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4.5 Examples for constrained regression

4.5.6 Relation to other results

Uno de los desafíos más radicales, tanto a nivel teórico como a nivel meto- dológico, que nos plantea la perspectiva discursiva tiene que ver con la cuali- dad y con el estatus del conocimiento. A la luz de esta mirada el conocimiento ya no podrá ser el mismo que aquel que nos propuso la ciencia positivista. Este vuelco en la concepción de conocimiento no deja intacto ningún edifi cio de la antigua certidumbre cartesiana: modifi ca la naturaleza de la actividad de in- vestigar, la cualidad de aquello que se investiga y la posición de quienes se in- volucran en el proyecto de generar conocimiento. No pretendemos en este espacio abarcar todas las direcciones que, quizá aún inexploradas, están impli- cadas en este cambio. Queremos hacer un breve énfasis en tres aspectos rela- tivos a este vuelco en el conocimiento que nos parecen interesantes y que lla-

maremos a) indexicalidad del conocimiento, b) refl exividad y c) conocimiento como acción.

Como hemos expuesto anteriormente, para la etnometodología la indexi- calidad se refi ere a los aspectos contingentes del lenguaje, a su relación de in- terdependencia con el contexto donde es producido. El sentido de un enun- ciado no puede completarse si no se atiende a factores contextuales que están ‘más allá’ de la expresión lingüística. Y esta condición indexical afecta al con- junto del lenguaje y de la acción social, incluyendo la producción de conoci- miento científi co. Así, podríamos hablar de la ‘indexicalidad del conocimien- to’ en el sentido de que éste encarna y responde a sus condiciones contextuales de producción: los métodos, los conceptos y los casos son producciones loca- les, imbuidas en una cotidianidad y en una urdimbre de signifi cados situados que les dotan de sentido.

Si asumimos que el conocimiento es indexical, entonces el proyecto cien- tífi co debe reorientarse hacia la particularidad de la construcción local y con- textual. El conocimiento, desde estas coordenadas, se vuelve producto y expli- cación del contexto en que es producido. Esta asunción no niega la posibilidad del diálogo y la extrapolación de conocimientos, pero sí cuestiona la posibili- dad de la universalidad, de la sobregeneralización del pretendido conocimien- to abstracto y ‘puro’, libre de toda contaminación sociocultural y de toda cir- cunstancia fortuita. El diálogo posible no es entonces la formulación y acepta- ción consecutiva de verdades absolutas, sino la puesta en juego de certidumbres parciales, sujetas a cambios, traducciones y reinterpretaciones a la luz de con- textos locales de lectura y de enunciación.

Otra discusión importante que la perspectiva discursiva ha contribuido a poner sobre la mesa tiene que ver con la refl exividad en el proceso de produc- ción de conocimiento. La noción de refl exividad puede entenderse de múlti- ples maneras y la discusión en torno suyo ha sido extensa. La propia etnome- todología habla de refl exividad para referirse al carácter constitutivo del len- guaje natural, a la manera en que la descripción dota de sentido y por lo tanto produce la situación a la que se refi ere (Coulon, 1987). Aquí queremos referir- nos a la refl exividad como un ejercicio de interrogación que hace la/el investigador/a con respecto a su propio proceso de investigación, al cuestiona- miento crítico de la posición desde donde enuncia el conocimiento y de las herramientas semiótico-materiales que utiliza, así como de los efectos que és- tos aspectos tienen en el mundo de lo social y lo político. Bourdieu y sus cola- boradores sugieren que esta refl exividad pasa por poner al sujeto que investiga también como un objeto de indagación, poner en marcha una especie de ‘vigi- lancia epistemológica’ (Bourdieu, Chamboredon y Passeron, 2002) que con- tribuirá a la rigurosidad del conocimiento que producimos.

Sin duda, el itinerario de ideas y refl exiones que hemos expuesto a lo largo de este texto sitúan la actividad de investigar en unas coordenadas distintas, dónde el tema de la refl exividad se vuelve relevante. Sin embargo quisiéramos apuntar hacia una dirección diferente. Recogiendo la orientación evidente- mente pragmática que nos lega la perspectiva discursiva en psicología social,

podemos plantear la función de la refl exividad en un sentido distinto. La re- fl exividad no la entendemos ya como un mecanismo de resolución epistemo- lógica, no la pensamos como un truco para resolver el problema de la enuncia- ción de conocimiento válido o riguroso, sino más bien como un resorte políti- co, como un artefacto que abre un espacio para analizar y tomar decisiones con respecto a las consecuencias políticas del conocimiento que producimos.

Esta idea nos conduce a un replanteamiento más general: entender la pro- ducción de conocimiento, la formulación de teoría y, particularmente el ejer- cicio del análisis del discurso, como una forma de acción pública, como una forma de intervención en un campo social. El ambicioso proyecto contenido en este desplazamiento apunta hacia la contraintuitiva idea de escapar de las dicotomías ‘discurso-acción’ y ‘teoría-práctica’, de reformular dicha relación hasta hacer implosionar los extremos binarios que la componen.

La tradición científi ca moderna ha tendido a considerar a la acción como una cosa diferente y separada del discurso; a veces, inclusive, antagónica. En las perspectivas de investigación convencionales suele creerse que una cosa son las ‘palabras’ y otra muy diferente los ‘hechos’ y los ‘sucesos’. Este valor del ‘hacer’ como más real y por lo tanto ontológicamente superior al ‘decir’, puede ejemplifi carse en la siguiente frase del pensador cubano José Martí: ‘la mejor manera de decir es hacer’. Esta visión ha permeado el sentido común que tiende a privilegiar las acciones sobre las palabras. En México, por ejem- plo, hay un refrán de dominio popular que reza: de lengua me como un taco, y quiere decir que ‘hablar’ es fácil y muy distinto a ‘actuar’. Más aún, suele des- confi arse de la volatilidad engañosa del discurso, que tiene que someterse con- tinuamente al contraste con la ‘realidad’ para obtener validez y credibilidad.

Pareciera entonces que la tarea de producir conocimiento sobre lo social consiste en encontrar las palabras que refl ejen más fi elmente las cosas del mundo; se trata de una versión de la verdad califi cada por Tomás Ibáñez (2005) como ‘correspondentista’ donde «una proposición es verdadera si lo que afi rma acerca de los hechos se corresponde efectivamente con los hechos» (pág. 57). De hecho, en las interacciones que mantenemos en nuestra vida cotidiana el recurso de la ‘correspondencia con los hechos’ es de innegable utilidad a la hora de construir y establecer descripciones sobre el mundo. Sin embargo, dejando de lado su valor pragmático y adentrándonos en los terre- nos epistemológicos, «la versión correspondentista de la verdad es insostenible, aunque sólo sea porque no hay forma de comparar trozos de lenguaje con tro-

zos de mundo; y porque no hay forma de acceder a los hechos desde fuera del conocimiento de los hechos, o desde fuera de una descripción de los hechos»

(Ibáñez, 2005, pág. 58). De esta manera, al asumir que no hay acción o hecho sin lenguaje, nos situamos de nuevo en mitad de la carretera del lenguaje como medio que nos permite indagar en la topografía del mundo.

En este sentido, la perspectiva discursiva se encarga de abordar un problema presente en toda empresa de conocimiento en el ámbito de la psicología social: el salto que se tiene que dar —y que de hecho seda— de un reporte verbal o simbólico a la descripción o representación de un estado mental, a la idea de que

dichos discursos refl ejan un proceso mental o una propensión conductual. La perspectiva discursiva insiste, con una sensibilidad fundamentada, que cuando la gente habla, o cuando las investigadoras producimos discurso académico, es- tamos realizando acciones, estamos llevando a cabo cosas, estamos actuando. Dejar fuera de la esfera de la acción a la producción y a los juegos del lenguaje empobrece enormemente la actividad inquisitiva y una investigación que ignora las acciones discursivas está ignorando aspectos clave de la vida social.