de ADECE (Alianza de Escritores y Comunicadores Evangélicos).
A VECES nos resulta difícil expresar lo que queremos, sobre todo cuando de un tema concreto ya se ha dicho dema- siado y se ha dicho bien. Este ocho de Marzo celebramos, una vez más, el Día Internacional de la Mujer. Ojalá llegue pronto el futuro deseado y no nos haga falta seguir recordándole al mundo que permanecemos aquí, que no somos invi- sibles y que, mujeres y hombres, somos iguales. Pero mientras tanto, mientras todo camine con tanta lentitud, continua- remos reivindicando con justicia el reco- nocimiento que merecemos.
Para este aniversario de 2018, he en- contrado un hermoso texto que nos aconseja con sencillez. Se encuentra en el libro "Consejos para las señoras de cierta edad", Larfe Ediciones, S.A., escri- to por Concha Suárez del Otero y publi- cado en 1972. Se hallaba protegido entre otras muchas joyas en la alacena-biblio- teca de la iglesia a la que asisto. Su título, en principio, me hizo mucha gracia ya que me hallo metida de lleno en él, eso de "cierta edad" tiene su guasa. Antes de abrirlo y curiosear entre sus páginas me convencí de que encontraría otra guía más, antigua y ñoña, de esas que se escri- bieron tiempo atrás con el único fin de proseguir metiendo a las mujeres en vere- da, haciéndoles perder, aún más si cabe, la poca libertad que disfrutaban con aquello de "ponte guapa para él", "prepá- rale su plato preferido", "no le contradi- gas", "sé cariñosa", "limpia bien la casa", "no le recrimines que venga tarde a casa", "no le hables demasiado para no cansarle aún más" y "procura que los ni- ños no hagan ruido", entre otras muchas
perlas ya conocidas. ¡Cuánto me equivo- qué! Concha Suárez del Otero, mujer genial, me cautivó con sus consejos. Las líneas que siguen viene perfectas para esta conmemoración.
Sé tú. Procura ser entera y valiente. No te retires nunca sin lucha, cuando la lucha merece la pena.
Sobre todo cuando cumples un deber lu- chando.
Pero no muevas un músculo, ni un dedo, no te inmutes en absoluto cuando son los que te rodean, deseando encizañarte, los que quieren lanzarte a un combate que les interesa a ellos. Pasa sobre esas maniobras sin querer advertirlas. No muevas la cabeza, ni siquiera la mirada, hacia ellas. Y perdona siempre al malé- volo o mezquino. Piensa que bastante desgracia tienen, él o ella, con ser así. Tú puedes alejarte de ellos, pero ellos no pueden separarse de sí mismos y han de vivir siempre con ese fardo de vilezas, o de pequeñeces, encima.
No pongas tu dignidad donde los demás intentan hacértela poner. Recuerda que muchos de ellos te parecen a ti, muy a menudo, indignos. No te preocupe su opinión.
Lee, estudia, piensa, elabora, observa el mundo que te rodea. Pero míralo con tus ojos, analízalo con tu mente. Sé tú. No dejes que nadie influya hasta el pun- to de borrar tu propia personalidad. R
Ciencias bíblicas y Apología
en los quince años mientras que en España y en el Reino Unido es reco- nocida por la ley a partir de los dieci- séis años. En algunos países modernos no se consideran sexualmente madu- ras las personas menores de los dieci- ocho años de edad. Antiguamente la edad de consentimiento era mucho más baja tanto para varones como hembras, ya que se iniciaba a partir de la pubertad, como todavía hoy sucede en algunos rincones del mundo. La pederastia y el evangelio
Además de eros, “deseo”, el griego clásico dispone de dos términos refe- ridos a los sentimientos de afecto y amor entre las personas: (a) filia, “afecto” y (b) agape, “amor compro- metido”. Resulta que en la Biblia en- tera no figura eros puesto que lo eli- minaron los traductores de la Septua- ginta y, por tanto, tampoco hace acto de presencia en el Testamento Griego. De ahí la ausencia en los diccionarios o comentarios bíblicos de eros y de los derivados erastés, erómenos y pai- derastia. Este panorama lingüístico nos invita a pensar que los autores de Lucas 7 y Mateo 8 han tenido que re- currir a otra terminología haciendo que pais ocupe el lugar que en la cul- tura helenística correspondería a eró- menos. El paralelismo entre ambos vocablos se conoce de varias fuentes históricas y literarias.
En resumidas cuentas, es precisamente la palabra pais en Lucas 7 la que pue- de explicar el porqué del temor y la inquietud que subyacen la petición presentada por el centurión. Impulsa- do por el cariño que le tiene a su mu- chacho desea hacer todo lo que esté a su alcance con el fin de salvar la vida del joven. Tanto es así que el oficial no rehúye el extremo de acercarse a un pobre predicador itinerante judío llamado Jesús, colocándose a sí mis- mo, a la luz de su posición social y rango militar, en una situación de hu- mildad insólita para un ciudadano ro- mano.
Si comparamos el relato lucano con la versión paralela en Mateo 8, detecta- remos varios detalles de interés en el lenguaje empleado. En el discurso pronunciado por el oficial, éste no des- cribe al paciente como doulos. Una sola vez utiliza el vocablo para referir- se a todos los esclavos que tiene bajo su mando (8,9). Por contraste, pais se introduce tres veces en el pasaje para denotar nítidamente al muchacho en- fermo, a saber, en los versículos 6, 8 y 13. Dicho de otro modo, el evangelista mantiene cierta distinción entre los términos doulos y pais, haciendo hin- capié en este último a la hora de refe- rirse al paciente. Téngase en cuenta otro hecho importante: en el imperio romano los esclavos son generalmente objeto de desprecio por parte de los
hombres libres. Siendo esto así, tanto Mateo como Lucas consiguen descri- bir con pocas palabras una relación interpersonal que se sale de lo ordina- rio cuando de un amo y de su esclavo se trata.
En nuestro tiempo está muy difundida la creencia de que la Biblia, al igual que la tradición judía, prohíbe termi- nantemente los vínculos homoeróticos (Gagnon 2001 p. 29). Si es de fiarse este punto de vista, debemos imagi- narnos que los judíos del siglo I cen- suraban cualquier manifestación de intimidad homoafectiva. De hecho, lo indican algunas observaciones aporta- das por Filón de Alejandría y el histo- riador judío Flavio Josefo, ambos del siglo I d. C. (cf. Philon 1966 pp. 79-80; Josephus 1998 p. 99). Ponien- do por caso que tanto Lucas como Mateo sugieran que estamos ante un caso de amor pederástico, al judaísmo ortodoxo de la época la situación pue- de haberle parecido chocante o escan- daloso. Enfocada así es tal vez ilógica la actuación del grupo de judíos que en Lc 7 interviene como mensajeros. No obstante, debemos tener en cuenta un factor adicional. Es posible que la conocida actitud de censura en mate- ria sexual que se fue imponiendo a partir de los padres de la iglesia no se haya generalizado en la mayor parte de la tradición cristiana hasta después de quedar reunidos en un solo tomo canónico los escritos que hoy conoce- mos bajo el nombre de “la Biblia”. En todo caso, el relato lucano da la im- presión de que los intermediarios ju- díos mantienen con el romano una re- lación amistosa basada en el respeto mutuo. Y, por otra parte, a los cristia- nos primitivos de origen gentil o pa- gano es probable que hayan visto como una cosa natural el plausible sentimiento homoerótico que mueve a todas luces la relación entre el mucha- cho (pais) y el centurión que por él intercede. Por todo lo anterior, para entender la motivación del romano que solicita ayuda a Jesús, el amor es el elemento clave. (continuará). R
Espiritualidad
S É T Ú
“Procura ser entera y valiente. No te retires nunca sin
lucha, cuando la lucha merece la pena”.
Isabel Pavón
Escritora y parte de la Junta de ADECE (Alianza de Escritores y Comunicadores Evangélicos).A VECES nos resulta difícil expresar lo que queremos, sobre todo cuando de un tema concreto ya se ha dicho dema- siado y se ha dicho bien. Este ocho de Marzo celebramos, una vez más, el Día Internacional de la Mujer. Ojalá llegue pronto el futuro deseado y no nos haga falta seguir recordándole al mundo que permanecemos aquí, que no somos invi- sibles y que, mujeres y hombres, somos iguales. Pero mientras tanto, mientras todo camine con tanta lentitud, continua- remos reivindicando con justicia el reco- nocimiento que merecemos.
Para este aniversario de 2018, he en- contrado un hermoso texto que nos aconseja con sencillez. Se encuentra en el libro "Consejos para las señoras de cierta edad", Larfe Ediciones, S.A., escri- to por Concha Suárez del Otero y publi- cado en 1972. Se hallaba protegido entre otras muchas joyas en la alacena-biblio- teca de la iglesia a la que asisto. Su título, en principio, me hizo mucha gracia ya que me hallo metida de lleno en él, eso de "cierta edad" tiene su guasa. Antes de abrirlo y curiosear entre sus páginas me convencí de que encontraría otra guía más, antigua y ñoña, de esas que se escri- bieron tiempo atrás con el único fin de proseguir metiendo a las mujeres en vere- da, haciéndoles perder, aún más si cabe, la poca libertad que disfrutaban con aquello de "ponte guapa para él", "prepá- rale su plato preferido", "no le contradi- gas", "sé cariñosa", "limpia bien la casa", "no le recrimines que venga tarde a casa", "no le hables demasiado para no cansarle aún más" y "procura que los ni- ños no hagan ruido", entre otras muchas
perlas ya conocidas. ¡Cuánto me equivo- qué! Concha Suárez del Otero, mujer genial, me cautivó con sus consejos. Las líneas que siguen viene perfectas para esta conmemoración.
Sé tú. Procura ser entera y valiente. No te retires nunca sin lucha, cuando la lucha merece la pena.
Sobre todo cuando cumples un deber lu- chando.
Pero no muevas un músculo, ni un dedo, no te inmutes en absoluto cuando son los que te rodean, deseando encizañarte, los que quieren lanzarte a un combate que les interesa a ellos. Pasa sobre esas maniobras sin querer advertirlas. No muevas la cabeza, ni siquiera la mirada, hacia ellas. Y perdona siempre al malé- volo o mezquino. Piensa que bastante desgracia tienen, él o ella, con ser así. Tú puedes alejarte de ellos, pero ellos no pueden separarse de sí mismos y han de vivir siempre con ese fardo de vilezas, o de pequeñeces, encima.
No pongas tu dignidad donde los demás intentan hacértela poner. Recuerda que muchos de ellos te parecen a ti, muy a menudo, indignos. No te preocupe su opinión.
Lee, estudia, piensa, elabora, observa el mundo que te rodea. Pero míralo con tus ojos, analízalo con tu mente. Sé tú. No dejes que nadie influya hasta el pun- to de borrar tu propia personalidad. R