a) Informándose e informando. Esto es: recabar la mayor cantidad de datos so- bre las actividades culturales y sus posibilidades. En una sociedad inserta claramente en el sistema capitalista, el movimiento de fondos que produce la cultura, la cantidad de gente que ocupa, pueden hablar con bastante elo- cuencia de la importancia del sector. Es necesario que la cultura, como otra ac- tividad social, entre en las lógicas de relación con los elementos globales de la so- ciedad intentando crear las condiciones y justificaciones que permitan fundamen- tar el papel que juega en el conjunto de la sociedad. (Martinell:2001)
b) Formando:
1) Agentes: capacitar es una manera de crear una masa crítica importante pa- ra generar conciencia sobre el valor que tiene para una comunidad el desa-
rrollo de sus manifestaciones culturales y presionar, por lo tanto, para que en el área se designen personas idóneas cuando se definen las políticas públicas. 2) Públicos, para asegurar el tránsito intergeneracional de los valores y au- mentar las referencias identitarias.
3) Artistas, para favorecer el surgimiento y crecimiento de creadores. c) Fortaleciendo y valorizando las expresiones populares que enriquecen el
acervo cultural, a través de las cuales una comunidad afianza y manifiesta su identidad.
d) Ocupando y abriendo espacios en el territorio, en las administraciones y en los medios. 1) Es casi una perogrullada afirmar que cuanto más despliegue te- rritorial se tenga será mayor el poder con que contemos: cuantas más ins- tituciones haya en el territorio avocadas a la cultura, más posibilidades de acción, de encuentro con la comunidad. La existencia de estructuras en las administraciones públicas con mayor o menor reflejo presupuestario es un factor de peso en la trama de poder. Abrir espacios donde no los haya (crea- ción de centros culturales, bibliotecas, salas; creación de Direcciones, Sub- secretarías, Institutos), mejorar lo que existe (ampliaciones, refacciones, modernización de equipamientos; jerarquización, elevación del nivel, de las instancias administrativas) constituyen pasos para la ampliación del poder. 2) La presencia sostenida en los medios de comunicación es un buen sopor- te. Establecer redes de radio y televisión comunitarias y alternativas. 3) La cuestión es la manera en que se ocupan los espacios porque un mal mane- jo de un equipamiento o de una estructura puede ofrecer la excusa para su cierre. No hay que olvidar: para gran parte de la dirigencia, la cultura es un gasto superfluo y es lo primero que habrá de reducirse cuando las vacas del erario adelgacen – que es la norma, aunque las vacas verdaderas se críen en llanuras tan verdes como la pampa argentina o el campo uruguayo. e) Integrando jurisdicciones: ¿cuántas veces las diferentes jurisdicciones que
operan sobre un territorio actúan desarticuladas y a veces hasta en franca oposición? Los municipios no se relacionan con la provincia y el estado na- cional va por su lado y danzan un patético minué de rivalidades y sospe- chas. Cuando el funcionamiento coordinado podría dar resultados superio- res, al optimizar recursos materiales y humanos. Además, como plus, el co- nocimiento que proporciona trabajar en equipo. Sobre todo, la convicción de que la cultura es más importante que las jurisdicciones.
f) Atemperando egos. Conectado con el anterior, puede afirmarse que en el área de cultura, si se quiere crecer en presencia y poder, habrá de funcio- nar a pleno la hoguera de las vanidades. Hoguera para incinerar los egos que dificultan todo entendimiento. Por cierto que la egomanía no es patrimo- nio exclusivo del sector Cultura –y nuestros países pueden dar triste testi- monio de esto– pero se trata de terreno fértil para que se desarrolle en de- trimento de las necesidades de integración.
g) Exigiendo con la prepotencia del trabajo, no con la queja reiterada y abu- rrida, que por épocas parece la única manifestación de la “gente de la cul- tura”.
h) Generando hechos. El ejemplo de los Directores de Cultura que –sin presu- puesto en el organigrama comunal– hacen abrir museos cerrados, lo atien- den y limpian ellos mismos hasta que consiguen que el Intendente munici- pal designe personal y amplie el presupuesto o comprometen a todas las instancias de gestión pública y privada para reabrir el teatro de la ciudad o generar festivales.
i) Tejiendo con otras áreas: No se puede concebir el sector Cultura como un compartimento estanco, un mundo cerrado sobre sí mismo. Es preciso es- tablecer acuerdos con otras áreas buscando los puntos de contacto, que habrán de convertirse en nodos de poder. Las universidades, las escuelas, la formación docente, constituyen a simple vista un sector afín. Pero exis- ten nichos para la acción en Obras Públicas, en Salud, en Economía, en Desarrollo Social, en Defensa, en Seguridad... Ejemplos de intentos exito- sos se pueden registrar en América latina: la División de Cultura en Chile con las universidades y otros sectores públicos y privados para logros co- mo la Cartografía Cultural (que es un ejemplo a seguir en todos nuestros países) y los Cabildos que constituyen modelos de movilización y partici- pación ciudadana en la planificación y gestión de una política cultural. A tal punto ha cobrado importancia la actividad de la División que el Go- bierno chileno ha decidido transformarla en Consejo Nacional, elevando así su rango. Otro ejemplo podría ser el de la Dirección de Capacitación del CONACULTA mexicano que desarrolla un programa de capacitación que abarca todo el vasto territorio del país a través de un rico entramado con Institutos de Cultura locales y Universidades. En ambos casos se veri- fica claridad de objetivos, poco y muy idóneo personal pero con intensi- dad de gestión y fuerte compromiso.
j) Movilizando a toda la comunidad. La cultura es demasiado importante para una sociedad como para dejarla en manos de una elite y/o una administra- ción. Movilizar a la comunidad no significa juntar gente en recitales masi- vos – que se multiplican en épocas de campañas políticas – sino involu- crarla en aras de un proyecto común y propio, del que sea verdaderamen- te protagonista. Esto se logra:
k) Estableciendo alianzas estratégicas con otros sectores de la comunidad, para realizar proyectos comunes en los que haya responsabilidad compartida, que es una forma del reconocimiento mutuo.
Sobre todo, el poder se construye a partir de una éticaque, básicamente, exi- ge cumplir con lo que se dice, no prometer más que lo que se puede hacer, restituyendo el valor político a la palabra empeñada. Lo cual conlleva el respeto por el otro –legítimo otro en la convivencia, Maturana dixit– a quien se ha prometido y a aquellos con quienes se trabaja cotidianamente.