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ella se desarrollan

El cine itinerante Rosa purpura del Cairo desde la primera vez que se realizó, se convirtió en un espacio que permitía pensar de otra manera los ―lugares‖ de los habitantes de la región montemariana, lugares que por un lapso de tiempo se transformaban en no lugares por el terror generado tras el conflicto armado y como lo expone el Colectivo Línea 21 es a partir del cine que pudieron transformar esos significados e imaginarios del espacio:

Pudimos entender que en la palabra motivada gracias al encuentro y las temáticas presentadas, los participantes entienden ahora el cine como un dispositivo que confronta a la realidad y a los imaginarios y convoca a la construcción de otros nuevos con sus vecinos, amigos y coterráneos.

Dichos contenidos promovían reflexiones en derechos, resolución pacífica de conflictos, equidad de género, participación activa de la mujer en lo público, pero especialmente, promueve el derecho a la palabra en contravía del silencio y el miedo que prevalecía tanto en lo público como en lo privado y que daba paso a la imposición de lógicas e imaginarios sobre el territorio y sobre quienes en él habitan. Busca recuperar el derecho a habitar el territorio sin temor y, el derecho a pensar y compartir ideas y sueños con el otro apelando a la confianza re-construida paso a paso; haciendo esos sueños realidad.

El cine itinerante no solo es un mecanismo de resistencia civil pacífica, sino que también tiene como propósito ser un vehículo de la memoria, no una memoria histórica, sino una memoria popular, contada desde la misma comunidad como lo comparte Soraya Bayuelo, tras contestar la pregunta ¿qué se quiere desde la experiencia del cine itinerante Rosa Purpura del Cairo y el museo itinerante de memoria?:

La memoria Histórica cuenta un relato oficial, nosotros queremos contar el relato no oficial, el de la gente. El relato oficial es válido, es bueno, pero se centró en poquita gente, faltó mucho territorio por recorrer. Nosotros queremos ampliarlo con más región. La memoria no se construye solo desde las víctimas, también desde los victimarios y ellos están tratando de escucharlos a ellos. Nosotros no vamos a hacer eso, no nos corresponde. (La silla vacía, 2012).

Lo que se evidencia en lo expuesto por Soraya Bayuelo es la iniciativa por visibilizar y reconocer los sentimientos, pensares y transmitir vivencias de los sujetos que lo narran, entendiendo que estas subjetividades de cada sujeto están estrechamente relacionadas con su experiencia. Es en este sentido epistemológicamente hablando, cuando los juicios subjetivos ya sean la verdad o falsedad no son cuestión de hecho sino que depende de puntos de vista u opiniones. (Cely, 2009:97). Es así donde se presenta un ―sentir‖ en primera persona y que tiene que ver con aquello que se experimenta en su propio caso y que no puede ser sentido por otro (Cely 2009:97). Sin embargo, esto no quiere decir que no pueda ser transmitido a terceros que se puedan sentir identificados al haber vivenciado situaciones similares.

Es a partir de este compartir, ese dialogo, que se va tejiendo una memoria colectiva y popular donde una comunidad, en este caso la montemariana, va recreando su propia historia a partir de sus relatos, narraciones y silencios.

El diálogo que se presenta entre los habitantes de la Región de Los Montes de María que participan en el colectivo audiovisual Línea 21, da a conocer esos posicionamientos y sentires que se han construido con las experiencias que estos sujetos han vivenciado tras el conflicto armado colombiano.

Es así, donde cada uno ha apropiado de manera diferente hechos que se han presentado en su región y le han realizado una lectura diversa a su propias experiencias y comienzan a plasmarlo en una pieza audiovisual, esto se refleja cuando los habitantes de la región montemariana ya no solo hacen parte del público de una película proyectada sino que comienzan a realizar cortos, documentales expresando sus experiencias, sentires y

pensamientos de sus realidades. Es así como pasan de ser receptores dentro del cine itinerante a ser cineastas, donde no solo nos informa de los sucedido sino que dan a conocer

sentimientoso conocimientos sobre el mundo en un código común aparentemente, al igual que se hace al leer un texto como lo menciona Estanislao Zuleta en su texto ―Sobre la lectura‖. En el caso del cine club itinerante se realiza un trabajo similar donde juega con otros elementos como código común entre el cineasta y el espectador que al fin y al cabo llegan a ser los mismos:

A mí personalmente que también soy víctima del conflicto armado y que fui desplazado y perdí seres queridos me ha ayudado bastante y puedo ver que el sistema audiovisual va más allá de un equipo, es el sentirme libre, poder liberarme a través del el cine club, eso

fue lo que me permitió, nosotros vamos hacer un video y lo vamos a mostrar en el cine‖ (Entrevista, 2017-2018)

Ahora bien, la realidad que se representa en una película no se le puede hallar la objetividad que se busca de un acontecimiento o hecho que se presenta en un tiempo y espacio determinado. Frente a esto surge la inquietud de ¿cómo omitir la perspectiva del otro?, pues bien Pierre Sorlin, citado por Marzorati (2008), propone desde el cine que las películas son prácticas significantes que muestran diferentes interpretaciones de la sociedad y las relaciones que en ella se desarrollan y que estas reconstruyen un pasado referentes a la sociedad que las ha realizado, a su propio contexto pero no al acontecimiento histórico que quiere evocar. (Marzorati, 2008: 43). Esto se presentó en el cine club itinerante Rosa Purpura del Cairo y quienes participan en la construcción de piezas audiovisuales: su objetivo no es recrear los acontecimientos u hechos del pasado fiel dignos a las realidad, sino que para los protagonistas de estas piezas, quienes son los mismos quienes lo producen, la comunidad montemariana, es un espacio donde lo vivido cobra significado y le da sentido y utilidad en el presente.

Es así como a partir del cine club itinerante se va creando una memoria popular, la cual lo importante no es hasta qué punto el recuerdo encaja exactamente con los fragmentos de una realidad pasada, sino por qué los actores históricos reconstruyen sus recuerdos de una cierta forma en un momento dado, como lo expone Maddleton y Edwards citado por Cendales y Torres, (2010 p. 13). El objetivo de construir una memoria popular es conocer y reconocer las diversas historias de los sujetos sobre ciertos hechos, no solo una historia. Como lo menciono Bayuelo lo que se quiere es escuchar los otros relatos, a las otras personas del territorio.

En este momento es cuando se presenta la intersubjetividad, la interacción o relación e intercambio de conocimientos a partir de lo que pensamos, sentimos según el contexto en el que estamos inmersos. Esta intersubjetividad es más intangible que la propia lengua, la cual solo puede expresarse en el momento que exista una comunicación entre sujetos sociales, al presentarse un intercambio de saberes que podría llegar a ser lo ideal para comprender al otro.

De esta manera es como se da paso a la construcción o reconocimiento de identidades, en espacios de encuentros la cual se comparten actividades cotidianas, sentires, vivencias del pasado y reconocimiento del otro como lo expresaron algunos participantes del Colectivo Línea 21:

Hay que empezar a sacar la voz de adentro, el grito, el llanto, el canto… Fue mucho lo que dijeron de nosotros y lo que siguen diciendo y fue peor lo que hicieron. Pero no se imagina usted la calidad de gente de acá, eso no lo hay en otro lado, es que las familias comparten todos los días el café de la mañana, la comida, y claro, lo que hemos vivido también… Las historias que hay que contar todavía y las que se llevaron los que se fueron. Yo creo que la Memoria es como eso, como las ganas de contar pero desde uno mismo, con las palabras de uno para que los hijos entiendan. (Habitante del Carmen de Bolívar, entrevista 2012)

3.2. Los medios de comunicación como dispositivos culturales en la educación popular de

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