CHAPTER 3 METHODS Overview
7. Remember that you will make incorrect answer selections on test day, and you can still pass.
Un aspecto clave en la autoestima de una persona es el autoconcepto que hace referencia al conjunto organizado de sentimientos, percepciones y creencias que una persona tiene sobre sí misma (Sampascual, 2007) y que según Esnaola et al. (2008) es uno de los mejores indicadores de la salud psicológica de la persona. Este constructo, tiene más importancia si cabe, en la adolescencia (Esnaola, 2005b; Esnaola et al., 2008; Garaigordobil y Berrueco, 2007), en relación con la conducta y el desarrollo de una personalidad equilibrada (Esnaola, 2005b; Garaigordobil y Berrueco, 2007). Las relaciones entre autoconcepto y actividad/Educación Física han sido objeto de numerosos estudios desde hace décadas (Zulaika, 1999) aunque las investigaciones que muestran mayor interés, son las que se han llevado a cabo desde la perspectiva moderna que entiende el autoconcepto como una entidad multidimensional y jerárquica (Fox, 1997;Marsh y Shavelson, 1985).
La concepción unidimensional y global del autoconcepto, predominante durante décadas, dejó paso desde los años setenta, como se ha dicho, a una concepción multidimensional y jerárquica del mismo, concepción que hoy en día es la más aceptada (Esnaola, Infante, y Zulaika, 2011; Fox y Corbin, 1989; Goñi y Ruiz de Azúa, 2009; Navas, Soriano, y Holgado, 2013; Reigal, Videra, Martín, y Juárez, 2013). Coopersmith (1967) o Marx y Winne (1978) sostienen que las dimensiones múltiples del autoconcepto se encuentran fuertemente dominadas por un factor general, de tal modo que no pueden diferenciarse adecuadamente como partes separadas del mismo. Por su parte Esnaola (2009) añade que el autoconcepto es un concepto global estable (en la
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parte superior de la jerarquía) pero al descender en esa jerarquía se vuelve más específico y por lo tanto menos estable, presentando un constructo con entidad propia que puede ser diferenciado claramente de otros constructos.
Según uno de los modelos más representativos de este nuevo enfoque (Marsh y Shavelson, 1985; Shavelson y Bolus, 1992; Shavelson, Hubner y Stanton, 1976), el Autoconcepto General estaría compuesto por el autoconcepto académico y el no- académico y éste último, a su vez, incluiría el autoconcepto social, el emocional y el físico. El autoconcepto académico ha acaparado históricamente el mayor interés debido a la estrecha relación que mantiene con las calificaciones escolares y con el éxito o fracaso en los estudios (Gimeno 1976; Elexpuru, Garma, Marroquín y Villa, 1992). A partir de los años noventa esta situación cambia y es el autoconcepto físico el que concita un mayor interés en comparación con el autoconcepto personal y social.
Shavelson et al. (1976) definen el autoconcepto con referencia a siete aspectos fundamentales: 1) es una estructura organizada; 2) es multidimensional: presenta dimensiones claramente diferenciadas; 3) es jerárquico: las percepciones de la conducta personal en situaciones específicas se encuentran en la base de dicha jerarquía, las inferencias sobre uno mismo en dominios más amplios (por ejemplo, el dominio social, físico o académico) ocupan la parte media y finalmente, un Autoconcepto General y global ocupa la parte superior de dicha jerarquía; 4) el autoconcepto global (que ocupa la parte superior de la jerarquía) es estable, pero conforme se desciende en dicha jerarquía, el autoconcepto se vuelve más específico y dependiente de las situaciones y, por lo tanto, es menos estable, 5) el autoconcepto aumenta su multidimensionalidad con la edad: los bebés no diferencian entre ellos mismos y su entorno; los niños presentan un autoconcepto global, no diferenciado, y específico de cada situación; al aumentar la edad del niño desarrolla de forma progresiva un autoconcepto más diferenciado,
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integrado por diferentes dimensiones y que presenta una estructura jerárquica; 6) el autoconcepto, como percepción que el individuo tiene sobre sí mismo, presenta tanto aspectos descriptivos como aspectos evaluativos (la autoestima); 7) el autoconcepto representa un constructo con entidad propia: puede ser claramente diferenciado de otros constructos con los cuales está teóricamente relacionado. Otros estudios que aportan evidencia empírica sobre la existencia de distintos dominios del autoconcepto son los de Wylie (1979), Harter (1985), Marsh y Shavelson (1985) o Goñi (2008).
El autoconcepto físico que, como se ha dicho, figura como una de las dimensiones del autoconcepto, establece altas y consistentes relaciones con éste último (Fernández et al., 2010; Fox, 1997; Goñi, Rodríguez y Ruiz de Azúa, 2004; Videra y Reigal 2013). Además, su influencia puede trasladarse hacia otros ámbitos vitales como el académico, deportivo o social (Reigal et al., 2012). Así, muestra una estrecha relación con la percepción de salud (Videra y Reigal, 2013) y con el bienestar psicológico (Goñi, Rodríguez y Ruiz de Azúa, 2004; Reigal et al., 2012). Por ejemplo, el autoconcepto físico ha mostrado relaciones con diversos indicadores de bienestar, tales como, afecto positivo y ajuste emocional (Sonstroem y Potts, 1996; Van de Vliet et al., 2002). También se ha podido establecer una clara relación entre un bajo autoconcepto físico y el riesgo de padecer trastornos en la alimentación, con lo que un pobre autoconcepto físico sirve de alerta diagnóstica de trastornos de conducta alimentaria (Goñi y Rodríguez, 2004). De otro lado la relación observada entre el índice de Masa Corporal (IMC) y el autoconcepto físico es muy precisa: las personas más delgadas son las que ofrecen la percepción física más positiva, mientras que las personas con sobrepeso manifiestan peor autoconcepto físico que las de peso normal y que las de peso bajo (Goñi y Rodríguez, 2004). En la misma línea, otros autores que apuntan que la percepción del concepto físico puede reflejarse en la adquisición de
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diferentes hábitos de salud, como la práctica de actividad física, alimentarse correctamente o alejarse de conductas nocivas son Infante y Goñi (2009), Slutzky y Simpkins (2009), Carraro, Scarpa y Ventura (2010), Esnaola, Rodríguez y Goñi (2011) y Guillén y Ramírez (2011). Lo físico siempre ha estado contemplado como parte importante del autoconcepto pero sólo a finales de los años ochenta, el dominio físico del autoconcepto es estudiado como tal (Fox, 1988, Fox y Corbin, 1989) produciéndose además, en los últimos años, un incremento muy reseñable en la cantidad y la calidad, de las investigaciones en relación con el autoconcepto físico.
Por Autoconcepto Físico General se entiende la opinión y sensaciones positivas de felicidad, satisfacción, orgullo y confianza en lo físico (Goñi, Ruíz de Azúa y Liberal, 2004). Según Esnaola y Revuelta (2009) el autoconcepto físico hace referencia a las creencias, percepciones e ideas que se poseen sobre la propia competencia física, la habilidad deportiva, la fuerza, el atractivo, la condición física o su competencia deportiva. Definición parecida es la que lo entiende como el conjunto de percepciones que tienen los individuos de sus habilidades y apariencia física (Esnaola, Rodríguez, et al., 2011; Reigal, Videra, Márquez, et al., 2013; Shavelson et al., 1976; Stein, 1996). Machargo (2002) va más allá y dice que el autoconcepto físico no sólo genera construcciones mentales sobre la realidad física de cada persona, sino que provoca una serie de sentimientos, sensaciones y emociones que lleva a tener una asociación más positiva o menos con las dificultades que la práctica físicodeportiva puede tener asociada. Baby (2012) y Marsh y Craven (2006) también se refieren al componente emocional afirmando que este concepto es considerado fundamental en el desarrollo emocional de las personas y una variable relacionada con su salud y su bienestar. Para Cardenal (1999), el autoconcepto físico es el conjunto de valoraciones que interpreta y
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proyecta al exterior el conjunto de cambios físicos que se van produciendo, manifestando el nivel de adaptación hacia ellos.
Existen varios términos utilizados que son semejantes al de autoconcepto físico, que son cercanos conceptualmente, similares en algunos aspectos, o incluso sinónimos, como por ejemplo, imagen corporal, esquema corporal, satisfacción corporal, estima corporal, apariencia o apariencia corporal. El uso de una expresión u otra depende más de la orientación científica del investigador, o del aspecto concreto de la imagen corporal que se va a investigar o incluso de la técnica de evaluación disponible (Ortega, 2010). En cuanto a los componentes de la imagen corporal, muchos autores (Marín, 2007; Ortega, 2010; Zagalaz y Rodríguez, 2005) reconocen que la imagen corporal está constituida al menos por dos componentes: uno perceptivo que refiere a la estimación del tamaño y apariencia y otro actitudinal que recoge los sentimientos y actitudes hacia el propio cuerpo.
Volviendo de nuevo al autoconcepto físico, se apunta, siguiendo a Goñi (2008) y de forma parecida a como se ha hecho anteriormente con el concepto de autoconcepto, cuatro presunciones teóricas en relación al citado término:
La primera es la de multidimensionalidad. Como se decía anteriormente, el autoconcepto no se puede entender si se ignora su naturaleza multidimensional (Marsh y Shavelson, 1985; Shavelson y Marsh, 1986), y ésta es la primera presunción también con respecto a la estructura del autoconcepto físico que tiene dos acepciones: por una parte sirve para aludir a los dominios del autoconcepto y de otro lado, se utiliza también en referencia a las dimensiones de cada uno de esos dominios (Goñi, 2008).
La segunda es la estructura jerárquica. De acuerdo con la propuesta de Fox (Fox, 1988; Fox y Corbin, 1989), la autovaloración física tiene una función que media entre las dimensiones percibidas del autoconcepto y la autoestima global. Siguiendo el
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cuestionario CAF se podría decir que el autoconcepto físico general media entre las dimensiones específicas (habilidad deportiva, condición física, atractivo y fuerza) y el autoconcepto general (Goñi, 2008).
La tercera es la consistencia. La interpretación que hacen las personas de la realidad y de su comportamiento es consistente y coherente con sus propias percepciones, de modo que las ideas preconcebidas sobre uno mismo se confirman. El deseo de un individuo de ser consecuente con su autoconcepto le induce a modificar su respuesta a las diferentes situaciones.
La cuarta es la modificabilidad. El autoconcepto físico, al igual que las otras dimensiones del autoconcepto, se va estabilizando con la edad a medida que la experiencia va confirmando las percepciones previas (Bem y Allen, 1974; González y Tourón, 1992).
Es importante citar que se ha encontrado, en estudios con adolescentes (Harter, 1985), una alta correlación entre el autoconcepto social y el autoconcepto físico; incluso se ha precisado (Bracken, 1992) que el dominio social correlaciona más con la dimensión de Habilidad Física que con la dimensión de Apariencia Física del dominio físico del autoconcepto; o lo que es lo mismo, los adolescentes que se perciben bien aceptados también se ven con habilidades atléticas y se perciben atractivos físicamente. También se ha encontrado una alta correlación entre el autoconcepto personal, definido en términos de afectividad y el autoconcepto (Bracken, 1992).
Como se señalaba en líneas anteriores, el autoconcepto físico tiene una naturaleza multidimensional que no ofrece dudas a teóricos e investigadores. En cambio, sobre cuál es el número e identidad de los subdominios que lo componen sigue habiendo un tema abierto a la discusión (Esnaola et al., 2008). El dominio físico ha
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estado usualmente representado por las dimensiones de apariencia física y habilidad física (Fox, 1988; Marsh y Shavelson, 1985). Harter (1985) incluye dos elementos, competencia atlética y apariencia física, como representativos de las percepciones en el dominio físico. Sin embargo, Franzoi y Shields (1984)diferencian tres dimensiones del auto-concepto físico: habilidad física, apariencia física y conductas de control de peso. Sonstroem (1984) distingue la estatura, el peso, la constitución del cuerpo, el atractivo, la fuerza, y un largo etcétera.Bracken (1992), por su parte, distingue las dimensiones de competencia física, apariencia física, forma física y salud. Por otro lado, Marsh, Richards, Johnson, Roche y Redmayne (1994) o Tomás (1998), opinan que el autoconcepto físico se compone de nueve subdominios: fuerza, obesidad, actividad física, resistencia, competencia (habilidad) deportiva, coordinación, salud, apariencia y flexibilidad. Éste es uno de los modelos más conocidos debido a que sirve de sustento a un test de amplia difusión como el Physical Self Description Questionnaire (PSDQ), Por su parte, la propuesta de Fox y Corbin (1989), es la más aceptada en la actualidad (Arostegui, Goñi, Zubillaga e Infante, 2013; Asci, Asci y Zorba, 1999; Goñi y Ruiz de Azúa, 2009; Navas et al., 2013). Contemplaba cuatro subdimensiones específicas (competencia deportiva, condición física, atractivo y fuerza) que se situaban a un nivel de menor concreción que el autoconcepto físico general, el cual, a su vez, aparece en un rango jerárquico inferior al del autoconcepto general. Este modelo es defendido por muchos autores en su estructura básica, sin embargo, y además de presentar limitaciones de formato, también planteaba algunos interrogantes (Goñi, 2008), por lo que tomándolo como referencia, se inició la construcción de cuestionarios originales tanto en castellano como en lengua vasca: el Cuestionario de Autoconcepto Físico (CAF) de Goñi, Ruiz de Azúa y Rodríguez (2006). EL CAF se construye asumiendo el modelo de Fox y Corbin con variaciones en la delimitación conceptual de las cuatro dimensiones y
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la sustitución de la denominación competencia deportiva por habilidad física. Estas dimensiones son:
- La habilidad física que hace referencia a la percepción de la competencia atlética y deportiva entendiendo por tales cualidades y habilidades para la práctica de los deportes, la capacidad de aprender deportes, la seguridad y la predisposición personal ante los deportes.
- La percepción de la condición física, o forma física, incluye la evaluación de la resistencia y energía así como de la confianza en el estado físico propio.
- Por atractivo físico se entiende la percepción de la apariencia física propia, la seguridad y satisfacción con la imagen corporal.
- Fuerza es la dimensión del autoconcepto físico consistente en verse y/o sentirse fuerte, con capacidad para levantar peso, con seguridad ante ejercicios que exigen fuerza y con predisposición a realizar dichos ejercicios.
- Autoconcepto físico general se corresponde con opinión y sensaciones positivas (felicidad, satisfacción, orgullo y confianza) en lo físico.
- Autoconcepto general referido al grado de satisfacción con uno mismo y con la vida en general.
Dos de las subescalas del CAF que tienen más importancia en los análisis son el autoconcepto físico general y autoconcepto general. En esta línea, Esnaola et al. (2008) piensan que el autoconcepto tiene un papel determinante en el desarrollo de la personalidad, influyendo en funcionamiento personal y social. Así, la inseguridad que genera un autoconcepto bajo influirá a la hora de participar en tareas evaluadas socialmente. Además, y de forma específica, aquellas personas que no perciban su
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realidad en el aspecto físico como adecuada tendrán cierta sensación de incompetencia que puede generar un impacto considerable en la motivación para practicar actividades físicas (Ryan y Deci, 2000).Por otro lado, la percepción de habilidad sobre una tarea es un fuerte condicionante para poderla afrontar con una mejor disposición, lo que determina la elección de llevarla a cabo (Nagy, Trautwein, Baumert, Köller, y Garrett, 2006; Sainz, 2006).
Desde una perspectiva educativa, la identificación de subdominios del autoconcepto físico tiene considerable importancia dado que la modificabilidad del autoconcepto se incrementa a medida que las dimensiones del mismo son más específicas y concretas; esto quiere decir, por ejemplo, que sería más fácil modificar las percepciones que el individuo tenga de cada uno de los subdominios (fuerza, habilidad física, condición física o atractivo físico) que de su autoconcepto físico general. Igualmente será más sencillo intervenir sobre el autoconcepto físico general que sobre el autoconcepto general. Por ello, mejorando las percepciones en los subsubdominios se podrá aumentar el autoconcepto físico general y, éste, a su vez, podrá incidir en un mejor Autoconcepto General (Goñi, Ruiz de Azúa y Rodríguez, 2004). La influencia del autoconcepto físico en la formación del Autoconcepto General dependerá de la importancia que cada sujeto conceda al ámbito físico (Zulaika, 1999).
De esta manera, si para un individuo el dominio físico es muy importante y se siente competente en sus subdominios, poseerá un alto autoconcepto, pero si se siente poco competente tendrá un bajo autoconcepto (Harter, 1985).
Tras finalizar el acercamiento conceptual, se intentará comprobar si hay diferencias en referencia al sexo.
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