El jefe del Movimiento Revolucionario Liberal, Alfonso López Michelsen, abandonó su conglomerado y a su vez se disuelve su partido. López decide regresar a las huestes del liberalismo, en donde es recibido con la gobernación del nuevo departamento del Cesar, asignado por Lleras Restrepo. Como es natural, por ser un anteriormente un furibundo opositor del Frente Nacional, las críticas en su contra arreciaron. Sin embargo, la prensa que antes se iba lanza en ristre contra López, aceptó con agrado su regreso. Su dimisión era algo que estaba anunciado desde hace rato, por los coqueteos que sostenía con el liberalismo y sus contantes enfrentamientos con la denominada línea blanda del partido. El 21 de diciembre, bajo los trazos de ‘Camila’ el semanario Voz Proletaria se refirió a la disolución. No podía haber formado un embate más severo: López pasaría de estar en desacuerdo con el pacto del FN y lo que su exclusión conllevaba a rendirle pleitesía a Lleras. En el imagen 69, López pasa a ser objetivo del partido comunista en sus caricaturas, puesto que lo hecho por el delfín demostraba total deslealtad con esa facción del movimiento político. En ella aparece él, arrodillado, desnudo y muy lánguido, con los ojos cerrados y con una apariencia primitiva. En una mano sostiene un garrote y la otra la postra en su pecho. El pedestal frente al que está erige a Carlos Lleras Restrepo, que viste una capa de rey sobre la banda presidencial y porta un cetro en sus manos cuya esfera está
compuesta por puntas filudas. Asimismo, sobre su calva cabeza reposa una pequeña corona que complementa su ropaje de monarca. El pedestal, como puede leerse, tiene las palabras “represión”, “presos políticos”, “devaluación” y “reforma laboral”. Según la autora, estos fenómenos enarbolan a Lleras como un rey autoritario, ante quien López Michelsen ofrece su servidumbre. La caricatura está rodeada por un extenso texto que critica la decisión tomada por López ante una dimisión que se veía venir desde tiempo atrás, por las divisiones que en las huestes del MRL se iban acentuando.
En una comparación algo abrupta, el 22 de diciembre de ese año el caricaturista Chapete publicó “En Valledupar”, véase imagen 70, imagen en la que aparecen tres sujetos más el Chapetico. El personaje a la izquierda es López, el de la derecha es Lleras Restrepo y el niño de la mitad es el joven Cesar. El primer mandatario le dice al menor “Bueno, ahí te dejo en muy buenas manos” mientras que el infante observa sonriente a quien sería su padre adoptivo, en realidad su nuevo gobernador. En la caricatura, el rostro cada uno es amable y no existen exageraciones que apelen sus defectos o errores. Los personajes allí citados se desenvuelven en un imaginario lleno de esperanzas y progreso.
Evidentes o no, cada ilustración pretendía casar en la memoria de los lectores, que hasta ahora podrían haber visto a Rojas y a sus seguidores como la representación de la violencia en el país; o al comunismo con claro vínculos con el terrorismo; o a los políticos oficiales como la salvación del país. “Alfonso Gobernador” fue un ejemplo de interés del medio y de su ilustrador por relacionar a los políticos de su agrado con altos personajes. En la caricatura hay dos personas, uno es López y el otro Lleras Restrepo. El segundo sonriente (una recurrencia del autor cuando se trata de alguien del bando “amigo”) le entrega un título al primero, que está vestido del líder político y militar romano Julio César. El presidente le pronuncia la conocida frase “A Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar”. La única modificación es que elimina el acento del nombre para relacionarlo con el del nuevo departamento. La gente, tras bambalinas, celebra la “merecida” entrega oficial al nuevo miembro del partido. Ahora, a partir de este momento ninguno de los recursos periodísticos señalaría al joven López como una amenaza al régimen copartidario del Frente Nacional.
La premiación, la alegría, la confraternidad, los valores familiares, políticos, sociales, entre muchos otros, son a los que se acuden cuando se quiere aludir a uno de los suyos. Esto sucede en “En la unión”: una mujer quien sería una madre, toma entre sus brazos a López, quien
(Imagen 71)
lleva sus enseres en una pañoleta amarrada a una vara de madera. Si bien la leyenda es “Bienvenido” lo que la imagen quiere que se evoque es el reconocido enunciado “El buen hijo siempre vuelve a casa”. Tal casa es la liberal, es decir el oficialismo.
En “Los que llegan” de Pepón, (véase imagen 73) López deja de ser gobernador en el Cesar y asume la cancillería del gobierno Lleras entre 1968 1970. En la ilustración llega López con una maleta en cada mano y un libro titulado “Los elegidos” bajo su brazo. El libro tiene su nombre inscrito en referencia a su autoría y como subtítulo, las siglas MRL. El texto fue el primero (1953) de una serie que publicaría a través del tiempo. Ya establecido en el oficialismo liberal, como si nunca se hubiese ido, llegó a la presidencia de la república en 1974 con mucha facilidad, a pesar de haber sido objeto de la execración por cuenta de los diarios de afines a los gobiernos “[…] obtuvo cerca de tres millones de votos y 660 mil más que sus oponentes juntos” empero, a diferencia de lo que promulgaba cuando encabezaba el MRL, aplicó “por primera vez las recetas neoliberales, la política agraria no incluyó la reforma y las protestas cívicas y ciudadanas contra los nocivos efectos de la inflación y por alza generalizadas de salarios de nuevo fueron neutralizadas con el Estado de Sitio y las medidas policiales y militares” (Torres, 2010, p. 324). Como lo diría el académico Andrés Dávila Ladrón de Guevara, el Frente Nacional no terminaría en 1974 cuando Pastrana culminó su mandato, sino hasta 1991, cuando se inició un proceso para la
modificación de la anacrónica carta magna
del 86.