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3. Variable Measurement, Research Design, and Sample Selection

3.2. Research Design

El estudio de la construcción de identidades supone referir al problema de las representaciones sociales, que, como afirma Jodelet “representar es hacer un equivalente”. Moscovici estudió como las personas construyen y son construidas por la realidad social a partir del sentido común que se encuentra compuesto por representaciones y cogniciones producidas en las interacciones sociales, así como también por creencias construidas individualmente. Es un producto de los intercambios cotidianos y no está determinado por la claridad de las percepciones o la exactitud de inferencias racionales sino por el significado que los sujetos y los grupos confieren a las cosas (Moscovici, 2001).

El sentido común es nuestro bagaje de conocimientos disponible espontáneamente. El cual es usado frecuentemente sin pensar y se encuentra sujeto a nuestras prácticas cotidianas. El conocimiento del sentido común es conocimiento social porque está socialmente elaborado. Incluye contenidos cognitivos, afectivos y simbólicos que tienen una función no solo en ciertas orientaciones de las conductas de las personas en su vida cotidiana, sino también en las formas de organización y comunicación que poseen tanto en sus relaciones interindividuales como entre los grupos sociales en que se desarrollan.

Los conceptos de Moscovici parten de los postulados de Berger y Luckmann, que plantean que la construcción social de la realidad se sustenta en la tendencia fenomenológica de las personas a considerar los procesos subjetivos como realidades objetivas. Las personas aprehenden la vida cotidiana como una realidad ordenada, es

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decir, perciben la realidad como independiente de su propia aprehensión, apareciendo ante ellas objetivada y como algo que se les impone. El mundo de la vida cotidiana es aquel que se da por establecido como realidad. El sentido común que lo constituye se presenta como la “realidad por excelencia”, logrando de esta manera imponerse sobre la conciencia de las personas pues se les presenta como una realidad ordenada, objetivada y ontogenizada (Berger & Luckmann, 1991). De lo que reconocemos que la construcción de las representaciones sociales conjuga no solo lo individual y lo cognitivo, sino también lo social para explicar de qué manera las personas construyen y significan su mundo, donde el lenguaje es un factor fundamental. A través de las representaciones sociales lo que se busca es detectar la ideología, normas, valores de las personas e instituciones y grupos de pertenencia y referencia.

Para el caso que nos ocupa en este estudio, procuramos reconocer los procesos de construcción de representaciones de los ex empleados de la empresa estatal YPF, partiendo de supuestos que a pesar de haber desaparecido la empresa como tal y el espacio donde se conjugaban estas visiones y representaciones compartidas, aún subsiste una visión común, y no solo aquellas ancladas al pasado, a la vieja comunidad, sino también a sus aspiraciones futuras, a su inscripción social como sujetos colectivos con demandas y proyectos particulares y colectivos como ex ypefianos. La teoría de las representaciones sociales es muy fructífera para el análisis de las interacciones sociales que se desarrollaron al interior de mundo del trabajo y la vida cotidiana en estas experiencias.

En el sentido buscado en nuestro estudio, es de gran utilidad el conjunto de planteos de Sergei Moscovici, para quien el proceso no es diádico, sino tríadico, y en él se conjugan no solo el sujeto, el objeto (la representación), sino los “alter”, los otros, el papel que lo social juega en este proceso. Así, esta visión nos permite interpretar el conjunto de vivencias y experiencias que tenemos frente a nosotros. La representación social es, a la vez, pensamiento constituido y pensamiento constituyente. En tanto que pensamiento constituido, se transforma efectivamente en productos que intervienen en la vida social como estructuras preformadas a partir de las cuales se interpreta, por ejemplo, la realidad. Estos productos reflejan en su contenido sus propias condiciones de producción, y es así como nos informan sobre los rasgos de la sociedad en las que se han formado. En tanto

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que pensamiento constituyente, las representaciones no solo reflejan la realidad sino que intervienen en su elaboración. La representación social constituye en parte el objeto que representa. No es el reflejo interior, es decir, situado en la cabeza de los sujetos, de una realidad exterior, sino que es un factor constitutivo de la propia realidad.

La representación social es un proceso de construcción de la realidad y debemos entender esta afirmación en un doble sentido: primero, en el sentido de que las representaciones sociales forman parte de la realidad social, y contribuyen pues a configurarla como parte sustancial de la realidad y producen en ella una serie de efectos específicos. Segundo, en el sentido de que las representaciones sociales contribuyen a construir el objeto del cual son una representación. Es porque la representación social construye en parte su objeto por lo cual este objeto es, en parte, realmente tal y como aparece a través de su representación social (Ibáñez, 1988).

En síntesis, las representaciones sociales son conjuntos dinámicos, su característica es la producción de comportamientos y de relaciones con el medio, en una acción que modifica a ambos y no una reproducción de esos comportamientos o de estas relaciones, ni una reacción a un estímulo exterior dado (Moscovici, 1979). Conocer o establecer una representación social implica determinar qué se sabe (información), qué se cree o cómo se interpreta (campo de la interpretación) y qué se hace o cómo se actúa (actitud). Estas tres dimensiones forman un conjunto que tan solo puede escindirse para satisfacer las exigencias del análisis conceptual. Por ello, la persona no puede pensarse independiente de un grupo social en el que está inmerso.

36 CAPÍTULO III. DEFINICIONES METODOLÓGICAS

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