PLANNING REFORM, URBAN GOVERNANCE AND THE SECOND-TIER CITIES
187 In a reflection on current and imminent spatial planning challenges, Albrechts (2010, 1116)
El empleo de plaguicidas ha contribuido al aumento de la producción agrícola de forma global, a pesar de las consecuencias ambientales. Estos compuestos agroquímicos resultan imprescindibles para mantener el nivel de producción y calidad de los alimentos para la sociedad ya que, según la FAO, el cese del empleo de estos productos fitosanitarios en un país desarrollado como EEUU reduciría el rendimiento de las cosechas y del ganado en un 30-40 % y aumentaría el precio de los productos agrícolas en un 50-70 % (Green, 1984). Estudios realizados en Australia estiman que los beneficios del uso de plaguicidas en dicho continente se encuentran dentro del rango de 4-5 billones de dólares anuales. Las pérdidas financieras debido únicamente a las malas hierbas han sido estimadas en 3.3 billones de dólares cada año (Combellack, 1989). Las pérdidas debidas a plagas animales son también altas. Por ejemplo, los conejos dentro de la industria agropecuaria pueden costar 600 mill. de $ en pérdidas de producción de cultivos. Las plagas de ratones en el Sur de Australia en 1993 dieron lugar a pérdidas de 64.5 mill. de $ (Caughley et al., 1994). De acuerdo a las prácticas estadounidenses, Lebaron, (1990) estimaron que por cada dólar invertido en investigación en el uso de plaguicidas, se produce un beneficio directo para los agricultores dentro del rango de 3-5 mill. de $. Sin embargo, en sistemas de cultivos hortícolas, el ratio de beneficio/coste es probablemente mucho mayor que lo que representan los costes para el control de
Figura I. 4. Izquierda: evolución del mercado español de fitosanitarios (AEPLA, 2010), y derecha: distribución de productos fitosanitarios vendidos en el año 2008 (MARM, 2009).
1998 2000 2002 2004 2006 2008 0 200 400 600 800 1000 M ill on es d e e ur os
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plagas (5-10% del gasto total), ya que previenen del rango de 30-90% de la pérdida de cultivo (Kookana et al., 1998).
El problema desde el punto de vista ambiental (y económico), reside en que se estima que tan solo un 1 % del total de plaguicida aplicado alcanza el organismo “blanco”, mientras que aproximadamente el 25 % se queda retenido en el follaje, el 30% llega al suelo y el 45 % es exportado directamente a la atmósfera y a los sistemas acuáticos por escorrentía y lixiviación (Pimentel y Levitan, 1986, Brady y Weil, 1996). Esto conlleva a que el excedente de plaguicida no efectivo o residual, puede ser transportado desde el suelo hacia otros compartimentos ambientales pudiendo entrar en contacto con los organismos, incluyendo los seres humanos (Wesseling et al., 1997).
Según Boroukhovitch, 1992 el uso inadecuado de los plaguicidas puede provocar problemas bioecológicos y contaminación ambiental. Entre los primeros menciona la eliminación de enemigos naturales de plagas y enfermedades, resistencia a las mismas, surgimiento de nuevas especies como plagas y eliminación de fauna útil, entre otros. Esto puede provocar cambios en los ecosistemas, donde al eliminarse por los plaguicidas los parásitos o depredadores que controlan de manera natural a determinadas poblaciones de organismos, estos aumentan su número hasta niveles elevados, constituyéndose en una nueva plaga inducida por la misma aplicación de plaguicidas. Por otra parte, la aplicación masiva de plaguicidas puede producir resistencia de las plagas, lo que provoca que al cabo de algunos años el producto sea ineficiente, aún a dosis más elevadas o aplicaciones más frecuentes.
También se debe de tener en cuenta que el uso de plaguicidas facilita las práctica del mínimo laboreo o de no laboreo, que junto con la rotación de cultivos, contribuye directamente a la protección del medio, la reducción tanto de la degradación del suelo como de las pérdidas por escorrentía de nutrientes y otros contaminantes. En la agricultura de regadío, los herbicidas no sólo controlan las malas hierbas en los cultivos, sino también facilitan la operación de miles de kilómetros de canales de riego y drenaje (Prathapar y Bowmer, 1991). Con el empleo correcto de los plaguicidas es previsible que los efectos adversos sobre el ambiente sean leves. Sin embargo, aun con un uso correcto de los mismos, se han detectado trazas de residuos en aire, agua y suelo, lo que suscita el incremento de alarma social frente a este tipo de contaminantes debido a los nefastos efectos que potencialmente causan en el resto de organismos.
Debido a esto, en las últimas décadas se ha producido un enorme cúmulo de información sobre el destino y el comportamiento de los plaguicidas en los distintos compartimentos ambientales acuáticos y terrestres (Figura I. 5). La mayoríade estos trabajos han sido realizados en Europa y América del Norte (Cheng, 1990; Beck et al., 1993; Funari et al., 1995; Flury, 1996).
El agua es el compartimento ambiental más sensible al uso de plaguicidas en la agricultura. Los residuos de estos compuestos que se encuentran en las aguas superficiales y subterráneas aumentan continuamente como resultado de su creciente y continuado empleo en agricultura y otros campos de actividad. Es un hecho que se ha puesto de manifiesto en diversos estudios de monitorización de aguas subterráneas (US-EPA, 1994; Chiron et al., 1995; Fernandez-Gutierrez et al., 1998; Penuela y Barceló, 1998; Frenich et al., 2001), superficiales (Pico et al., 1994; Lampman, 1995; Sánchez-Carmanzano et al., 1995; Biziuk et al., 1996; Carabias Martínez et al., 2000; Vidal et al., 2002), marinas (Serrano, 2002) e incluso aguas tratadas para consumo humano (Serrano, 2002). Es evidente que la actividad agraria se desarrolla en una simbiosis de tierras y aguas y, como se señala claramente en el documento FAO,
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1990), "... deben adoptarse las medidas adecuadas para evitar que las actividades
agrícolas deterioren la calidad del agua e impidan posteriores usos de ésta para otros fines". Además, la agricultura es el mayor usuario de agua dulce a escala
mundial, así como el principal factor de degradación de los recursos hídricos superficiales y subterráneos, y se justifica la preocupación existente por sus repercusiones en la calidad del agua a escala mundial. Los expertos prevén que, como en muchos países es ya imposible solucionar el problema de la contaminación mediante dilución (en otras palabras, el régimen de caudal está totalmente utilizado), la calidad del agua dulce se convertirá en la principal limitación para el desarrollo sostenible de esos países a comienzos del siglo próximo. Tendrá efectos no sólo ambientales sino económicos. Es lo que se trató de poner de manifiesto en la reunión de expertos de 1994 sobre ordenación de la cantidad y calidad del agua, convocada por la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico (CESPAP), donde se puso de relieve que las instituciones de financiación agrarias tienen ahora en cuenta el coste de las medidas correctoras de la contaminación del agua, con relación a los beneficios económicos (Ongley, 1996).
Es fundamental identificar algunas de las causas por las que los plaguicidas llegan al agua: deriva de pulverizaciones, lixiviación hacia capas freáticas, lavado de equipos y elementos de aplicación en fuentes de agua, mala eliminación de desechos de plaguicidas y envases, rotura de envases y accidentes con vuelco de productos hacia fuentes de agua, etc. (Boroukhovitch, 1992).
También, se debe de mencionar que en la UE se exigen hasta 100 pruebas específicas sobre los efectos en la salud y el medio ambiente, teniendo éstas una duración media de 9 años con un coste de hasta 200 millones de euros. Sin embargo, en muchos casos la documentación está limitada sólo a las pruebas de toxicidad y no incluye los impactos del uso continuo. Con el uso a largo plazo, los pesticidas están presentes en niveles bajos permanentes en aguas (Cooper et al., 1991) y pueden causar efectos subletales, todavía desconocidos.
Queda patente que para un uso eficiente de los plaguicidas que conlleve un mínimo riesgo de impacto ambiental, es necesario tener un conocimiento profundo de los procesos que afectan a estos compuestos en el ambiente. De este modo, se podrá incidir en ellos para intentar conciliar los criterios o al menos avanzar hacia un compromiso de máxima eficacia y mínimo impacto, así como para establecer las estrategias de prevención y remediación más adecuadas.
A continuación se desarrollarán los procesos más relevantes conocidos que afectan a los plaguicidas en el suelo, con especial atención a aquellos implicados en la contaminación de suelos y aguas.