Con miras a profundizar en la experiencia colombiana en materia cooperativa, es preciso utilizar las etapas definidas en el estudio “Políticas Publicas y cooperativismo en Colombia”: promoción, integración, planeamiento, crecimiento, resurgimiento, crisis y resurgimiento”(Padilla, 2011).
Ubicándonos una vez más a finales del siglo XIX y principios del XX, encontramos la etapa de preámbulo (1889-1929), donde se pone sobre la mesa la propuesta solidaria. Personalidades como el General Rafael Uribe Uribe, inscrito en el Socialismo Democrático sugirió algunas alternativas para superar las dificultades socioeconómicas que estaba atravesando el país. Estos planteamientos reciben influencias europeas de la filosofía cooperativa, y son manifestadas en discursos públicos como un tipo más justo y eficaz para la proporción del trabajo obrero.
Simultáneamente los jesuitas, quienes en representación de sacerdotes como: el padre José María Campo Amor, crearon de la caja de ahorros del “Circulo Obrero” de San Francisco Javier para incentivar el ahorro; o Jesús María Fernández, quien promovió la necesidad de estatutos y reglamentos para las cooperativas de ahorro y crédito presentadas en la obra “la Acción católica en Colombia, Manual de Sociología practica”(Padilla, 2011).
Así mismo la práctica cooperativa se encuentra con la sociedad de “Los Industriales de Panela y Azúcar” en Medellín para el año 1913, y la “Obrera de Puerto Berrio” en el mismo departamento (Antioquia) para el año 1926. Igualmente para 1916 el ministro de agricultura y comercio, Benjamín Herrera, presentó el primer programa cooperativo del sector agropecuario (Padilla, 2011).
Fuentes como el “Boletín Diocesano” y el semanario “El Vigía” (Tunja, 1922 y 1923 respectivamente), registran el incentivo del presbítero Adán Puerto por el sindicalismo y cooperativismo en el adelanto de procesos democráticos y participativos.
Para 1926, con la difícil situación económica del país se hizo necesaria una legislación de emergencia que designó una comisión de recomendaciones especiales sobre el fomento de cooperativas de producción y consumo. El gobierno tuvo la iniciativa de hacer un concurso para ejecutar el mejor proyecto de ley sobre sociedades cooperativas.
La etapa de promoción (1930-1958) coincide deliberadamente con la depresión mundial del 29´, que sin duda repercutió sobre el contexto nacional. Fue precisamente al siguiente año que el Doctor Ignacio Mariño (posterior superintendente nacional de cooperativas), habiendo ganado el concurso del mejor proyecto de ley sobre sociedades cooperativas, ejecutó la propuesta en el territorio nacional. Ésta se hizo efectiva en el gobierno de Enrique Olaya Herrera con la promulgación de la ley 134 de 1931, también denominada-Primera ley de cooperativas de Colombia-. La ponencia de ley fue ejecutada por el Doctor Juan María Agudelo, quien recibió entero apoyo de personalidades como Jorge Eliecer Gaitán, Mariano Ospina Pérez, y el ex ministro de comercio e industria José del Carmen Mesa (Padilla, 2011).
En la elaboración de la ley, se consultaron aportes de las legislaciones de belgas, italianas, chilenas y argentinas, junto con la tesis del Doctor Francisco Luis Jiménez a quien posteriormente se le denominó el padre del cooperativismo Colombiano.
Los primeros resultados de ley fueron la constitución de cuatro cooperativas pocos años después. Las cooperativas: “Bananera del Magdalena”, “Empleados de Bogotá”, “Antioqueñita”, y “Consumo de trabajadores de Cementos Diamante” contaron con 1807 miembros en total y fueron la primera puesta en práctica de soluciones alternativas en vivienda, consumo, ahorro y crédito (Padilla, 2011).
Posteriormente hubo una oleada de decretos legislativos que vinieron a sustituir casi la totalidad de las normas anteriores (ley 128 de 1936, Decreto legislativo 1460 de 1940, Decreto legislativo 2462 de 1948, Ley 30 de 1949, ley 115 de 1959, ley 1587, ley 1598, ley 1629, ley 1630 de 1963) (Uribe, 1965).
La etapa de integración (1959-1974) va a atender a la necesidad de cooperación e integración cooperativa, desde organizaciones tanto nacionales como internacionales en aras del fortalecimiento cooperativo en el país. Surge en esta etapa UCONAL ( Unión Cooperativa Nacional) , ASCOOP (Asociación Colombiana de Cooperativas), INDESCO (Instituto de Economía Social y Cooperativismo), COOPDESARROLLO (Central Cooperativa de Crédito y Desarrollo Social), FEDECOOP ( Federación de Cooperativas de Habitaciones de Colombia), COOPCENTRAL (Central Cooperativa de Promoción Social), FINANCIACOOP (Instituto de Financiamiento y Desarrollo Cooperativo), CENCOA (Central de Cooperativas Agrarias de Colombia), Seguros la Equidad, y CECORA (Central de Cooperativas de la Reforma Agraria) entre otras (Padilla, 2011). Adicionalmente en 1972 se constituye el “Consejo Coordinador del Cooperativismo”, establecido para dirigir el sector solidario en Colombia.
En cuanto a organizaciones internacionales surgen agrupaciones como la OCA (Organización de Cooperativas de América), COLACOOT (Confederación Latinoamericana de Cooperativas y Mutuales de Trabajadores), COLAC (Confederación Latinoamericana de Cooperativas de Ahorro y Crédito, ALCECOOP (Asociación Latinoamericana de Centros de Educación Cooperativa), y CCC-CA (Confederación de Cooperativas del Caribe y Centro de América) que incluyen a Colombia entre sus actores.
En este punto, con el exponencial crecimiento de dichas entidades, y hasta después de la primera mitad del siglo XX, es cuando el país logra consolidar las cooperativas rurales y agropecuarias con el reconocido programa “alianza para el progreso” (Davila, 2004). Mediante la participación estadounidense el cooperativismo rural/agropecuario adquirió un carácter positivo que se pensó acorde a la geografía y el territorio nacional. Sumado a ello, una vez más, la iglesia católica desarrolló un incentivo al ahorro y el crédito a través de párrocos municipales, como resultado de la experiencia recogida con los sindicatos agrarios apoyados en las dos décadas anteriores.
La etapa de planeamiento (1975-1989) sin mayor rodeo es la formulación del Plan Nacional de Desarrollo Cooperativo– PLANDECOOP-;desarrollado durante la década de los 80`s por DANCOOP
(Departamento Nacional de Cooperativas) con la asesoría de la OIT (Organización Internación del Trabajo). Esta estuvo acompañada posteriormente del -Plan Nacional de Desarrollo Estratégico del Sector Cooperativo- entre 1993 y 1994, y anteriormente con la creación de la -Liga Cooperativa Colombiana- en 1976. La etapa contó con la creación del -Consejo cooperativo-, la transformación de DANCOOP en DANSOCIAL (Departamento Administrativo de la Economía Solidaria), y - CONFECOOP- (Confederación Colombiana de Cooperativas) en 1981. E inicia con el primer censo nacional de cooperativas realizado entre 1975 y 1976 gracias a la Superintendencia de la Economía Solidaria (Padilla, 2011).
Posteriormente la etapa de crecimiento (1990-1995) refleja prosperidad general para el país y el sector. Durante la época se expidió el documento Conpes 2823 de 1995 mediante el cual algunas cooperativas participaron en procesos de privatización de entidades estatales.
Infortunadamentealgunos años después…
“Con la ley 79 de 1988 las cooperativas tuvieron un crecimiento desbordado, que condujo a la crisis del mismo año; llevando posteriormente a la quiebra y fracaso de 49 grandes cooperativas financieras por ausencia de control y supervisión”(Davila, 2004).
Aquellas quiebras y fracasos fueron la etapa de crisis del sector (1996-1999), donde la imagen y credibilidad institucional cooperativa estuvo fuertemente golpeada. Allí se hicieron evidentes las fallas en la dirigencia cooperativa, los problemas de planeación, debilidades en los sistemas de fiscalización y control que desvirtuaron los avances alcanzados. En 1988 la Superintendencia bancaria sostuvo que hubo 42 cooperativas intervenidas, 889,000 ahorradores afectados y $656´000,000 pesos colombianos de ahorros comprometidos (Padilla, 2011).
“La excesiva confianza en la virtud de las disposiciones legales para producir hechos en la vida económico social, para crear una mentalidad, hábitos y procedimientos, ha sido indudablemente un factor negativo en el avance del cooperativismo colombiano. Sería injusto censurar a quienes se han preocupado por la expedición de las normas legales y reglamentarias que en su aspecto de protección a los principios y métodos son indispensables, pero el haber pretendido remplazar la lenta y paciente labor de adoctrinamiento y capacitación, por unos excelentes y bien redactados artículos e incisos, es algo que reduce ante propios y extraños, nuestra contribución al desenvolvimiento de la cooperación auténtica”. (Uribe, 1965)
Desde lo anterior las cooperativas pasan a ser parte de un conjunto denominado el sistema de economía solidaria instaurada tras la ley 454 de 1998 en respuesta a la crisis. Dicho sector solidario, aunque inicialmente se concibió para acoger todo tipo de organizaciones, asociaciones y grupos en favor de actividades sociales sin ánimo de lucro; ha demostrado que los afiliados son realmente tres tipos de organizaciones: las cooperativas, los fondos de empleados y las mutuales; antes clasificados en el sector cooperativo según la ley 79 de 1988.
El inciso 1 del artículo 4 de la ley 454, define la cooperativa como:
“la empresa asociativa sin ánimo de lucro en la cual los trabajadores o los usuarios, según el caso, son simultáneamente los aportantes y gestores de la empresa, creada con el objeto de producir o distribuir conjuntamente y eficientemente bienes y servicios para satisfacer las necesidades de sus asociados y de la comunidad en general" ( Sarmiento Guarin, 2000 en: Silva y Davila, 2002).
Finalmente la siguiente etapa corresponde al denominado resurgimiento (2001-2010), donde los indicadores del sector se recuperan con incrementos en creación de organizaciones, activos, patrimonio, excedentes, número de asociados y acciones de responsabilidad social (Padilla, 2011). Fueron precisamente los últimos 12 años en los cuales Colombia llegó a ocupar una posición reconocida en la cooperación latinoamericana, y en los cuales además de los avances alcanzados en organizaciones solidarias de crédito, vivienda y consumo se suma el cooperativismo agropecuario. La reducida integración cooperativa del siglo XX, presenta mejores perspectivas en esta etapa con organizaciones como: la -Asociación Colombiana de Cooperativas- y La -Unión Cooperativa Nacional de Crédito- (Uconal) entre otras.
Se observa igualmente que, una de las organizaciones mundiales cooperativas másimportantes “Alianza Cooperativa Internacional” (ACI)- fundada en 1895 en Londres; ofrece un congreso en Cartagena (2005) y sienta cátedra sobre los principios y valores cooperativos que han influido en las formas solidarias en Colombia. Sus siete principios cooperativos (adhesión voluntaria, gestión democrática, participación económica, autonomía, educación, capacitación, y mutua colaboración) son adoptados formalmente en disposiciones legales, estatutarias y en las prácticas de entidades solidarias del territorio colombiano.
En resumen “…en la etapa de promoción predominan las cooperativas de consumo y crédito; en la etapa de integración predominan las de ahorro y crédito y los organismos de carácter superior; en la de planeamiento nuevamente de ahorro y crédito y las de segundo grado financieras; en la de crecimiento, los bancos cooperativos y las cooperativas financieras; en la crisis las de salud; y en la de resurgimiento las cooperativas de trabajo asociado” (Padilla, 2011).
Cabe anotar adicionalmente que la anterior categorización de etapas cooperativas en Colombia, es una muestra esquemática del proceso que atraviesa la organización cooperativa y que a su vez reconoce la pluralidad de tendencias o posiciones al respecto en la práctica. Aunque la transición de una etapa a otra no es una coyuntura definitiva, el esquema permite agrupar elementos en común para una mejor explicación.