reell
] (véase bajo ingrediente)) de la conciencia misma”. (Véase como complemento bajo intencionalidad y bajo reducciónfenomenológica.)
Como resultado de la desconexión de todo lo trascendente, el problema del conocimiento recibe una nueva formulación: la trascendencia (la referencia a algo trascendente) del conocimiento ya no es un enigma o una aporía, sino que constituye un tema de investigación, de descripción y análisis. Y el “problema”, en su justa dimensión, no es más que la tarea de una teoría universal de la constitución (véase bajo
constitución), que es la tarea universal de la fenomenología: averiguar cómo, en qué
procesos y series de actos se constituyen para un yo objetos de toda índole y un mundo de objetos, con todas las propiedades y notas que tienen el mundo y sus objetos para cualquiera de nosotros “antes de toda filosofía”.
Vale la pena hacer una aclaración terminológica: Lo trascendente (lo que posee trascendencia) se opone, así, a lo inmanente. Lo inmanente, cuando se entiende en sentido “reducido” (tras la reducción fenomenológica), también se denomina
trascendental
. La semejanza de ambos términos (“trascendente” y “trascendental”) puede prestarse a confusiones. Pero Husserl es perfectamente consistente en este uso y un poco de atención evita los malentendidos.c. En sus dos sentidos principales: i) No-ingrediente, ii) No-dado en sí mismo 28, 29, 51, 61, 63, 110, 111, 112 (110, 28, 29, 112, 61, 63, 111, 51)
Esta distinción es estrictamente paralela de la distinción de los dos sentidos de
inmanencia
(como “ingrediente” y como “dado en sí mismo” o “dado absolutamente”). Hacemos las aclaraciones correspondientes bajo inmanencia. Veáse también bajoreducción fenomenológica
in fine
.C