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4. Results

4.2. Regression analysis

Rockwell (1990) señala la necesidad de replantear la conceptualización del quehacer docente a partir de las prácticas y condiciones cotidianas que éste enfrenta, asume y con las que convive en su desempeño laboral.

Para ello Rockwell (1990) sugiere cuatro ejes que constituyen su trabajo de análisis y categorización:

• Las condiciones materiales de los contextos.

• Las relaciones sociales que enmarcan y posibilitan las interacciones cotidianas que forman parte de su labor diaria.

• Los procesos reales de trabajo que se constituyen a partir de la negociación entre sujetos.

• Los conocimientos efectivamente integrados a su práctica docente, esto es, la integración de la teoría recibida en capacitación y estudios formales con la experiencia de la práctica profesional.

Ese nuevo actor autónomo, capaz de adaptarse a las múltiples situaciones cambiantes, analizando sus propias prácticas y sus resultados, y adoptando –en función de dicha reflexión– las oportunas decisiones, más se presenta como una propuesta retórica que como una realidad viable (Bolívar, 2004).Máxime cuando, por un lado, se proclama mayor autonomía en el ejercicio docente (por ejemplo, en el modelo “práctico reflexivo”) cuando en la práctica, la sobrerregulación normativa, que ha acompañando la implementación de las reformas, lo niega o impide (Bolívar, 2004).

El docente construye su identidad profesional no sólo en el aquí y el ahora, sino que va construyéndola en un largo proceso en el que inciden aspectos biográficos y académicos. Maidana (2009) comenta que también a la luz de información sobre la vida del docente, es que se puede estudiar las elecciones y etapas profesionales, los puntos de quiebre que afectan la práctica, las opciones y contingencias.

En palabras de Super (1962, p. 251) “el concepto de madurez profesional se suele usar para describir el grado de desarrollo, es decir,”, continua Super (1962) “la posición alcanzada dentro del continuo de evolución profesional que se inicia en la etapa de exploración y termina en la decadencia”, y concluye Super (1962), con: “Se puede interpretar como edad profesional del individuo”.

Se puede pensar que para comprender y lidiar con el cambio educativo es esencial descubrir que está sucediendo en el salón de clases, la escuela, los niveles locales de la educación, en las diferentes regiones y más aún en el país. Lo más importante del proceso de cambio educativo es poder comprender su dinámica.

“Las personas no siempre entienden la naturaleza o ramificaciones de la mayoría de los cambios educativos. Se ven envueltas en el cambio voluntaria o involuntariamente y, en cualquier caso, experimentan ambivalencia acerca de su significado, forma o consecuencias”, Fullan (1997/2003, p. 41).

“El cambio real implica cambios en conceptos y en la conducta para el desempeño de papeles, razón por la cual es tan difícil su consecución”, Fullan (1997/2003, p. 43). Según Fullan (2005), el cambio tiene que ocurrir en la práctica, junto con tres

dimensiones ya que la innovación es multidimensional, poniéndose en juego tres elementos, en los que el actor principal es la figura del profesor:

a) El posible uso de materiales nuevos o revisados. b) El posible uso de sistemas de enseñanza.

c) Las posibles alteraciones de la enseñanza (p. 42)

Según Fullan (1997/2003) una vez que se comprende que intervienen los conceptos básicos sobre educación y las aptitudes de las personas en los cambios educativos, (es decir, su identidad ocupacional, su sentido de competencia y su

realidad objetiva del cambio radica en la aceptación de políticas y programas nuevos que implican cambios de materiales, prácticas de enseñanza y convicciones.

Escuela y maestro deben comprender que la población que asiste a su encuentro, no tiene las mismas características y que es necesario irse transformando por ellos mismos, para poderlos entender. (Barbero, 2003, citado por Velázquez, Zulúaga, Ruiz, 2005) hacen una propuesta muy interesante sobre los tres saberes que los maestros de hoy deben manejar para realizar una efectiva intervención con los grupos humanos de este tiempo:

• Los saberes lógico-simbólicos, en los que expone los nuevos y múltiples

lenguajes, escrituras, símbolos y ambientes que han construido los sujetos en su interacción con la ciencia, la tecnología.

• Los saberes históricos, que están fuertemente ligados con los elementos de identidad y cultura, encontrar claves en el pasado para identificar y descifrar las encrucijadas del presente. Construir nuevas narrativas históricas que ocupen la memoria del lugar donde se vive, del país en el que se está y, del mundo al que se pertenece.

• Los saberes estéticos son los que corresponden a la materialización de la sensibilidad, de la expresividad, -los que pasan por el cuerpo, la emoción, el placer- y trascienden las fronteras de lo meramente artístico, a lo científico y tecnológico.

La formación permanente de los docentes no debe enfocarse únicamente en lo pedagógico; pues en el aspecto social es necesario empezar a reconocer, revisar y replantear las diversas prácticas sociales que se generan en los diferentes ámbitos educativos, desde la educación inicial hasta la educación profesional y de posgrado.

El maestro como agente de cambio debe educar a sus alumnos para un mundo en transformación. Los conocimientos y las cosas no son permanentes. Las verdades de hoy no serán necesariamente verdades mañana. Tiene que enseñar a sus alumnos a analizar, a pensar, a investigar y a no conformarse con lo que saben ni con lo que tienen.

“Se puede decir que la “identidad” se ha convertido ahora en un prisma a través del cual se descubren, comprenden y examinan todos los demás aspectos de interés de la vida contemporánea. Las cuestiones establecidas del análisis social se están redefiniendo y renovando para ajustarse al discurso que ahora gira en torno al eje de la identidad” (Bauman, 2001, p. 161).

La historia de la educación formal, registra una sucesión y combinación de identidades de los docentes como actor colectivo. Núñez (2004) expone que los sistemas educacionales acumulan rezagos históricos, al tiempo que se anuncian o se experimentan nuevos escenarios, y que el pasado del docente no corresponde al docente hoy en día.

Como se mencionó anteriormente, éste marco teórico será de utilidad para poder analizar los resultados obtenidos de los instrumentos aplicados a los profesores. Se abordaron temas relacionados con la identidad docente, los ciclos de vida profesional y la enseñanza como agente de cambio social.

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