CHAPTER 5. IMPLICATIONS AND EMPIRICAL TESTS
5.2 Empirical Analysis
5.2.2 Regression of Abnormal Return
4.1. Análisis del informe “Les activites communistes en Espagne” de Julián Gorkin41
Sobre la mesa de los miembros del Comité Ejecutivo Internacional del Congreso por la Libertad de la Cultura está el informe que no hace ni un mes Julián Gorkin redactó en París. Se titula “Las actividades comunistas en España”, tiene siete páginas mecanografiadas y está fechado el 27 de diciembre de 1957. En la reflexión en marcha de Gorkin sobre España, puede leerse como una reelaboración de argumentos expuestos en el artículo “El español y el demócrata universal” de Ibérica. Porque su estratificación de la sociedad española en tres bloques es la misma: la Anti-Nación –la España franquista-, la exiliada –la define con la misma imagen, “ha llegado a ser –o poco menos– una rama semimuerta del árbol español”- y la tercera, “la más importante, la que cuenta básica y fundamentalmente”, que era la España real. Pero transcurridos dos años desde que publicará aquel artículo en la revista de Victoria Kent, algo había cambiado en aquel esquema. La relación entre la España peregrina y la real había empezado a tramarse. “Han empezado a encontrarse, a fusionarse espiritualmente, y aspiran cada día más a constituir una sola y, finalmente, a ser la España de hecho y de derecho”. Pero ese camino refundador de una conciencia estaba amenazado, según Gorkin, y la amenaza era el comunismo.
La parte central del texto es su descripción de cómo Moscú estaba penetrando en España, cómo Madrid lo facilitaba y cómo la implantación norteamericana en España
41 El siguiente epígrafe analiza el informe “Las actividades comunistas en España” firmado por Julián
Gorkin el 27 de diciembre de 1957. Conozco dos versiones complementarias del mismo texto. La española puede leerse aquí: http://www.filosofia.org/mon/cul/clc_014.htm. Reproduce la copia conservada en el Fondo Julián Gorkin de la Fundación Pablo Iglesias. Pero trabajo también con el informe en francés, conservado en el Archvio de Denis de Rougemont y que conozco gracias a la
creaba las condiciones para que el comunismo adquiriese un volumen que sólo había tenido durante la Guerra Civil. El grueso de su análisis afectaba a la relación entre política y sociedad, pero también señalaba un peligro intelectual. Unas declaraciones recientes de Pablo Neruda a France Observateur eran la mejor prueba de su argumentación. “Debemos reparar nuestros errores y acercarnos a los escritores españoles, con el fin de comprenderles mejor: ellos no son culpables de la guerra civil, sobre todo los jóvenes poetas”, habría dicho Neruda. Jóvenes poetas, jóvenes intelectuales que rompían con el sistema: ese eran los grupos con los que, al decir obsesivo de Gorkin, querían conectar las redes comunistas para decantarlos hacía sus posiciones. Así se explicaba las visitas a España de Miguel Ángel Asturias, Nicolás Guillén o de Jorge Amado –un escritor cuyo nombre y apellido no puedo dejar de escribirlos con simpatía, por cierto-. El peligro es que si las jóvenes generaciones que estaban fraguando una alternativa desde dentro al franquismo eran cooptadas por la estrategia del PC, a medio plazo, quedarían fagocitadas las opciones democráticas. Esa era el mecanismo que, como en Italia o Alemania Oriental, podía ponerse en marcha: “atraerse a los elementos más comprometidos –y a la vez a los elementos jóvenes que no han tenido ocasión de experimentar sus crí-menes pasados– con el fin de neutralizar a los elementos que los conocen de sobra y que se oponen a sus maniobras: los liberales, los socialistas y los sindicalistas libres.” ¿Qué hacer para contrarrestar esa dinámica?
Igual que durante la guerra, las democracias occidentales, sostenía Gorkin, no estaban haciendo nada en favor de los demócratas españoles. Al contrario. Habían tolerado la entrada de la España franquista en la Unesco y la Onu, al tiempo que se despreocupaban de los ataques a la libertad intelectual que se estaban produciendo. A nadie parecía importarle que el gobierno, controlado ya por el Opus Dei, hubiese elaborado una nueva lista de libros prohibidos. A nadie le parecía preocupante que
Cuadernos del Congreso tuviese su entrada vetada en el país. Y, por ejemplo, las
emisiones en español que hacía la radio pública francesa habían sido canceladas. Ya no podría escucharse la voz de Madariaga ni el Padre Olaso, mientras sí había quien era capaz de sintonizar Radio Pirenaica. Con los gobiernos democráticos, pues, mejor no contar, pero no eso no significaba que no pudiese buscar el apoyo de organizaciones internacionales. Estaba pensando singularmente, en dos tipos de organizaciones: las sindicales, con las que mantenía una lejana relación, y las europeístas, que deberían ser la clave del futuro para España. De estas últimas aludía explícitamente al Movimiento
Europeo, que reconocía oficialmente al Consejo Federal Español que presidía Madariaga y cuyo secretario era su viejo amigo Gironella. Y en el europeísmo centraba su esperanza. “En España ha prendido –y se desarrolla cada día– una idea fuerza: es la idea europea. Son numerosos los españoles, de la mayoría de las capas sociales y de las tendencias democráticas, que consideran que la España de mañana sólo podrá salvarse mediante su integración a la comunidad europea.” La Europa unida debía ser el camino para distanciarse del franquismo y el comunismo.
Si hasta aquel momento los gobiernos demócratas occidentales no habían actuado en España (al contrario, incluso habían pactado con ella consolidando un régimen que atentaba diariamente contra la libertad de sus ciudadanos), tal vez ahora, detectada la amenaza comunista y sus intereses –“Para el Kremlin España no es un país más o un país cualquiera, sino un país de importancia política y estratégica fundamental”-, sí había llegado el momento del compromiso. ¿Cuál? La respuesta de Gorkin a esta pregunta sólo puede descubrirse en una de las dos versiones que he cotejado del informe. Porque la diferencia entre el párrafo final entre una y otra versión (el de la izquierda es el conservado en la Fundación Pablo Iglesias, mi copia del otro es la que Dennis de Rougemont tuvo entre sus manos) es significativa.
El problema español vuelve a ser –y lo será cada día más– un problema de auténtico interés internacional. ¿Qué hombre, qué agrupación o qué institución libres pueden mantenerse al margen de ese problema y de su solución? ¿Al margen de la reconquista española de las libertades culturales y de los derechos humanos? Siempre he considerado que era imposible oponerse –digna y legítimamente– al totalitarismo del Este europeo mientras se pactaba o Le problème espagnol redevient un problème d’intérêt international réel
croissant. Le Congrès pour la Liberté de la Culture ne peut rester à l’écart de ce problème et de sa solution éventuelle, c’est-à-dire en marge de la «reconquista» espagnole des libertés culturelles et des droits humains. Jusqu’à présent, Cuadernos au moins en partie et d’une façon permanente, a
été en même temps qu’une tribune se
conviví-a con el totalitarismo del Oeste –o con cualquier forma de tiranía. La causa de la libertad es indivisible. Pero es que hoy el peligro totalitario del Este, que ha esclavizado ya a una docena de
países, empieza a constituir una amenaza –antes de que desaparezca el franquismo y como consecuencia de su agonía– para el porvenir del pueblo español y del mundo democrático occidental. ¿Permanecerá éste ciego y sordo una vez más?
latino-américaine et universelle une tribune espagnole ; peut-être est-ce pour cela –en dépit de l’interdiction de son entrée en Espagne- que notre revue jouit d’un grand prestige auprès des intellectuels espagnols de l’intérieurs et
de l’extérieur. Un numéro
extraordinaire actuellement en
préparation doit contribuer à nous révéler –et à révéler à l’opinion internationale- ce qu’est et ce que veut être l’Espagne : sa situation réelle, ses sentiments, ses aspirations. Afin de pouvoir contribuer à donner la solution la meilleure sur le plan humain à ce problème qui constitue un cas de conscience pour l’Europe et le monde occidental, je f mais appel à la solidarité et à l’esprit d’entraide des membres du Congrès et de tous les hommes libres.
Ese, pues, era el objetivo del informe que el 18 o el 19 de febrero de 1958 fue discutido por los miembros del Comité Ejecutivo del Congreso por la Libertad de la Cultura: valorar si era el momento de iniciar una operación para reconquistar la libertad intelectual en España, una reconquista que debía implicar al mismo tiempo luchar contra el franquismo y contra el comunismo.
4.2. Bogdan Raditsa en la prensa progresista estadounidense
La gestación de la operación española del Congreso se desarrolló a lo largo de 1958. No es fácil reconstruirla con la precisión que desearía. Glondys es quien aporta las principales pistas. Afirma que el verano de 1958 Michael Joselsson –agente de la CIA, eminencia gris del Congreso- encargó a Bogdan Raditsa que viajase a España para realizar un informe sobre los intelectuales del interior (Glondys, 2012, 190). Raditsa es otro trotamundos de la tensa Europa que había acabado recalando en Estados Unidos. Croata nacido en Split el 1904, se formó como historiador en varios países europeos, a finales de los años veinte en París conoció a Unamuno (sobre el que publicaría algunos estudios) y tiempo después trabajó como diplomático yugoslavo en la Sociedad de Naciones de Ginebra. Luego, desde Nueva York, se comprometió durante la Segunda Guerra Mundial con el movimiento de partisano de Tito y trabajó en la construcción del gobierno surgido tras el conflicto desde el departamento de prensa extranjera, pero no tardó en romper con Tito, volvió a los Estados Unidos y fue uno de los críticos principales del gobierno yugoeslavo. Desde 1950 era profesor de Historia Moderna de Europa en la Fairleigh Dickinson University y colaborar en prensa progresista escribiendo, especialmente, sobre temas europeos.
No es casual que Joselsson le pidiese a Raditsa un informe de aquellas características. El mes de febrero de 1958, por tanto pocos meses antes de recibir aquel encargo de Joselsson, Radtisa había publicado el artículo “After Franco and Tito” en la revista liberal The New Leader. El texto compara la situación de esas dos dictaduras e incluso el físico y las maneras de los dos dictadores. Pero lo más interesante es su percepción del cambio que se estaba produciendo en la mentalidad de muchos jóvenes. “Twenty years after the Hitler-Stalin duel for Europe, youth has become antifascist in
the land of national fascism, anti-Communist in the land of national Communism”. Esa
dinámica tenía un punto de encuentro que era el descontento con los Estados Unidos por el buen trato que daba tanto a Tito como a Franco. Y ese descontento condicionaba, según Raditsa, la óptica de los intelectuales españoles a la hora de situarse en el polarizado combate ideológico de la Guerra Fría. “Spanish intellectuals look to Moscow with greater hope than to Washington. While the Hungarian events had cataclysmic effects on the Italian and even the French Communist intelligentsia, in Spain the Soviet
myth lives on with the undiminished freshness of the 1920s. Spanish intellectuals see
Washington and John Foster Dulles as the main obstacles of their freedom”. Se ajustase
o no aqudel diagnóstico, el mensaje parecía teledirigido para reforzar los objetivos de intervención en España que Gorkin demandaba al Congreso. “Is it too late to reverse our policy of ideological non intervention and to attempt to assure both Spain and
Yugoslavia future freedom from Moscow and peaceful progress?”.
Su pregunta llevaba implícita la respuesta: no era demasiado tarde para revertir aquella ideología. Lo más plausible es que el informe que redactó durante su estancia española del verano del 58 animase a una intervención en el campo intelectual. Y lo más probable es que aquel informe, que desconozco, desarrollase argumentos similares a los de otro artículo –“Tension in Spain”- publicado en el número de marzo de 1959 de The
New Leader e ilustrado con una fotografía en pose caudillista de Franco, otra de un Juan
Carlosw adolescente y otra de la embajada americana en Madrid. En la breve nota biográfica de Raditsa se especificaba que había pasado cuatro meses en España, investigando sobre Miguel de Unamuno. Queda claro que Raditsa se había relacionado con gentes de distintas familias de la oposición: democratacristianos, anarquistas y una juventud inquieta que se sentía próxima al comunismo porque desconocía la toxicidad soviética. “Franco’s regime has done nothing to help the youth understand the real meaning of Communist action. The books that in the West have opened people’s eyes
about Communism are not obtainable in Spain” (1959a) Raditsa, otra vez, invitaba a
reforzar la causa de la libertad en España, toda vez que Franco perseguía a sus principales abanderados: socialistas y democratacristianos. Usando una argumentación encuadrable en la neurosis ideológica de la Guerra Fría, el articulista concluía que, si no se daba esa ayuda, no era descartable una nueva guerra civil que podría beneficiar al comunismo.
Pero este no es el único texto escrito por entonces por Raditsa a partir de su estancia española. Al cabo de unos meses, concretamente en junio de 1959, publicó “Ferment in Franco Spain: The Prospects of the Opposition” en Commentary, una revista mensual de cultura y política, impulsada desde 1945 por el lobby judío de Nueva York, y que había sido otra de las plataformas de la izquierda antiestalinista de la ciudad (1959b). En este texto ya explicita el diálogo que había mantenido con algunos intelectuales. Se refería al intento de cambio de modelo cultural impulsado por el equipo comprensivo –cita a Ridruejo, Ruiz-Giménez y Laín- y formulaba una explicación
general que era fruto seguro de una conversación mantenida con Tierno Galván. ““We have always been vague, abstract, mystical,” I was told by Professor Enrique Tierno Galvan, a sociologist who is one of the country’s few realistic political thinkers”. Se refería a los Congresos de Poesía que se habían celebrado hacía un lustro –“have served to draw dissident intellectuals together”- y mencionaba la tertulia de la librería que publicaba la revista Ínsula. Eran moderados, según la taxonomía al uso en los países libres, pero en España eran considerados rebeldes ya que sus planteamientos, al fin, pretendían una ruptura en el fundamento moral de la sociedad: “how to modernize this
medieval authoritarian society”. Y de todos los intelectuales con los que había hablado,
al que más espacio dedicaba era a Ridruejo. Cuando mostró su disconformidad con el Sistema, Franco le había intentado comprar –“told me that when he first became dissillusioned with Franco’s regime, he was offered a job as cultural attaché in the
United States, at a salary of $2,000 a month”-, pero, al no venderse, había sido
arrestado. Y reforzaba su imagen como referente de la oposición intelectual, reiterando, como ya se había hecho en las publicaciones del Congreso, la similitud de su caso con el de Djilas.
In 1958 he was arrested again and brought to trial. An overflow crowd of more than five hundred people packed the streets outside the court—a clear manifestation of solidarity with the “Spanish Djilas.” Inside, however, the state prosecutor, who had originally asked for an eighteen-year prison sentence, now recommended an eighteen-month term. Ridruejo then was granted the benefit of an amnesty proclaimed on the coronation of the new Pope. The emotional tension subsided.
Es más que plausible que durante su conversación con Ridruejo, Raditsa le hablase de la voluntad del Congreso de intervenir en España. Así puede deducirse de la carta de Julián Gorkin a Ridruejo que le entregó en mano un joven estudiante de Columbia y discípulo de Francisco García Lorca llamado Stanley Payne. Para la investigación de Payne, que en Nueva York había tratado a Joaquín Maurín, fue una carta determinante. “Gorkin’s letter of presentation to Ridruejo would be fundamental in initiating the long
(Payne 2011 21) Pero para esta investigación la misiva de Gorkin a Ridruejo también es muy significativa porque documenta cuáles fueron los raíces de la actividad española del Congreso por la Libertad de la Cultura42.
4.3. Nuevos alfiles de la actividad española del Congreso
En su carta, inédita y fechada el 29 de septiembre del 58 (al poco de la publicación del primer artículo de Ridruejo en Cuadernos), Gorkin informaba a Ridruejo que “he recibido carta desde Nueva York, del amigo Bogdan Raditsa diciéndome que los proyectos van por buen camino y, además, ha hablado con mi viejo amigo Maurín que está dispuesto a través de su Agencia a llegar a un acuerdo con usted para la distribución de sus artículos en la América Latina”. Que Raditsa y Maurín habían hablado de España también puede documentarse, porque así se lo explicaba Maurín mismo a Sender a mediados de octubre de aquel 58. “Me dijo que en los medios españoles anti-régimen se cree que C.[alvo] S.[erer] –que te visitó a ti hace unos meses- es un agente personal de Franco, que viaja por todas partes para suministrar informes. Como me lo contaron te lo cuento” (Maurin / Sender 1995, 360). Que por aquellos días Gorkin y Maurín hablaban de Ridruejo también puede comprobarse. “Lo que escribe me parece a la vez un tanto pretencioso y confuso, pues parece que no es posible que los poetas escriban llanamente cuando se trata de la política”, le decía Gorkin a su amigo al tiempo que expresaba sus dudas sobre la persona de Ridruejo, “ha perdido sus enchufes, tiene deudas y necesita ganar dinero” (3 de octubre del 58, Glondys, 2010, 310).
Esta suma de datos perfilaría la hipótesis que fue, tras las vacaciones del verano del 58, cuando la posibilidad de actuación del Congreso en España se activó definitivamente. Transcurridos unos meses desde que Gorkin presentase aquel informe al comité ejecutivo del Congreso, la operación parecía desencallarse. “Creo que conseguí ese resultado, pues de no haber sido así no le oculto –y así lo dije casi brutalmente- que estaba dispuesto a abandonar los cargos que aquí tengo para
42 Carta de Julián Gorkin a Dionisio Ridruejo fechada el 29 de septiembre de 1958. Inédita. Fondo
dedicarme exclusivamente al problema español y a mis tareas literarias”, le confesaba Gorkin a Luis Araquistáin (Glondys 2007, 169). Raditsa ha vuelto a los Estados Unidos y comunica sus impresiones a gente con responsabilidad en la Secretaría de Estado. A finales de 1958 o principios de 1959 Joselsson hace llegar el informe de Gorkin a figuras de peso de la todopoderosa Fundación Ford, un monstruo de la filantropía que se había convertido en una de las fuentes de financiación principales del Congreso por la Libertad de la Cultura (un mecanismo de circulación del dinero que la vinculaba a la Inteligencia americana). Y Raditsa informaba a Joselsson de la lectura que había hecho de aquellos materiales Waldemar Nielsen, officier de los programas internacionales de la Fundación Ford (Anés / Gómez, 98). “Tal como intuías –y debo decir que eres el único realista en el Congreso- Nielsen cree que Franco y también la embajada americana en Madrid sería contrarios a cualquier acción en la propia España” (Glondys, 2012, 190). Porque no era la primera aproximación de Nielsen a la realidad española. Hacia pocas semanas que había una petición de la Sociedad de Estudios y Publicaciones –el centro de estudios e investigaciones liberalizante del Banco Urquijo- solicitando