LAMAYORÍADELASMUJERESNO pueden ganar. Y no porque no sean
capaces de luchar aplicando una estrategia, sino porque nadie quiere que ganen, a menudo ni siquiera ellas mismas. Tanto ellas como sus enemigos se encargan de que fracasen. A lo mejor se sienten culpables si ganan, culpables de que otro haya perdido. A los hombres les disgusta perder frente a una mujer, de modo que a veces recurren al contraataque. Para las demás mujeres, una mujer triunfante es un peligro de por vida.
Para conseguir lo que quieres, tienes que ganar. Pero como ganar es tan peligroso, la mejor manera de ganar es superar.
El príncipe de Maquiavelo destruía a sus contrarios y se sentía seguro de sus triunfos. Sun Tzu coqueteaba con su enemigo y lo humillaba con su ingenio. Pero las princesas no pueden invalidar a su enemigo, sino que deben convertirlo en un aliado inadvertido, lo cual significa que ni le hieren ni le hacen perder la confianza en sí mismo. Cuando lo superas, el contrario —el perdedor— queda ileso y estimulado. La superación consiste en dominar al enemigo con gran estilo. Da idea de ganar logrando lo mejor, como en unos juegos olímpicos, cuando el atleta consigue su mejor marca, sin que los
perdedores vean mermada su dignidad. El resultado es poner el listón más alto, un nuevo nivel de rendimiento que motiva a todos.
Para la princesa, que siempre lucha desde la retaguardia, superar es la única manera de ganar porque significa ganar con un estilo perdedor. Cualquiera puede vencer con un estilo ganador. Las únicas que ganan con menos son las princesas.
Inanna era una princesa sumeria que se hizo experta en la superación. Si viviera ahora, sería la empresaria activa, la amante que quiere que la comprendan, la joven que cena delante de un padre que la castiga porque no hace caso cuando él le dice que obedezca. La princesa sabe que encarna a todas las mujeres míticas; representa sus conflictos en un momento u otro de su propia vida. Haces tuya la historia de Inanna cada vez que intentas apoderarte de alguno de los poderes o los placeres o las oportunidades que acaparan otros. Inanna triunfó al superar a la autoridad máxima entre todas las autoridades: la del rey, su padre.
La historia de Inanna comienza como la de Buda. Ella sale del castillo de su padre para viajar al mundo real. Lo que ve fuera la deja atónita: pobreza, miseria y dolor por todas partes. Se da cuenta de que el mundo sufre porque su padre ha acaparado toda la belleza: el me sagrado, la poesía, los festejos, la felicidad y la belleza. Mientras ella viva en el castillo de su padre, disfruta de todo ello. La vida exterior no tiene sentido. En este punto, Inanna es cualquier mujer que decide que quiere más de lo que le ha tocado en la vida. Como cualquier héroe, tiene que actuar para cambiarlo; se da cuenta de que tiene que valerse por sí misma, que es el despertar heroico.
Con cualquier otro método, fracasaría: no puede negociar con su padre para que libere el me; no tiene nada para darle que tenga un valor similar. No puede exigirle estos poderes: se reiría de ella. No puede luchar con él por el control del me en ningún sentido convencional, porque ningún ejército la apoya. Entonces elige la única opción que le queda: decide superar a su padre.
Le cita para cenar juntos. Ella misma le sirve con sus propias manos. Se encarga de que siempre tenga el vaso lleno de vino. A medida que él bebe, ella vacía su vaso sobre la tierra sedienta. Lo entretiene con su ingenio, ¡qué hija tan encantadora! Él se siente feliz con sus atenciones. Ella lo invita a jugar al ajedrez y él acepta. «¿Qué quieres que pongamos como premio?», le pregunta. Y ella responde: «Apuesta el me sagrado.» Él está impresionado por su belleza, su energía y está convencido de que no tiene ninguna oportunidad, de modo que acepta. Ella vence una y otra vez. Él no consigue estar a su altura, a causa de lo que ha bebido y de su fe ciega en sí mismo. Inanna se apodera del me sagrado, sube a la barca y, al otro lado del río, deja libres los poderes en el mundo. Su padre no puede detenerla. Cuando vuelve en sí, se da cuenta de que aunque ella se ha apoderado de sus bienes más preciados, ha embellecido el mundo y ahora él ya no tiene necesidad de recluirse en el castillo.
Esto es lo que significa superar. Por medio de su propio ingenio, Inanna ha ganado para sí misma y para el mundo que la rodea.
Gandhi venció a los amos británicos de la misma manera. En vez de idear una victoria sencilla, empleó la táctica que se describe en el capítulo siguiente para triunfar frente a ellos, de tal manera que ellos mismos no pudieran evitar quedar impresionados por la lucha y beneficiarse con su victoria.
Pero el mejor ejemplo de una victoria es lo que le ocurrió al general más victorioso de la historia en manos de doce princesas.
Cuenta la leyenda que estaban homenajeando a Sun Tzu por una serie de victorias brillantes, cuando se jactó de qué no había nadie a quien él no pudiera transformar en un guerrero extraordinario. «¿Nadie?», le preguntó el emperador. «¿Ni siquiera mis hermosas concubinas?» «Ni siquiera ellas», insistió Sun Tzu. De modo que a la mañana siguiente reunió a las doce mujeres en el patio real y comenzó a enseñarles a marchar. Las puso en fila y ladró sus órdenes. Pero a las concubinas les pareció ridículo ponerse de pie todas juntas
Empezaron a reírse y a moverse por todas partes, según su voluntad. Después de pasar toda la mañana sin conseguir ningún resultado, Sun Tzu fue a ver al emperador y, humillado, le confesó su fracaso. Dijo que las concubinas eran demasiado estúpidas para aprender el arte de la guerra. No cayó nunca en la cuenta de que fueron ellas, con su capacidad para superarlo, las que lo derrotaron por primera y única vez.