3 CHAPTER THREE: RESEARCH DESIGN AND METHODOLOGY
3.2 Research Context
Fig. 86. Parte de la ciudad de Nápoles en el s. XV en un detalle de la Tavola Strozzi, de 1472, atribuida a Francesco Rosselli. Museo de San Martino, Nápoles.
69 Las influencias de la arquitectura cristiana occidental.
Como ya se ha planteado, en principio, parece que las primeras casas de posesión de la isla responden a modelos catalanes, en concreto los pequeños castillos o casas campesinas fortificadas que por entonces se estaban desarrollando en las zonas rurales (Figs. 87, 88 y 89).
Aunque estos asentamientos presentaban múltiples formas, dependiendo de la clase social de sus propietarios y de su evolu- ción arquitectónica.
En los castillos rurales más o menos seño- riales se estaba dando la transición entre las formas románicas y las góticas, de manera que lo románico todavía se man- tenía entre los ss. XIII y XIV, mientras que lo gótico no se implantaría definiti- vamente hasta el XV. Al mismo tiempo, en los mansos o masías de carácter popu- lar también se estaba generalizando un proceso de fortificación y crecimiento en altura que presentaba múltiples formas y que con el tiempo daría lugar a diferentes tipologías de arquitectura popular tradi- cional (Figs. 90, 91, 92 y 93).
Sin embargo la presencia de este tipo de arquitectura civil en la isla trasciende la
mera influencia catalana, porque las formas todavía románicas de los ss. XIII y XIV también se encuentran sin apenas diferencias en otros países de la cuenca del Medi- terráneo Occidental, donde también se estaba dando un proceso de fortificación y de crecimiento en altura similar.
Fig. 89. Casa medieval de La Vall de Boí, Lleida (Fontova y Polo).
Fig. 88: Castillo de Queixàs o de Beuda, Girona, ss. X-XIV, (Fincaweb).
Fig. 87. Las casas de Beniorella en la primera mitad del s. XIV, Fase 6.
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De hecho, lo más probable es que este tipo de ca- sas no sólo se importara desde Cataluña, porque si bien la mayor parte de los nuevos pobladores eran catalanes, también los hubo que llegaron de Aragón, de Navarra, de Castilla, del Languedoc, del Rosellón, de Génova, de Pisa… (Sureda, 1994, pág. 23).
Además, hay que tener en cuenta que en el perio- do en el que se implantaron estos modelos en la isla, desde la conquista de 1229 hasta mediados del s. XIV, el Reino de Mallorca se configuró como una entidad política autónoma, y al mismo tiempo, la Ciutat de Mallorca, se convirtió en uno de los principales centros del comercio mediterrá- neo, y como tal, además de a la influencia catala- na, también estaba abierta a otras corrientes artís- ticas, especialmente de Italia y de la franja meri- dional de Francia.
Esta influencia permitió que durante el periodo del llamado Reino Privativo de Mallorca se gene- rara un arte particular con ciertos rasgos diferen- ciados del que se daba en Cataluña, aunque esta diferencia empezaría a disiparse a partir de me- diados del s. XIV, cuando los territorios de la co- rona mallorquina fueron anexionados de nuevo a la corona de Aragón (Durliat, 1989, pág. 298). En este sentido son conocidas las ascendencias siene- sas y francesas de la pintura que se desarrolló en la isla precisamente durante este periodo (Sureda, 1994, págs. 57, 58 y 59), por lo que no es de ex- trañar que esta influencia también se haya dado en el ámbito de la arquitectura.
Fig. 90. Reconstrucción de un manso catalán con torre, 1ª mitad del s. XIV (Serra).
Fig. 91. Evolución tipológica de vi- viendas rurales de la Baja Edad me- dia en Cataluña (Serra).
Fig. 93. Fase 4 de la casa de Ator o
Son Moner, ss. XIII-XIV, Fase 4.
Fig. 92. Evolución tipológica de vi- viendas rurales de la baja Edad Me- dia en Cataluña (Serra).
71 La arquitectura doméstica en la pintura italiana de la Baja Edad Media.
La idea de la influencia de la arquitectura italiana cobra especial relevancia si compa- ramos la arquitectura civil que hemos visto que se desarrolló en la isla con la de la que se representa en la pintura italiana de los ss. XIV y XV (Figs. 94, 95, 96, 97 y 98), en la que vemos que las formas y los elementos arquitectónicos son prácticamente los mis- mos.
Fig. 94. Maso di Banco, detalle de las historias de San Silvestre, hacia 1340-1345, Basílica de Santa Croce, Florencia.
Fig. 97. Masolino. Detalle del fresco de la Capilla Brancacci, Santa María del Carmine, Florencia, hacia1425.
Fig. 95. Duccio di Buoninsegna, tabla de la predela de la Maestà, del altar mayor de la catedral de Siena, 1308-1311. National Galle- ry, Londres.
Fig. 98. Detalle de la ciudad de Nápoles de la
Tavola Strozzi, de 1472, atribuida a Francesco
Rosselli. Museo de San Martino, Nápoles. Fig. 96. Giotto: la flagelación de Cristo, 1300- 1305. Capilla de la Arena de Padua. Obsérve- se que la escena representa un patio con un cuerpo elevado (en el extremo superior dere- cho) cuya fachada presenta los tres arcos.
72 La arquitectura mallorquina de los ss. XIII y XIV en la iconografía medieval.
En la pintura medieval local también podemos reconocer la misma arquitectura que tra- tamos aquí, como las dos casas de posesión representadas en el artesonado mudéjar de La Almudaina de Palma (Fig. 99), con sus respectivas torres, sus muros de cerramiento y sus salas que tienen dos ventanas bíforas dispuestas de forma simétrica en la fachada exterior, aunque en este caso, tanto por el estilo como por la fecha tan temprana en que fue pintada, la representación arquitectónica no sea tan naturalista como la de las pintu- ras italianas. Sin embargo, en otras obras locales del s. XIV (Figs. 100 y 101), donde la influencia sienesa es más clara, podemos hacernos una idea más fidedigna de cómo de- bía ser el interior de estas salas, con dos o tres vanos dispuestos de forma simétrica y los accesos laterales, como los que hemos visto en las casas de posesión que hemos tratado.
Fig. 99. Pintura de una tabla del artesonado del castillo de La Almudaina, principios del s. XIV.
Fig. 100. Maestro del Obispo Galiana, detalle del retablo de
Sant Nicolau, s. XIV.
Fig. 101. Maestros de Castellitx, tabla del retablo de la vida de Sant Nicolau, s. XIV. Museo de Mallorca.
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Una de las imágenes medievales más conocidas y comentada por la historiografía local es algo más tardía y de influencia flamenca, se trata de la representación de la Ciutat de Mallorca del reta- blo de Pere Nissard, o Niçard, pintada hacia 1470 (Fig.102). En ella se reconoce la bahía, el puerto y la rada de Portopí (al fondo a la derecha), con un grado de iconicidad que no deja duda de su valor como documento histórico.
Aunque otras partes de la pintura, como la del palacio, son más fantasiosas. Porque si bien su ubicación respecto al puerto, la ciudad y la mura- lla coincide con la del palacio de La Almudaina, lo cierto es que su arquitectura no se ajusta a la de La Almudaina del s. XV. Pero en el interior de las murallas de distinguen con todo detalle las casas, las tiendas, las calles… y aunque sea in- congruente en la escala y la proporción de los edificios, aparecen representadas de forma bas- tante fidedigna numerosas casas en las que se distinguen elementos muy similares a los de las que hemos estudiado, fachadas con composicio- nes simétricas de vanos, con torres o terrazas almenadas laterales, así como vestigios de terra- zas superiores con almenas triangulares o escalonadas que han sido cubiertas con un tejado (Figs. 103 y 104).
Fig. 102. Tabla principal del retablo de
Sant Jordi de Pere Nissard, hacia 1470.
Museo Diocesano de Palma.
Fig. 103. Detalle de la Ciutat de Mallorca del retablo de Pere Nissard.
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Una de las tablas de la predela del mismo retablo nos ofrece otra vista de la misma ciu- dad (Fig. 105). Representa la toma definitiva de Medina Mayurqa el 31 de diciembre de 1229, con el enfrentamiento de las tropas musulmanas y cristianas después de que éstas últimas abrieran una brecha en la muralla, junto a la puerta de Bab-al-Kofol, que des- pués sería llamada de Santa Margalida o Porta Pintada, por las cruces que se pintaron en ella para conmemorar el punto donde se inició la toma de la ciudad.
En la parte superior de la puerta se ven sus defensas almenadas que han sido cubiertas por un tejado apoyado sobre una estructura de madera un tanto improvisada; también se aprecia el ábside de la iglesia de Santa Margarita y la perspectiva de la calle San Mi- guel, con distintas casas que presentan ventanas con arcos de medio punto y una bífora; algunas casas tienen tejados y otras terrazas. No hay duda de que Nissard representó la ciudad que él pudo ver a finales del s. XV, y sin duda aquí lo hizo con más verosimili- tud que en la tabla principal.
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Otra imagen medieval de la misma ciudad, que igualmente ha sido frecuentemente tra- tada, es el fresco del Palacio Aguilar, o de los Caldes, de Barcelona, hoy en el Museu Nacional D´art de Catalunya (Fig. 106). Fue pintado hacia 1280 y también representa el sitio y asalto de Medina Mayurqa por las tropas de Jaime I.
Esta imagen nos muestra el castillo de La Almudaina, las torres, las murallas y las partes más elevadas de las casas de la ciudad que sobresalen y se superponen unas a otras. Es- tas casas también son prácticamente iguales a los que hemos hallado en algunas de las casas de posesión de este periodo. Todas ellas tienen la cubierta de tejas a dos o cuatro aguas y la serie de tres ventanas en el lado largo de la fachada, algunas son adinteladas, otras con arco de medio punto y otras con arco de herradura, mientras que hay algunas casas que también tienen un ajimez en la fachada estrecha en hastial.
Evidentemente hay que tener en cuenta que por la fecha en la que fue pintado este fres- co, la representación carece del naturalismo del retablo de Nissard, lo que en principio puede hacer pensar que sea algo aventurado buscar una correspondencia entre esta ar- quitectura pintada y la que realmente existió. Sin embargo, en esta ocasión parece que la parte del castillo está bastante bien representada, porque aunque pueda parecer una ima- gen estereotipada, casi propia de la heráldica, resulta que desde algunos puntos del in- terior de la ciudad desde donde era visible, el castillo se debía ver de forma similar a la que se pintó: con el cuerpo central alzándose por encima de las murallas, con torres ado- sadas en las esquinas y otra torre más alta, conocida como la del Ángel, adosada en el centro del lado norte, que es el que mira a la ciudad (Véase restitución de la Fig. 107).
Fig. 106. Detalle del asalto de Medina Mayur-
qa en el fresco del Palacio Aguilar de Barcelo-
na. Hacia 1280. Museu Nacional d´Art de Cata-
lunya (Barcelona).
Fig. 107. Restitución, según el autor, de las partes deterioradas del castillo de La Almu-
daina del fresco del Palacio Aguilar de Barce-
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Además, esta representación es muy similar a la del mismo castillo del plano de la Sèquia de la Vila, de 1330 (Fig. 108), donde hay elementos que parecen repetirse, como algunos de los tejados de cuatro vertientes. Y si lo comparamos con un grabado del s. XIX (Fig. 109), no hay lugar a dudas de hasta qué punto el autor del fresco de Barcelo- na intentó representar un edificio y una ciudad que vio con sus propios ojos31.
Por tanto podemos concluir que a pesar del deterioro y de los convencionalismos de la época, la representación de la ciudad es bastante fidedigna, y que las formas de las casas representadas en este fresco eran
las que realmente existieron. Lo que se corrobora con las fases coetáneas de las casas de pose- sión que hemos estudiado y con algunas de las otras imágenes medievales que ya hemos tratado (Fig. 101, por ejemplo). De hecho, a juzgar por el grabado de la Fig. 110, parece que en el s. XIX todavía se conservaba algu- na de estas torrecillas medievales.
31 Otros autores como Rosselló Bordoy coinciden en la idea de que la representación del castillo es bas-
tante fidedigna, en García-Delgado, C., Las raices de Palma, pág. 29.
Fig. 108. La Almudaina en el plano
de la Sèquia la Vila, 1330. Fig. 109. La Almudaina y parte de la ciudad de Palma, por Louis Philippe Alphonse Bichebois (1801-1850).
Fig. 110. Vista de Palma grabada por Laurens hacia 1840. Téngase en cuenta que como artista romántico, Laurens tendía a exagerar la dimensión vertical de los edificios.
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Pero la idea de que la Ciutat de Mallorca del s. XIII contaba con este tipo de casas nos plantea un dilema: ¿se trata de casas que responden a modelos cristianos que se habrían reconstruido después de la conquista? ¿O por el contrario estamos ante la representación de una ciudad morisca que todavía conservaba la mayor parte de sus estructuras de épo- ca islámica?
La primera opción ha sido defendida por algunos autores que sostienen que el fresco de Barcelona representa una ciudad donde las estructuras islámicas ya se han transformado con elementos cristianos (Barceló Crespí, 1988, pág. 62). Si es así, el castillo, las mura- llas y alguna de las casas con arcos de herradura serían las partes de época islámica, mientras que los elementos cristianos serían las casas con dos plantas, cubiertas de tejas a dos y a cuatro aguas, ventanas geminadas con arcos de medio punto, ventanas cuadra- das, pequeñas aberturas lobuladas.... (Sastre, pág. 44).
En este sentido, sabemos que cuando se pintó el fresco de Barcelona, los cristianos ya habían levantado nuevos barrios en zonas de la ciudad que en época islámica estaban sin ocupar, como la urbanización de la zona de la ribera, en los alrededores de la actual Lonja (Riera, págs. 23-29; Barceló Crespí, 2012, pág. 10).
Pero en la parte antigua de la ciudad, los cambios tendrían que ser superficiales, porque como ya se ha dicho, no se acostumbraba a derribar los edificios para construir nuevos, sino que lo más usual era que poco a poco se fueran modificando aprovechando parte de sus estructuras. Y dado que cuando se pintó el fresco tan solo habían pasado 50 años desde la conquista, cabe suponer que, como plantea Sureda, el caserío de la ciudad to- davía se mantenía enraizado en lo morisco (Sureda, pág. 80).
De hecho, las supuestas casas cristianas del fresco de Barcelona apenas se diferencian de la que tiene tres arcos de herradura, es más, ninguno de los elementos atribuidos a las modificaciones cristianas, como los tejados y las ventanas con arco de medio punto, es ajeno a la tradición constructiva andalusí. Lo mismo podríamos decir sobre las fachadas con tres vanos que aparecen en prácticamente todas las casas, que se asemejan a las composiciones tripartitas que entre los ss. XII y XIII se generalizaron en las ciudades y en la arquitectura culta andalusí.
Incluso si comparamos la Medina Mayurqa del fresco de Barcelona con una imagen actual de la misma Alhambra (Fig. 111), comprobamos que su aspecto es muy similar. Igualmente la podemos comparar con la ciudad de la miniatura 111 de las Cantigas de Santa María de AlfonsoX el Sabio (Fig. 118), cuyas casas tienen la misma composición
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de tres ventanas; los mismos rosetones tetralobulados; las mismas saeteras en el parapeto almenado de las torres y murallas; y un detalle particular más difícil de apreciar, los frisos o cornisas con la parte inferior lobulada que apa- recen en las torres y en una de las casas del fresco de Barcelona (Figs. 112 y 113), así como en otras imágenes ar- quitectónicas del ámbito islámico (Fig. 114).
Ante estas representaciones pictóricas, cobra fuerza la idea de que el fresco de Barcelona realmente representa la Me- dina Mayurqa musulmana, que todavía conservaba la mayor parte de sus es- tructuras sin apenas modificaciones. Del mismo modo encontramos otros indicios de persistencias andalusíes o mudéjares en otras de las imágenes que ya hemos tratado, como la ventana po- lilobulada y los azulejos del suelo de tabla de los Maestros de Castellitx (Fig. 101). Además, si observamos de nuevo algunas reproducciones en color (Figs. 115, 116, 117, 118 y 119), podremos ver los tejados de color azul o verde oscuro, que si bien puede deberse a una convención pictórica, lo cierto es que se asemejan a las tejas vidriadas andalu- síes o mudéjares.
Fig. 111. Vista de La Alhambra, Granada.
Fig. 112. Restitución de las estructuras con frisos lobulados del fresco del Palacio Aguilar de Barce- lona.
Fig. 113. Restitución del detalle de la torre de la Fig. 118.
Fig. 114. Detalle de la miniatura andalusí o magrebí de la Histo-
ria de Bayad y Riyad.
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Fig. 115. Detalle del asalto de Medina Mayurqa, hacia 1280. Museu Nacional d´Art de Catalunya (Barcelona).
Fig. 118. Miniatura 111 de las Cantigas de Santa María, s. XIII. Fig. 116. La Almudaina en el plano de la Sèquia de la Vila, 1330.
Fig. 117. Pintura de una de las tablas del artesonado del castillo de La Almudaina, principios del s. XIV. Palma.
80 Sobre la presencia de lo mudéjar en las casas de posesión de los ss. XIII y XIV.
Hemos visto cómo la iconografía medieval parece indicar que la arquitectura andalusí se conservó durante cierto tiempo, pero el parecido de las formas arquitectónicas represen- tadas en estas pinturas con las primeras casas de posesión nos sitúa ante la perspectiva de un posible componente mudéjar, que habría estado plenamente vigente en la arqui- tectura civil posterior a la conquista cristiana.
En realidad, la presencia de lo mudéjar en el panorama arquitectónico mallorquín del s. XIII y parte del XIV no tendría nada de extraño, teniendo en cuenta que parece que hubo una persistencia de parte de la población anterior a la conquista32, y que como
planteó Galmés (1999), la tradición árabe seguía predominando en muchos otros ámbi- tos de la cultura. En esta misma línea se sitúan autores como Ferrà (2005) o García- Delgado (1998), para quien esta continuidad se dio también en la arquitectura popular de las zonas rurales de la isla. De hecho, no hay duda de que lo morisco estaba implan- tado en las casas de las alquerías, puesto que ya hemos visto cómo la mayor parte de ellas eran albergues sarracenos de carácter popular que se conservaron con pocas modi- ficaciones. Aunque en este momento la cuestión es discernir hasta qué punto las refor- mas que se llevaron a cabo entre los ss. XIII y XIV responden a modelos cristianos tar- do-románicos o están influidas por lo mudéjar.
La idea más aceptada es que tras la conquista y la posterior colonización se fueron im- plantando los modelos tardo-románicos, o del gótico primitivo catalán, de forma paula- tina pero inexorable, de modo que a partir de entonces la presencia de lo islámico en la arquitectura fue siendo cada vez más residual. Sin embargo, la idea de que existió una arquitectura mudéjar durante los primeros años posteriores a la conquista explicaría la continuidad de las técnicas de construcción, de las decoraciones murales enripiadas, de la ordenación simétrica de los vanos, las almenas terminadas en punta de diamante, y