Chapter 2.0 Research Strategy and Methods
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Filosofía. Tema 69 ©MELC S.A. MAGISTER OPOSICIONES
EL PENSAMIENTO DE NIETZSCHE COMO CRÍTICA A LA CULTURA OCCIDENTAL
La filosofía moderna había despertado al ser humano de la ingenuidad de creer que vivimos en un mundo de realidades universales en el que los valores de la verdad y del bien se imponen a nuestra razón. Nietzsche profundiza en las raíces de este pensamiento crítico, desvelando que la razón ha ido tejiendo un mundo artificial en el que el lenguaje nos hace esclavos de las convenciones que dan comodidad y seguridad a la vida humana, pero falseando la auténtica realidad y ahogando la propia vida. En la filosofía de Nietzsche resuena una llamada a vivir a luz de lo que el ser humano cree y siente sinceramente, abandonando la seguridad de los valores de un mundo trascendente edificado sobre la religión y asumiendo la vida como una experiencia trágica, como una lucha de donde emana la única fuente de valor. El ser humano se convierte así en ley para sí mismo, en el creador de sus propios valores, en el superhombre que vive plenamente, desinhibido y libre.
El desarrollo del presenta tema lo vamos a articular atendiendo al siguiente esquema: en primer lugar señalaremos el contexto histórico-cultural en el que nace el pensamiento nietzscheano. A continuación, analizaremos los principales datos biográficos y bibliográficos del autor y, por último, estudiaremos su pensamiento, primero en lo que hace referencia a la crítica a la tradición y, segundo, en referencia a sus propuestas alternativas.
La CRÍTICA NIETZSCHEANA A LA CULTURA OCCIDENTAL encuentra en el contexto vital del autor las claves para entender su pensamiento. NIETZSCHE nació el 15 de octubre de 1844 en Röken, pequeña ciudad alemana de la Turingia. Tanto su padre, Karl Ludwig Nietzsche, como sus abuelos paterno y materno fueron pastores protestantes. El ambiente familiar era piadoso y algo pacato, pero no rigorista. En el año 1856, el joven Friedrich comienza a sufrir fuertes dolores de cabeza, probablemente debido a trastornos de la vista. Estos dolores le durarán toda su vida, amargándole muchos buenos momentos, y convirtiéndole la lectura y la escritura en un auténtico suplicio. Al cumplir los quince años, ingresó en la renombrada escuela de Pforta, para cursar en ella sus estudios secundarios. Toda su orientación intelectual posterior queda marcada por la sólida formación humanística que recibe en este centro. La influencia intelectual más fuerte que debió experimentar en Pforta fue la de Steinhart, el gran traductor de Platón, que fue profesor suyo. El más insigne de los antiplatónicos fue, ante todo, un excelente conocedor de Platón. Por esa época comienza a leer a Schopenhauer, su mentor filosófico más indudable y señalado.
La segunda obra de Nietzsche la constituyen cuatro escritos de mediana extensión, que fue publicando por separado entre los años 1873 y 1876. Tituló a estos escritos Consideraciones
Intempestivas, pues significaban una ruptura con los vigentes modos de pensar modernos. Con
un acerado talento crítico, Nietzsche zarandea las grandes veneraciones de su época: el “progresismo” religioso de los racionalistas, el historicismo positivista, la academia filosófica, el arte burgués... Se enfrenta sobre todo con el mito de la modernidad y el progreso, orgullo y plaga de su tiempo, como del nuestro. Entre tanto, su salud empeora alarmantemente. Asiste a los
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primeros festivales de Bayreuth, que le decepcionan hasta lo más hondo. Comienza a ver en la música de Wagner un adormecedor de la inteligencia, que no colabora a devolverla al éxtasis dionisíaco sino al letargo cristiano; años más tarde, el Parsifal confirmará esta opinión. En 1876 pasa el invierno en Sorrento, donde se entrevista por última vez con el compositor; dos años más tarde, romperá definitivamente con el matrimonio Wagner, con indecible desgarro íntimo. Entre 1875 y 1878, escribe la primera parte de Humano, demasiado humano, que acabará en 1880. En esta obra inaugura su estilo aforístico, la escritura nerviosa, briosa, de trazos incisivos: inventa la brevedad contra el Sistema. Por otro lado, su enfermedad ocular le impide escribir demasiadas horas seguidas, le impele hacia lo conciso. Su amigo Peter Gast -el músico Henrich Köselitz- le presta inestimables servicios como amanuense y como ayuda en todos los sentidos, incluso como chico de los recados. La enfermedad le hace cada vez más difícil valerse por sí mismo: jaquecas, dolores de ojos, vómitos constantes. Pero es privilegio de la fuerza utilizar hasta la enfermedad en provecho propio, confiesa Nietzsche en Ecce Homo.
En 1881 publica Aurora. Pensamientos sobre los prejuicios morales. En 1882, en Roma, conoce a la extraordinaria Lou von Salomé, mujer de una belleza tan fuera de lo común como su inteligencia. Nietzsche pudo hablar con ella como nunca había hablado con ninguna mujer, quizá como nunca había hablado con nadie. Lógicamente, creyó haber encontrado la compañera que necesitaba, la auténtica hermana de su alma. Por dos veces la solicitó en matrimonio y por dos veces Lou von Salomé le hizo notar que le interesaba tanto como pensador cuanto le repugnaba como hombre. Tenía Lou por Nietzsche cierta inclinación de psiquiatra: le miraba como un caso, aunque reconoció de inmediato su talento. En 1882 publicó Nietzsche La Gaya Ciencia, donde se habla por primera vez del eterno retorno. Ese mismo año, en los diez primeros días de febrero, escribe la primera parte de Así habló Zaratustra, una de esas escasas obras que justifican por sí solas toda una cultura. La obra sería publicada entre 1883 y 1885. Mientras, la soledad de Nietzsche y su enfermedad se acentúan: Lou se ha ido definitivamente y, desde lejos, le comunica su compromiso matrimonial con el doctor Andreas; su hermana Elisabeth se casa con Förster, una especie de siniestro plantador negrero, al que Nietzsche detesta por su antisemitismo. En 1886 publica Más allá del bien y del mal y, al año siguiente, La genealogía de
la moral. Lee a Dostoiewski por vez primera y comienza su correspondencia con su admirador,
el dramaturgo August Strindberg. En 1888 escribe sin descanso y acaba dos escritos contra Wagner, El caso Wagner y Nietzsche contra Wagner, unos poemas (los Ditirambos de Dionisos), dos ensayos exasperadamente polémicos y anticristianos, El crepúsculo de los ídolos y El
anticristo, y una autobiografía: Ecce Homo. El día 25 de agosto de 1900, a las puertas de un siglo
que le convertiría en bandera y en martillo, tras once años de ese estado enigmático que llamamos “locura”, una apoplejía acabó con la vida de Nietzsche.
La OBRA DE NIETZSCHE la podemos dividir en función de los diferentes períodos de su vida. Así podemos hablar de un período romántico (1871-1878), en el que se encuentra El
nacimiento de la tragedia (1871), Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (1873) y
Consideraciones Intempestivas (1873-76). Período positivista (1878-1883), en el que se aparta de las influencias anteriores y ataca directamente a la religión, la metafísica y el arte demostrando su carácter ilusorio. En este período se encuentra: Humano, demasiado humano 1878-79), Aurora (1881) y La gaya ciencia (1882). Período crítico: (1883-1889). Es el período fundamental. Desarrolla sus ideas más originales (“superhombre”) y la parte más dura de su crítica (“la filosofía del martillo”). Ataca a la filosofía y moral tradicionales y ve que tiene que destruir al hombre tal y como es para que pueda venir el superhombre, que es el que conoce la
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muerte de Dios, el que posee la voluntad de poder y el que se mueve constantemente en el eterno retorno. Las principales obras de este período son: Así habló Zaratustra (1883-85), Más allá del
bien y del mal (1886), La genealogía de la moral (1887), El crepúsculo de los ídolos (1888), El Anticristo (1888), Ecce Homo (1888) y los Escritos póstumos, publicados en parte por su
hermana en 1901, con el nombre de “La voluntad de poder”.
Como ya anunciamos en la introducción, el pensamiento de Nietzsche lo vamos a desarrollar atendiendo, en primer lugar, a la crítica a la tradición y, en segundo lugar, a la nueva jerarquía de valores que propone.
El pensamiento crítico de Nietzsche parte del diagnóstico según el cual la cultura occidental está viciada desde su origen. Es una cultura racional y dogmática y por eso es decadente, porque se opone a la vida, a los instintos, empeñada en instaurar la racionalidad a toda costa. Éste es el Dogmatismo de Occidente: filosofía dogmática, religión dogmática, moral dogmática. Para eliminar estos tres mundos inventados por el hombre occidental, es preciso criticar el dogmatismo platónico, el fundamento de las tres.
La crítica más profunda de Nietzsche a la cultura occidental es la crítica a los valores morales. El principal error de la moral tradicional es su «antinaturalidad», es decir, el ir contra la naturaleza, contra la vida. Es aquella moral que, en virtud de leyes, decálogos, normas e imperativos, se opone a la vida, a los instintos primordiales de la vida. Así ha sido la moral enseñada hasta ahora. La base filosófica de esta moral contra-natural es el platonismo: el mundo de las ideas sirve de “más allá” religioso para los cristianos, de tal manera que acaba convirtiéndose en la metafísica cristiana. El centro de gravedad de estas ideas se pone no en esta vida, sino en la otra, en el más allá, en el mundo de las ideas, en el hombre celeste. Hay una evasión respecto al hombre concreto, viviente, al mundo real. Al afirmar que existe un orden moral del mundo que dirige la historia de los hombres, lo que se ha hecho ha sido afirmar que alguien desde fuera del mundo, fuera de la vida, dirige a los hombres. Y entonces han prevalecido los valores de los débiles: la compasión, la misericordia, el sacrificio... en los que se ve la prevalencia de los instintos de decadencia sobre los de superación. En definitiva, Nietzsche critica a la moral tradicional porque la moral mata la vida. La vida descansa sobre unas bases que están en contra de la moral tradicional. Pero la vida es lo único real. La moral es ficción, falsedad, calumnia. Por eso nos dice que el único principio es que no existen principios morales. No obstante, Nietzsche no propugna la amoralidad. En todo caso, defiende la inmoralidad en tanto rechazo de una moral concreta, la alemana, burguesa, cristiana, idealista. Lo que él pretende es poner otra moral: la moral de la vida.
Nietzsche distingue dos tipos de moral. Por un lado, la moral de los señores, que es una moral caballeresca, propia de los espíritus elevados, la que ama la vida, el poder, la grandeza, el placer. Es la moral propia del superhombre, aquella que quiere la muerte de Dios. Por otro lado, la moral de esclavos, implica el dolor, la pequeñez, la humildad, amabilidad, compasión, resignación, paciencia... Representa la subversión de los valores aristocráticos que nace con el judaísmo y hereda el cristianismo. Desde esta distinción, Nietzsche examina la historia de la cultura occidental y constata un creciente ascenso de los valores de los débiles frente a los de los fuertes. Los débiles han tenido fuerza para imponer su criterio a los fuertes. Esta moral de esclavos culmina en los movimientos sociales de liberación que empiezan en la Revolución Francesa y que se extienden a través del siglo XIX. Para superar esta decadencia de los valores cristianos, el
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Occidente va a poner en su puesto al Superhombre, libre de toda servidumbre religiosa, de todo dogmatismo católico.
Respecto a la crítica a la religión cristiana, Nietzsche nos dice para empezar que toda religión nace del miedo, de las angustias y de las necesidades, de la impotencia que siente el hombre en sí mismo. Por lo tanto, ninguna religión ha contenido jamás ninguna verdad. Concretamente el cristianismo ha invertido los valores de las antiguas Grecia y Roma, que eran valores de vida, y se ha inventado un mundo ideal, celestial, que lleva consigo una desvalorización del mundo terreno. Supone el extravío más fuerte de los instintos, que lleva a inventarse el otro mundo y despreciar éste. Sólo fomenta los valores mezquinos como la obediencia, el sacrificio, la humil- dad, que son sentimientos propios del rebaño. Es el enemigo mortal del Superhombre. Por último, habla de pecado, que es un atentado contra la vida. Con el concepto de pecado aniquila las formas y valores más nobles de la vida y pervierte la vida en su raíz.
La crítica que hace Nietzsche de la religión tiene precedentes muy claros en la filosofía de Ilustración: algunas de sus afirmaciones recuerdan la misma crítica de Feuerbach. Nietzsche interpreta el cristianismo como una “moral vulgar” (como decía del platonismo) porque se opone a los valores específicos de la verdadera virtud (la gallardía, la nobleza, el mando). Esta vulgaridad de la religión cristiana no viene del hombre sino de Dios, que ha sido el gran obstáculo para la vida y por eso hay que acabar con él.
La crítica que hace Nietzsche a la Filosofía tiene una unión estrecha con la crítica que hace a la Moral. La moral tiene su base en la filosofía platónica con sus dos mundos diferentes y distanciados: el mundo real y el mundo de las ideas. El mundo de los sentidos es malo, causa de perdición. La filosofía tradicional es dogmática: considera el ser como algo estático, fijo, in- mutable, abstracto. Pero ese ser no existe. No hay conceptos estáticos, sólo existe el devenir. Sólo existe el mundo de las apariencias, los fenómenos. De ahí que admire a Heráclito (el único
filósofo que no ha falseado la realidad) y a Hegel (para quien toda la realidad está en un permanente devenir dialéctico). No admitirá, sin embargo, a Kant por esa separación entre
fenómeno y noúmeno. Sólo existe el fenómeno, el mundo de lo aparente. Hay, por tanto, una negación del concepto metafísico del Ser. Como nos dice en el segundo tratado del Crepúsculo
de los ídolos “Heráclito tendrá siempre razón al sostener que el ser es una ficción vacía”.
Nietzsche critica la Metafísica básicamente por tres motivos: por ser dualista, opone dos órdenes de realidad; por ser irreal, valora la realidad no-física superior a la física, y, por ser idealista, el “mundo suprasensible” es el ideal, inmaterial, intangible, eterno, olvidando el carácter metafísico de la verdad y el conocimiento. Es decir, el conocimiento es un mero medio de conservación cuya función principal es mentir respecto al valor de al vida. ¿Cuál es, entonces, el origen de la verdad? Respecto a la verdad, dice Nietzsche, no es ni pura ni desinteresada. La verdad está al servicio de las pulsiones vitales y el lenguaje se establece con base en la vida. La verdad es un conjunto de metáforas cuyo origen se pierde de vista después de un uso prolongado. La verdad no es más que una ilusión necesaria para la vida. La verdad que produce el concepto no es más que un conjunto de generalizaciones e ilusiones que el uso y la costumbre acaban imponiendo como verdades eternas e inmutables (QUESADA, 2003).
La muerte de Dios significa para Nietzsche una crítica radical de la moral, de la religión y de la metafísica. Es la liberación de un gran peso que abruma al hombre: el peso de la idea de un más
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allá, de la trascendencia objetiva. Nietzsche llega al convencimiento de que la idea de Dios es lo que impide al hombre ser hombre, llegar a ser el superhombre. Dios es el gran obstáculo para que llegue el superhombre. Por eso piensa que para que viva el hombre ha de morir Dios. Si Dios vive no puede vivir el hombre. La muerte de Dios significa que se han derrumbado los pilares que sostenían la tradición, la historia y la cultura de Occidente; una tradición y una cultura que se han apoyado en la idea de Dios. La muerte de Dios es fruto del modernismo. Sus raíces se encuentran en el renacimiento (antropocentrismo), en el racionalismo (la razón como fundamento de todo), en la ilustración (el poder del pueblo y no de Dios) y en el positivismo (sólo la ciencia es el auténtico conocimiento).
El MÉTODO GENEALÓGICO destaca por ser la clave que permite a Nietzsche reformular la visión sobre el pasado de la cultura occidental y poder abordar metodológicamente el núcleo de toda voluntad de verdad, para descubrir su fondo y su trampa ante la vida.
En contraposición a toda esta crítica, Nietzsche propone un NIHILISMO NEGATIVO Y UNO POSITIVO. Para Nietzsche la cultura europea ha llegado ya a su propia ruina, a la decadencia total. De ahí la necesidad de restauración, de ir preparando el gran mediodía de la humanidad. Esta es la tarea del filósofo: liberar al hombre de todos los valores ficticios, decadentes, devolviéndoles el derecho a la vida, a la existencia. El primer paso debe consistir en un cambio profundo de valores, de todos los valores de nuestra cultura tradicional.
El NIHILISMO no es una teoría filosófica, es la consecuencia de la historia de nuestra cultura occidental, la esencia del destino de los pueblos occidentales. La fuerza del espíritu de Occidente, cansada ya, agotada por los valores inadecuados y ficticios, se vuelve nihilista. ¿Qué significa el nihilismo? Así lo explica el mismo Nietzsche:
Que los supremos valores se devalúan. Falta el fin, falta la respuesta a la pregunta ¿para qué?. El nihilismo radical es el convencimiento de la absoluta inconsistencia de la existencia, cuando se trata de los supremos valores reconocidos; y por añadidura el entender que no tenemos el más mínimo derecho a establecer un más allá o un en-sí de las cosas que sea divino, que sea la personificación de la moral.
El nihilismo, por tanto, es la consecuencia propia de la ausencia de valores, la falta de meta, falta de respuestas a los porqués que se habían respondido desde Dios, que habían sido la base de la cultura occidental. Al dar muerte a Dios, se ha perdido el sentido de la orientación de nuestra existencia, de nuestra vida: estamos perdidos, sin brújula, en el desierto de la historia. Esta parte negativa exige dialécticamente una parte positiva: es negar para afirmar, destruir para crear, aniquilar para producir. Así, de esa negación aparecen los nuevos valores, la voluntad de poder y el superhombre.
Frente a la decadencia de Occidente, que predicaba una moral antinatural, Nietzsche pretende ofrecer una MORAL NUEVA que se base en el proceso natural del hombre, en la vida. En su obra El origen de la tragedia griega, contrapone a Dionisio y Apolo. Mientras Dionisio es el dios de la vida, del vino, de la embriaguez y de la alegría desbordante de vivir; Apolo es el dios de las formas externas, de la apariencia llena de belleza. Eurípides, dice Nietzsche, arrojó de la escena a Dionisio y así empieza la época de las formas. Eso mismo hicieron Sócrates y Platón, los cuales acabaron con el arte para optar por una filosofía basada en el conocimiento de las causas,
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acabando con la vida. Se cambia así la vida por la razón que mata la vida. La nueva moral está basada en este deseo apasionado de vivir, está apoyada en la exaltación por la vida sin traba