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Se han señalado anteriormente los problemas derivados de que la teoría psicoanalítica haya logrado ser más una concepción psicopato­ lógica que una teoría de la salud. En términos muy generales, una teoría de la neurosis con dificultades para constituir una teoría de la personalidad. Dificultades que se expresan en obstáculos teóricos múltiples: desequilibrios dados por una facilitación para detectar aspectos negativos del desarrollo o situaciones psicodinámicas des­ tructivas antes que las respuestas constructivas a esas situaciones y sus mecanismos (17); también para detectar antes lo repetitivo de la conducta que lo adaptativo capaz de producir novedad, cambio; desde otro ángulo, por el hecho de que en la teoría psicoanalítica está casi unilateralmente enfatizado el componente adaptativo defensivo de la conducta, mientras otros procesos adaptativos, relacionados con manejo de realidad y capacidades independientes de impulsos y defensas, no tienen más que un lugar virtual.

implícitos de la personalidad en los que los componentes de salud y enfermedad, el balance entre interferencias, distorsiones y capacida­ des encuentran la ocasión de un mayor equilibrio en una perspectiva integradora. Tanto en sus formulaciones diagnósticas como en sus operaciones concretas, es evidente que el trabajo psicoterapéutico con el paciente, susceptible de inserción en contextos múltiples, incorporando el grupo familiar, su ocupación, recursos recreativos roles comunitarios, está utilizando modelos de enfermedad y de curación que desbordan (aunque no siempre necesariamente contra­ dicen) los modelos psicoanalíticos correspondientes.

Tomando una de estas facetas: la incorporación progresiva del enfoque interaccional en las psicoterapias va paralelamente am­ pliando su horizonte teórico, psicopatológico y terapéutico; se produ­ ce todo un pasaje que entraña una mutación teórica, cuyo movimien­ to ha sido destacado por Sluzki (14):

Cuando para el estudio de las conductas humanas, se desplaza el énfasis de las intenciones a los efectos, se opera una modificación cualitativa que afecta totalmente la visión del mundo de quien la lleva a cabo. Se pasa de una perspectiva fundamentalmente retrospectiva, introspectiva, explicada con frecuencia mediante laberintos de cons­ trucciones hipotéticas y con todo empañada a veces por un causalismo lineal, a una predominantemente predictiva, centrada en observables consensuales, rigurosa, y más cercana a lo experimental.Y cuando se pone el acento en los fenómenos interaccionales en lugar de los intrapsíquicos, o más bien, cuando se concilian y complementan ambas aproximaciones, se expande drásticamente la comprensión de la conducta humana; la psicología y psicopatología trad,icionales pasan a ser una suerte de anatomía descriptiva que puede dar cuenta de elementos y de sus relaciones pero que malamente sirve para describir y explicar el proceso de la conducta del hombre."

En la discusión de un modelo teórico de foco psicoterapéutico (cf. capítulo 8 ) se ha subrayado la necesidad de asentar la comprensión diagnóstica Y, las operaciones terapéuticas en una delimitación de

�ituaciones.

Estas se articulan según una pluralidad de determina­ ciones enmarcadas en una teoría antropológica totalizadora. En el seno de situaciones así estructuradas, los aportes psicoanalíticos, destacando dinamismos intrapersonales, y su juego en el nivel de vínculos interpersonales, iluminan sólo algunas de las vetas consti­ Lutivas. Entendiendo que ha sido desde esta perspectiva que ha podido plantearse desde el psicoanálisis mismo que las psicoterapias configuran "un campo teórico más inclusivo"[Spurgeon English cita­ do por Wallerstein (16)]. Por estas razones la propuesta de convertir

a la teoría psicoanalítica en

la teor(a

base de todas las demás formas de psicoterapia, es actualmente cuestionable. Sigue en cambio vigen· te el hecho de constituir una de las teorías de importancia para el sustento de este amplio campo teórico y técnico.

Desde el punto de vista técnico también las limitaciones del aporte psicoanalítico deben ser identificadas.En psicoterapias breves, por ejemplo, lo esencial del proceso no puede comprenderse en términos de desarrollo de la transferencia, ni de elaboración, ni de duelo por el alta precoz. La interpretación no es el instrumento privilegiado de cambio, sino uno de muchos. La relación terapéutica definida como relación de trabajo contiene una serie de ingredientes ajenos al vínculo específico de la "relación analítica" (realidad del terapeuta como persona, y "personificación" del vínculo, manejo flexible de la directividad, no exclusión de vínculos extraterapéuticos) e incluy otros recursos, distintos de la relación terapéutica (familiares, insti tucionales, comunitarios). La mejoría no se define por los parámetros que emplearía un analista para evaluar la marcha del proceso.

Es claro entonces que, si se trata de técnicas diferentes asentadas sobre pilares teóricos distintos acerca del proceso y de los mecanis· mos del cambio, no pueda darse fácilmente el "préstamo" de una a otra de recursos técnicos aislados. El

problema de las extrapolacio·

nes

queda a la vista, y es en la práctica de las psicoterapias problema de cierta magnitud, en la medida en que pesa sobre gran parte de los terapeutas ese aprendizaje del oficio vinculado por muchas vías a la formación psicoanalítica. Bleger (3) destacaba el problema: "Gran proporción de los que hemos atravesado por una formación psicoana· lítica nos encontramos al cabo de la misma con grandes resistencias y dificultades para encarar técnicas breves, que consideramos inclu· sive, con o sin razón, como actividad en cierta medida subalterna o colateral a lo que es 'lo principal'". Y Oremland

(1)

lo sintetiza así:

"Siento, en efecto, que no hago una buena tarea cuando no hago psicoanálisis".

De modo que las extrapolaciones contienen una mezcla de rechazo por la psicoterapia distinta del psicoanálisis, un desconocimiento -vinculado entre otras razones a ese rechazo- del nuevo campo técnico y un deseo persistente de introducir la técnica valorada dentro de la que se considera subalterna. No sorprende en consecuen• cia que las

extrapolaciones técnicas

del psicoanálisis en otras psico• terapias comprendan un vasto repertorio. Señalaré las que se desta· can por su frecuencia:

1) "Conductas de anonimato", asentadas en actitudes de rigidez corporal, autocontrol, falta de espontaneidad, distancia afectiva; y

también contenidas en evasivas frente a la posibilidad de mostrar aspectos personales o profesionales que interesen al paciente, y en la respuesta a sus preguntas con preguntas o con interpretaciones, y no

primordialmente con explicitaciones. ·

2) Interés centrado sobre los aspectos enfermos e infantiles del paciente, soslayando el juego de sus contradicciones con otros más sanos y más adultos. Este desequilibrio de enfoque no sólo es en principio iatrógeno para el paciente, además conduce a conflictos del propio terapeuta porque con todo este subrayado de la enfermedad y la regresión es imposible aceptar altas en lapsos breves ni modera­ dos: toda separación será vivida como deserción o fracaso terapéutico, y la recaída lo único esperable. Esta óptica hace además que si es el paciente quien deba darse el alta, en base a sentir cabalmente que ciertos logros para él significativos se han cumplido, lo haga con culpa persecutoria frente al terapeuta, cuya disconformidad percibe clara­ mente.

3)

Énfasis en el señalamiento de las transferencias en desmedro de otros aspectos de conducta relacional no transferencia!, particular­ mente de lo nuevo, de lo que se vive por vez primera en la relación terapéutica. El hincapié puesto en lo repetitivo puede desalentar todo el esfuerzo del paciente orientado hacia la construcción de relaciones diferentes, cuya originalidad intente afirmar a pesar de todo lo que en él titenda a producir repeticiones.

4) Excesiva jerarquización de las interpretaciones como si fueran

el instrumento de cambio y no uno de los muchos que componen el arsenal del terapeuta. Esto conduce a que si el terapeuta no logra interpretar no quede tranquilo; a que si no puede modificar las interpretaciones del paciente también quede incómodo. A que si tiene que dar un consejo o emitir una directiva se sienta transgrediendo alguna supuesta prohibición de hacerlo. A que si se le ocurre sugerir un libro o una película se crea degradando "la técnica".

5)

Tendencia a la pasividad, que puede tomar las formas del silencio como estado natural (ajeno a las necesidades de una relación coloquial), el dejar siempre la iniciativa al paciente (jugando siempre el terapeuta "de rebote"), una general displicencia en cuanto al curso, intensidad, ritmo del proceso terapéutico, convirtiendo cada uno de estos aspectos no en problema-tarea del vínculo sino en cuestiones del paciente, una delegación oscuramente ligada a cierta idea de moda­ lidades-de-despliegue-individual para las cuales el terapeuta enten­ dería que su rol es meramente ofrecer un marco.

Sobre toda esta problemática de las extrapolaciones de una a otra técnica, Zetzel (16) ha formulado esta advertencia:

Es importante que ningún terapeuta, sea analista o no, parta de supuesto de que cuanto más cerca esté la técnica usada por terapeuta de la del psicoanálisis tradicional, mejor será la terapia Este supuesto ha llevado a algunos de los más serios fracasos terapéu•

ticos que he encontrado como supervisora. Quizá debamos aprende que la psicoterapia más científica para ciertos estados es la que difie en forma muy radical de la técnica del psicoanálisis tradicional. Ilustrando los vicios de una conducta extrapoladora, J ay Haley (9 ha reunido un conjunto de

fórmulas infalibles para fracasar como

terapeuta.

Entre otras:

Sea pasivo, silencioso, pensativo, desconfiado... insista en que problema que trae el paciente no es lo importante, desprécielo com mero síntoma, y trate de hablar de otras cosas ... sugiera que si síntoma se alivia fácilmente otras cosas peores van a suceder .. aférrese a un método y considere intratable a todo paciente que n responda a él... no se preocupe por tener teoría del proceso en psicot rapia, man téngala ambigua ... insista en que sólo años de tratamient pueden producir algún cambio y asuste al paciente que mejore espon táneamente hablando de patología subyacente ... no tenga en cuenta su mundo real, actual, dedíquese a exaltar temprana infancia, fantasía y dinamismos inlernos ... no se preocupe por formular objetivos del

tratamiento y olvídese de evaluar resultados."

En los capítulos precedentes se ha intentado precisar numerosa diferencias teóricas y técnicas entre ambos enfoques; aunque mucho aspectos del campo de las psicoterapias están en desarrollo, hay ya u buen número de cuestiones en las cuales el panorama se va haciend claro. Los conceptos vinculados a relación de trabajo, foco, activació del yo en psicoterapia, relaciones entre cambios y condiciones de vida necesidades de una planificación estratégica, cuentan con suficiente fundamentos como para que toda extrapolación resulte finalment cuestión de ignorancia. Esto no niega la necesidad de emplear en la psicoterapias ciertos recursos técnicos propios del psicoanálisis (e silencio atento del terapeuta, el empleo de asociaciones libres, e señalamiento o la interpretación transferencia}). Pero se trata en ton ces de un empleo discriminado, adecuado al contexto de esta otr técnica, susceptible de fundamentación, en lugar de constituirlos en constantes, en postura técnica de base.

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