Empecemos con lo obvio a la vista: el tamaño. ¿Se ha preguntado cuál es la obra de arte más grande del mundo? Si trata de adivinar, probablemente piense en Christo (1935),1 el excéntrico artista conceptual búlgaro que alguna vez tuvo la ocurrencia de envolver para regalo el parlamento alemán y quien, en 1983, ayudado por un ejército de asistentes, rodeó seis isletas de Biscayne Bay —en Greater Miami, Florida— con 603,850 m2 de plástico polipropileno de color rosa. Sin embargo, el «campeón mundial» de esta categoría es el australiano Ando, quien utilizó como lienzo una planicie de su país natal y plasmó en ella el dibujo de un pionero, cubriendo una superficie de 4 millones de m2. Este artista también es autor de la obra en tela más grande del mundo, The Big Picture, que mide 12 x 100 m y recrea, con inusitado detalle, un paisaje desértico. A decir verdad, ninguna de las dos obras ha hecho aportaciones relevantes al mundo del arte, pero, en este caso, como en muchos otros aspectos de la vida, el tamaño sí importó.
Pensando ahora en tres dimensiones, existe una obra que, aunque esté inconclusa, está planeada para sobrepasar a cualquier otra que haya sido «cincelada» por manos humanas: el Crazy Horse Memorial. Esta escultura ecuestre está siendo esculpida en una montaña de Dakota del Sur, a unos 8 km del célebre Monte Rushmore —¿revancha nativa contra el presidencialismo estadounidense?—, y retrata al jefe lakota Caballo Loco, montado en su corcel, en franca actitud bélica. Las dimensiones finales de la obra serán 195 m de ancho y 172 m de alto. Si comparamos esta estatua con las de sus cuatro vecinos del Monte Rushmore, comprenderemos mejor la magnitud del proyecto: mientras que la cabeza de Lincoln mide 18 m de alto, la de Caballo Loco medirá, ella sola, 27 m.
1 v. Algarabía 30, especial de invierno, diciembre 2006-enero 2007,
LACRONOLOGÍA: «Arte II. Siglo XX». pp. 91-95.
4’000,000 m
2 IZQUIERDA: Ando, Mundi Man. DERECHA: proyecto del Crazy Horse Memorial.172 m
Aunque los trabajos de este faraónico proyecto continúan, aún no existe una fecha programada para su inauguración; por esta razón, la campeona en este rubro es una obra que, además de completa, es hermosa, moderna y luce orgullosa su esbelta figura en el cruce de dos importantes avenidas del centro de la capital irlandesa: The Spire of Dublin, oficialmente la escultura más alta del mundo. Su estructura es muy simple, ya que se trata de un enorme cono de resplandeciente metal con 3 m de diámetro en la base, que va estrechándose hasta llegar a 15 cm en la punta y se alza a una espectacular altura de 120 m. Como sucede con todas las obras monumentales, esta gigantesca aguja divide las opiniones de los dublineses, quienes cariñosamente la apodan The stiletto in the ghetto —haciendo alusión al barrio bajo donde se ubica— o, más mordazmente, The erection in
the intersection. Cada quien con sus asociaciones.
¡Luces, cámara… acción!
El séptimo arte también nos guarda algunas sorpresas. Tomemos, para empezar, la película con el título más largo registrado: Un fatto di sangue nel comune di sculiana fra due
uomini per causa di una vedova. Si sospettano moventi politici. Amore-Morte-Shimmy. Lugano belle. Tarantelle. Tarallucci e vino (1978), de la italiana Lina Wertmüller (1928) —un
extraño drama policiaco estelarizado por Sofia Loren y Marcello Mastroianni—; o a la película más larga exhibida comercialmente: The Burning of the Red Lotus Temple —Huo
shao hong lian si (1928-1931)—, un filme silente chino que
fue estrenado en 18 partes y cuya duración total es de 1,620 minutos —o sea, 27 horas.
Sin embargo, las obras que realmente representan un reto para los espectadores y críticos del cine son las cintas experimentales, como The Cure for Insomnia (1987), dirigida por John Henry Timmis IV, que es oficialmente el filme más
largo jamás realizado, con sus 5,220 minutos —87 horas—
120 m
120 m
321 min.
DEIZQUIERDA ADERECHA: Dos vistas de The Spire of Dublin. Fotogramas de Sleep (1963), de Andy Warholde duración. En él, una persona lee en voz alta, durante tres días y medio, un poema titulado Cura para el insomnio, salpicando la acción con videoclips de música heavy metal y cortes de películas pornográficas. Esta «terapéutica» película fue proyectada completa en una escuela de arte de Chicago en 1987 y al parecer no ha vuelto a ser exhibida… quién sabe por qué será.
Mención aparte merecen las primeras películas del rey del
pop art, Andy Warhol (1928-1987). Este artista, además
de ser uno de los puntales del arte del siglo XX, de haber
inmortalizado la lata de sopa Campbell’s y la efigie sonriente de Marilyn, produjo, al principio de su carrera, una buena cantidad de filmes «de arte» que son dignos de reseñar —aunque dudo que alguien en verdad quiera verlos—. Entre ellos destacan: Kiss (1963), que consiste en cortes de tres y medio minutos, que suman 50, de parejas besándose sin ningún guión o diálogo; Sleep (1963), que es una toma sostenida durante casi seis horas del actor John Giorno durmiendo; y Empire (1964) —incluida en la lista de las películas experimentales más largas de la historia, con 485 minutos de duración— que muestra, sin ediciones ni movimientos de cámara, poco más de ocho horas en la vida del Empire State; la única acción perceptible sucede cuando algunas de las luces del edificio se apagan y cuando el autor de esta divertidísima cinta hace una serie de cameos, cruzándose enfrente de la cámara.