En efecto, una de las vías para comprender la experiencia religiosa es la fenomenología de la religión, pues ésta
trata de describir el hecho sin dar juicio sobre la existencia de ese Ser superior; es reproducir la vivencia como aparece en la conciencia humana sin añadir ni omitir nada de cuanto en ella se manifiesta. Para ello hemos de despojarnos de todo «prejuicio» o juicio previo sobre tal experiencia y dejar que la conciencia presente todos y solamente aquellos elementos que constituyen el fenómeno religioso (Vélez, 1989: 13).
De todos esos elementos constitutivos, se subrayarán las actitudes ante lo religioso. Estas actitudes son brevemente descritas en el apartado 2.3.2. Para llegar ahí, conviene antes adentrarse un poco en los elementos que delimitan la actitud religiosa
2.3.1. Determinantes de la actitud religiosa
Vélez (1989) describe tres determinantes de la actitud religiosa o tres causas de lo religioso. Estos son: lo sagrado, el misterio y las hierofanías.
Lo sagrado hace referencia a una forma o manera de ser en la que el hombre se siente en relación con algo diferente de sí mismo, algo que aparece como una realidad de segundo nivel frente a la realidad cotidiana, y con lo que “se
comporta en ánimo de reverencia y admiración”. Esta manera de ser resulta irreductible a cualquier otra actitud: es una actitud originaria (Vélez, 1989: 63-
64). v
Que sea una actitud originaria implica que “se muestra como lo que engloba o comprende todos los aspectos subjetivos (reacciones anímicas, actitudes, intenciones, emociones, etc.) y los aspectos objetivos (realidades naturales, instituciones, personas)” (Vélez, 1989: 65). Por eso es que tal actitud no puede consistir en proyección subjetiva del hombre” (Freud, 1927). Ehser humano, pues, está abierto a lo sagrado, y ésta es una primera causa de lo religioso.
El Misterio, segundo determinante de la actitud religiosa, es definido por Vélez (1989: 67) como “la realidad última que determina el ámbito de lo sagrado”. En el análisis fenomenològico, el Misterio aparece con varias características, algunas de ellas opuestas.
• Real pero indemostrable. En aquél que experimenta lo religioso, el Otro se percibe como una realidad distinta, no como ilusión; incluso se experimenta como algo difícil de nombrar, de conceptualizar: el Misterio escapa a todo lo conocido, y se explica tan sólo por aproximación o por la vía de la negación. De ahí su carácter de Misterio.
• Trascendencia-inmanencia. El análisis fenomenològico revela que el Otro no sólo trasciende la realidad humana, sino que además “es inmanente a todo ser, es decir, está presente en lo más intimo y profundo de todo ser, no como intruso sino como fundamento del ser mismo y del obrar de todos y cada uno de los seres” (Vélez, 1989: 68). Que el Misterio sea el fundamento del ser mismo puede llevar a pensar que el hombre está abierto al Misterio en forma obligada, determinada. En realidad, el hombre religioso percibe al Misterio como “alguien que respeta su libertad y que en diálogo personal solicita una respuesta y propone (no impone) un compromiso. Precisamente eso constituye la esencia de la
religión, que es religación o relación, no mecánica, sino humana, y por tanto, libre” (Vélez, 1989: 69).
• Personal. El hombre se encuentra, pues, ante un ser que se experimenta
como personal, dialogante, lo que implica que “su presencia se percibe como alguien que actúa en el interior y en el entorno del hombre, interpelando sus actitudes, suscitando o provocando opciones y respuestas” Vélez, 1989: 71).
• Valioso. El Misterio resulta un fin a! que vale la pena tender. El hombre religioso se orienta al Misterio porque en ello encuentra un seYitido, un valor.
Finalmente, las hierofanías. Éstas son definidas como “el conjunto de realidades mundanas que le hacen al hombre presente al Misterio” (Vélez, 1989: 71). Las hierofanías son necesarias al hombre puesto que la relación de éste con lo sagrado no puede ser sino a través de seres sensibles.
Hay una estrecha relación entre hierofanía y símbolo religioso. El hombre religioso actualiza las hierofanías con diferentes expresiones, tales como mitos, doctrinas, ritos, expresiones éticas, estéticas y societarias (Vélez, 1989: 80-89).
2.3.2. Actitudes ante lo religioso
El análisis fenomenológico revela que las cualidades del Misterio provocan en el hombre religioso una serie de actitudes, entre las que pueden distinguirse las siguientes (Vélez, 1989: 76-79):
• Actitud de reconocimiento. El hombre religioso reconoce la gratuidad de
la revelación del Otro y no busca apoderarse de Él, sino ser apoderado por Él. De la actitud de reconocimiento nace el “dejarse invadir por el Misterio de quien parte la iniciativa del encuentro: entonces el hombre
sale de sí mismo, se descentra, y cuando la comunicación es intensamente vivida, cae en éxtasis” (1989: 77)
• Actitud de estupor. El hombre religioso no puede definir conceptualmente
la realidad del Misterio, no sólo porque difiere de todo lo que conoce, sino porque rebasa su capacidad de comprensión. La actitud que suele manifestar ante ello es la de asombro.
• Actitud de temor. Viene a ser la actitud inmediata al asombro. El hombre religioso, al contrastarse con el Misterio, se descubre finito e imperfecto. Este temor no tiene nada que ver con el miedo. “La auténtica religióh no infunde miedos traumatizantes” (1989:70).
• Actitud de fascinación. Es una actitud que surge, a su vez, del temor: “al sentirse el hombre radicalmente falible o capaz de pecar y por tanto, indigno, experimenta el deseo de participar de la santidad del Misterio... de identificarse con la divinidad, la que se manifiesta como supremo Valor o sumo Bien, que lo hace feliz” (1989: 78).
Tras revisar estos datos de experiencia aportados por el análisis fenomenológico respecto a lo religioso, es momento de presentar la última perspectiva que se ha considerado para comprender la experiencia religiosa: el análisis existencial frankliano.