• No results found

Pivote: extremo cilíndrico o puntiagudo de una pieza, donde se apoya o inserta otra.

Místico: religioso, espiritual. Compenetración: identificación. Agravio: ofensa, insulto, humillación. Ávido: ansioso, codicioso.

y otras más, se había retardado durante mucho tiempo la difusión de las noticias respecto a Moby Dick. Difícil- mente cabía dudar de que varios barcos informaban haber encontrado, en tal o cual momento, o en tal o cual meridiano, un cachalote de extraordinaria magnitud y malignidad. Tras causar gran daño a sus atacantes, se les había escapado; y para algunas mentes no era dudoso que aquel cetáceo no debía ser otro que Moby Dick. Pero, dado que en la pesca de cachalotes se encontraban con ejemplos de gran ferocidad, astucia y malicia por parte del monstruo atacado, ocurría que los cazadores que por casualidad daban batalla ignorantemente a Moby Dick, atribuían el terror que producía la bestia a los peligros generales de la pesca del cachalote. De esa misma forma, se había considerado entre la gente el desastroso encuentro de Ahab con la ballena. Y para aquellos que, antes de oír hablar de la ballena blanca, la habían avistado, habían luchado con tanto valor y ánimo como con cualquier otra clase de ballena. Pero a la larga, ocurrieron tales calamidades en esos asaltos –no limitadas a to- billos y muñecas dislocadas, a miembros rotos ni a mutilaciones voraces, sino fatales—, y se repitieron tanto esos rechazos desastrosos, acumulando y amontonando sus terrores sobre Moby Dick, que esas cosas llegaron a hacer vacilar la fortaleza de muchos valientes cazadores a quienes había llegado por fin la historia de la ballena blanca.

Y tampoco faltaron rumores de todas clases que exageraron e hicieron aún más horribles las historias auténti- cas de esos encuentros mortales. Y lo mismo que el mar sobrepasa a la tierra, así la pesca de ballenas sobrepasa a cualquier otra clase de vida marítima en lo terrible de los rumores que a veces circulan por ella. Pues no solo están sometidos también los balleneros a esa superstición hereditaria de todos los marineros, sino que, entre todos los marineros, ellos son los que más directamente entran en contacto con todo lo que haya de asombroso y horrible en el mar; no solo observan cara a cara sus mayores maravillas, sino que les dan batalla. En aguas tan remotas que aunque se naveguen mil millas y se pase ante mil costas no se llega a ver una piedra de hogar tallada; en tales longitudes y latitudes, dedicado a una profesión como la suya, el ballenero está envuelto en mareas que llenan su fantasía de poderosos engendros.

No es extraño, pues, que a fuerza de pasar por los más desiertos espacios de agua, los rumores sobre la ballena blanca acabaran por llevar consigo toda clase de sugestiones de poderes sobrenaturales, que revistieron a Moby Dick de nuevos terrores, provocando tal pánico que pocos estaban dispuestos a salir al encuentro de los peligros de su mandíbula.

Pero también actuaban otros conocimientos prácticos. Ni hasta los días presentes se ha extinguido en las men- tes de los balleneros el prestigio original del cachalote, como distinto de las demás especies de leviatanes. En nuestros días, hay algunos que aunque ofrecen batalla a la ballena de Groenlandia, o ballena franca, rehusarían un combate con el cachalote; en todo caso, hay muchos balleneros, especialmente entre las naciones pesqueras que no navegan con bandera de Estados Unidos, que nunca se han encontrado con el cachalote, y cuyo único conocimiento del leviatán se limita al monstruo originalmente perseguido en el norte; sentados en las escotillas, esos hombres escuchan con interés y terror los salvajes y extraños relatos de la pesca de la ballena en el sur. Y la enormidad del gran cachalote no es comprendida con más sentimientos en ningún otro sitio sino a bordo de esas proas que navegan contra él. Y como si la realidad de su energía hubiera proyectado en tiempos anteriores su sombra sobre él, encontramos a algunos naturalistas librescos —Olassen y Povelson1— que declaran que el cachalote no solo es el horror de todas las demás criaturas del mar, sino que también es tan increíblemente feroz que siempre tiene sed de sangre humana. Impresiones como estas, o semejantes, no se habían borrado ni

Avistar: alcanzar con la vista algo, ver.

Calamidades: desgracias o infortunios que alcan- zan a muchas personas.

Remota: distante, apartada, lejana.

Milla: medida de longitud usada especialmente en la navegación, equivalente a 1852 m.

Engendro: criatura que nace sin la proporción debida, monstruo.

Prestigio: fama, renombre.

Escotilla: cada una de las aberturas que hay en las diversas cubiertas del buque.

1 Olassen y Povelson son autores del libro Viajes en Islandia, publicado en 1805.

2 El barón Chrétien Cuvier (1769-1832) fue un naturalista francés, el primero en clasificar el reino animal desde el punto de vista morfológico. Esta- bleció cuatro clases de animales: vertebrados, moluscos, articulados y radiados.

aun en un tiempo tan reciente como el de Cuvier2

. Pues en su Historia Natural, el propio barón afirma que, a la vista del cachalote, todos los peces (incluidos los tiburones) quedan abrumados por “los más vivos terrores”, y “a menudo, en la precipitación de su fuga, se lanzan contra las rocas con tal violencia que se produce la muerte instantánea”. Y de cualquier modo como la experiencia general de la pesca de la ballena pueda enmendar informes como este, sin embargo, en algunas actividades de su oficio los cazadores reviven en su mente esa creencia supersticiosa en todo su terror, incluso en el punto de la sed de sangre de que habla Povelson.

Así que, abrumados por los rumores que la envolvían, muchos pescadores recordaban, en referencia a Moby Dick, los días primitivos de la pesca de cachalotes, cuando a menudo era difícil convencer a expertos cazadores de ballenas de Groenlandia para que se embarcaran en los peligros de esta nueva y osada campaña; protes- tando dichos hombres que, aunque se podía perseguir con esperanzas a otros leviatanes, acosar y dirigir lanzas a una aparición como el cachalote no era cosa para hombres mortales, y que intentarlo sería inevitablemente ser despedazado. Con todo, había algunos que estaban dispuestos a perseguir a Moby Dick, y un número aún mayor de quienes, habiendo tenido ocasión solamente de oír hablar de Moby Dick, sin rumores supersticiosos, eran lo bastante valientes como para no escapar de la batalla si se les presentaba.

Una de las desorbitadas sugerencias que se sumaban a la ballena blanca, era la convicción sobrenatural de que Moby Dick era ubicuo, y que se le había encontrado en latitudes opuestas en un mismo instante de tiem- po. Y, por más crédulas que debían ser tales mentes, esa convicción tenía un leve vislumbre de probabilidad. Pues, así como no se han dado a conocer todavía los secretos de las corrientes de los mares, ni aun con las más eruditas investigaciones, los ocultos caminos del cachalote bajo la superficie siguen siendo, en gran parte, inexplicables para sus perseguidores, y de vez en cuando han dado origen a las especulaciones más curiosas y contradictorias, sobre todo en cuanto a los misteriosos modos como, tras sumergirse a gran profundidad, se desplaza con tan enorme rapidez a los puntos más distantes. Es cosa bien sabida que se han capturado muy al norte del Pacífico algunas ballenas en cuyos cuerpos se han hallado puntas de arpones disparados en los mares de Groenlandia.

Ni se puede contradecir que en algunos de esos ejemplos se ha declarado que el intervalo de tiempo entre los dos ataques no podía haber sido de muchos días. Obligados a familiarizarse con prodigios tales como estos, y sabiendo que, después de repetidos asaltos intrépidos, la ballena blanca había escapado con vida, no puede sor- prender mucho que algunos balleneros fueran aún más allá en sus supersticiones, declarando a Moby Dick no solo ubicuo, sino inmortal (pues la inmortalidad no es sino la ubicuidad en el tiempo), y que aunque se clava- ran en sus costados muchas lanzas, seguiría nadando sin recibir daño, o que si alguna vez se la llegaba a hacer verter densa sangre, el verla sería solo un espectral engaño, pues, una vez más, en olas sin enrojecer, a cientos de leguas, se volvería a observar su chorro impoluto.

Pero, aun despojándolo de estas hipótesis sobrenaturales, había bastante en la figura terrenal y el carácter indiscutible del monstruo como para herir la imaginación. Pues no era tanto su extraordinario tamaño lo que le distinguía de los demás cachalotes, sino una peculiar frente blanca y con arrugas, y una alta joroba blanca en pirámide. Esos eran sus rasgos sobresalientes, los signos por los cuales, aun en los mares sin límites y sin mapas, revelaba su identidad a larga distancia a aquellos que la conocían. El resto de su cuerpo estaba tan surcado,

Enmendar: arreglar, quitar defectos.

Ubicuo: que está presente a un mismo tiempo en todas partes.

Vislumbre: sospecha, indicio. Impoluto: limpio, sin mancha.

Despojar: privar a una persona de lo que tiene, en general violentamente. Quitar, arrancar.

Hipótesis: suposición.

Peculiar: propio de cada persona o cosa particular.

Mientras lees

Related documents