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preparado para los transgresores, y lo enseña el resto de las Escrituras, así como también enseñan que Dios todo lo sabe de antemano, y por eso desde el principio preparó este fuego eterno para quienes habrían de hacerse transgresores. Ireneo (180 d.C.)

En cambio los que merecieron el castigo irán a él, con el alma y el cuerpo con los cuales se alejaron de la bondad divina. Ireneo (180 d.C.)

Y así, quien conserve el don de la vida y dé gracias a quien se lo ha dado, recibirá en regalo vivir por los siglos de los siglos; mas quien lo rechace, no se muestre agradecido a su Creador por haberlo creado, y no reconozca al que se lo ha dado, se priva a sí mismo de la vida eterna. Ireneo (180 d.C.)

Resucitado y subido al cielo, aguarda a la diestra del Padre el momento por Él fijado para juzgar a todos sus enemigos que a Él habían de ser sometidos. Los enemigos son todos los que fueron hallados en rebelión: ángeles, arcángeles, principados, tronos, que menosprecian la verdad.Ireneo (180 d.C.)

(Cristo) de nuevo vendrá en la gloria como salvador de todos los que se salvan y como juez de los que son juzgados, para enviar al fuego eterno a quienes desfiguran su verdad y desprecian a su Padre y su venida. Ireneo (180 d.C.)

El fuego eterno no fue en un principio preparado para el ser humano, sino para aquel que lo sedujo y lo arrastró al pecado; es decir, para el “príncipe de la apostasía” (o sea de “la separación”) y para los ángeles que apostataron junto con él. Y justamente también recibirán este castigo quienes, de modo semejante a ellos, perseveren en las obras del mal, sin conversión y arrepentimiento. Ireneo (180 d.C.)

El día del Señor es como un horno ardiente, y los pecadores serán como paja que arderá el día que está por venir. Ireneo (180 d.C.)

Y como entonces los injustos, idólatras y fornicarios perdieron la vida, así también ahora el Señor predicó que enviará a los tales al fuego eterno.

Ireneo (180 d.C.)

En ambos testamentos se trata de la misma justicia en el juicio de Dios; sólo se diferencian en que, en el primero, se expresa en figura, de modo temporal y más limitado, y en el segundo de manera real, verdadero, para siempre y con precisión; pues el fuego es eterno, y del cielo se ha de revelar la ira de Dios “lejos de la presencia del Señor,” como dice David: “El rostro del Señor se vuelve a los que hacen el mal para borrar de la tierra su recuerdo.” El castigo

será mayor para los que caen en su justicia… de esta manera se amplió también el castigo de aquellos que no creen en la Palabra de Dios, que desprecian su venida y se vuelven atrás, pues ya no será temporal sino eterno. A tales personas el Señor dirá: “Apártanse de mí, malditos, al fuego eterno,” y serán para siempre condenados. Pero también dirá a los otros: “Vengan, benditos de mi Padre, reciban en herencia el reino preparado para ustedes desde siempre.” Ireneo (180 d.C.)

El Señor cuando para siempre a los que condena y eternamente salva a los que salva. Ireneo (180 d.C.)

El día del juicio universal será más tolerable para los habitantes de Sodoma que para quienes, habiendo visto los milagros que realizaba, no creyeron en él ni recibieron su mensaje. Ireneo (180 d.C.)

Mas también ha preparado el fuego eterno para el diablo, príncipe de la apostasía, y para los ángeles que con él se apartaron. El Señor dice que serán arrojados al fuego aquellos que están a su izquierda. Y lo mismo dice el profeta: “Yo soy un Dios celoso, construyo la paz y condeno el mal.” Construye la paz para quienes se arrepienten y se convierten a El: los llama a la amistad y a la unidad. En cambio prepara el fuego eterno y las tinieblas exteriores, grandes males para quienes caen en ellos, para los rebeldes que huyen de su luz. Ireneo (180 d.C.)

La muerte y el infierno fueron echados al lago de fuego. Ese lago de fuego es la muerte segunda. Lo llamamos gehenna, y el Señor lo describió como “fuego eterno.” Ireneo (180 d.C.)

Habrá una diferencia en la habitación de aquellos que hayan fructificado el ciento por uno, el sesenta o el treinta: unos serán llevados al cielo, otros se detendrán en el paraíso y los terceros habitarán la ciudad. Por eso dijo el Señor que en la casa de su Padre hay muchas moradas. Todo pertenece a Dios, quien prepara a cada cual su habitación adecuada, como dijo su Verbo, que el Padre las distribuye a todos según los méritos de cada uno. Ireneo (180 d.C.)

Les mandó predicar también que al fin del siglo han de resucitar todos los muertos del mundo, reuniéndose las almas a los cuerpos, cuyos méritos se han de recompensar con riguroso examen, premiando a los honradores de Dios con vida eterna, y castigando a los profanos con fuego eterno y continuo. Tertuliano (197 d.C.)

El fuego de los volcanes quema y no gasta, repara destruyendo, pues duran los montes que siempre arden… Esto será, pues, el testimonio de la eternidad del fuego que no se acaba; éste el ejemplo de la conti-

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nua justicia que alimenta la pena. Los montes arden y duran. ¡Qué será de los condenados! ¡Qué de los enemigos de Dios! Tertuliano (197 d.C.)

Nadie, a no ser que sea un sacrílego, puede tener dudas de que quienes desconocen a Dios merecen ser atormentados como impíos e injustos, pues ignorar al Padre y Señor de todas las cosas no es menor crimen que ofenderle. Y sólo el hecho de ignorar a Dios es suficiente para el castigo. Marco Minucio Félix (200 d.C.)

El alma será recompensada de acuerdo a lo que merece. O será destinada a obtener la herencia de la dicha y la vida eterna, si es que sus obras hayan ganado ese premio, o será entregada al fuego y los castigos eternos, si la culpa de sus delitos lo hayan condenado a eso. Orígenes (225 d.C.)

Nosotros tenemos por patria el paraíso, por padres a los patriarcas; ¿por qué, pues, no nos apresuramos y volvemos para ver a nuestra patria y saludar a nuestros padres? Nos esperan allí muchas de nuestras personas queridas, nos echa de menos la numerosa turba de padres, hermanos, hijos, seguros de su salvación, pero preocupados todavía por la nuestra. ¡Qué alegría tan grande para ellos y nosotros llegar a su presencia y abrazarlos, qué placer disfrutar allá del reino del cielo sin temor de morir y qué dicha tan soberana y perpetua con una vida sin fin! Allí el coro glorioso de los apóstoles, allí el grupo de los profetas gozosos, allí la multitud de innumerables mártires que están coronados por los méritos de su lucha y sufrimientos, allí las vírgenes que triunfaron de la concupiscencia de la carne con el vigor de la castidad, allí los galardonados por su misericordia, que hicieron obras buenas, socorriendo a los pobres con limosnas, que, por cumplir los preceptos del Señor, transfirieron sus bienes terrenos a los tesoros del cielo. Corramos, hermanos amadísimos, con insaciable anhelo tras éstos, para estar enseguida con ellos; deseemos llegar pronto a Cristo. Vea Dios estos pensamientos, y que Cristo contemple estos ardientes deseos de nuestro espíritu y fe. Él otorgará mayores favores de su amor a los que tuvieren mayores deseos de Él. Cipriano (250 d.C.)

Él ha preparado el fuego eterno para los espíritus malvados. Los profetas y Cristo mismo amenazaron con ello a los impíos y rebeldes. Lactancio (304-313 d.C.)

VER TAMBIÉN JUICIO FINAL; MUERTOS; RESURRECCIÓN; VIDA PRESENTE Y EL REI- NO CELESTIAL, LA

CELIBATO

Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado. Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba. Mateo 19:11-12

Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo; pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando. 1 Corintios 7:8-9

Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente… Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero. Apocalipsis 14:1, 4

El que es puro en la carne, siga siéndolo, y no se envanezca, sabiendo que es otro el que le concede su continencia. Clemente de Roma (30-100 d.C.)

Si alguno puede permanecer en castidad para honrar la carne del Señor, que lo haga sin jactarse. Si se jacta, está perdido; y si llega a ser conocido más que el obispo, está contaminado. Ignacio (105 d.C.)

Entre nosotros hay muchos y muchas que, hechos discípulos de Cristo desde la niñez, permanecen vírgenes hasta los sesenta y los setenta años, y yo me glorío que se los puedo mostrar de entre toda la raza humana. Justino Mártir (160 d.C.)

Por tanto, no contraemos matrimonio sino para la procreación y educación de los hijos o, si renunciamos a él, vivimos en perpetua continencia. Justino Mártir (160 d.C.)

Y hasta es fácil hallar entre nosotros muchos hombres y mujeres que han llegado célibes (vírgenes) hasta su vejez con la esperanza de alcanzar así una mayor intimidad con Dios. Ahora bien, si el permanecer en virginidad y celibato nos acerca más a Dios, mientras que el mero pensamiento y deseo de unión aparta, si huimos aun de los pensamientos, mucho más rechazaremos las obras. Porque nuestra religión no consiste en cuidados discursos, sino en la demostración y la enseñanza de las obras: o hay que permanecer tal como uno nació, o hay que casarse una sola vez. Atenágoras (175 d.C.)

“Sobre las vírgenes no tengo un precepto del Señor; mas les doy un consejo, como quien ha conseguido la misericordia del Señor, a fin de ser

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CIRCUNCISIÓN