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Replication of disPCA 102!

Chapter 3: Accounting for eXentricities: Analysis of the X chromosome in GWAS reveals X-

4.2 Materials and Methods 95!

4.2.8 Replication of disPCA 102!

En nuestros países industrializados y ricos cualquier aumento de la demanda provoca, ipso facto, un esfuerzo para satisfacerla. Son posibles dos caminos: la importación o el aumento de la producción. Nosotros utilizamos los dos medios. Como las explotaciones pequeñas y medianas se han mostrado incapaces con los métodos de cría tradicionales, de satisfacer la demanda, nacieron las industrias agroalimentarias que inventaron la cría acelerada "fuera del suelo". El criador trata de producir mucha carne en poco tiempo a partir de un mínimo de alimentación. Para ello selecciona los animales, los priva de movimiento y a menudo también de luz, y les da una alimentación artificial.

Esta técnica fue utilizada primero para las gallinas. Los pollos de un día son confinados a razón de 25 por metro cuadrado. Se los nutre con alimentos industriales, y llegan al peso de 2 kilos en 45 días; 40.000 cabezas o más se encuentran agrupadas en baterías. Un criadero de 40.000 pollos puede, de tal modo, proporcionar entre 200.000 y 300.000 pollos por año. Todos sabemos que los muslos de los pollos criados a campo tienen una carne oscura y particularmente sabrosa. Los de los pollos criados "fuera del suelo" son casi blancos. ¡Estos animales han sido privados del espacio necesario para correr!

La cría fuera del suelo de los cerdos siguió muy pronto a la de los pollos. Alimentados otrora con los subproductos de la granja, hoy se los cría a centenares, confinados a razón de dos cerdos por metro cuadrado y llevados al matadero a los seis meses. Son seleccionados genéticamente con vistas a la máxima producción de lomo y nalgas.

Estos animales sedentarios, privados de luz, tienen una hipófisis que secreta mucha hormona somatotrópica, lo cual desarrolla el estómago y el intestino en detrimento de la caja torácica, los pulmones y el corazón. Ello favorece el aumento de peso, pero se opone a una oxigenación y una nutrición normales de los tejidos. En estos cerdos, al contrario de lo que ocurre con el jabalí, el tórax es pequeño y el vientre grueso. Y no es posible dejar de señalar algunos paralelos entre el producto de estas crías en gran escala y lo que el hombre hace sufrir cada vez más a su propio cuerpo.

La cría del ternero, también fuera del suelo, se hace por lotes de 200 a 300 animales. Cada ternero dispone de un corral que mide 1,20 metros por 0,65 metros. Muy pronto, el animal ya no podrá moverse en él. Se lo confina a los ocho días y sale de él a los cien días para ser llevado al matadero. Se lo alimenta de polvo de leche descremada (!) con el agregado de almidón, grasas y proteínas vegetales. ¡Se lo mantiene voluntariamente en estado de anemia por falta de aporte alimentario de hierro, luz y ejercicio, y ello para que la carne se mantenga "muy blanca"! En la actualidad, el 80 por ciento de los terneros para consumo son criados en confinamiento.

Otras producciones siguen el mismo proceso: de esa manera se obtienen corderos para consumo en 100 días y novillos en 18 meses (sin embargo, en Francia, la mitad de la carne bovina proviene todavía de vacas lecheras que han llegado a una edad muy avanzada). Aun la producción lechera se hace cada vez más "fuera de la tierra", y el animal es considerado nada más que como un medio de transformación.

La cría intensiva ha vuelto más accesible para los bolsillos modestos la carne de cerdo y de ave, y ésta última se ha convertido en la más ventajosa, en tanto que hace 50 años era un artículo de lujo. Por lo tanto, su consumo ha aumentado en un 78 por ciento en veinte años. La investigación genética ha permitido mejorar aún más el rendimiento y producir un kilo de pollo sólo con dos kilos de alimento. A pesar del aumento de la demanda, la producción ha superado las necesidades, y en 1979, por ejemplo, el 20 por ciento de los pollos franceses fueron exportados a Suiza y también a Arabia Saudita, a Yemen del Norte y Rusia.

Sin embargo, la gran concentración de los animales en un espacio mínimo, los vuelve frágiles. Las simples medidas de higiene, inclusive draconianas, no bastan para protegerlos. Para luchar contra las enfermedades y acelerar el crecimiento, el criador utiliza cada vez más medicamentos: vitaminas, antibióticos y hormonas, así como también tranquilizantes, etcétera. Es frecuente que esos productos sean agregados de pronto a los alimentos industriales.

En la actualidad, la biología dirigida a la cual han sido sometidos los animales produce en ellos alteraciones metabólicas que rayan en la enfermedad. En las crías intensivas industriales de terneros, corderos y sobre todo cerdos ha aparecido una nueva enfermedad, caracterizada por una modificación de la musculatura y por parálisis. El animal así debilitado se infecta fácilmente. La evolución de esta enfermedad es con frecuencia mortal. Si uno de esos animales es

sacrificado antes que la enfermedad se manifieste, llama la atención la palidez de su carne, a veces localizada sólo en ciertos músculos, lo cual le otorga un aspecto marmóreo. El músculo fláccido, tumefacto, exuda líquido de manera anormal. Los huesos se vuelven frágiles y el valor nutricional de tales carnes se perjudica en la misma proporción.

En Dinamarca, en 1948, se estudiaron estas enfermedades del cerdo. Lo característico de esos estados es que al principio el animal tiene un aspecto muy próspero. Es frecuente que no se descubra que su carne es anormal hasta después de ser sacrificado.

La cría industrial del cerdo se basa en una alimentación artificial constituida, en esencia, por suero y harina. En estos animales se desarrolla un estado de labilidad de las membranas celulares, de los sistemas enzimático, hormonal y nervioso.

La cría intensiva recurre a alimentos que son consumidos directamente por el hombre, tales como los cereales, que reemplazan a la hierba y el heno de las pasturas naturales, que entonces se pierden. Para producir un kilo de novillo en forma intensiva, se necesitan de 17 a 18 kilos de cereales. Como éstos son costosos, las industrias de la cría recurren a alimentos importados del Tercer mundo: la soja del Brasil y de la Argentina, la mandioca de Tailandia e Indonesia, la torta de cacahuete de Senegal y la India. También se agregan a los alimentos para el ganado leche en polvo y harina de carne o de pescado, ésta última procedente del Perú. De tal modo, 800 gramos de mandioca (rica en almidón) agregados a 200 gramos de soja (rica en proteínas) reemplazan a un kilo de cebada.

La cría "fuera del suelo" presenta otro peligro: como se dispone de poco espacio, el estiércol es excesivo y puede degradar localmente el suelo y contaminar las aguas, a menos que se lo deseque, se lo embolse y se lo utilice en otra parte como fertilizante.

La mandioca

La mandioca es producida por un árbol de raíz comestible. Desempeña en la alimentación de los pueblos de las regiones tropicales el mismo papel que en otros lugares el trigo, la cebada y el maíz. Cultivada en muchos países cálidos, es en general consumida directamente por el hombre. Puede desarrollarse en tierras mediocres y produce siempre, sea cual fuere el grado de sequía. Su cultivo exige escaso trabajo y poco o nada de abono. Muy pobre en proteínas y rica en almidón, la mandioca es la planta que proporciona más calorías por hectárea. Ha evitado a numerosas poblaciones padecer hambre.

A la inversa de lo que ocurre en los países habituados a consumir mandioca, Tailandia la destina a la exportación, y la orienta hacia las crías industriales de Europa. El gobierno de Bangkok percibe, de paso, impuestos de exportación para su presupuesto militar... ¡Tailandia se priva así de grandes cantidades de alimentos, en tanto que el aporte nutricional diario es inferior a las 2.000 calorías por habitante y en 1973, según un informe oficial, 50.000 niños murieron allí de hambre!

La mandioca era casi desconocida en Tailandia hace treinta años. En la actualidad, este país proporciona el 7 por ciento de la producción mundial, y en 1978 ese 7 por ciento representaba,

por sí sólo, el 95 por ciento del mercado mundial de importación. Para lograr semejante producción, Tailandia ha talado, en treinta años, el 15 por ciento de los bosques de su suelo. Esta explotación forzada provocó una deforestación acelerada, con todos los problemas irreversibles que ello implica. Un bosque tropical, más todavía que un bosque de las regiones templadas, ejerce una gran influencia reguladora sobre el clima. Es un reservorio natural de agua de lluvia, que retiene oponiéndose de tal modo a la erosión. El almacenamiento de esa agua en el suelo del bosque y en la vegetación corresponde a 5.000 toneladas por hectárea: la influencia climática de las zonas de bosques tropicales es, entonces, comparable con la de un lago de la misma extensión y de 50 centímetros de profundidad.

En Tailandia, los bosques cubrían en 1964 el 53 por ciento de su superficie. Como consecuencia del cultivo intensivo, la extensión forestal sólo representaba, en 1979, el 38 por ciento del territorio. Las consecuencias sobre el ciclo del agua y la fertilidad del suelo han sido dramáticas. A partir de la tala masiva del nordeste del país, donde el cultivo de la mandioca había sido alentado en forma especial. los ríos ya no logran alimentar las presas durante la estación seca, mientras que en la temporada de las lluvias torrentes de barro invaden los reservorios.

El aporte masivo de mandioca tailandesa, más barata que los cereales, hizo que reemplazara en gran proporción a éstos últimos en la composición de los alimentos para el ganado. Esta evolución provocó inclusive la cólera de los cerealeros franceses, que ya no lograban colocar sus cosechas. Se vieron obligados a exportarlos fuera de la Comunidad europea, en forma desventajosa, y la diferencia de precio fue compensada por subvenciones del Estado, es decir, por nosotros, los contribuyentes. De tal manera, la mandioca destruye los suelos en Tailandia, en tanto que desalienta en Europa la producción de alimentos de granja. En cuanto al contribuyente europeo, a causa del costo de la subvención al mercado cerealero, pierde lo que cree ganar en el precio de la carne. Sólo reciben beneficios de estos circuitos comerciales los intermediarios, propietarios terratenientes del Tercer Mundo, comerciantes, transportadores e importadores agroindustriales. El aporte de la mandioca a Francia sólo representa un sobrante para la alimentación de los cerdos. En Tailandia implica para el hombre consecuencias graves y difícilmente reversibles.

El cacahuete

Lo que ha pasado en Tailandia en relación con la mandioca se produjo en otra forma en Senegal. En la región del Sahara, la sequía devastadora ha existido siempre. ¡En el siglo XVIII, para hacer frente a esa calamidad regional, los aldeanos aseguraban tradicionalmente su alimentación acumulando víveres para un período de siete años! La colonización francesa trastornó esa organización. El cacahuete, que sólo se cultivaba para el uso de la familia, se convirtió en un cultivo industrial para la exportación, en forma de aceite para la alimentación humana y de torta para el ganado. Para obligar al campesino a cultivar y vender el cacahuete, el gobierno creó impuestos pagaderos en efectivo. El campesino debió entonces cultivar más cacahuete, y ello a expensas del mijo. Ya no tuvo la posibilidad de acumular reservas.

Al comienzo de esa explotación, el campesino ganaba dos veces más cultivando el maní que el mijo. Redujo el cultivo de éste último por debajo del mínimo vital. Por lo tanto tuvo que comprar,

a precio elevado, un mínimo de alimentos para sobrevivir. De esta manera, se vio obligado a dedicar el 83 por ciento de su ingreso a la compra de 1.500 calorías por día de los alimentos menos caros, lo cual para un trabajador en tareas que exigen esfuerzo constituye una ración de hambre. De tal modo, el Estado y los comerciantes expoliaron al campesino.

La costumbre en este país consistía en dejar que el suelo descansara tres años por cada seis años de cultivo (sistema de barbecho), único medio natural de recuperar su fertilidad. La extensión forzada del cultivo del cacahuete suprimió los barbechos, empobreció el suelo y disminuyó su capacidad de retener el agua. Se hicieron necesarios los fertilizantes, y el cultivo del maní dejó de ser rentable para el campesino, quien por su producción recibía un precio dos veces y media menor que el de los mercados mundiales. Desalentado, se niega ahora a cultivar excedentes de maní y vuelve al cultivo del mijo y el sorgo, pero en un suelo muy empobrecido.

¿Por qué razón estas sustancias alimenticias procedentes del Tercer Mundo son tan ventajosas para el criador europeo, a pesar de los gastos de transporte? Porque, por un lado, el precio que se paga al trabajador agrícola del Tercer Mundo es anormalmente bajo (por ejemplo, en África, 180 francos franceses por mes). Por otro lado, a su llegada al mercado europeo, esos productos no pagan derechos aduaneros comparables con los que gravan a los cereales. A causa del establecimiento de convenciones de importación que regulan el funcionamiento del Mercado Común Europeo, en efecto, éstos fueron "olvidados".

La soja

La soja es una leguminosa de gran valor alimenticio. Su grano, redondo o en forma de poroto, es muy rico en proteínas (40 por ciento). También se puede extraer de ella aceite por presión en caliente. Con el arroz, que aporta el almidón, constituye la base de la alimentación de los chinos. Un kilo de soja utilizada directamente proporciona tantas proteínas como diez litros de leche o dos kilos de carne bovina.

La mandioca importada de Tailandia para la alimentación del ganado es rica en almidón pero muy pobre en proteínas. El mejor complemento ha resultado ser la soja, cuya importación a Europa llegó en 1970 a 14 millones de toneladas, el 40 por ciento de las cuales provenían de Brasil y el resto de Estados Unidos.

En Europa, la soja representa el 12 por ciento de la alimentación del ganado y del 20 al 25 por ciento de la alimentación de las aves de corral y los cerdos.

Como en el caso de la mandioca, la demanda estimuló la producción. Entre 1968 y 1977, es decir, en nueve años, la superficie destinada al cultivo de la soja en Brasil se decuplicó y abarcó la quinta parte de las tierras cultivables de ese vasto país. El volumen de venta se multiplicó por 70. Al mismo tiempo, la producción de aceite de soja se multiplicó por 10 y la exportación de este aceite por 500.

Este desarrollo ha sido nefasto para el brasileño pobre. Su trabajo es pagado cuatro veces menos que el del productor norteamericano. Ello no le permite comprar la soja que cultiva y debe conformarse con frijoles negros, menos caros, menos ricos en proteínas, y por lo tanto, de menor

valor nutritivo. La intensificación del cultivo de soja se ha hecho, además, a expensas de la cría local y de otros cultivos: arroz, porotos, mandioca, patatas, cebollas, plátanos. Estos artículos se volvieron más raros, y por lo tanto más caros, lo cual agravó las carencias que padece la clase pobre de ese país.

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