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Para Forster (1927/1985: 54), el personaje es una persona que inicia su vida con una experiencia que olvida y la termina con otra que imagina pero que no puede com- prender. Situados en un conjunto cerrado dentro del que cobran sentido literario, los personajes son unidades objeto de distribución y manipulación por parte del narrador, que es también una de las creaciones autoriales más específicamente novelescas, y mer- ced a la cual es gobernada la realidad convencional que se nos presenta en la novela.

Como han escrito R. Wellek y A. Warren (1949/1984: 181), “un personaje de novela sólo nace de las unidades de sentido; está hecho de las frases que pronuncia o que se pronuncian sobre él. Tiene una estructura indeterminada en comparación con una persona biológica que tiene su pasado coherente. Estas distinciones de estratos tie- nen la ventaja de acabar con la distinción tradicional y equívoca entre fondo y forma. El fondo reaparecerá en íntimo contacto con el substrato lingüístico, en el que va envuelto y del cual depende”.

Ph. Hamon (1972: 99) considera que “ce qui différence un personnage P1 d’un personnage P2 c’est son mode de relation avec les autres personnages de l’oeuvre, c’est à dire, un jeu de ressemblances ou de différences sémantiques”. Desde este punto de vista, el personaje novelesco queda configurado como un signo complejo que desarro- lla una función e inviste una idea. El personaje adquiere un status de unidad semiológi- ca al quedar justificadas las siguientes exigencias: 1) Forma parte de un proceso de co- municación que es la obra literaria; 2) Puede identificarse en el mensaje, pues ofrece un número de unidades distintas, esto es, un léxico; 3) Se somete en sus combinaciones y construcciones a unas normas, es decir, a una sintaxis; 4) El personaje es independiente del número de funciones, de su orden y su complejidad y, consiguientemente, también de su significado. En suma, el personaje adquiere una significación propia que le permi- te formar mensajes en número ilimitado.

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Cfr. AA. VV. (1984, 1984b), G. Achard-Boyle (1996), A.I. Alonso Martín (1986), M.C. Bobes (1984, 1985, 1986a, 1991), C. Bremond (1973, reed. 1990), J. Campbell (1949, trad. 1959), C. Castilla del Pino (1989), J. Courtés (1976, trad. 1980), S. Chatman (1978, trad. 1990), R.E. Elliott (1982), E.M. Forster (1927, trad. 1983), R. Gaudeault (1996), E. Garroni (1973, trad. 1980), J.E. Gillet (1974 [en G. y A. Gullón: 273-285]), R. Girard (1961), A.J. Greimas (1966, trad. 1976; 1966a, trad. 1974; 1970, trad. 1973; 1976, trad. 1983), Ph. Hamon (1972), H. James (1934, trad. 1975), U. Margolin (1989), F. Mau- riac (1952, trad. 1955), M. Mayoral (1990), J.H. Miller (1992), J.A. Pérez Rioja (1997), J.M. Pozuelo (1994), V. Propp (1928, trad. 1971), F. Rastier (1972), J. Ricardou (1971), P. Ricoeur (1990, trad. 1996), V. Sklovski (1975), G. Torrente Ballester (1985), D. Villanueva (1990), J. Villegas (1978), M. Zéraffa (1969).

El personaje ha sido considerado por M.C. Bobes como una unidad sintáctica del relato, al igual que las funciones, el tiempo y el espacio, también elementos estruc- turantes de la trama, y sobre los que es igualmente posible un análisis semántico y pragmático. El personaje literario se configura como: 1) Unidad de función : puede de- limitarse funcionalmente al ser sujeto de acciones propias; 2) Unidad de sentido : es objeto de la conducta de otros personajes y puede delimitarse por relación a ellos; 3) Unidad de referencias lingüísticas : es unidad de todas aquellas referencias lingüísticas y predicados semánticos que se dicen sobre él, de modo que es posible delimitarlo ver- balmente como depositario de las notas intensivas que, de forma discontinua, se suce- den sobre él a lo largo del relato. El estudio del personaje novelesco puede abordarse teniendo en cuenta los siguientes aspectos.

El nombre propio, o un nombre común que funcione como propio, garantiza la unidad de las referencias lingüísticas que se dicen sobre el personaje, las cuales, proce- dentes de fuentes textuales muy diversas, constituyen su etiqueta semántica.

Si el nombre de cada personaje dispone la posibilidad de referirse, de forma rela- tivamente unitaria y estable, al conjunto de referencias y acciones que a lo largo de la novela encarna como construcción actancial y discursiva, la etiqueta semántica del per- sonaje es resultado de la lectura que el intérprete realiza de la novela, a través de los datos que de forma sucesiva y discontinua aparecen a lo largo de la obra, con objeto de construir interpretativamente lo que el personaje novelesco es y representa textualmen- te. A veces el lector sabe muchos datos sobre el personaje antes de que éste haya apare- cido directamente, es decir, por sí mismo. Conviene determinar la procedencia de estos datos, así como la modalidad bajo la que se comunican al lector. La etiqueta semántica se construye a partir de predicados semánticos y notas intensivas que se dicen sobre el personaje a lo largo del discurso, y que proceden de fuentes diversas.

La descripción física de los personajes se ha considerado desde Balzac como uno de los recursos del discurso realista, es decir, como uno de los signos generadores de realismo. Hoy no se puede admitir que el personaje se construya como una copia directa de una persona; el autor proyecta una idea a la que inviste con un personaje al que presenta con unos rasgos determinados, que pueden coincidir o no —no importa— con los de personas reales y concretas. Los rasgos físicos, procedentes de una realidad en forma directa o analógica, son en el discurso novelesco signos caracterizadores de la función que desempeñan los personajes en la historia, y forman un sistema cuyas uni- dades significan por sí mismas (su significado es socialmente admitido), y por oposi- ción dentro de la misma obra (forman un sistema).

Conviene tener en cuenta además el conjunto de signos de acción y de relación del personaje con los demás personajes del discurso. Los signos de relación se refieren a los rasgos distintivos que oponen en el cuadro de actuantes, o en el conjunto de per- sonajes, unos a otros, y pueden apoyarse en criterios funcionales (agresor / agredido); aluden al ser o a sus cualidades semánticas (hábil, astuto, ingenioso... / inhábil, inge- nuo, antipático...); a los signos de acción, etc...

A propósito del personaje de novela, Pouillon ha hablado de la “conciencia irre- flexiva”, con objeto de designar la actuación, por parte de los personajes, sin pleno co- nocimiento de la trascendencia de sus acciones. No quiere decir esto que los personajes no sepan lo que hacen, ya que cada uno tiene sus propios fines y los persigue. Se trata más bien de designar el sentido trascendente que alcanzan en el entramado de la vida narrativa determinadas acciones, que son realizadas por los personajes como actos coti- dianos, diarios, y ante los cuales no resulta posible prever la trascendencia finalmente alcanzada.

El intertexto literario y el contexto social designan la presencia de signos de rela- ción, al menos desde un punto de vista transtextual, al referirse a la relación intertex- tual, es decir, de copresencia, eidética y frecuentemente, de signos literarios que definen o determinan la constitución del personaje en dos o más obras. Se trataría en suma de personajes que, por razones de intertextualidad literaria o contexto social, pueden reci- bir connotaciones que condicionen apriorísticamente su configuración y rol actancial. En tales casos, podría hablarse de prototipos, es decir, de personajes de “nombre lleno” (donjuán, celestina...) que, bien por efecto de un uso social, bien por relaciones con otras obras literarias, adquieren un significado previo a su acción y presentación en el discurso.

El personaje puede considerarse como “plano” (flat) o “redondo” (round) (Fors- ter, 1927). Suele haber una correspondencia entre la cantidad de información que se da sobre un personaje y su valor funcional en el texto. También es posible distinguir entre personajes “fijos” en relación al ambiente social, temporal, espacial..., que en realidad crean, y otros que son “móviles”, porque se transforman a lo largo de la historia y sus circunstancias.

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