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Research Type: Efficacy Study

1. Origen judío de la secta de los ofitas.

(Véase lámina I.)

La doctrina de los ofitas, adoradores de la serpiente, es, corno el gnosticismo, hija de la Kabala judía. Los judíos de la Kabala, apóstatas de la verdadera doctrina revelada, habíanse rebelado lógicamente contra Jehovah, sometiéndose al yugo de Lucifer, enemigo de Dios. No queriendo adorar a Dios, comenzaron a adorar a Satán, siguiendo el ejemplo de los pueblos idólatras de su tiempo.

El espíritu humano, una vez extraviado, siempre trata de explicar las verdades que conoce según las exigencias de su idea preconcebida o según los deseos de sus pasiones. Es raro sin embargo que haya llegado a dar a Lucifer el nombre de Dios y a Dios el de Lucifer sin ruborizarse.

Este caso se da, entre otros, en la secta de los ofitas, precursores de los masones, adoradores de Lucifer bajo la forma de serpiente.

Aparte del número mágico de once, los términos hebraicos de Akhamoth, las Sabidurías, y de Jaldabaot, jefe de la milicia celeste, demuestran suficientemente el origen judío de esta secta, que, por supuesto, no era sino una forma derivada de los principios judaico-gnósticos, destinados a los sectarios más osados; como en nuestros tiempos la masonería forestal, y la Orden de los Jueces, Filósofos y Grandes Comandantes

desconocidos124 son reputados como los más ardientes y avanzados entre los «Maestres y los «Kadosch».

2. El número treinta y tres en la doctrina de los ofitas.

El primer principio, el Ser supremo del que todo deriva es, como para los valentinianos el Bythos, la Profundidad a quien llaman también, con Zoroastro, la Kabala, el Hermetismo y los Gnósticos, la Fuente de la

Luz.

De (I) Bythos emana (II) Ennoia, el Pensamiento, y del pensamiento (III) Pneuma, el Espíritu, principio femenino, madre de toda vida y luz de lo alto125. A este último principio está subordinado otro

principio eterno, (IV) Hyle, la Materia; que se descompone en (V) AGUA; (VI) Tinieblas; (VII) y Abismo;

(VIII), Caos.

Los dos primeros seres, arrebatados por la belleza de la Sabiduría eterna; Sophia, se unieron a ella, se fecundaron en la luz divina y alumbraron a dos nuevos seres: uno, varón y perfecto (IX) el Cristo divino el cual engendra (X) la Santa Iglesia, y el otro, hembra e imperfecto, (XI) Sophia Akhamoth prouneikos, la Sabiduría de las sabidurías que precede al antagonismo (Entre el Bien y el Mal). Es imperfecta porque ella no recibió más que la porción sobrante del rocío de la luz (ikmas tou photos) por lo cual es un germen imperfecto de la vida eterna.

El Pneuma, sabiduría de lo alto, debía realizar la idea creadora en el mundo celeste; y la Akhamoth, Sabiduría que precede a la lucha, en la esfera terrestre.

En tanto que el Cristo, semejante a su madre Pneuma, se eleva a la luz primordial y forma con los primeros principios Ennoia y Hyle, la Santa Iglesia, prototipo de la Iglesia de los Pneumáticos, Sophia

Akhamoth pone en movimiento al Caos que planeó, libre por primera vez, sobre el agua. Así atrajo toda la

materia, se obscureció con tal visión y, arrancada al reino de la luz, perdió la conciencia de su alto origen y del reino de que había salido.

Otra vez se reproduce el Ensoph de la Kabala con los diez Sephiroth. El Bythos representa la divina naturaleza inefable; Ennoia, al Dios Padre; Christos, al hijo y Pmeuma al Espíritu Santo. Los siete ángeles que hay ante el trono del Señor, se convierten en la Iglesia celeste, la Sabiduría imperfecta, la Materia y sus cuatro divisiones. ¡Aberración siempre creciente!

Sigamos a los ofitas al segundo de sus mundos, «El aire del centro», según los Vedas, en el que se reproduce el número once.

Sophia Akhamoth, que conservó en su caída un fondo de luz divina, olvidó en su decadencia todo lo que era superior, y se imaginó que ella era la Potencia suprema. Para ejercer su virtud creadora, engendró (I), al

124 L. Taxil: Le Culte da Grond Architecte, p. 211, 233. 125 Wetzer et Welte: Encyclopédie: Ophites.

Demiurgo Jaldabaoth-Jal, jefe supremo de Zabaotb, la milicia celeste. Este es el Dios de los judíos, el Jehovah de la Biblia.

Este Demiurgo, naturaleza perversa y dominadora, quiso asimismo separarse de todo cuanto le era superior, independizarse de su madre Akhamoth y hacerse pasar por el Dios supremo. A este fin creó un ángel a imagen y semejanza suya, éste Creó otro, y así sucesivamente, hasta completar el número de seis (I más VI = VII), es decir, los Siete Príncipes de los Planetas. Estos, a su vez, crearon al hombre (IX) masa informe, rampando sobre la tierra, a quien Jaldabaoth comunicó el alma. A este efecto, un rayo de luz que, por disposición secreta de su madre, Akhamoth, se transmitió de su ser a la naturaleza del hombre.

El hombre atrajo a sí toda la luz de la creación, y pronto presentó, no la imagen de su creador, Jaldabaoth, sino la de Dios supremo.

Ante esto, el Demiurgo lanzó terribles miradas sobre el fondo mismo de la materia, donde se reflejó su imagen, y de donde nació un ser pleno de odio, de maldad y de envidia (VIII) Satán, ophio-morfos, bajo forma de serpiente o el pérfido Nos, parecido al Ahrimane persa. El Demiurgo, llevado de su cólera, produjo también (X) a la mujer y a las otras existencias terrestres con el fin de tener al hombre cautivo en esta esfera grosera e ínfima. También le prohibió, a fin de arrancarle a la Sabiduría, Akhamoth toda otra relación con el mundo superior, comer del árbol de la ciencia. Pero la Sabiduría envió en su socorro (XI) al genio Ophis, la serpiente, que persuadió al hombre para que comiera de dicho árbol. De tal modo, el hombre llegó al conocimiento de su origen y de su alto destino.

Veamos ahora la tercera parte del drama de los ofitas.

La primera pareja humana fué entonces arrojada por Jaldabaoth de la región etérea del paraíso, donde vivían los cuerpos etéreos, a la tierra tenebrosa, y encerrados en cuerpo opaco y terrestres. Durante este tiempo, la Sabiduría divina había retirado la semilla divina de la luz al Demiurgo y había distribuido sus rayos a los hombres (I). El espíritu Ophis había caído con el hombre y se había matarializado en su caída, tomando la forma de un Satán en pequeño, una copia reducida del Gran Diablo Ophiomorfos. Por un sentimiento de orgullo, de celos y de venganza hacia los hombres que habían motivado su caída, engendró seis espíritus, constituyendo con ellos (I VI = VII) los siete espíritus gobernadores de la tierra y del mundo material, hostiles desde entonces a la raza humana. Jaldabaoth, por su parte, buscó el modo de dificultar el libre uso de la luz divina por el hombre. Aunque consiguió triunfar en la mayor parte de los casos, la Sabiduría supo conservar cierto número de elegidos que guardaron la simiente de la luz divina.

Finalmente, la Sabiduría, Alkhamoth recorrió a su madre Pneuma, y, a petición de ésta, el Dios Supremo envió a Cristo en socorro de los hombres. Jaldabaoth que hizo nacer a Jesús (XI) de una Virgen, se unió a él en el momento de su bautismo, en el río Jordán. Entonces, Jesús-Cristo, obró milagros en el mundo, y anunció al Dios desconocido. Jaldabaoth, engañado, hizo crucificar a Jesús-Cristo por los judíos. La Sabiduría y Cristo, resucitaron a Jesús, y le dieron un cuerpo etéreo. Jesús comunicó su ciencia a un pequeño número de Elegidos (10), los Pneumáticos, que al fin del mundo entrarán en el Pleroma; los (IX) Psíquicos tendrán un destino parecido al de los Psíquicos del gnosticismo, y los Phísicos irán con Jaldabaoth al Géhenne.

Tras haber demostrado, mediante la simple exposición de la doctrina de los ofitas; el íntimo parentesco de éstos con los gnósticos y las demás doctrinas ya expuestas y la repetición de los números Kabalísticos de once y treinta y tres, añadamos la observación de que algunos de los ofitas consideraban a Ophis como un buen

espíritu, como símbolo de la Sabiduría, y a ésta, en cierto sentido panteísta, como el alma universal extendida

en la humanidad y en toda la naturaleza, de la que todo ha emanado y a la cual todo a de volver una vez purificado. Estos, que eran los ofitas propiamente dichos126, habían introducido un culto a la serpiente

semejante al de Marción. Tenían por hábito alimentar una serpiente viva, que guardaban, en un cofre o cueva detrás de su altar, creyendo que Jesucristo era la serpiente que había tentado a Eva. La hacían lamer, y de este modo consagrar, el pan eucarístico que luego se repartían, tras de lo cual todos besaban a la serpiente127.

Los Sethitas y Cainitas son degeneraciones de los ofitas. Los Sethitas dicen que Caín, Abel y Seth, eran los tres troncos de tres razas distintas: los Hílicos, que debían su origen a los malos espíritus; los Psíquicos, que recibieron el ser del Demiurgo, y los Pneumáticos, salidos de una semilla divina derivada de Sophia Akhamoth.

Evidentemente, los Pneumáticos, corresponden al trío intelectual del Hombre primordial kabalístico, los Psíquicos al trío moral, y los físicos al triángulo inferior de este personaje imaginario, que cubre la parte física.

Los Cainitas enseñan la existencia de dos fuerzas, una superior, Sophia, y otra inferior, Hystera (úterus, vulva). Eva tuvo a Caín de la Sophia celeste, y a Abel de la Hystera. La Sophia había tomado bajo

126 Wetzer et Welte: Encyclopédie: Ophites. 127 Agustín: de Hieres., c. VII.

especial protección a Caín, a quien había dotado de una ciencia superior, de suerte que, siendo el más fuerte, mató a Abel; más débil y favorecido por Hystera. Así extendieron el culto a Caín, a Cam, a los Sodomitas, y, en general, a todos los personajes reprobados por el Antiguo Testamento, hasta dieron culto a Judas Iscariote, como naturalezas pneumáticas, perpetuamente atacadas por el mal Demiurgo, siempre protegidas por la buena Sophia y transformados en otros tantos eones, modelos de la humanidad128.

Las prácticas y creencias de los ofitas, han tenido sus modelos en la antigüedad, pues Satán ha creído en todo tiempo que debía perpetuar la memoria de su victoria sobre Eva y celebrar su triunfo con un honor especial atribuido a la Serpiente que es, por su naturaleza, digna representante de la malicia del Demonio.

3. La demonolatría de los Ophitas en la Masonería.

Paul Rosen incluye en su libro «Satán» una lámina que representa el sistema combinado de las iniciaciones antiguas y modernas. La serpiente se encuentra en forma de círculo en el centro del cuadro, en la gloria que emana del triángulo. Esta es la divinidad eterna. Sobre el círculo hay dos larvas macho, y dos «Cámaras del Centro», emblemas del desarrollo eterno por medio de la generación. Luego, viene una serpiente fecundando con su aliento a una mujer: Lucifer fecundando a Eva, y engendrando en ella a Caín. Otras seis representaciones muestran a la serpiente de Osiris, a la serpiente del paraíso envolviendo el árbol de la ciencia del Bien y del Mal y mordiendo una manzana; la serpiente Knaphis, dios de Elefantina, isla del Nilo; el Python de la mitología griega; la serpiente india y la serpiente de bronce de los israelitas —todas ellas marchando sobre la cola, según la antigua fábula, que dice que la maldición de Dios: «Te arrastrarás sobre el vientre»,5 implica

que la serpiente marchaba antes sobre la cola y no acepta tal castigo.

Veamos ahora la enseñanza que el «Muy Respetable» da en el grado 3°, al neófito de la maestranza: «Voy a hacerte conocer al héroe del drama simbólico, en el que acabas de tomar una parte activa; me refiero a nuestro maestro Hiram... Su pasado era un misterio. Enviado al rey Salomón por el rey de los tirios, adoradores de Moloch, este personaje, tan extraño como sublime, supo, desde su llegada, imponerse a todos. Su genio audaz le colocaba por encima de los demás hombres; su espíritu escapaba a la humanidad, y todos se inclinaban ante su voluntad y ante la misteriosa influencia de aquel a quien se llamaba el maestro... La bondad y la tristeza estaban pintadas en su rostro ensombrecido y su amplia frente —escúchame bien, Hermano mío— reflejaba a la vez al espíritu de la Luz y al Genio de las Tinieblas...»

El «venerable Orador» continúa: «Nadie sabía la patria ni el origen de este sombrío personaje, a quien su genio elevó por encima de todos los demás hombres y que despreciaba a la multitud vulgar. Pero aquel que vino como extranjero en medio de los hijos de Adán no era, efectivamente, un descendiente del primer

hombre. Si su primera madre era también la de él, Adán solo fue el alimentador de Caín.

«Escucha bien, Hermano mío, la genealogía de Hiram, él verdadero fundador de la Masonería, y comprenderás que los hijos de Hiram forman en la sociedad humana una raza de selección. Remontémonos a los primeros días del mundo, a la época en que Adán y Eva estaban todavía en el paraíso. Eblis129, el Ángel de la

luz, no pudo ver la belleza de la primera mujer sin codiciarla. ¿Podía Eva resistir al amor de un Ángel?... Caín nació de aquella unión. Su alma, chispa del Ángel de la luz, Espíritu del Fuego, le elevaba infinitamente por

encima de Abel, él hijo de Adán. Pero Dios, celoso del genio comunicado por Eblis a Caín, desterró a Adán y Eva del Paraíso, para castigarlos, así como a su descendencia, por la debilidad de Eva.

«Adán y Eva detestaban a Caín, causa involuntaria de aquella sentencia inicua. Incluso la madre dirigía todos sus afectos hacia Abel. En cuanto a éste, ensoberbecido por esta injusta preferencia» correspondía con el desprecio al amor fraternal de Abel. Una prueba aún más cruel debía soportar el noble hijo de Eblis. Aclinia, la primera hija de Adán y Eva, unida a Caín por un profundo afecto y mutua ternura, fué dada por esposa a Abel, por voluntad de Jehovah Adonai. Este Dios celoso había amasado barro para hacer a Adán, y le había dado un alma servil; ¡por ello, temía al alma libre de Caín!....

«Impulsado por la injusticia de Dios, la de Adán y la de Eva, Caín mató al mal hermano. Adonai, ese Dios que tantos seres ahogaría en el diluvio universal, hizo de la muerte de Abel un crimen indigno de perdón.

«Sin embargo, Caín, para redimir su taita excusable, cometida en un momento de legítima cólera, puso al servicio de los hijos del barro aquella alma superior que procedía del Ángel de la luz, Eblis. Les enseñó a cultivar la tierra; Henoch, su hijo, les inició en la vida moral; Mathusael les enseñó la escritura; Lamech les dio el ejemplo de la poligamia; Tubalcain, su hijo, halló el arte de trabajar los metales, perfeccionó sus

128 Wetzer et Welte: O. c: cainittes.

129 Corrupción de diabolos es un nombre de Satán; es exactamente el nombre bajo el cual los mahometanos designan al

descubrimientos y los propagó en bien de los hombres. Nohema, que conoció carnalmente a su padre Tu- balcain, les enseñó el arte de hilar y hacer telas para vestirse130.

«Fue Hiram, el descendiente de Eblis, de Mathusael, de Lamech, de Tubalcain y de Nohema, quien empleó todo su genio en la construcción de ese templo que el orgullo de Salomón elevó a este Adonaí, al Dios implacable cuyo odio persigue, a lo largo de los siglos, a los descendientes de Caín, generación tras generación...»

El Ángel de la Luz, la serpiente, se llama también Abaddon, y este es el nombre que San Juan le da en el Apocalipsis131.Abad, en hebreo, significa ser exterminado, y Abaddon, perdición, el Exterminador... Bryant132

dice que era un nombre del Dios serpiente y que Hinsius tiene razón al identificarle con la serpiente Python133.

La palabra sagrada del grado 17 es Abaddon. Con toda seguridad que nuestros masones cristianos no se dan cuenta de que son culpables de la más odiosa de todas las idolatrías: la demonolatría.

Estamos en presencia de las antiguas leyendas de los gnósticos y de los ofitas, practicadas en nuestro siglo en las logias de la Masonería. Véase cómo los judíos heterodoxos explican las palabras de Yehovah a la serpiente. «Pondré la enemistad entre tú y la mujer, entre su raza y la tuya»134.

Los masones dirán que no creen en todas estas tonterías. Pero entonces, ¿por qué se prosternan ante la Estrella Flamígera, símbolo de ese Espíritu de la luz, o más bien, del Fuego y del Abismo? ¿Por qué perseveran en tales majaderías, hasta el grado 30, en que los judíos les hacen levantar la mano armada de un puñal contra ese Adonaí injusto y cruel con el Ángel de la Luz?

Los dos ejes sobre los que gira toda la doctrina, moral, teoría y práctica de la Masonería son la adoración de Satán y la del phallus.

4. Apreciación de las doctrinas ofito-masónicas.

¿Nadie nos pedirá una refutación de estas doctrinas tan extrañas como blasfemas, que ponen, con astucia verdaderamente diabólica, a Eblis, Eva, Caín y Adán, alimentador de Caín, en paralelo con el Espíritu Santo, la Santísima Virgen, Jesús y San José? ¿Quién no sabe también que ni la serpiente ni el espíritu creado por Lucifer pudieron fecundar a Eva? La pretendida diferencia de las dos razas no existe más que en sentido espiritual; los hijos de Dios son los que admiten la gracia divina en su corazón y los hijos de los hombres135 los

que la rechazan. Los judíos han falseado el pasaje de las Escrituras que dice: «Pondré enemistades entre tú y la mujer; entre tu raza y la suya»136. Es verdaderamente inconcebible que hombres razonables hayan podido

admitir y propagar la adoración de Satán bajo la forma de serpiente. Y, sin embargo, esta es la más antigua de las idolatrías. Dos acontecimientos llegados a nosotros por la revelación forman la base de todo lo que rela- cionan con la Ophitolatría u Ofiolatría en todos los países, hasta en China: la gran batalla ocurrida en el cielo, entre Satán y San Miguel, concluida con la derrota de Satán, y la tentación de Eva, seguida de la profecía de la derrota de Satán por el hijo de la mujer, el Divino Redentor. Este tema, tan grande como interesante, no entra en el cuadro de este esquema. La doctrina de la Masonería debe una gran parte de sus dogmas a las últimas ramificaciones de esta antigua ofitolatría, primera variación del Sabeísmo puro137.

No sabemos de qué asombrarnos más: si de la audacia desvergonzada de Satán, al presentarse al hombre bajo la forma de Serpiente, para pedirle adoración, o de la formidable credulidad de los hombres que admiten como razonables tales aberraciones. Cierto que los masones no besan a la serpiente, pero, ¿no es poco más o menos lo mismo, cuando doblan la rodilla ante la inmunda G del centro de la Estrella Flamígera?138

Queremos creer que nuestros cristianos encadenados a la Masonería practican sus ritos sin comprender ni su sentido ni su importancia. Que reflexionen sobre las palabras de Nuestro Señor Jesucristo a los judíos: «El padre de que sois nacidos es el demonio»139. «Serpientes, raza de víboras, ¿cómo evitaréis el juicio del

130 Tubalcain, es la palabra de «pase» del grado de Maestro en el Rito escocés. 131 Apoc, IX, 11.

132 Mythology; II, p. 202.

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