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8.6 Related Work

José Luis, que tiene 27 años cuando le entrevistamos en enero de 2016, es un caso excepcional, como iremos viendo en este relato, por distintas razones. Una de ellas, que adelantamos, es que habiendo defendido su tesis pocas semanas antes de esta entrevista, tiene ya concertado un contrato de postdoc fuera de España, con una perspectiva muy halagüeña, dado como está la situación de los doctorandos, como estamos viendo a lo largo de esta investigación. El contrato, bien pagado, es por un año prorrogable por otros dos más, en su misma especialidad, un área puntera de las Ciencias Naturales, y en un centro de excelencia.

José Luis ha investigado, e investiga, en un área muy especializada, y puntera, como decimos, sobre la que trabajan unos pocos centros y laboratorios en distintos países, en alguno de los cuales él ha hecho estancias de investigación, durante el tiempo que duró su beca FPI, de la que disfrutó entre 2011 y 2015 (Francia, Italia, Estados Unidos…).

Se metió, en sus propios términos, en el Doctorado en esta especialización, porque “yo sacaba muy buenas notas y entonces un catedrático de este departamento me dijo que me fuera a trabajar con él. Una vez saqué un diez en un examen, me contó que hacía mucho tiempo que no veía a nadie sacar un diez y me dijo, ‘quédate conmigo’. Y me dije, bueno, pues, me ha gustado un poco lo que hacía, y ‘este tío es interesante y encima me ofrece un trabajo’. Al principio no me pagaba, simplemente era aprender, luego ya me dio una beca de colaboración cuando estuve aquí, y luego ya me quedé...”. Por la beca de colaboración le pagaron “dos mil cuatrocientos euros por no sé cuantos meses que estuve”. Pero fue sobre todo de estudio, porque había –dice– elegido un tema complicado, y había que preparar el proyecto, que luego se convertiría en tesis. De aquí, pasó a solicitar la beca FPI, que consiguió en 2011. Cuando le preguntamos por su trabajo, cómo lo ha realizado, si le exigía muchas horas en el departamento, José Luis dice que su tipo de investigación, que es “más teórico”, no le obliga a estar en la Facultad, como otros colegas que han de estar cerca del laboratorio. “Porque la mayoría del tiempo era trabajo telemático, porque, por desgracia, además, uno de mis jefes, ha estado, o sea que, no es ni siquiera, no es titular, de hecho. O sea, era como postdoc (…) Era como mi jefe del trabajo más diario, entonces, muchas veces, pues, por ejemplo, ayer mismo fui a su casa, por ejemplo. Sí que tenemos mucha fle- xibilidad en eso, porque, tienes que estar en el extranjero, uno de mis jefes estaba fuera, y el catedrático pues está más a las clases. No he tenido una rutina tanto de trabajo como mis compañeros, por ejemplo, que son experimentales y tienen que

venir aquí seguro ocho horas, porque, claro, no se pueden escapar de las máquinas de medir. No pueden hacer su trabajo si no están aquí. Yo, como soy teórico, tengo un trabajo más flexible, o cuando estoy en el extranjero, puedo seguir trabajando con lo de aquí, o desde mi casa o irme a visitar a mi jefe a su casa, o a la Autónoma, que también he trabajado en la Autónoma, etc.”.

También José Luis ha dado clases, porque se incluían entre sus obligaciones cuando tenía la beca FPI. Lo que hace con mucho gusto: mientras su jefe leía sus papers, dice, “me centré en las clases”. “Me gusta mucho la docencia”.

Pero, cuando nos narra el tiempo dedicado a la tesis, las horas y horas trabajadas, la organización de su propia vida para sacarle más tiempo a los días, podríamos decir, casi sin metáfora, que es una dedicación absoluta: “Sí, sí, claro, o sea, quiero decir, por su- puesto en casa he trabajado muchísimo, o sea, y muchos fines de semana, por supuesto, eso... Bueno, ya y el último año de la tesis, por supuesto, ha sido una locura. (…) Sí, o por lo menos los cuatro últimos meses antes de la tesis 24/7, o sea..., por ejemplo, yo vacaciones solo me he cogido un año de la tesis. El año pasado fue el único que me cogí. Bueno, no, perdón, hace dos años, este año, como he estado con la tesis, tampoco agosto..., he seguido trabajando. [¿El verano entero?] Sí”.

Más aún, en los últimos meses de redacción, tres o cuatro meses, “de lunes a domingo, los siete días, a tiempo completo, o sea, los siete días y ocho y diez horas todos los días”.

Entre tanto, y también durante la redacción de la tesis, José Luis ha publicado varios artículos, siempre en las principales revistas de su especialidad, y siempre también aconsejado y orientado por su jefe, como él llama al catedrático que le dirige. Y siempre, también, como primer firmante, seguido por sus dos directores de tesis, sus jefes, en sus propios términos.

Nos dice que no suele ir a congresos ni reuniones: “Es que lo veo una pérdida de tiempo, la gente va a pasárselo bien (…). Aunque sí que están todo el día de charlas, pero yo eso no lo veo, siento que pierdo un poco el tiempo ahí. Siempre me lo dicen que eso se supone que es ser un científico, conocer gente allí, y esas cosas, pero... Hombre, es instructivo porque aprendes algo, pero, estar doce horas ahí. Y luego, pues también está, bueno, que en el fondo se supone que eso es hacer política y cono- cer a gente y tal, y yo esas cosas no me gustan, la verdad. Me gusta más trabajar”. A veces, en la entrevista, José Luis nos recuerda el estereotipo del “sabio distraído”, concentrado en sus preocupaciones de investigación, y poco atento al contexto social, en la universidad, o en la investigación. Por ejemplo, ni siquiera sabe qué es la ANECA, ni ha mirado posibilidades de continuar la carrera investigadora en España, otras ofertas, etc.

Si comentamos su perspectiva con la de otras y otros doctores, no darán crédito al final, feliz en este tramo de su recorrido académico, de José Luis. Y si, como hace- mos en este capítulo de nuestra investigación, la comparamos con los otros docto- res y doctoras entrevistados, tenemos realmente un comienzo de camino excepcio- nal. Que, claro está, ojalá pudiera multiplicarse para muchos. Lo que no es el caso, desgraciadamente, para la universidad pública española.

Cuando le preguntamos a José Luis si en el futuro le gustaría volver a España, res- ponde sin dudar: “Hombre, a mí me encantaría trabajar aquí en España, porque la calidad de vida de España es muy superior a la de cualquier otro lado. Pero, claro, luego nunca se sabe, ¿no? [Tal y cómo] están las cosas, la política, y la sociedad... El futuro, quién lo sabe en España”.

Y aquí sí que emerge su consideración y evaluación de que no quiere seguir los pasos de tantos compañeros y compañeras: [Tienes que] “meterte bastante en el depar- tamento, estar ahí esperando tu turno. No sé, eso a mí no me acaba de convencer”. 2. Penélope: hacer el doctorado en un contexto de crisis

Penélope es doctora desde 2015. Al terminar la tesis comenzó a trabajar como consultora independiente haciendo investigaciones y evaluaciones para ONG, actividad que ha continuado desarrollando hasta ahora. De manera paralela, se presentó a una plaza como “Personal de apoyo con cargo a Proyectos de Investiga- ción I+D+i” de la UCM, para trabajar durante 10 meses con el equipo que dirige su director de tesis. Este contrato, por el que percibe un salario de 1.200 euros brutos, combinado con los trabajos esporádicos de consultoría, le permite mantenerse eco- nómicamente y al mismo tiempo continuar publicando y engrosando el currículum académico. Poco antes de finalizar este contrato, consiguió un trabajo como profe- sora en una universidad privada, lo que ha supuesto para ella dejar la Complutense por un nuevo entorno laboral.

La carrera de las becas

Penélope tiene 32 años y es doblemente licenciada en Ciencias Sociales. Como ella cuenta, el esfuerzo que hizo de estudiar dos carreras en paralelo se convirtió en frustración cuando se terminó los estudios: “mi último año de carrera fue muy decepcionante porque estalló, o sea la crisis en septiembre del 2008, se empieza a caer todo, o sea realmente expectativas laborales muy malas”.

Animada tanto por su buen expediente como por las pocas oportunidades en el mercado laboral dado el contexto, comenzó a hacer un doctorado. Al principio sin meterse de lleno hasta que no consiguió una beca predoctoral porque como ella dice: “Porque un trabajo como es una tesis… ¡no se puede hacer por amor al arte sin recibir un duro!”.

Comenta que durante algunos meses se dedicó a pedir todas las becas que podía, con el agravante de que debido a los recortes las convocatorias se espaciaban cada vez más: “yo ese otoño pedí dos becas que deberían haber salido mucho antes, dos convocatorias del 2010 que no deberían haber salido en septiembre-octubre, debe- rían haber salido a principios de año, si todo hubiera ido bien”.

Todo esto ha supuesto que los plazos en su carrera se fueran alargando hasta que finalmente depositara la tesis con 31 años, pero la defendiera seis meses más tarde, ya cumplidos los 32. Algo que considera “a tener en cuenta, cuando después la Comunidad de Madrid ofrece contratos postdoctorales para menores de 30 años”.

Las reglas del juego

Sin tener en cuenta especialmente los criterios de la ANECA, Penélope explica que desde que comenzó la tesis estuvo pendiente de ir realizando actividades, como asistir a congresos, presentar papers, participar en publicaciones, etc., para ir haciendo currículum académico: “es algo que no te puede condicionar pero que no puedes vivir de espaldas a eso, porque esas son las reglas del juego y es una realidad que está ahí”.

Pero a pesar de haberse planteado aprovechar todas las ocasiones para “hacer currículum”, tiene la sensación de que el propio sistema, dentro del cual intentaba hacer lo que se le demandaba, iba cambiando las reglas del juego sobre la marcha: digamos que tú sigues las reglas del juego, y luego te las cambian, eh… por ejemplo, es que yo la beca que yo firmé, o sea el contrato que yo, el acuerdo de becario que yo firmé en 2010 a finales de 2010, a lo que luego realmente fue, fue muy diferente, porque ahí la universidad se fue quedando sin dinero y nos fue cada vez reduciendo las condiciones, por ejemplos las estancias nos las redujeron”.

En particular, el tema de las estancias de investigación ha sido una continua pelea con el Servicio de Investigación de la UCM: “Yo gané una beca en una convoca- toria competitiva de la Complutense para estancias de investigación y la propia universidad me hizo renunciar porque no era compatible con la beca de tesis. Des- pués durante los dos primeros años de beca no nos dejaron pedir estancias –una regla nueva que impusieron por reajustes presupuestarios y que no respondía a ningún otro criterio – y al final solamente nos dejaron pedir una oficial”. Aún así, Penélope pasó más de un año entre Francia e Inglaterra en tres centros extranje- ros, con sus correspondientes autorizaciones al desplazamiento, cartas de invi- tación, informes de final de estancia, informes del director de tesis, etc., que la propia UCM le reclamaba.

Sin embargo, cuando al terminar la tesis pidió a la universidad justificantes oficia- les de estas actividades académicas, se los denegaron: “Resulta que la Complu no me lo reconoce como estancias oficiales porque dicen ‘Es que no hay un régimen de concurso competitivo’, claro ¡pero saca los concursos competitivos! (…) Entonces digo ¡Jolín! He competido dentro de la misma UCM y no me habéis dejado hacer la estancia porque decís que no es compatible. Y luego no me habéis dejado competir porque no sacáis los concursos. Me he ido fuera aun así ¡y entonces no lo reconocéis porque no he competido! O sea llega un momento que te dices ¡¿pero de verdad?!”. Como ella explica, las consecuencias de este tipo de dificultades administrativas para realizar las actividades propias de una investigadora, que luego se le van a demandar, pueden ser importantes: “En mi historia real que me lo reconozcan o no me lo reconozcan da igual, ahora, que en un determinado momento eso sume o reste puntos en tu currículum puede tener consecuencias importantes, porque al final te mueves en un nivel de competencia que se juegan las cosas por ¡por nada! O sea, al final tu currículum es tan bueno como el de otros muchos y se deciden las cosas por muy poco. Al final te ponen unos estándares a los que tú tienes que llegar, te ponen unos baremos, una serie de cosas que al final son cuantitativos”.

La presión por el currículum ¿la ANECA?

Esta presión que Penélope expresa en todo momento por mejorar continuamente su currículum tiene que ver con la manera en la que en los últimos años se está enfo- cando la carrera académica como un tipo de trabajo en constante evaluación. En este sentido las agencias como la ANECA son los instrumentos que las autoridades utilizan para cuantificar los méritos del personal docente e investigador. En este sentido, Penélope es crítica con cómo se evalúa el currículum de las y los candida- tos que están empezando su carrera: “Está bien que haya una valoración externa y supongo que de alguna manera hay que medirlo, pero es que tú cuando eres, cuando estás empezando tú no, digamos que tú no eliges, o sea tú publicas donde buenamente puedes, donde tú…, o sea no es algo, no son… muchas veces no son tus méritos, o sea es una forma de entenderlo que es un poco… insana en ese sentido, o sea que se vende como los méritos del investigador pero realmente en esas prime- ras etapas tú caes donde caes, en el grupo de investigación en el que estés, con el director que tengas, con lo que; entonces si tú… yo qué sé, pues si tu grupo publica en tal revista pues publicarás en esa revista, si tu grupo publica en tal otra pues en tal otra; y tú realmente no tienes ese margen de maniobra”.

Sin embargo, cuando Penélope habla de la “enorme competencia”, no se refiere tanto a estas agencias: “yo creo que la acreditación no es el problema, el problema es la falta de plazas, o sea la acreditación yo creo que la gente la consigue… muchas cosas que darían mucho que hablar, pero a pesar de esto creo que el baremo es fácilmente acce- sible. Pero no está la criba ahí, la criba está en que no hay espacio en la universidad, o sea la criba está en el mercado laboral, o sea ¡no está en esa acreditación! Esa acredita- ción pues te puede pedir cosas, eh… o sea la psicosis de las publicaciones y tal yo creo que no están tan pensada, o sea no se llega a ella tanto pensando en la acreditación de la ANECA si no en los concursos de las plazas. Como a lo mejor hay un concurso cada… 3 años, pues la competencia es feroz. Entonces es ahí donde está el tapón”. En su caso, nada más defender la tesis se presentó a la evaluación de la ANECA y obtuvo la acreditación de Profesora Ayudante Doctora, pero desde entonces no se ha presentado a ninguna plaza debido a la escasez de concursos “y también porque cuando sale una plaza por fin ya sabes que está dada a alguien que lleva mucho tiempo ahí haciendo cola y que tiene un currículum de acreditación a titular y así no hay forma de que entremos los más jóvenes”.

Sin embargo, sí se ha presentado a varios procesos de selección para contratos post- doctorales, en Francia, Inglaterra, Italia y Portugal, todavía sin éxito o esperando aún los resultados.

Rutinas de trabajo y una logística complicada por la inestabilidad

En el caso de Penélope, la inestabilidad laboral es un tema que le preocupa bastante pues sabe que encadena contratos con los que no consigue realizar sus expectativas de “una vida normal”: “o sea, ahora mismo el trabajo que tengo en el proyecto eh… es un trabajo con fecha de caducidad, o sea el dinero que hay en el proyecto es el que hay, y no se puede pedir más, no nos van a dar más, y eso tiene un límite, entonces…”.

Además, esta inestabilidad lleva a que su carrera le dificulte de alguna manera la forma de organizarse la vida personal: “he vivido en estos años de la tesis en ¿a lo mejor 6 casas diferentes? O sea eso hace que tengas un… una organización vital que es un poco compleja. Yo lo que te contaba de las estancias fuera, eso te descua- dra muchísimo el sistema de…, o sea la rutina de vida”. Ante las pocas oportunida- des laborales dentro de la Academia en España, Penélope comenzó a pensar desde antes de terminar la tesis que probablemente tendría que irse a trabajar al extran- jero. Hasta ahora, no ha surgido la oportunidad, pero desde que terminó la tesis se ha presentado a distintos concursos y solo uno dentro de España: “de momento voy a hacer mi vida aquí en Madrid porque aquí estoy, pero yo sé que mis oportunidades laborales en gran medida están fuera de España. De hecho, yo estoy muy al tanto de ofertas laborales, aquí en Madrid todavía no he visto ninguna”.

De hecho, el único contrato de investigadora postdoctoral al que se presentó en España es el Juan de la Cierva, pero sin éxito, pues considera que la competencia es desproporcionada: “¡Son 225 contratos postdoctorales para todos los doctores de España de todas las disciplinas que se hayan doctorado en 2014 y en 2015! ¡225! Piensa que si cada año se concedían 900 becas predoctorales del Ministerio de Edu- cación (FPU), más otras tantas del Ministerio de Economía (FPI), más otras tantas becas de las universidades ¡a ver! ¡Pero es que esto es un tapón…! Es que yo digo ‘Pero es falta de previsión’ porque a lo mejor mucha gente que hemos hecho tesis pues a lo mejor nos hubiéramos dedicado a otra cosa”.

En definitiva, Penélope piensa en continuar desarrollando una parte de su carrera fuera de la academia o incluso en universidades privadas, porque considera que la universidad pública le cierra las puertas y le exige un sacrificio que tal vez no le merezca la pena: “la gente está buscando méritos hasta debajo de las piedras, escri- biendo artículos domingos y sábados y día de navidad inclusive, y que yo creo que así estamos perdiendo… perdiendo el rumbo, y que es una vida ¡que yo no quiero vivir ese tipo de vida! Yo no quiero, no me parece que haya que sacrificar todo por dedicarse a la investigación. Que hay mucha gente que te dice ‘Aguanta unos años ya verás, luego se va a jubilar gente y habrá más plazas’ pero es que hay un tapón, hay un tapón ahí ¡tremendo!”.

3. Alicia: una doctora sin plaza que no quiere renunciar a la carrera académica

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