luciones de Arequipa, tuvo entonces el caudillo boliviano una importante entrevista con José Joaquín de Mora, su confidente, y le dijo que su intención era no pasar del Apurímac al formar el nuevo Estado, pues solo los pueblos del sur del Perú tenían íntimas relaciones con los de Bolivia, a lo cual añadió despectivas palabras para Lima, "Babilonia de América", "paraíso de holgazanes". Mora le contestó: "Todo o nada". El mismo Valdivia dio una versión más pormenorizada de esta entrevista a Mariano Felipe Paz Soldán, quien la publicó en su libro dedicado a los acontecimientos entre 1835 y 1839. "Insisto, Excelentísimo señor (aparece allí diciendo Mora), en que todo o nada, porque el norte sin el sur como parte integrante suya, no tendrá Ud. paz nunca, nunca. Abrazándolo todo, Ud. puede darle unión y fuerza y los peruanos, al conocer y sentir los beneficios que Ud. les hará, entrarán en sí mismos y no darán oídos a los conspiradores". Santa Cruz repuso: "Si paso del Apurímac no solo me pierdo sino que pierdo a Bolivia. Bolivia sin mí se convertirá en una mazamo- rra". Y Mora adujo: "Pues guardemos a lo que da el tiempo. Si el norte lo llama a V.E. debe ceder".
[ II ]
EL ESTADO SUD-PERUANO Y EL SIMBOLISMO DE SU BANDERA.-
La Asamblea deSicuani, instalada el 16 de marzo de 1836, se clausuró seis días después, el 22 de marzo. El 10 de abril de 1836 Orbegoso dio un decreto, que pudo ser sumamente peligroso, por el que reconoció como Estado libre e independiente al Sur-Peruano. El 24 de agosto de 1838 fue instalada solemnemente la Corte Suprema del Estado Sur-Peruano en el Cuzco.
La bandera del Estado Sur-Peruano reunió tres colores. El color rojo vertical vino a ser un símbolo común de la del Perú y la de Bolivia. El verde horizontal recordaba el pabellón nacional de este país. El blanco horizontal tenía semejanza con la insignia peruana. Algunos encontraron una intención en el hecho de que el blanco ocupara el lugar de abajo. También fue señalada la moneda del nuevo Estado. Ella llevó la inscripción "República Sudperuana".
LA MULTA A QUIENES NO OSTENTARAN EL "TRICOLOR NACIONAL".-
Una nota delMinistro A.M. Torrico a los prefectos del Estado Sud-Peruano publicada en el N°9 del vocero ofi- cial, ordenó que todos los vecinos "cargasen" en sus sombreros la cucarda nacional y especial- mente los funcionarios públicos, so pena de 4 reales a 2 pesos de multa con la finalidad de "hacer más notorio el tricolor nacional".
No es creíble, como observa atinadamente Luis Monguió, que un hombre como Santa Cruz, tomara la resolución de confederar a todo el Perú y Bolivia por la aislada opinión de un subordi- nado, si bien resulta verosímil que este la manifestara. No solo el curso de los acontecimientos, el vacío político surgido en el Perú, debieron empujarlo a tan ambiciosa empresa, sino también la tentación de actualizar viejos planes, ya urgidos desde 1827 o 1829.
El magistrado arequipeño dejó el ejercicio de su profesión por la vida política. En 1829 fue nombrado senador por su ciudad natal y en 1832
conformó el Consejo de Estado. Llegó a vocal de la Corte Suprema y durante su gestión organizó el Tribunal de los Siete Jueces, al cual se apelaban las causas en primera instancia. En 1836, como diputado por Lima, acudió a la Asamblea de Huaura, que creó el Estado Nor Peruano.
EVARISTO GÓMEZ SÁNCHEZ (1766-1841) Valdivia con su periódico El Yanacocha era el vocero de un grupo de surperuanos que se
había vuelto partidario entonces de la federación entre Bolivia y el Perú meridional, tesis compartida por algunos generales y políticos bolivianos y por el diplomático inglés Belford Hinton Wilson.
[ III ]
LA ASAMBLEA DEL ESTADO NOR-PERUANO.-
El Congreso de los departamentos delnorte demoró más para reunirse que la Asamblea del sur. En esta región se notaron desde un principio síntomas de resistencia contra el nuevo orden de cosas. Carecía, de hecho, el norte de los vínculos antropológicos, geográficos y económicos que existían entre el sur y Bolivia; y temía perder su preponderancia tradicional en la vida del país. El Perú septentrional fue el lugar de aprovisionamiento para Salaverry y allí se iniciaría y consumaría más tarde el desplome de la Confederación. Por fin, se reunió la Asamblea de Huaura, elegida conforme a la ley de 1834, vigilada por una división boliviana y cautelada en sus decisiones por los jefes de ese ejército, generales Morán y Herrera. Dicha Asamblea estuvo compuesta por veinte diputados que repre- sentaron a los departamentos de Lima, Junín, Amazonas y La Libertad, bajo la presidencia de Evaristo Gómez Sánchez.
Funcionó del 3 hasta el 24 de agosto de 1836. Orbegoso leyó su mensaje y presentó su renuncia que no fue aceptada, después de lo cual quedó como presidente provisorio. El 11 de agosto de 1836 fueron sancionados la creación del Estado Nor-Peruano, el reconocimiento del Estado Sur-Peruano y la entrega de la plenitud del poder público a Santa Cruz como "supremo protector" e "invicto pacificador" con facultades para nombrar un sustituto cuyas funciones él mismo detallaría, debiendo ser ellas limitadas. Entre otros homenajes a Santa Cruz estuvieron: su designación como protector de toda la Confederación, la colocación de su retrato en el Congreso, en los tribunales y en los salones del Palacio de Gobierno; la acuñación de medallas de oro y plata con su busto y esta inscripción: "A Santa Cruz, el Pacificador, la gratitud peruana, año de 1836": la designación del Paseo de Aguas de Lima con su nombre; el levantamiento de un arco triunfal de piedra coronado con su estatua y una lámina de cobre en una de las pilastras con inscripciones de oro; la declaración del día de la Santa Cruz, el 3 de mayo, como fiesta cívica que debía festejarse con un tedeum, la asignación del sueldo de 24 mil pesos al año para el Protector y de 100 mil pesos como regalo a su esposa Francisca Cernadas que no los aceptó; el obsequio de una espada de oro guarnecida de brillantes.
Orbegoso fue ascendido a gran mariscal, recibió las gracias por sus servicios y se le conce- dieron los honores de presidente durante su vida. Fue condecorado, además, con un sol de brillantes con estas inscripciones: "El Estado Nor-Peruano al general D. Luis José Orbegoso" y en el reverso: "Sirvió a la patria con lealtad". Se le obsequiaron por añadidura 100 mil pesos y se ordenó que fuera fijada en su casa de Lima un escudo con las armas del Estado y la inscripción: "La patria agradecida". A su esposa se le hizo un cuantioso donativo que no quiso aceptar.
Los 87 hombres, de tropa y oficiales, que sirvieron en Arequipa de base para levantar el ejér- cito fueron declarados beneméritos a la patria y con derecho a gozar del sueldo íntegro aunque estuvieran fuera del servicio.
Las bases de la Confederación debían ser fijadas en un Congreso de plenipotenciarios, para ser luego sometidas al Congreso Constituyente de cada Estado. El número de diputados de las dos asambleas del Perú, la fecha y lugar de reunión quedaron entregados a la voluntad de Santa Cruz.
El Estado Nor-Peruano apareció subdividido en cinco departamentos, a saber: Amazonas (capital Chachapoyas), Huaylas (capital Huaraz), Junín (capital Tarma), Lima (capital Lima) y La Libertad (capital Trujillo). Adoptó como pabellón, escudo de armas y tipo de moneda, los que había tenido la República del Perú.
ISLAY. En enero de 1838 se llevó a cabo en este puerto arequipeño el combate del mismo nombre, durante la Primera Expedición Restauradora. La victoria sobre los chilenos frenó por unos meses los planes de este país para acabar con la Confederación Perú-boliviana. Aquí vemos una imagen del puerto, tomada del libro Viaje a través de América del Sur. Del océano Pacífico al océano Atlántico, de Paul Marcoy (2); y otra de la pampa de Islay, proveniente del Átlas Geográfico del Perú (1865) de Mariano Felipe Paz Soldán (1).
120 período 1 [ capítulo 22 ]
[
2]
Bartolomeo Cappellari nació en Belluno (Italia) y fue elegido papa en 1831. Durante su conservador gobierno apoyó a Austria, Prusia y Rusia, las potencias de la "Santa Alianza", para poder controlar los llamados Estados Pontificios. En 1837 beatificó a los dominicos peruanos
fray Martín de Porres y fray Juan Masías.
GREGORIO XVI (1765-1846) Esta fue la única época en la turbulenta historia republicana en que los emblemas del Estado
dejaron de pertenecer a la totalidad de la heredad nacional.
Una comisión de la Asamblea de Huaura se constituyó en Lima para tomarle juramento a Santa Cruz. El general Manuel Martínez de Aparicio le llevó las felicitaciones de Orbegoso y la copia de la ley de su nombramiento y luego siguió a Bolivia como mensajero del voto de grati- tud emitido por el Congreso. Santa Cruz, que había esperado en Tarma mientras él se reunía, entró triunfalmente en Lima el 15 de agosto.
[ Iv ]
LA ASAMBLEA DE TAPACARÍ.-
Bolivia había cumplido con análogos trámites en el Congreso extraordinario reunido en Tapacarí en junio de 1836. El mismo Congreso resolvió obsequiar a Santa Cruz las haciendas de Chincha y Tahuapalpa, y mandó fuesen entregadas con el nombre de Socabaya, radicándolas perpetuamente en su familia, en forma de mayorazgo. Dispuso, tam- bién, la entrega de cuantiosos premios al ejército, pagaderos cuando el Perú satisficiese al teso- ro boliviano los gastos invertidos en su pacificación; un sobresueldo al secretario de Santa Cruz, doctor Torrico; y el grado de general de división para el vicepresidente Calvo que jamás había sido militar. "Nada era extraño (afirma Sánchez de Velasco en sus Memorias) cuando los diputa- dos esperaban verse, desde luego, en clase de duques, marqueses o barones de la futura Confederación que lisonjeó la esperanza de aquellos hombres, dejándolos fascinados hasta la ceguedad, a causa de los triunfos conseguidos en el Perú".Por esa época recibió Santa Cruz el diploma y la insignia de gran oficial de la Legión de Honor, con que le honró el rey de Francia. Recibió también una comunicación del Sumo Pontífice Gregorio XVI y un rosario con su medalla, benditos por su Santidad.
[ v ]
LA OBRA ADMINISTRATIVA DE SANTA CRUZ.-
Provisto de todos los elementos legalesSanta Cruz, por decreto de 28 de octubre de 1836, declaró establecida la Confederación Perú- boliviana y ordenó que se reuniera en la ciudad de Tacna –para evitar las rivalidades entre otras ciudades– un Congreso encargado de fijar las bases de ella, compuesto de tres individuos por cada uno de los tres Estados que los respectivos gobiernos designaron: un militar, un abogado y un sacerdote por Estado.
Al hacerse cargo de la administración del Perú, Santa Cruz puso a prueba su capacidad de gobernante. El Perú había perdido en beneficio de Chile su preponderancia en el Pacífico: crecidos derechos, contrabandos, descuidos aduaneros, explicaban la incipiencia de la vida comercial. Las contribuciones, o no eran recaudadas, o no habían comprobantes de sus cobros, o estos no siem- pre llegaban a ser enviados a las oficinas respectivas. Los empleados no percibían regularmente sus sueldos. El Estado vivía con deudas que no amortizaba y créditos que no exigía. Casi no se llevaba contabilidad, ni habíanse formado cálculos de los ingresos y los gastos públicos desde 1833. La agricultura, fuente del esplendor incaico, la minería, fuente del esplendor colonial, pare- cían sumidas en la decadencia. La administración judicial era lenta y anticuada. En la burocracia contrastaban el exceso de empleados y las deficiencias del servicio. El ejército, incrementado con las sublevaciones, albergaba a un número heterogéneo de hombres y su indisciplina era patente.
Muchas páginas ocuparía la lista de las disposiciones adoptadas por Santa Cruz para reorga- nizar el aparato administrativo del Perú. En el ramo de Hacienda tiene singular importancia el Reglamento de Comercio, que trajo, en medio de su errores, frutos de la época, grandes bienes, lo mismo que su complemento, el Reglamento de Aduanas. La vigilancia sobre las rentas y los gastos dio lugar al aumento de las primeras sin establecer nuevas contribuciones y a la austeri-
San Martín creó
la priMera
bandera en el
puerto de piSco,
poco deSpuéS de
llegar al perú. la
hizo oficial el 21 de
octubre de 1821,
Mediante un
decreto en el que
taMbién diSponía
que éSta debía Ser
de Seda o lienzo y
Medir 8 pieS de
largo por 6 de
ancho.
18
setiembre
1825
[ perú ]
dad en los segundos. Publicose con detalle lo conveniente al movimiento fiscal, mercantil y marítimo, y quedó reiniciada, con celo notable, la estadística oficial. El cuidado administrativo se extendió hasta los servicios departamentales antes propuestos; y, con mengua del centralismo, crecieron el progreso y el ornato regionales. La promulgación de los Códigos Civil, Penal, de Enjuiciamientos y el reglamento de los tribunales, calificados de ultraje y humillación no solo por patriotas intransigentes y por abogados y magistrados conservadores, sino también por el gran jurista cuzqueño José Palacios, educado en Europa en cuya opinión el país debía tener leyes propias y no calcos o adaptaciones apresuradas, implicaron a pesar de todo un progreso. El interés por los servicios de beneficencia, por la instrucción pública, por la Biblioteca Nacional, refrendan el juicio favorable que, sobre todo, en relación con la época, la posteridad debe emitir sobre la obra administrativa de Santa Cruz. En cambio la emisión de moneda feble, o sea de baja ley, puede ser señalada como un error capital.
LA ADUANA COMÚN BOLIVIANA-SUD-PERUANA EN ARICA.-
El decreto de Santa Cruz fecha-do en el Cuzco el 25 de junio de 1836 estableció en Arica una aduana común para Bolivia y el Estado Sur-Peruano con empleados nombrados por ambos gobiernos. A los productos de exportación o de importación para Bolivia no debía cobrarse en aquel puerto sino un solo impuesto.
[ vI ]
EL PACTO DE TACNA.-
El documento firmado, sin debate, por los plenipotenciarios nombra- dos por los tres gobiernos en Tacna, el 1 de mayo de 1837, pareció señalar la culminación de los objetivos políticos de Santa Cruz. Este pacto erigió la Confederación Perú-boliviana de conformi- dad con los votos de "las Repúblicas Sud y Nor-Peruanas y la de Bolivia en el propósito de estre- char los vínculos de amistad que han existido entre ellas". Su bandera debía ser punzó, o sea roja, con los escudos de las tres Repúblicas entrelazas por un laurel. Cada una de ellas tendría su Gobierno propio; pero, dentro de una igualdad de derechos entre los tres, quedaron sujetas a la autoridad del Gobierno General. Entre las atribuciones más importantes de este figuraban la militar, la diplomática y la económica. Las fuerzas militares de la Confederación se concentraban alrededor de la suprema autoridad interior que el Protector encarnaba. Competía, asimismo, al Gobierno General la dirección de las relaciones internacionales de la Confederación. Por la terce- ra atribución, o sea la económica, tenía aquel la facultad de arreglar lo concerniente al comercio con otras naciones, las aduanas generales y el correo. ¿Quién formaba dicho Gobierno General? En primer lugar, el Protector, a quien debía elegir el Congreso General por diez años con facultad para la reelección. Disponía de todos los empleos del Ejército y la Marina, nombraba a los agentes diplomáticos y consulares de la Confederación, establecía y dirigía las aduanas generales y la administración general de correos. Era el generalísimo de las fuerzas de mar y tierra de la Confederación, mientras los presidentes de las Repúblicas confederadas tenían las atribuciones de capitanes generales de las provincias. Ejercía el Poder Ejecutivo en el Estado en que se hallare. Creaba los Ministerios de Estado que juzgare necesarios y nombraba y removía a los ministros. Elegía a los presidentes de la Repúblicas confederadas, a los senadores del Congreso General y a los ministros de las tres cortes supremas y presentaba a la Silla Apostólica a los arzobispos y obis- pos. Podía disolver el Congreso General cuando de él se apoderase un espíritu de desorden. Su reemplazante en caso de muerte debía ser la persona que dejase nombrada.El Poder Legislativo General se componía de dos Cámaras aptas para reunirse cada dos años por cincuenta días. Los miembros del Senado, inamovibles, cinco por cada una de las tres Repúblicas confederadas, eran nombrados por el Protector entre los propuestos por los colegios electorales y sus funciones resultaban análogas a las de los censores en la Constitución vitalicia.