∑ The sensitive values of each parameter with respect to the cable
5.3 System reliability evaluation
Valores personales ¿Que es para usted lo mas importante en la vida?
Vivir, felicidad, salud, "salvación", familia, éxito o realización personal, tener prestigio, demostrar estatus, bienestar material, sabiduría, amistad, trabajo, ser respetado, demostrar valía, amor, etc.
Paz, supervivencia ecológica del planeta, justicia social, etc. VALORES INSTRUMENTALES (MEDIOS VALORATIVOS PARA ALCANZAR LOS VALORES FINALES)
Valores ético morales (¿Cómo cree que hay que comportarse con quienes lo rodean?)
Honestidad, educación con los demás, sinceridad, responsabilidad, lealtad, solidaridad, confianza mutua, respecto de los derechos humanos.
Valores de competencia (¿Qué cree que hay que tener para poder competir en la vida?)
Cultura, dinero, imaginación, lógica, buena forma física, inteligencia, belleza, capacidad de ahorro, iniciativa, pensamiento positivo, constancia, flexibilidad, vitalidad, simpatía, capacidad de trabajo en equipo, coraje, vida sana, etc.
Tabla 1.6. Valores finales y valores instrumentales.
Valores personales: Aquellos a los que aspira el individuo para sí mismo y responden a la pregunta de "¿Qué es para usted lo más importante en la vida?", y van desde el genérico "ser feliz" hasta "tener prestigio".
Valores ético-sociales: Constituyen aspiraciones o propósitos que benefician a toda la sociedad, tales como el respeto medioambiental o el respeto de los derechos humanos. Responden a la pregunta "¿Qué quiere usted para el mundo?".
Los valores instrumentales u operativos pueden ser de dos tipos: ético- morales y de competencia.
Valores ético-morales: Se refieren a los modos de conducta necesarios para alcanzar nuestros valores finales, y no son necesariamente en sí mismos fines existenciales. De hecho, la palabra "moral" proviene del latín mores, que significa costumbre. Por ejemplo, la lealtad puede ser (o es) un valor instrumental para conservar las amistades (valor final). Responden a la pregunta "¿Cómo cree que hay que comportarse con quienes le rodean". Los valores morales son un tipo de valor instrumental que tienen dos características bien peculiares.
Se ponen en práctica en la relación con las demás personas.
En las personas mentalmente equilibradas, cuando se incorpora pero no se traducen en conductas consecuentes, tiende a generar sentimientos de culpabilidad o, al menos, de malestar con uno mismo.
Valores de competencia: Otros valores instrumentales, los que se pueden llamar de competencia, son más individuales, aunque también están socialmente condicionados y no están directamente relacionados con la moralidad o con la culpabilidad. Responden a la pregunta "¿Qué cree que hay que tener para poder competir en la vida?", y entre ellos están la imaginación, la iniciativa o la lógica.
1.8.4 Valores más relevantes
A continuación se presenta un resumen de los valores más relevantes en el momento actual, sin que se menosprecie el gran número de valores morales que las diferentes sociedades y grupos humanos comparten, en su día a día, y sin los cuales sería imposible su existencia.
Diálogo
Hoy, más que nunca, es necesaria una cultura del diálogo para solucionar conflictos. Es ineludible desechar el monólogo y los exclusivismos culturales, raciales, económicos, religiosos y otros. El diálogo reconoce la irrenunciable dignidad del otro, su afirmación como identidad personal y colectiva.
"... Lo que ahora mismo se necesita con suma urgencia es una adecuada praxis transmisora, que nos proporcione las palabras y expresiones convenientes para que el diálogo pueda convertirse en una
realidad palpable y no en una nueva declaración verbal de buenas intenciones...
El diálogo se ha reconocido siempre desde una concepción pragmática. Se le considera un medio para la obtención de beneficios económicos, políticos, religiosos, sociales. Estos objetivos son valiosos en sí mismos, sin embargo:
"El diálogo no asegura la resolución acertada de los problemas morales, ni que se vaya a llegar a un consenso racional que permita la adopción por acuerdo de soluciones."... Puig y sigue "... tampoco entendemos que el consenso a que tiende el diálogo sea siempre la situación más deseable. El disenso, la disputa, la controversia y el conflicto, parecen condiciones ineludibles de la conducta y la reflexión moral".
Pero hay algo más radicalmente humano que fundamenta el diálogo, más allá de consideraciones pragmáticas, el Diálogo es el intercambio de opiniones o puntos de vista en la búsqueda de un entendimiento entre las partes. Exige la voluntad de aceptar la parte de verdad en el otro y la actitud provisional de la verdad propia. Los interlocutores tienen igual legitimidad. En el diálogo también comunicamos interpretaciones, afecto, experiencias, emociones. El diálogo debe ser menos intelectualista y apuntar más hacia la comprensión y acogida del otro. Es imprescindible para la solución de nuestros conflictos sociales y personales. Desechamos todo monólogo y exclusivismo cultural, religioso, económico o racial. El diálogo reconoce la dignidad irrenunciable del otro y nos lleva a su encuentro.
Tolerancia
Los estudios reflejan que la realidad sociológica plural no genera automáticamente comportamientos de respeto al otro. Un sistema plural en todos los sentidos puede estar salpicado de rechazo por diferencias culturales, raciales y la xenofobia. Nacionalismos esencialistas expulsan de la comunidad a cuantos no participan de un mismo origen, raza o ideas políticas fundamentalistas.
El enfrentamiento entre seres humanos provocado por convicciones encontradas sobre lo que es verdadero y bueno es un componente imprescindible de la historia. Es hora de agregar a estas convicciones, la convicción de la tolerancia. Para que esto sea posible es preciso crear estructuras y entornos donde la experiencia de la diversidad y la diferencia sean vistas como un elemento positivo y aportador a la comunidad.
La tolerancia constituye una exigencia de la nueva realidad social, que es un sistema plural en todos los sentidos: económico, político, social y cultural. Es respetar y defender el derecho a la libre expresión y modos de vidas, aunque no sean compartidos por nosotros. La tolerancia se contrapone al dogmatismo y el fanatismo. La tolerancia
fomenta el pluralismo y la convivencia de todas las ideas por igual. La condición diversa del hombre en su existencia concreta demanda la tolerancia. La tolerancia se basa en la práctica científica que afirma la imposibilidad de poseer la verdad absoluta. Puede convertirse en la ocasión de enriquecimiento mutuo. Los límites de la tolerancia son la agresión de los derechos humanos básicos. No toleramos el hambre, la guerra, las muertes de niños por enfermedades evitables, no lo que degrade la condición humana.
Libertad
Se ha vaciado hasta el extremo el concepto de libertad, se habla de libertad en una sociedad que tolera la existencia de millones de seres humanos atrapados por la miseria, pero se les declara libres. Son privados de la palabra cuando esta contradice lo políticamente correcto. La libertad ha quedado reducida a declaraciones formales en un sistema hipócrita que construye el bienestar de unos a costa de los otros. La verdadera libertad no puede estar encerrada en los principios formales, por el contrario sus efectos reales deben imantar la vida diaria de los individuos y pueblos. Si no se ejerce se convierte en un engaño y en una trampa, y si se ejerce es el resultado de una conquista personal y social, no una concesión graciosa de poder. La libertad se entiende como estilo de vida y tarea o conquista personal y social.
Solidaridad
Los grandes problemas mundiales que hoy nos amenazan se perciben como fríos datos estadísticos sometidos al juego de los intereses de los países ricos y los grupos de poder. Estos males reclaman de nosotros, más que la comprensión, la identificación y eliminación de las causas que los producen. Una mirada miope y prejuiciada ve los problemas de hoy como domésticos, cuando éstos ya atraviesan fronteras y afectan a la humanidad de manera directa o indirecta. La solidaridad como exigencia posibilita un nuevo modelo de relaciones al interior de la sociedad y una transformación de las relaciones entre los pueblos. El abismo creciente entre países ricos y pobres y entre los ricos y pobres de una misma sociedad, destaca a la solidaridad como garantía del funcionamiento y supervivencia de la civilización.
En el tercer milenio, la existencia humana se desenvuelve en un ecosistema frágil; una acción descontrolada pondrá en peligro la supervivencia de todos. Esta inédita interdependencia exige mayor y mejor solidaridad. La solidaridad es la actitud que fortalece las relaciones de los miembros de la sociedad para lograr un entendimiento. También hay que potenciar a los más débiles para igualarlos y que puedan ejercer su libertad. La solidaridad es la certeza de pertenecer a una comunidad de obligaciones y necesidades. Cuando se ayuda al otro, también nos ayudamos a nosotros mismos.
Justicia
Se ha recorrido un largo camino en el reconocimiento de la dimensión social de la justicia. Pasamos de una concepción de la justicia limitada al ámbito privado a una justicia considerada como un bien social. Los derechos públicos no están separados del derecho privado. La justicia debe ser socializada, debe decirnos algo sobre cómo hacemos la vida entre todos; despojada de la perspectiva intimista, adquiere la fuerza dinamizadora de la transformación social. La justicia es norma de comportamiento global de los seres humanos, potencia su dimensión social.
El término justicia se refiere, en lo coloquial, a la cualidad de ser justo, al justo obrar y al trato justo. Está vinculado al acuerdo o convención, a lo equilibrado o útil, a lo que hace felices a las personas, al reconocimiento de sus derechos. También al orden y la medida, cuando cada cosa ocupa su lugar. Si hay exceso o carencia se produce una injusticia. La justicia es reparto, a cada uno lo suyo, y conformidad, hacer cada uno lo suyo. La justicia aparece respecto a un orden, norma o medida. También reclama un deber y tiempo de igualdad. Es el intento constante de proporcionar a cada uno lo que se merece o corresponde como parte de un todo.
Paz
Desde el principio mismo de la presencia humana aparece la violencia, como parte inseparable de la historia de los seres humanos hasta nuestros días; pero quizás sea el pasado siglo el que ha conocido mayores formas de violencia social.
Junto al espectacular desarrollo del conocimiento científico y económico se ha producido en otras áreas del planeta el aumento de la pobreza, el extermino masivo de los seres humanos y el deterioro del medio ambiente. Se aprecia una tendencia violenta en el hombre, que lo lleva a la dominación, sometimiento y eliminación de sus semejantes. La búsqueda del beneficio y la eficacia a toda costa ha legitimado socialmente la explotación del hombre, ha provocado la pérdida de valores innegociables del ser humano.
La paz no es ausencia de guerra, sino más aún, ausencia de violencia en las relaciones humanas. La violencia económica es tan terrible como la bélica. La exclusión social es una nueva forma de violencia.
Ha calado en nosotros la visión intimista de la paz: paz consigo mismo, paz interior. La paz es un proceso. Incluye respeto, tolerancia, libertad y justicia. Es un tipo de sociedad en que además de no haber guerra, exista el compromiso de suprimir la violencia estructural. La paz es vencer la tentación del dominio del hombre por el hombre. No es la meta, es el camino mismo. Está haciéndose constantemente. Hay que
superar la moral intimista y privada y construir la nueva ética. La ética de la paz.
Cooperación
La cooperación se fundamenta en la unión entre los hombres y mujeres, cuando no piden privilegios, ni se imponen por el número, se unen por la convicción moral de que la capacidad de acción de cada individuo se multiplica al unirse con otro, y suman sus esfuerzos en un propósito común. La cooperación se convierte así en la forma superior de trabajo a favor de sí mismo, pues los bienes comunes serán más valiosos cuando sean disfrutados por toda la sociedad.
La cooperación en la actualidad se ha convertido en un imperativo moral pues la especie humana sólo subsistirá si es armoniosa y logra conciliar los distintos intereses. Solo así se podrá cuidar ese medio ambiente, evitar las guerras, distribuir mejor los recursos agotables y financieros, con el fin de convertirse en un valor global y plural para toda la humanidad.
En ocasiones, existen relaciones cooperativas en las que el socio es más importante que los bienes que aporta, y la calidad de la relación humana pasa a un nivel superior que el propio producto y sus excedentes, redistribuido entre sus miembros. Un ejemplo de esto se encuentra en el caso de los tejedores de Rochdale, en la Inglaterra de 1844, donde 28 tejedores de esta localidad se agruparon y aportaron como capital una libra por accionista. Su intención era defenderse como organización, de una manera común, de los intermediarios que aumentaban artificialmente los precios. Estos tejedores tenían como propósito que la comunidad accediera fácilmente a sus productos y con su ejemplo movilizaron a amplias capas en favor de mejores precios para los artículos de primera necesidad.