CHAPTER 3 PROPOSED METHODS
3.4 Regularization
mientras tanto, EE. UU. impulsó abordar los problemas económicos y financieros de la región en Congresos Financieros: el primero se realizó entre el 24 y 29 de mayo de 1915, y el segundo, entre el 19 y el 24 de enero de 1920 en el Edificio Panamericano ubicado en la ciudad de Washington. Paradójicamente coincidirán con eventos mundiales de gran trascendencia política, económica y social para América Latina. Por ejemplo, a la finalización del Primer Congreso Financiero hacía ocho meses de la muerte en Sarajevo del archiduque
22 EE. UU. tenía interés en definir la posición de los países latinoamericanos ante las orientaciones de La Haya
ya que, en la Primera Conferencia de la Paz celebrada entre el 18 de mayo y el 29 de julio de 1889 se habían adoptado normas sobre solución pacífica de los conflictos internacionales y sólo habían concurrido México y EE. UU. (Caicedo Castilla, 1970).
23 Sentenciaría: “La delincuencia crónica (de algunos países latinoamericanos)” puede (…) “hacer necesaria la
intervención de alguna nación civilizada, y en el hemisferio occidental la Doctrina Monroe puede obligar a Estados Unidos” (…) “a ejercer un poder de policía internacional” (citado en Boersner, 1996, p.149).
39 Fernando de Austria -la excusa según comenta Hobsbawm para el estallido de la primera guerra-; cuando se realiza el Segundo, hacía poco de la finalización del conflicto bélico; y en el intervalo, se desencadenaría la Revolución Rusa de 1917 y el anuncio de EE. UU. de involucrarse con la guerra; además, la reestructuración del movimiento comunista internacional conocido luego como la Tercer Internacional Socialista.
Por entonces hacia 1913, América Latina ya tenía consolidado su papel en los mercados y el capitalismo mundial. Rapoport y Madrid (2001, p. 235 y 236) relevan, por ejemplo, que Argentina aportaba el 32%, Brasil el 20 %, Cuba, México y Chile el 10 % respectivamente, y Uruguay el 5%. Con relación a las inversiones británicas, un 37% correspondían a Argentina, un 22% a Brasil, 7% a Chile y 4% a Uruguay, concentrando así, en el Cono Sur, el 72% del total de las inversiones del Reino Unido en América Latina. Respecto a los intereses de EE. UU., añaden que como priorizaron mercados más cercanos como México, Cuba y América Central, la lógica en la distribución de las inversiones se basó en la actividad económica principal de los países beneficiarios y los intereses industriales y del mercado interno norteamericano; de hecho, “el 64% se concentraba en los países exportadores de productos minerales, el 31% en los países que producían alimentos de origen tropical y menos del 1% en las naciones exportadoras de productos agrícolas de zona templada”.
Aquella “era del imperio”, fue modificando paulatinamente la economía mundial en varios aspectos. En primer lugar, Hobsbawm (2009) entiende que los mercados se ampliaron geográficamente: nuevos países se incorporaron en la división internacional del trabajo. En segundo lugar, Inglaterra perdió la hegemonía industrial, de hecho, en lo que respecta a la producción industrial, minera y de la construcción, en 1913 EE. UU. aportaba el 46 % de la producción mundial, Alemania el 23,5 % el Reino Unido el 19,5 % y Francia el 11 %; con lo cual, la economía mundial “había dejado de ser monocéntrica” dejando al descubierto la pluralidad de participantes en el escenario internacional. En tercer lugar, la revolución tecnológica daría paso a una serie de innovaciones destinadas a reforzar a las de la primera revolución industrial. En cuarto, los cambios en las empresas, en su estructura, forma de actuación y gestión científica; y, por último, las transformaciones en el mercado y la oferta de bienes de consumo junto al crecimiento del sector terciario de la economía (p. 59 y 60).
De modo que, Europa -en particular Inglaterra- perderá paulatinamente, su posición hegemónica en la industria, el comercio y las finanzas frente a EE. UU. Efectivamente, luego
40 de la guerra crecieron notablemente sus exportaciones y se modificó su composición: antes del conflicto exportaba fundamentalmente materias primas, en tanto señalan Rapoport y Brenta (2010b, p. 272), a principios de 1920 “el 60 % eran productos manufacturados”; además, “tenía un liderazgo absoluto en las ramas dinámicas de la producción”; en relación a la moneda, el dólar rompió con el monopolio de la libra esterlina para las transacciones comerciales y respecto a sus finanzas, cambió su posición deudora a acreedora que le permitió desplegar sus inversiones en el exterior.
Paralelamente a estos cambios, la irrupción de la Revolución Rusa en 1917 que derrocó al zarismo, junto a la reestructuración de la Tercera Internacional Socialista en 1920 que dividió al movimiento obrero internacional con el objetivo de promover, según Hobsbawm (1998, p. 77) un cuerpo de activistas comprometidos y disciplinados, “una especie de fuerza de asalto para la conquista revolucionaria”, son dos sucesos que tendrán gran influencia en América Latina. Sobre todo, en los movimientos huelguistas a partir de los años ´20 y en la política, como, por ejemplo, lo serán las insurrecciones comunistas en Brasil en 1935 (Ansaldi, 2003); o, los soviets formados por trabajadores de las plantaciones de tabaco de Cuba, muy pocos de los cuales sabían dónde estaba Rusia; o los movimientos estudiantiles revolucionarios que estallaron en Córdoba (Argentina) en 1918 (Hobsbawm,1998, p. 73).
En este escenario, el Primer Congreso, reunió las delegaciones de dieciocho países latinoamericanos más la norteamericana que discrecionalmente invitó a un cuerpo representativo de banqueros y hombres de negocios. Como resultado, el Secretario de Hacienda William G. McAdoo en una carta del 6 de setiembre de 1915 dirigida al Presidente Wilson le informaría la opinión unánime del Congreso sobre lo que consideraba “dos cuestiones esenciales para el desarrollo del comercio y las mejores relaciones entre las repúblicas latinoamericanas y los Estados Unidos”. Por un lado “la concesión por parte de banqueros y negociantes de los Estados Unidos de amplios créditos a la América Latina, y la pronta adopción de medidas para crear el organismo y los medios necesarios para ese objeto”; por otro, “el pronto establecimiento de medios de comunicación marítima adecuados entre los principales puertos de Estados Unidos y los de América del Sur”. Con respecto a la necesidad de créditos, McAdoo le manifestaría que las Repúblicas de América Central y del Sur, habían descansado “casi por completo en Europa para sus necesidades financieras”; pero, como la guerra “había trastornado y perjudicado seriamente a aquellos países por el repentino desquiciamiento y la suspensión de créditos europeos”, (…) ellos debían ser reemplazados
41 por créditos norteamericanos para “aumentar la influencia mercantil y económica de los Estados Unidos en dichos países”.
Como se había aprobado la ley de Reservas Federales, el Secretario de Hacienda proponía establecer sucursales o agencias de bancos en las principales ciudades de todos los países de América Central y del Sur, “que tengan los recursos necesarios para emprender los negocios que se les presentan”24. A esta síntesis -que no reflejaba sino la oportunidad de negocios
comerciales y financieros- había llegado luego del Congreso y de los informes y memorias elaboradas por los países latinoamericanos sobre su situación económica y financiera; en los cuales, no pasaba inadvertido el señalamiento de los problemas económicos, monetarios y financieros consecuencia de la guerra25.
Efectivamente, quedó documentado, que cada uno de los países tenía sus propios problemas peculiares, y que no tenían relación con los de sus vecinos; por lo que, se convino la constitución de 18 comités parciales donde los delegados de cada país trabajarían mancomunadamente con un grupo de banqueros y de hombres de negocios más prominentes de EE. UU. (las sesiones fueron secretas). Allí también, se aprobó la resolución por la cual, los países latinoamericanos invitaban a banqueros y hombres de negocios a visitar sus países y el establecimiento de estos comités con carácter permanentes en EE. UU. Ellos servirían
24 Durante el Congreso Financiero uno de los banqueros norteamericanos más importantes llegó a proponer la
modificación de la ley de bancos para permitir convertirse a algunos bancos en accionistas de un banco independiente destinado a hacer negocios en países extranjeros; pero para McAdoo dicha propuesta era inferior a la de la ley de Reservas Federales que daba a los doce bancos de reservas federales la posibilidad de “abrir y llevar cuentas bancarias en países extranjeros, nombrar cuentas corresponsales, nombrar corresponsales y establecer agencias en tales países, en los lugares que estime convenientes, con el objeto de vender y cobrar letras de cambio, y de comprar y vender con su endoso o sin él, por medio de dichos corresponsales o agencias, letras de cambio que se originen de transacciones comerciales efectivas y que no tengan más de 90 días de plazo y lleven la firma de dos o más partes solventes”.
25 En ese sentido, por ejemplo, el delegado argentino Samuel Pearson, si bien informó que el Banco de Londres
y Río de la Plata desde 1862 seguía siendo el más importante banco extranjero, se habían establecido otros europeos como el Banco de Londres y Brasil, el Banco de la Gran Bretaña, el Banco Anglo-Suramericano, dos bancos alemanes, y varios italianos, españoles y holandeses y recientemente una agencia del National City Bank de Nueva York; lo cual representaba -la banca extranjera- un 15 % sobre el total de entidades.
42 como centros de documentación, de información, de asesoramiento y consejo a los países y hacendistas, industriales y banqueros26.
La segunda Conferencia Financiera se desarrolló en Washington luego de finalizada la guerra donde EE. UU. había tenido una participación mínima pero decisiva. Según palabras del Secretario del Tesoro D. F. Houston en su carta al Presidente norteamericano los propósitos del Congreso eran los mismos que en 1915 y que dada la parálisis de las comunicaciones internacionales, comercio, y finanzas; era necesario hacer un balance. Los países latinoamericanos confiaron en la ayuda financiera de Europa y habían dado la bienvenida al inmigrante que decidió dejar el viejo mundo y buscar su fortuna en el nuevo; pero su situación, luego de la guerra, era aún peor que la de 1915. En ese contexto y en el plano financiero, dentro de las Resoluciones adoptadas el 23 de enero de 1920, en la III) se dispuso modificar la legislación en ciertos Estados para permitir el establecimiento de sucursales de bancos de los países latinoamericanos, a fin de asegurar la “igualdad de trato”; teniendo en cuenta que, los bancos habían establecido sucursales en diversos países de América Latina, pero existían restricciones en varios Estados de EE. UU. que, en la práctica, impedían el funcionamiento de sucursales de bancos extranjeros dentro de su jurisdicción27.