• No results found

5.7 Reliability

5.7.1 Reliability of Scale in the Pilot Study Phase

Para quienes no estéis familiarizados con el término «anclar», queremos daros una idea de qué es y cómo utilizarlo. Ya lo hemos explicado con detalle en nuestro libro De Sapos a Príncipes (Capítulo II), así que no repetiremos aquí la información. Sin embargo, queremos hablar del ancla y de su relación con la hipnosis.

Toda experiencia consta de múltiples componentes: visuales, auditivos, cinestésicos, olfativos y gustativos. El fenómeno del ancla se refiere a la tendencia a que cualquier elemento de una experiencia recuerde la experiencia completa.

Todos habéis tenido la experiencia de caminar por la calle y percibir un olor, y de volver de repente a otro tiempo y otro lugar. El olor sirve de «recordatorio» de alguna otra experiencia. Eso es un ancla. Con frecuencia, las parejas tienen una canción que llaman «nuestra canción».

Eso también es un ancla. Cada vez que oyen esa canción, reviven los sentimientos que experimentaron el uno hacia el otro la primera vez que la llamaron «nuestra canción».

Muchas de las inducciones que acabáis de hacer utilizan el fenómeno del ancla. Cuando ayudasteis a vuestro compañero a acceder a una experiencia de trance anterior, utilizasteis anclas que ya estaban instaladas en la experiencia de esa persona.

Si pedisteis a vuestro compañero que adoptara la misma postura corporal que durante una experiencia de trance, que recordara el sonido de la voz del hipnotizador, o que hiciera cualquier otra cosa emparejada con el trance, empleasteis anclas espontáneas.

Si una persona te puede decir cómo es su experiencia de trance en términos sensoriales, puedes utilizar el fenómeno del ancla para construir ese estado para ella. Lo único que tienes que hacer es descomponer su experiencia de trance en sus componentes visual, auditiva y cinestésica.

Si empiezas por lo visual, puedes preguntar: « ¿Qué aspecto tendrías si estuvieras en trance profundo? Enséñamelo aquí, con tu cuerpo. Yo haré de espejo, para que tengas retroacción sobre lo que estás haciendo, y puedas ajustar tu cuerpo hasta que veas que tiene el aspecto correcto.

Después, averigua si creaba imágenes internas, y si es así, de qué tipo. Si en trance profundo tenía los ojos abiertos, pregúntale si veía lo que le rodeaba. Cuando accede a la respuesta, tú anclas su estado.

Entonces pasas a las sensaciones. « ¿Cómo te sentirías si estuvieras en trance profundo? ¿Cómo respirarías? Indícame exactamente lo relajado que estarías.» Cuando demuestra cómo se sentiría, tú anclas ese estado.

Sólo queda por anclar el componente auditivo del «trance profundo». Puedes preguntarle si era consciente de la voz del hipnotizador, y cómo sonaba. Después, averigua si en trance profundo tenía algún diálogo o sonidos internos.

Al repasar sistemáticamente su experiencia de trance visual, cinestésica y auditiva, tanto interna como externa, puedes anclar cada componente del «trance» con la misma ancla o con anclas distintas. Si usas anclas distintas para los diferentes componentes, entonces puedes activar todas las anclas simultáneamente para «recordarle» cómo era el trance.

Otra forma de utilizar las anclas es inducir un trance.

Al utilizar así el ancla, puedes incluso crear una experiencia nueva para la persona. Simplemente, anclas juntos los diversos componentes de la experiencia.

Cuando has inducido un estado de trance, puedes instalar anclas para poder reinducir rápidamente un trance siempre que lo desees. Siempre que hago inducciones hipnóticas, cambio mi tono de voz, mi estilo de movimiento, mi postura y mi expresión facial de manera que una forma de comportamiento quede asociada al trance, y otra forma a un estado de conciencia normal.

Una vez inducido un estado alterado, eso me da la posibilidad de reinducirlo rápidamente consólo iniciar mis comportamientos «de trance».Esos comportamientos Servirán de señal inconsciente para entrar en trance. Las «señales de reinducción» utilizadas por los hipnotizadores son un caso especial de este tipo de ancla.

Los comunicadores eficaces utilizan ese tipo de anclas sin saberlo. Un domingo por la mañana, encendí la tele y miré a uno de los predicadores. Ese predicador habló en voz muy alta durante un rato, y luego, de repente dijo «Ahora quiero que te pares un momento y (suavemente) cierres los ojos.»

El tono y el volumen de su voz cambiaron por completo, y sus fieles cerraron los ojos y presentaron el mismo comportamiento que puedo observar en las personas que meditan, las personas en trance profundo, las personas que se sientan en los trenes, los aviones y los autobuses, los pasajeros de los coches, los miembros de un jurado, los pacientes en una psicoterapia de grupo, o los psiquiatras que están tomando notas sobre lo que les cuenta el cliente.

Ese predicador había emparejado un tono de voz con su habla normal, y otro tono de voz con un estado alterado al que llamaba «oración». Podía utilizar ese tono de voz para inducir rápidamente un estado alterado en toda su congregación.

Si cambias lentamente tu tono de voz cuando notas que alguien entra en un estado alterado, el cambio de tu tono de voz quedará emparejado con el hecho de entrar en un estado alterado. Si mantienes ese nuevo tono de voz cuando alcanza un estado en el que lo quieres mantener, tenderá a quedarse en él. Tu tono de voz ancla ese estado alterado.

Si cuando un cliente entra en tu consulta, haces que se siente e inicias inmediatamente una inducción de trance utilizando tu tono de voz normal, tu postura normal, y un estilo de movimientos normal, la próxima vez que quieras hablar a su mente consciente tendrás problemas. La experiencia que tiene de ti y de tu consulta será un «recordatorio» para entrar en trance. La próxima vez que entre en tu consulta, cuando le hagas sentarse y empieces a hablarle, automáticamente empezará a entrar en trance.

Al principio de mi carrera de hipnotizador, tuve muchos problemas con clientes que caían en trance cuando yo sólo quería hablarles. Todavía no creaba una diferenciación sistemática en mi propio comportamiento. Si no estableces diferencias, tu comportamiento normal será una señal de reinducción, lo quieras o no.

Si estableces una diferencia entre tu comportamiento al hablar a un cliente a nivel inconsciente, y tu comunicación a nivel consciente, eso te da opciones sistemáticas sobre mantener o no despiertos sus recursos conscientes.

Si tienes una consulta privada, puedes utilizar dos sillas: una para los estados de trance y otra cuando quieres comunicarte con su mente consciente. Al cabo de poco tiempo, la simple indicación de la silla donde se debe sentar servirá de inducción Completa.

Subrayado análogo

Hay un tipo de fenómeno de ancla especialmente útil cuando se desea suscitar respuestas hipnóticas. Se llama subrayado análogo, y consiste en destacar algunas palabras de forma no verbal cuando se habla con alguien. Puedo destacar esas palabras como mensajes separados mediante mi tono de voz, un gesto, cierta expresión, o tal vez un contacto.

Podría hablaros de personas que son realmente capaces de relajarse —gente capaz de dejarse reconfortar por la situación en que se encuentra.

O podría contaros la historia de un amigo mío que es capaz de aprender fácilmente a entrar en trance profundo. Al decir esta última frase, estaba subrayando «aprender fácilmente» y «entrar en trance profundo» con un tono de voz ligeramente diferente y con un movimiento de mi mano derecha.

Constituyen mensajes separados dentro del mensaje evidente, que vuestro inconsciente identificará y a los cuales responderá apropiadamente.

Llegados a este punto, he vinculado cierto tono de voz y cierto gesto con las palabras relajación y trance para muchos de vosotros. Ahora, todo lo que tengo que hacer es utilizar ese tono de voz cada vez más a menudo, y vuestro inconsciente sabe qué hacer. Ese tono de voz transmite el mensaje mucho más eficazmente que si os digo que entréis en trance, porque se salta vuestra mente consciente.

Todo esto es anclaje. Una palabra como «relajarse» es un ancla en sí —una etiqueta para una experiencia vuestra. Para comprender lo que quiero decir con la palabra «relajarse», tenéis que entrar en vuestro interior y acceder a vuestras experiencias personales relacionadas con esa palabra.

Vivís un fragmento de la experiencia como forma de comprender la palabra en sí. Y cuando os sentís cómodos, vinculo esa experiencia a cierto tono de voz. Ahora mi tono de voz también se convierte en un ancla para esa respuesta.

Podéis utilizar cualquier aspecto discriminable de vuestro comportamiento para hacer esto. Milton Erickson a veces ladeaba la cabeza hacia la derecha o hacia la izquierda cuando quería subrayar algo para llamar especialmente la atención sobre ello.

La misma voz sonará ligeramente distinta al proceder de un punto diferente del espacio. Puede que la diferencia no sea suficiente para observarla conscientemente, pero será suficiente para que respondáis inconscientemente aunque tengáis los ojos cerrados.

Dicho sea de paso, el subrayado análogo no es nada nuevo. Vuestros clientes ya lo hacen, y si escucháis lo que os subrayan, podéis aprender mucho. Cuando tenía una Consulta privada, al cabo de un tiempo empecé a aburrirme mucho, así que escribí una carta a todos los psiquiatras que conocía pidiéndoles que me enviaran a sus clientes más extravagantes y difíciles. Me mandaron a gente fascinante.

Un psiquiatra me envió a una mujer que se despertaba a media noche sudando abundantemente y temblando, y nadie conseguía descubrir qué le pasaba. Estaba aterrada porque le ocurría bastante a menudo, y llevaba varios años de terapia sin ninguna remisión de sus síntomas. El psiquiatra le estaba dando píldoras para intentar controlarlo. Una vez incluso la enchufó a un aparato de EEG, esperando que e produjera uno de esos ataques para poder registrarlo.

Evidentemente, los accesos nunca se producen hasta que desenchufas la máquina. Volvió a conectarla, y se sentó allí durante horas, y no volvió a pasar nada.

La mujer era bastante conservadora, y de una zona adinerada de la ciudad. Cuando vino a verme estaba aterrada, porque su psiquiatra le había dicho que yo era un tipo misterioso que hacía cosas extrañas. Pero deseaba desesperadamente cambiar, así que vino a verme a pesar de todo.

Estaba sentada en mi consulta, y parecía muy tímida cuando yo entré. Me senté, la miré de frente y dije: «Lleva demasiado tiempo sometida a terapias. Así que evidentemente, su mente consciente ha fracasado totalmente ante este problema, y la mente consciente de sus terapeutas ha fracasado completamente ante este problema.

Quiero que sólo su mente inconsciente me diga exactamente qué tengo que hacer para cambiarla —ni más ni menos — y no quiero que su mente consciente intervenga inútilmente. ¡Empiece a hablar ahora!

Es una serie de instrucciones bastante extraña, ¿verdad? No tenía ni idea de si sería capaz de comprenderlas a algún nivel, pero contestó de forma realmente interesante. Me miró y dijo: «Bueno, no lo sé. Aunque ya llevo años de tratamiento, me siento en mi habitación por la noche y apago la luz eléctrica, y me tumbo en la cama... y sabe, realmente es muy chocante, porque he sido tratada durante años pero sigo despertándome asustada y bañada en sudor.»

Si escuchas esa comunicación, resulta muy clara. Las palabras que subrayó fueron «tratamiento de electro-choque». Eso me dio la información que necesitaba. Su psiquiatra actual no lo sabía, pero en el pasado otro psiquiatra le había hecho un tratamiento de electrochoque.

Hacía algún tiempo, su marido había enriquecido y se mudaron de un barrio donde ella vivía rodeada de gente que le gustaba y con la que lo pasaba bien, a una casa muy bonita en una colina, donde no había seres humanos. Entonces, se iba a. trabajar y la dejaba allí sola. Estaba aburrida y sola, así que empezó a soñar despierta para entretenerse.

Visitaba a un psiquiatra, y su psiquiatra «sabía» que esas fantasías eran una «huida de la realidad», y que huir de la realidad es malo. Así que le aplicó un tratamiento de electrochoque para curarla. Cada vez que empezaba a soñar despierta, su marido la metía en el coche y se la llevaba al hospital, donde los médicos la enganchaban al aparato de electrochoque y la freían. Lo hicieron 25 veces, y al cabo de 25 veces dejó de tener fantasías.

Sin embargo, seguía soñando por la noche. Intentaba no soñar, pero en cuanto empezaba a soñar, experimentaba el electrochoque. Se había convertido en una respuesta anclada. Presentaba todas las indicaciones fisiológicas. Cuando yo estudiaba, eso se llamaba condicionamiento clásico. Sin embargo, su psiquiatra no creía en el condicionamiento clásico, así que nunca se le ocurrió.

Esto es un ejemplo de psicoterapia bienintencionada que crea un problema. La gente que la sometía a tratamientos de choque creía realmente estar haciéndole un favor. Creía que soñar despierta era huir de la realidad, y que por lo tanto era malo. Así que en vez de canalizar sus fantasías en una dirección útil, le aplicaba un tratamiento de electrochoque.

Ejercicio 5

Quisiera que todos vosotros practicarais el empleo del subrayado análogo para conseguir una respuesta de otra persona. Quiero que os pongáis por parejas, y empecéis por elegir alguna respuesta observable que obtener de vuestro compañero.

Elegid algo sencillo, como rascarse la nariz, descruzar las piernas, ponerse de pie, traer café —lo que queráis. Entonces, empezad a hablarle de cualquier cosa, y entretejed en vuestra conversación instrucciones para provocar la respuesta que habéis elegido. Podéis incluir esas instrucciones con una palabra por frase cada vez, subrayándolas tonal o visualmente, para que vuestro compañero pueda responder a ellas como a un mensaje.

Mirad, con lo que hemos descubierto hasta ahora sobre la hipnosis, sólo hemos empezado a rascar la superficie, y a nadie se le pasa por la cabeza qué aprenderemos después. Tengo la esperanza de que resulte una experiencia elevada.

Pero hay que echar una mano a quienes afrontan sus responsabilidades cara a cara... Ahora ya hay un montón de personas en esta habitación levantando la mano hasta su cara y rascándose la cabeza. Puede ser así de fácil.

Muchas veces, al inducir hipnosis, las respuestas que buscas en la otra persona son tan evidentes como las que he sugerido para este ejercicio. Ahora, quiero que elijáis algo que sea tan evidente que sepáis si ha ocurrido o no.

Si vuestro compañero es consciente de la respuesta que estáis intentando suscitar, puede incorporar el movimiento que estáis pidiendo a otro movimiento que hace conscientemente. Eso está bien. Simplemente, observad si obtenéis la respuesta pretendida. Si no es así, incorporad a vuestra conversación otra serie de instrucciones para la misma respuesta y subrayadas.

* * *