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Relations to other Concepts

In document KMP in The Netherlands (Page 33-38)

La última vez que saliste a cenar fuera de casa, ¿qué fue lo que provocó inicial- mente que pensaras en hacerlo? Podría haber sido un buen número de cosas, desde el deseo de saciar el hambre, alternar con los amigos o celebrar una ocasión especial, hasta la firma de un acuerdo comercial o iniciar una relación sentimen- tal. En cuanto alguna de estas cosas se convirtió en una verdadera inclinación y deseaste llevarla adelante, empezaste a hacer planes. Tu intención fue tu propó- sito, y este desencadenó automáticamente tu proceso interno de planificación. Tus principios establecieron los límites de tu plan. Seguramente no pensarías conscientemente en tus principios en relación con el hecho de salir a cenar, pero pensaste de acuerdo con ellos para determinar: las exigencias en cuanto a la co- mida y el servicio, la asequibilidad, la conveniencia y la comodidad, todo lo cual puede haber tenido una influencia parcial. En cualquier caso, tu propósito y tus principios fueron el impulso y los límites definitorios de tu planificación.

Una vez que decidiste satisfacer tu propósito, ¿cuáles fueron tus primeros pensamientos sustanciales? Seguro que no el «Punto II. A. 3. B del plan». Lo más probable es que tus primeras ideas fueran cosas como: «Comida italiana en

El planificador más experimentado del mundo es tu cerebro.

Giovanni’s» o «Una mesa en la terraza del Café Bistró». Casi seguro que también tuviste alguna imagen favorable acerca de lo que podrías experimentar o de cómo se desarrollaría la velada, y quizá de las personas involucradas, la atmósfera y/o el resultado. Esa fue tu visualización del resultado. Mientras que tu propósi- to lo constituyó el porqué de que salieras a cenar, tu visualización fue una imagen del qué: de qué manera el aspecto, los sonidos y sensaciones del mundo físico satisfarían mejor tu propósito.

Y una vez que identificaste esto con tu visión, ¿qué fue lo que empezó a hacer tu mente de forma natural? ¿En qué empezó a pensar?: «¿A qué hora deberíamos ir?», «¿Estará abierto esta noche?», «¿Estará abarrotado?», «¿Qué tiempo hace?», «¿Deberíamos cambiarnos de ropa?», «¿Tiene gasolina el coche?», «¿Cuánta ham- bre tenemos?» Esa fue tu lluvia de ideas. Estas preguntas formaban parte del pro- ceso naturalmente creativo que ocurre en cuanto te comprometes con algún resul- tado que no se ha producido todavía. Tu cerebro percibe una discrepancia entre aquello en lo que estás pensando y el lugar donde te encuentras realmente en ese momento, y empieza a resolver esa disonancia cognitiva tratando de llenar los es- pacios en blanco. Este es el principio de la fase del cómo de la planificación natural. Pero en esta se piensa de una manera en cierto modo aleatoria y finalista, de forma que se te ocurren sin más multitud de aspectos diferentes relacionados con el hecho de salir a cenar. A buen seguro que no necesitas anotarlos realmente en un pedazo de papel, aunque sí reproducir una versión de ese proceso en tu mente.*

En cuanto generaste el número suficiente de ideas y detalles, no pudiste por menos que empezar a organizarlas. Es posible que hayas pensado o dicho: «Lo primero que tenemos que averiguar es si el restaurante está abierto», o «Llame- mos a los Anderson para ver si les gustaría salir con nosotros». Una vez que hayas generado los diferentes pensamientos pertinentes al resultado, tu mente empezará de manera automática a clasificarlos por elementos (proyectos secun- darios), prioridades, y/o secuencias de acontecimientos. Los elementos serían:

«Tenemos que ocuparnos de la logística, las per- sonas y el lugar». Las prioridades: «Es funda- mental averiguar si al cliente le apetecería real- mente salir a cenar». Y las secuencias: «Primero tenemos que comprobar si el restaurante está abierto, luego llamar a los Ander- son y vestirnos». Esta es la sección de la planificación natural que, por su misma naturaleza, incluye el cuestionamiento, las comparaciones y la evaluación. Una cosa es mejor, más grande o prioritaria.

* Si, no obstante, estabas ocupándote de la celebración de un reciente éxito de tu mejor ami- go, la complejidad y detalle que podrían acumularse en tu cabeza deberían garantizar al menos la presencia del ¡reverso de un sobre!

La clave para una idea inteligente es más ideas inteligentes.

Por último (y suponiendo que te hayas comprometido realmente con el pro- yecto, en este caso, salir a cenar), te centras en la acción siguiente que tienes que realizar para conseguir que se produzca efectivamente el primer elemento: «Lla- ma al Café Rouge para ver si está abierto y hacer la reserva».

Estas cinco fases de la preparación del proyecto se producen de forma natu- ral en todas las cosas que realizas durante el día. Es la manera que tienes de crear las cosas: una cena, una noche relajada, un nuevo producto o una nueva empre- sa. Primero sientes el impulso de hacer que ocurra algo, entonces imaginas el resultado, a continuación generas las ideas que podrían ser importantes, las cla- sificas dentro de una estructura y, por último, defines la actividad física que empezaría a hacerla realidad. Y haces todo esto de forma natural, sin pensarlo demasiado.

In document KMP in The Netherlands (Page 33-38)

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