El relieve actual y los dominios morfoestructurales del área son el resultado de la deformación y emersión, desde el Mioceno a la actualidad, de la cuenca marina en la que se generaron las diferentes unidades y formaciones cretácico-miocenas. En la estructuración y emersión paulatina pueden distinguirse dos etapas diferenciadas por la velocidad e intensidad de los procesos tectónicos acaecidos. Durante el Mioceno, la primera de ellas, en un régimen transpresivo, se produjo la formación y distribución de las cordilleras y depresiones existentes (sierras de Neiba, Martín García, Bahoruco y cordillera Central y cuencas de Enriquillo, Azua y Llanura Costera del Caribe). En la segunda, ya en el Cuaternario, en un régimen tectónico menos conocido, se han generado diversas estructuras en el relleno cuaternario de las cuencas, así como en los depósitos fluviales que orlan los relieves principales.
En lo referente a este área de trabajo, el encajamiento y desarrollo de la red de drenaje ha generado importantes volúmenes de materiales depositados en varios sistemas o generaciones de abanicos torrenciales, que hoy cubren las estribaciones más meridionales de la Cordillera Central, junto a la línea de costa del mar del Caribe. En el entorno del río Ocoa las dos generaciones más antiguas de abanicos se han visto fuertemente alteradas por la neotectónica posterior, tal como se describe a continuación.
En el sector occidental, durante el Pleistoceno superior, el río Ocoa desembocaba dos kilómetros al este del límite de la hoja, donde sus abanicos provocaron un avance hacia el sur de la línea de costa, cuyo trazado rectilíneo solo se ve alterado por los aportes de materiales en las desembocaduras de los cursos fluviales principales: Baní y Nizao.
Ya en el Holoceno, en este mismo sector se produjo un importante acontecimiento neotectónico, que provocó un giro de 900 en el curso del río Ocoa y un cambio en la ubicación de su desembocadura.
Tal como se deduce de la cartografía de los abanicos antiguos, el río Ocoa seguía un trazado rectilíneo hasta la desembocadura mencionada, que se vio fuertemente alterado por la actuación de dos familias de fallas con direcciones NE-SO y E-O. Estas generaron un semigraben con dirección E-O por él que se canalizó el tramo final del mencionado río hasta su desembocadura en la bahía de Ocoa, en la contigua hoja de Sabana Buey. En el bloque septentrional de dicha fosa tectónica los abanicos parecen conservar su pendiente original, mientras que en el bloque meridional aparecen elevados y compartimentados. Es en este borde meridional del graben – borde tectónico- donde los abanicos de la segunda generación, más extensos o mejor conservados que los de la primera, aparecen afectados por un pequeño graderío tectónico en descenso hacia el cauce actual del río mencionado. De forma simultánea la mayor parte de dicho graderío ha experimentado una regularización o modelado reciente, adquiriendo una morfología de glacis de vertiente o laderas regularizadas, que enlazan con el nuevo valle del río Ocoa, así como con el valle abandonado, por él que hoy discurre el arroyo La Fuente.
En definitiva, en el bloque meridional del mencionado graben la morfología actual de dichos abanicos no se corresponde con la original, puesto que ésta ha sido alterada de forma importante por la neotectónica y los procesos gravitacionales y de arroyada que han remodelado el nuevo relieve. Dicho modelado ha provocado el enmascaramiento parcial de las fallas mencionadas.
En el resto del área, los abanicos de 1ª generación experimentaron un desmantelamiento simultáneo al desarrollo y encajamiento bajo ellos de los de 2ª generación. Los primeros quedaron reducidos a suaves relieves residuales en tanto que los segundos llegan a ocupar una parte importante de la hoja, sin que presenten ningún indicador de actividad neotectónica posterior.
En el ámbito regional del sector meridional de La Española, el giro de 900 que tuvo lugar en el río Yaque del Sur es similar al experimentado por el río Ocoa. La edad del acontecimiento del Yaque del Sur se ha podido conocer de forma indirecta, mediante la datación de los arrecifes que orlan el lago Enriquillo (5.000 a 2.800 años, Taylor et
desembocadura de dicho río, en lo que hasta ese momento había sido una profunda bahía.
Pese a la ausencia de dataciones similares en la presente hoja, es muy posible que los eventos ya descritos en la misma sean coetáneos con el que se acaba de describir, para cuyo origen o contexto geodinámico se ha mencionado la indentación del relieve submarino, conocido como cresta de Beata (Heubeck y Mann, 1991), en la bahía de Ocoa (Díaz de Neira, 2004).
Después de la captura o giro de 900 experimentado por el río Ocoa, éste ha desarrollado su extensa llanura de inundación, en relación a la cual se ha producido la regularización y enlace de las líneas de incisión fluvial y de los fondos de valle, que han acentuado su encajamiento bajo los abanicos antiguos. En el resto del área el encajamiento de la red fluvial ha creado un escalón bajo las terrazas bajas y glacis de vertiente de los valles situados entre los relieves de la Cordillera Central. En la salida del río Baní a la extensa plataforma de los abanicos fluviales, se está produciendo una importante acumulación de materiales en su cauce, que por la moderada pendiente no alcanzan la línea de costa, provocando la avulsión de su canal.
En el extremo occidental de la costa, la deriva litoral ha remodelado el promontorio costero creado por la antigua desembocadura del Ocoa, creando un amplio cordón litoral que se prolonga hacia el oeste. Por último, la abrasión marina actual ha creado un pequeño acantilado en los abanicos, que se ve afectado por dicho proceso durante los episodios de tormenta, puesto que en su base se sitúan la playa y un discontinuo cordón litoral.