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Un océano, un lago, un bosque, o incluso, un árbol y hasta un hueco dentro del mismo árbol poseen patrones de funcionamiento en los que podemos encontrar pa- ralelismos fundamentales que nos permiten agruparlos en el concepto de ecosistema.
Los ecosistemas son el nivel jerárquico más inclusivo de diversidad biológica, como los que se desarrollan en los desiertos cálidos o fríos, las selvas, los bosques tropicales, los humedales, las praderas, las montañas, los lagos, los ríos y todo pai- saje que incluya comunidades que interactúen entre sí.
Este nivel de diversidad ecológica a gran escala determina la formación sobre la tierra de grandes zonas reconocibles por sus características de biota (comunidad de seres vivos) y biotopo (hábitat), defi nidas como Biomas, que abarcan grandes extensiones físicas sobre los continentes y océanos del planeta.
La Tierra en su conjunto es considerada el ecosistema mayor y se le da la de- nominación de ecosfera o biosfera. Dentro de este gran sistema hay subsistemas que son ecosistemas más delimitados, como la hidrósfera (ecosistemas acuáticos dulces, salobres y salados), la litósfera (ecosistemas terrestres) y la atmósfera (eco- sistemas aéreos).
El funcionamiento de todos los ecosistemas es similar. Todos necesitan una fuen- te de energía, que, fl uyendo a través de los distintos componentes del ecosistema, mantiene la vida y moviliza a los elementos materiales como el agua y los nutrientes en un ciclo, pasando de un componente a otro para regresar luego al lugar de donde partió. La fuente primera y principal de energía y vida para la biosfera es el sol.
Evaluar la diversidad de ecosistemas, es decir, la diversidad a escala de hábitat o comunidad, sigue siendo un asunto problemático, ya que las unidades principales que actualmente se consideran ecosistemas representan distintas partes de un continuo dinámico y difícil de separar para su estudio. Éste es sin duda el peor defi nido de todos los aspectos cubiertos por el término biodiversidad. La diversidad de los ecosistemas puede evaluarse en términos de distribución mundial o continental de tipos de eco- sistemas defi nidos con carácter general, o bien en términos de diversidad de especies dentro de los ecosistemas y también tomando como base el tipo de ambiente físico.
Hay varios esquemas de clasifi cación mundial, que hacen mayor o menor hin- capié en el clima, la vegetación, la biogeografía, la vegetación potencial o la vegeta- ción modifi cada por el hombre.
Entre los principales ecosistemas terrestres podríamos citar:
− Zonas heladas. Zonas árticas. Frío intenso todo el año. Suelo congelado. Osos, fo- cas, nutrias. Sólo hay vida en las costas.
− Tundra. Veranos breves e inviernos largos y muy fríos. Musgos, líquenes, sauces enanos, renos, lemmings, zorros, distintas aves.
− Taiga. Temperaturas bajas en invierno y deshielo en verano. Bosques de conífe- ras, linces, lobos, ardillas, osos.
− Bosque caducifolio. Gran humedad. Temperaturas moderadas. Árboles de hoja caduca: hayas, robles, castaños. Fauna muy variada.
− Pradera. Diferencias muy acusadas de temperatura. Pocas precipitaciones. Ve- getación herbácea. Grandes herbívoros, roedores, aves.
− Bosque mediterráneo. Inviernos suaves y veranos muy calurosos. Precipitaciones bajas, sobre todo en verano. Árboles de hoja perenne: encinas, alcornoques. Fauna muy variada.
− Desierto. Precipitaciones muy escasas y fuertes oscilaciones de temperatura. Es- casos vegetales. Termitas, reptiles, camélidos.
− Sabana. Una estación seca y otra de lluvias. Predominio de herbáceas con árbo- les dispersos. Gacelas, leones, cebras, ñus.
− Selva ecuatorial. Temperaturas elevadas y constantes. Abundantes lluvias. Exu- berante vegetación. Monos, aves, reptiles, anfi bio, insectos.
Estos esquemas pueden aportar una visión general de la diversidad mundial de tipos de ecosistemas, pero proporcionan relativamente poca información sobre di- versidad comparativa dentro de los ecosistemas y entre ellos. La diversidad de eco- sistemas suele evaluarse en términos de diversidad de especies. Esto puede abarcar la evaluación de su abundancia relativa; desde este punto de vista, un sistema for- mado por especies presentes con una abundancia más uniforme se considera más diverso que otro con valores de abundancia extremos.
Tal vez si analizamos la dinámica de un ecosistema particular como es “el hueco en un árbol”, podamos dimensionar su signifi cado; el mismo repleto de hojas acumu- ladas durante años madera descompuesta y organismos, infestado de bacterias y
otros microbios por donde además circulan larvas de insectos.
Un biólogo de la universidad de Washington en St. Louis, el ecólogo Jamie Knei- tel de WUSTL ha estudiado el ecosistema del hueco de un árbol y el impacto que tres factores —depredación, recursos y cambios (disturbios) — tienen en la diver- sidad de las especies que se encuentran allí. Él ha estudiado los efectos de tres pa- rámetros diferentes en ese mundo de bichos-que-comen-bichos que se encuentra en ese ecosistema asombroso y aparentemente inofensivo que se está revelando y dice “Es una guerra dentro del hueco de un árbol”. Jamie Kneitel, investigador post doctoral en biología de la universidad de Washington en St. Louis, y Jonathan Chase, profesor auxiliar de biología de la universidad de Washington, han encontrado que la modifi cación de cualquiera de esos factores cambia la conformación de la comu- nidad. Se pueden encontrar huecos en los árboles en cualquier bosque, pero a pesar de esto es un ecosistema asombrosamente pasado por alto por los ecólogos. Crea- do por la pérdida de una rama o un tronco deformado, el agujero del árbol recoge agua, que da soporte a la comunidad acuática que permite que un ecólogo se haga preguntas ecológicas fundamentales. En este pequeño ecosistema caen insectos y hojas en el agua acumulada y se descomponen, lo que proporciona la energía para los centenares de especies, incluyendo bacterias, protozoos y de larvas del mosqui- to. Es una comunidad generalmente próspera donde todos estos bichos luchan en una mini condición de supervivencia del más apto. Para realizar su estudio, recons- truyó el ecosistema de hueco de árbol en laboratorio, lo que le permitió cambiar parámetros para crear diversas situaciones ecológicas. La modifi cación más común en un agujero del árbol es la carencia del agua. La competencia por los recursos y el suministro de alimentos, y la depredación entre los tres organismos básicos —pro- tozoarios, rotíferos y larvas de mosquito— es desenfrenada, y varía dependiendo de los recursos y las modifi caciones que se aplican. “Los depredadores, recursos y modifi caciones son los factores más comunes que afectan a las comunidades, pero pocos estudios observan todos estos factores juntos”, dijo Kneitel. No es sorpresivo entonces que los depredadores, los recursos y los cambios tengan efectos realmente fuertes, pero el hallazgo interesante es cómo obran recíprocamente estos factores diversos. “La composición de la comunidad fue alterada en todos los tratamientos, dependiendo de cuáles tratamientos estaban presentes. Asociamos ciertas especies a cada uno de los tra- tamientos; los tratamientos sobre depredadores en aquellos tolerantes a los depredadores, los tratamientos de cambios en los tolerantes a los cambios, etcétera”.
Estudió entre 20 y 25 especies de protozoos y cuatro rotíferos; los protozoos son organismos unicelulares, los rotíferos multicelulares, y sin embargo hay protozoarios que son más grandes que los rotíferos y los cazan. Las larvas de los mosquitos bus- can y fi ltran, y atacan para alimentarse a cualquiera de los grupos de especies. “Es guerra dentro de un agujero”, dijo el investigador. Que luego agregó: “Descubrimos que el efecto más fuerte de la depredación es cuando no hay cambios. Los cambios tienen su efecto más fuerte cuando hay poca depredación. Cuando no hay cambios o depredación, la fuente primaria de extinción es la competencia. Un cambio —un agujero de árbol que se seca— mata a casi todo, pero ciertos protozoos son capaces de quedar inactivos y so- breviven el ciclo”. La mayoría de los estudios de este tipo observan dos factores, en comparación con los tres que él y Chase estudiaron. Sus resultados demostraron que si se cambia alguno de los tres factores se altera el aspecto de la comunidad, Descubrieron asimismo que tenían un grupo” de especies que eran buenas compe- tidoras, otras que eran buenas en la tolerancia contra depredadores y fi nalmente aquellas que pudieron sobrevivir a pesar del cambio. Estas diferencias en las carac- terísticas de las especies, que representan sus nichos ecológicos, es decir el “rol” que desempeña dentro de la comunidad permiten que coexistan muchas especies juntas en diversas escalas espaciales. Esta dinámica ecológica es válida para todas las comunidades La escala del sistema del hueco del árbol permite que él se haga preguntas importantes sobre los ecosistemas que no se pueden formular en una es- cala grande. “Uno no puede realmente hacer estos tipos de preguntas usando organismos de vida extensa como lobos y poblaciones de ciervos”, dijo el investigador. “Lleva años y años ver los efectos de la depredación y de los cambios en la dinámica de la población. Con estas comunidades, se puede hacer un experimento en un mes.”