No valen las conclusiones arbitrarias ni las etiquetaciones. Hemos cometido ese error y punto. NO SIGNIFICA NADA MÁS.
Si os pilláis una y otra vez dejando paso a la crítica, de- jándoos invadir por ella cuando ya casi parecía que... os sugerimos que practiquéis la Parada de Pensamiento o que os repitáis una y otra vez (mejor por escrito) pensamientos alternativos del estilo: “el haber cometido ese error no signi- fica que yo sea un...”, “una cosa es lo que hago, otra lo que soy”, “me voy a centrar en este error puntual, sin pensar más allá”.
Por último, PERDONARNOS y ver qué se puede hacer la próxima vez.
Esto tendríamos que pensarlo muy exhaustivamente, paso por paso, y dedicar la mayor parte de nuestra energía a la elaboración de un “plan de ataque” para la siguiente vez que estemos en circunstancias que nos puedan inducir a cometer el error.
Para ello, nos puede servir el análisis que hemos hecho antes sobre la causa de haber cometido ese error: si fue por desconocimiento, podemos preparar una respuesta para una siguiente vez; si fue por condicionamiento, deberíamos fle- xibilizar la respuesta que tenemos asociada a una situación, a fin de que ésta admita más excepciones; si fue por falta de recursos, tendremos que esforzarnos por aprender esos recursos.
Podemos, también, profundizar más y preguntarnos: ¿Qué estaba intentando conseguir, al emitir mi conducta “errónea”? Porque lo que desde luego seguro que no preten- días era cometer un error...
Podías tener prisa y estar pendiente del reloj, y eso hizo que actuaras demasiado precipitadamente. O sólo querías ser agradable y eso motivó un comentario por tu parte que
luego sentó mal. Para este punto, es bueno imaginarnos que nos estamos haciendo un juicio, pero esta vez benevolente y con ganas de ser absueltos: ¿qué atenuantes encontramos que le quiten a nuestra conducta el cariz “criminal” que le está dando nuestra crítica?
Incluso podríamos ir más allá y ver si eso que motivó que nos comportáramos de forma errónea es una constante en nuestra vida. Quizás siempre intento ser agradable y por eso a veces meto la pata. O quizás voy demasiado acelerado por la vida y la falta de tiempo me hace cometer errores de precipitación. En cualquier caso, si descubrimos una razón que aluda a algo más constante de nuestra vida, lejos de criti- carnos, deberíamos encontrar formas de cambiar esa actitud permanente en nuestra vida.
Sin embargo, para poder actuar, para no repetir de nuevo el error, necesitamos habernos “perdonado” previamente. Si no logramos ver el error como la única forma que teníamos en ese momento de actuar y continuamos estancados en la autocrítica gratuita y global, jamás lograremos salir de ese error, remediarlo o prevenir una siguiente vez.
Para ello, os sugerimos algunos pensamientos que pueden ayudar a ver el error de otra forma y tener ganas de cambiar- lo sin críticas:
- Puedo ver el error que he cometido como un “aviso” de que aquí hay algo que tengo que trabajar: “hay que caerse para aprender a andar”.
- Todo el mundo comete errores, pero ¿también todo el mundo se queda estancado en su crítica?
- Mi meta es llegar a ser responsable de mis errores, no culpable. La responsabilidad implica buscar un reme- dio, la culpabilidad implica estancamiento.
- Si este mismo error lo cometiera otra persona: ¿le ta- charía de inútil?, ¿la descalificaría “en su totalidad”, como persona? ¿Ya no le daría ninguna posibilidad
para que cambie? Y ¿por qué me empeño en hacer lo contrario conmigo?
- Ya he pagado lo suficiente por mi error con mi males- tar y los autorreproches. Ya está bien. Ahora me voy a poner a trabajar en ello.
Una vez “perdonado” el error y cuando te sientas fuerte para poder afrontarlo, es el momento de ACTUAR. Esto pue- de ser:
- Expiar la culpa:
Si realmente has causado algún perjuicio a alguien, le has hecho daño, necesitarás que el otro te perdone pa- ra tú sentirte bien contigo mismo. No permitas que la crítica se quede dentro de ti: ¡pide perdón! O también ¡explica lo que hiciste y por qué!
Así te evitarás pensamientos inútiles del estilo: “pen- sará que soy un...”, “qué vergüenza, lo que habrán pensado de mí...”, “si yo sólo quería...”, y acciones igual de inútiles como evitar a partir de ese momento a la persona, tener un comportamiento extraño con ella o bloquearte las siguientes veces que la veas.
La acción de expiar la culpa, ya sea pidiendo perdón o intentando explicar por qué se actuó como se actuó implica, desde luego, mucha asertividad. Hay técnicas específicas para expresar sentimientos o recibir una crítica que te pueden ser útiles para enfocar tu conduc- ta.
- Emprender acciones concretas de prevención del error.
Mira a ver por qué causas has cometido un error con- creto: ¿desconocimiento?, ¿condicionamiento?, ¿falta de recursos?, ¿otras razones? Piensa y analiza qué puedes hacer para paliar ese déficit.
Estáte atento: no enfoques tu búsqueda de soluciones ¿POR QUÉ NO LOGRO SER ASERTIvO?
a no repetir el mismo error la siguiente vez, sino am- plía tus miras: debes buscar alternativas a esa falta de recursos que has detectado, o conductas posibles ante esa situación que desconocías y que ahora conoces. En este punto, queremos citar una posible causa que,
aunque no muy frecuente, sí puede ser muy difícil de solucionar si no se tiene en cuenta: puede que una persona cometa errores una y otra vez porque se está exigiendo algo para lo que no está capacitada. Esto no quiere decir nada más que alguien puede no ser muy hábil para esta tarea concreta o este trabajo concreto, y, sin embargo, ser muy válido en otros aspectos. De este tema hablaremos más en el siguiente apartado, los “Deberías”. De momento solamente queremos reflejar que si alguien descubre que la razón de sus errores en un área concreta es ésta que hemos dicho, no debe dudar en buscar otras opciones o trabajos en los que pueda desarrollar mejor sus capacidades.
- ver de qué otra forma puedo satisfacer las necesidades que me empujan a cometer los mismos errores una y otra vez.
Como decíamos antes, puedo estar cometiendo un error porque estoy buscando algo que es una constante en mi vida (por ejemplo, afecto o aprobación) o porque manejo mal mi estrés.
En este caso, hay que buscar formas alternativas que cubran las mismas necesidades que estoy intentando cubrir con mi conducta “errónea”. De nada me vale que me niegue esa necesidad de afecto, por ejemplo. volverá a salir una y otra vez. O que me critique no ha- ber tenido tiempo para hacer algo: no me estoy dando soluciones alternativas a mi estrés.
En vez de decirme qué “debería” hacer o haber hecho, tendría que analizar con calma el “problema” que está
provocando esos errores repetidos que tanto me criti- co.
Tras haber leído este capítulo, puede que haya personas que piensen: bueno, de acuerdo en que hay que perdonarse, pero, a ver, ¿qué tengo que hacer para no cometer este terri- ble error de nuevo? Ainhoa, la persona que aparecía al prin- cipio de este capítulo, es especialista en esto. Su crítica, en vez de machacarla una y otra vez, la somete a un duro estrés, diciéndole: “la próxima vez no debes dejar pasar esto”, “la próxima vez no seas tan tonta”, “la próxima vez estáte más segura de ti misma”...
Seguro que a varios de vosotros os ocurre lo mismo, in- cluso podéis haber saltado toda la parte dedicada al trabajo con los errores, para acceder más rápidamente al lugar –de- cepcionantemente corto– en el que se habla de qué acciones emprender.
La persona que funciona como Ainhoa puede sentir un alivio de sus errores a corto plazo: al decirse qué debe hacer la próxima vez, tiene la sensación de “estar en camino”. Sin embargo, analicemos lo que se dice. ¿Creéis que la famosa “próxima vez” Ainhoa sabrá cómo actuar? ¿En algún mo- mento se dice cómo exactamente proceder? Sus pretensio- nes de actuar bien la siguiente vez no son más que críticas encubiertas, en las que, junto a falsas esperanzas de cambio, se está diciendo que es tonta y que no sabe cómo solucionar ese error. De hecho, Ainhoa no entiende por qué, aun esfor- zándose por no darle vueltas inútiles a las situaciones mal resueltas, continúa sintiéndose mal. Tampoco entiende por qué vuelve a cometer una y otra vez los mismos errores...
No os dejéis engañar por vuestra propia crítica destruc- tiva: si queréis vencerla, tenéis primero que comprender,
aceptar y perdonar, y luego actuar.
J
Te presentamos dos ejercicios destinados a ayudarte cuando te sientas mal por haber cometido un error. Ambos están pensados para que los rellenes cada vez que creas que has cometido un error “imperdonable” y te estés criticando duramente por ello.
El primero es más “general”, como verás, mientras que el segundo ahonda más en las causas por las que puedes haber cometido el error.
Ambos te pueden servir, dependiendo del momento en el que te encuentres o el tipo de error que crees que has come- tido. Nosotros te sugerimos que te guíes por tu malestar: si te sientes extremadamente mal contigo mismo y no puedes dejar de darle vueltas a tu error, realiza el segundo ejercicio. Si crees que con algunos “recordatorios” puedes solucionar tu malestar, haz el primero.