Question 6: Overheads as percentage of gross income
9. Reflections on the current exercise and thoughts ahead of future exercises
El análisis acerca de las distintas actividades que se realizan con los niños y niñas plantea la interrogante de qué temas sería interesante abordar para contribuir mejor a su desarrollo. Aunque las opciones pueden ser múltiples, se opta por la que consideramos más relevante: el juego.
Esa decisión, lejos de ser fortuita, es fruto de la reflexión acerca de la significación que la actividad lúdica tiene para los niños y niñas a lo largo de su infancia, protagonismo ha sido reconocido desde la Antigüedad por eminentes filósofos, sociólogos, antropólogos, psicólogos y pedagogos.
Decir que el juego es importante para los niños y niñas puede parecer reiterativo si se piensa que es un criterio que ya expresó Platón. Está tan generalizado que no sería exagerado afirmar que todos los autores que han escrito sobre la educación de la infancia se han referido de alguna manera a la importancia de la actividad lúdica. No obstante, en algunas etapas de la historia el juego no ha sido suficientemente considerado y en otras, prácticamente se ha ignorado.
El adulto debe asegurar que la actividad lúdica del niño o la niña sea una de las fuentes principales de sus aprendizajes y su desarrollo, teniendo un carácter realmente constructivo en la medida en que es a través de la acción y la experimentación cómo el niño y la niña, por un lado, expresa sus intereses y motivaciones y, por otro, descubre propiedades de los objetos, relaciones, etc., es decir, conoce y se relaciona con su entorno. Actualmente, nadie discute que la forma de actividad esencial de un niño o niña sanos consiste en el juego. Jugando, el pequeño o pequeña conciencia de lo real, se implica en la acción, elabora su razonamiento, su juicio, etc.
Se ha definido el juego como «proceso sugestivo y substitutivo de adaptación y dominio». De ahí su valor como instrumento de aprendizaje, puesto que aprender es enfrentarse a las situaciones, dominándolas o adaptándose a ellas. El juego tiene un valor «substitutivo» porque, durante la primera y segunda infancia, se convierte en tránsito de situaciones adultas. El niño o niña explora la realidad del mundo que le rodea y, utilizando su imaginación, traspasa sus límites, dejando que afloren sus sentimientos y empezando a comprender de este modo los de los demás. A medida que su conocimiento sobre el entorno es mayor, demuestra un uso más adecuado de los objetos y los materiales, por ejemplo, cuando juega a poner la mesa, a dar de comer a sus muñecos, etc.
Marginar el juego es privar a la educación de uno de sus instrumentos más eficaces. Así lo han entendido Manjun, Fröebel, Montessori, Decroly, creadores de un importantísimo material lúdico destinado, sobre todo, a estas edades. Esto no quiere decir, naturalmente, que las demás edades deban quedar excluidas del juego, sino que éste cambia al compás de la madurez general del sujeto y de la evolución de los intereses infantiles. El juego es, en definitiva, una actividad total cuyo valor se ve incrementado cuanto más numerosas y elevadas son las habilidades y destrezas que tiene que poner el niño o niña en funcionamiento para llevarlo a cabo.
• Elfísico, pues afecta al desarrollo sensorial, muscular, motor y psicomotriz.
• El mental, ya que, durante su desarrollo, el niño o la niña se implica con todo el
ingenio e inventiva, originalidad, capacidad intelectiva e imaginación que posee.
• El social, puesto que contribuye a la formación de hábitos de cooperación y
ayuda, de enfrentamiento con situaciones vitales y, por tanto, a un conocimiento más realista del mundo.
• El emocional, al convertirse en un medio de expresión afectivo-evolutiva, lo que
hace de él una técnica proyectiva de gran utilidad al psicólogo y educador, especialmente a la hora de conocer los problemas que afectan al niño o niña. Jugar es fuente del aprendizaje ya que estimula la acción, la reflexión y la expresión. Es la actividad que permite a los niños y niñas investigar y conocer el mundo que les rodea, los objetos, las personas, los animales, las plantas e incluso sus propias posibilidades y limitaciones. Es el instrumento que les capacita para estructurar, comprender y aprender progresivamente el mundo exterior. Contribuye a la formación integral del niño o la niña porque favorece el desarrollo de su imaginación, el razonamiento, la observación, la asociación y la comparación, así como su capacidad de comprensión y expresión.
El juego proporciona, en resumen, el contexto apropiado para satisfacer las necesidades educativas básicas del aprendizaje infantil, por lo que puede y debe considerarse como un instrumento mediador, siempre que se observen una serie de condiciones que promueven dicho aprendizaje:
• El carácter motivador que estimula al niño o niña y facilita su participación en las actividades que a priori pueden resultarle poco atractivas. De este modo, el juego supone una alternativa para aquellas actividades poco estimulantes o rutinarias.
• Descubrir el valor del «otro» por oposición a sí mismo, e interiorizar actitudes,
valores y normas que contribuyen a su desarrollo afectivo-social y a la consecución del proceso socializador que inicia.
• La actividad lúdica debe permitir el ensayo de una situación en la que el fallo no se considera fracaso, ni provoca frustración.
Así, las actividades y experiencias presentadas tendrán un carácter básicamente lúdico, basadas en el juego como elemento globalizador, sin olvidar que los niños y niñas a partir de los 2-3 años tienen la necesidad de sentir que están «trabajando».
TIEMPOS Y HORARIOS DE ACTIVIDADES
La etapa de educación infantil implica la organización y estructuración de la vida diaria de los niños y niñas, característica que la diferencia del resto de etapas del sistema educativo.
Esta organización está orientada hacia un objetivo y debe tener en consideración la correcta combinación y alternancia de los procesos de satisfacción de necesidades básicas, las actividades de aprendizaje y el juego. Incluye, además, la estructuración de las actividades de los niños y niñas en formas diversas –individual, subgrupal y de todo el grupo–, así como la creación de las condiciones necesarias para la realización de las tareas de educación y desarrollo del niño o niña.
Haremos referencia a algunos principios que son fundamentales en la organización de los diferentes grupos o aulas del centro infantil:
El modo de vida conjunto de los niños y niñas de cada grupo evolutivo, con la garantía de que se reúnan las condiciones para el desarrollo integral de todos los niños y niñas.
La estancia de niños y niñas de una misma edad o ciclo evolutivo.
La creación del medio material del grupo necesario para la vida, la actividad integral y la relación de los niños y las niñas (agrupamiento, adecuación de áreas, muebles, materiales de juego y didácticos, etc.).
La necesidad de un horario y del establecimiento de rutinas diarias.
La introducción de un conjunto de actividades (juego, trabajo, aprendizaje), la determinación de su lugar en el horario del día, su combinación y la alternancia de acuerdo al nivel de desarrollo de los niños y niñas y el papel del tipo de actividad en la formación de su personalidad.
Esto provoca la reflexión sobre la organización del tiempo, el ambiente y los recursos, que no tienen por qué ser iguales para todos los grupos, y la necesidad de adecuar la programación de actividades.
Por ejemplo, la correcta organización de un grupo de lactantes (de 0 a 1 año) presupone un horario científicamente fundamentado que permita satisfacer las necesidades orgánicas de los niños y las niñas, organizar su vigilia activa en correspondencia con actividades de estimulación y con las particularidades evolutivas de cada niño y niña.
Se propone la organización de cuatro subgrupos (cuatro períodos evolutivos), cada uno de los cuales ha de distinguirse por ciertas particularidades de la actividad vital y de la conducta.
Por supuesto, deben satisfacerse no solo las necesidades orgánicas, sino también las necesidades que constituyen la base de la actividad sensomotriz, motriz y de comunicación con los adultos. Los niños y niñas de este grupo no pueden madurar y desarrollarse plenamente sin el cuidado y la constante relación afectiva con el adulto. Las condiciones materiales son específicas: necesitan zonas de descanso, de alimentación, de higiene, de actividades, etc., además de contar con un área al aire libre, etc.
En el proceso de vigilia es importante procurar que toda relación del personal docente con cada niño o niña tenga carácter educativo. Asimismo, en la organización de la vigilia se debe tener en cuenta la satisfacción de las necesidades de los niños y niñas, la complejidad de la actividad dinámica del niño o niña encaminada al desarrollo de la comunicación y de los movimientos, de las acciones con objetos, de los procesos cognoscitivos y del lenguaje. En estos subgrupos, por sus características, las actividades se realizan de forma individual.
La organización correcta del horario de cada subgrupo, la programación y realización adecuada de actividades durante la vigilia activa posibilitan una mejor atención al desarrollo integral de cada niño y niña.
La observancia de los horarios de alimentación, higiene y descanso es de vital importancia para el desarrollo correcto del proceso educativo en este grupo, y en general, en todos los grupos o aulas del centro de educación infantil.
El horario es un elemento importante en la organización de la vida del niño.
Queremos resaltar y dar importancia a lo que llamamos el «tiempo del niño». La organización del tiempo, del material y de los espacios siempre es un medio para alcanzar el gran objetivo educativo: que el niño o niña se desarrolle plenamente desde su individualidad y sus peculiaridades.
El niño o niña de 0 a 5 años pasa de los movimientos reflejos a la coordinación motriz, de la acción al pensamiento lógico, de la dependencia total a un alto nivel de autonomía, del egocentrismo a una considerable descentralización, etc. Todo este proceso de desarrollo físico, emocional y cognitivo se construye en base a tanteos, ensayos y errores, y en la repetición. Al observar a los niños y niñas pequeños, vemos la necesidad que tienen de repetir la misma acción, los mismos movimientos, los mismos juegos. Es el tiempo que cada uno necesita para construir sus estructuras mentales, para elaborar y resolver sus conflictos emocionales, para incorporarse e integrarse en su entorno.
El tiempo de cada niño o niña supone vivir plenamente, lentamente, su período sensoriomotor, su actividad simbólica, su mundo de fantasía, sus procesos mentales. Por tanto, es preciso permitirle saciar adecuadamente sus necesidades desde su peculiar modo de ser. Es de vital importancia conocer el mecanismo y los procesos que generan el desarrollo humano, ya que solo a partir de este conocimiento podremos comprender y valorar la importancia que tiene el tiempo en el crecimiento del niño y la niña.
El proceso «acomodación-asimilación», supone un tiempo para la acción, la experiencia y la incorporación e integración de sensaciones, sentimientos, conceptos, etc. Ahora bien, sabemos que este tiempo es diferente según dónde actúa, cómo sea el proceso por el que se integra lo nuevo y desde dónde avanza en el conocimiento de sí y del entorno que le rodea.
Las necesidades biológicas del niño o la niña son las que marcan, en un principio, los ritmos y frecuencias necesarias para su orientación temporal: la alimentación, los cambios de pañal, los períodos de sueño, etc., son sus primeras pautas y sus primeras referencias.
De estas primeras pautas de tipo orgánico, el niño o niña va pasando progresivamente a otras de tipo social Tanto unas como otras, marcadas por los adultos, se tienen que vivir
con un ritmo estable, pues es a partir de esta estabilidad desde donde el niño o niña comienza a diferenciar los distintos momentos del día y puede recordar, prever y anticipar la actividad que llegue después.
El tiempo de estimulación, o trabajo con los niños y niñas, es otro importante aspecto a determinar, en lo que respecta tanto al lapso de estimulación de cada dimensión del desarrollo, como al grado de resistencia del organismo infantil para la asimilación de dicha estimulación.
El sistema nervioso del niño o niña en la primera infancia es muy frágil, su actividad nerviosa superior es muy inestable, y en la actividad analítico–sintética de la corteza cerebral los procesos excitativos predominan marcadamente sobre los inhibitorios. Esto hace que el niño o niña sea muy propenso a la fatiga, pues sus neuronas aun no poseen una alta capacidad de trabajo y requieren de un tiempo prudencial para su recuperación funcional. Por lo tanto, dosificar la estimulación es un asunto prioritario para la salud del niño o niña. Cuando se excede la resistencia de sus células nerviosas, sobreviene la fatiga y puede provocar sobreestimulación. En este sentido, observamos programas de estimulación que no hacen la menor alusión al tiempo promedio por unidad de estimulación, frente a otros que plantean un intervalo sencillamente exhaustivo.
En la línea apuntada, se plantea que en el primer año de vida, las actividades por unidad de estimulación no excedan de dos a tres minutos de duración, de siete a ocho minutos en el período de 1 a 2 años, y de diez minutos durante el tercer año de vida. Cualquier exceso puede provocar resultados negativos y causar un efecto nocivo y perjudicial para el niño o la niña, si la sobrecarga de excitación excede la capacidad funcional de sus neuronas. No obstante, el adulto debe observar las señales que envía el pequeño o pequeña respecto a la atención centrada que mantiene en la actividad propuesta y desistir de la misma cuando decae el interés.
Esto no significa que la estimulación propuesta para el lactante sea de dos o tres minutos diarios, sino que el período de tiempo de la actividad no ha de exceder dicho margen en cada propuesta. El adulto puede esperar la recuperación funcional del sistema nervioso del pequeño o pequeña y realizar otra unidad de estimulación aprovechando los momentos de atención concentrada durante la vigilia. Lo importante es la calidad, no la cantidad de estimulación. La calidad implica que el contenido se dirija a lo que realmente se debe ejercitar en cada momento, y con el tiempo oportuno. Esta estimulación, como se ha dicho, debe ser adecuada, sistemática, continua, gradual, diferenciada y bien dirigida cualitativamente. Por supuesto, ha de incluir todo aquello que es indispensable para el desarrollo del niño y la niña en los ámbitos sensoperceptual, afectivo, cognoscitivo, motor, sociomoral y motivacional, en la formación de hábitos y la organización de la conducta, en definitiva, constituir un verdadero programa de estimulación científicamente concebido.
LOS ESPACIOS
El medio en el que el niño o la niña se desenvuelve, con el cual interacciona constantemente, le envía continuos y silenciosos mensajes, invitándolo a determinadas
Por lo tanto, el estudio del medio, es decir, la reflexión, análisis y cuestionamiento de lo que rodea a los niños y las niñas, así como de las posibilidades o limitaciones que proporciona, debe estar en la base del planteamiento educativo como una herramienta básica del proceso de aprendizaje.
El entorno nunca es neutro ya que su estructuración y los elementos que lo configuran comunican al pequeño o la pequeña un mensaje que puede ser coherente o contradictorio con el que se desea transmitir.
Debemos tener en cuenta que el niño o la niña es una realidad global, considerando todas sus necesidades e intereses y, en función de ellas, organizar el espacio para facilitar y favorecer el desarrollo de todas sus potencialidades.
Es preciso recordar que los espacios son lugares interpretados y utilizados por los niños o las niñas, por lo que son modificables por ellos. Así, necesitan transformar este espacio dinámico, que está vivo y cambia en la medida en que lo precisan.
Es necesario que el espacio tenga en cuenta las necesidades cambiantes y variadas de los niños y las niñas, adecuándose a ellas su distribución y dependencias de tal forma que les permita hacerlo suyo y situarse en él a partir de sus experiencias.
A la hora de decidir la organización del espacio, el adulto debe procurar:
• Que sea estimulante, limpio, acogedor, y que esté debidamente ordenado.
• Que disponga de zonas diferenciadas de diversos tipos.
• Que atienda a las características psicoevolutivas de los niños y las niñas.
• Que responda a los intereses y gustos de los niños y niñas.
• Que el espacio de juego y el de descanso estén diferenciados o puedan
modificarse en función de la actividad que se lleve a cabo en cada momento.
MATERIALES
Consideramos materiales todos aquellos recursos que pueden ser utilizados con una finalidad educativa, entendiendo que la finalidad lúdica es, por supuesto, una finalidad educativa y por tanto el juego es un material ha ser utilizado en su consecución.
Antes de iniciar las actividades, el adulto debe preparar los materiales que van a ser utilizados, de manera que los tenga a mano y se eviten interrupciones en la actividad. Casi siempre se utilizan materiales de uso habitual en el hogar o que son muy sencillos de elaborar. No obstante, siempre deben cumplir unas normas básicas, como por ejemplo que sean:
Higiénicos No tóxicos No peligrosos Polivalentes
Fomentadores de la creatividad
El adulto también debe procurar respecto a los materiales:
• Que sean visibles y accesibles en el momento oportuno. Intentar que los
materiales estén a la vista y al alcance de los niños y niñas, excepto los que supongan peligrosidad o sean frágiles, para realizar las actividades programadas. Esto posibilita la toma de decisión y la autonomía del niño o niña.
• En la medida que su capacidad lo permite, que el niño o niña se implique
en la conservación de los materiales. Establecer unas normas sobre la conservación y el orden del material constituye un elemento educativo a tener en cuenta.
• Utilizar un tamaño adecuado a cada edad. Recordar que el material debe
estar en consonancia con la edad y período evolutivo del niño o la niña. Con frecuencia, la inadecuación de los tamaños se convierte en un impedimento para la consecución de los objetivos propuestos y puede causar accidentes por ingestión cuando los manipulan los niños y niñas más pequeños.
• Presencia y vigilancia. Existen materiales que, a simple vista, pueden no
parecer peligrosos, sin embargo, una manipulación inadecuada de los mismos puede ocasionar riesgo de accidentes (globos, bolsas de plásticos, canicas, el pelo o el relleno de los peluches, etc.). El adulto debe vigilar atentamente la manipulación de los materiales en todo momento hasta que el niño o niña sea capaz de reconocer los peligros que conlleva su utilización.