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Graham v. Connor Reasonableness

Chapter 3: Research Method

La evaluación escolar forma parte de la evaluación general y especialmente a partir del inicio de la escuela primaria, donde transcurre gran parte de la vida del niño. En el colegio tiene muchos de sus afectos e intereses y a medida que avanza el desarrollo la relación con los compañeros y los logros escolares van adquiriendo más importancia, pudiendo ser con frecuencia fuente de problemas para el niño. Además, como ya se ha visto, la conducta del niño varía ampliamente en diferentes contextos, también puede ocurrir dentro y fuera del colegio y es fundamental comprobar esta posibilidad. Contar con esta información es esencial y se suele obtener con ayuda del profesor, por medio de cuestionarios, registros o entrevistas.

Toma de contacto

Al comenzar la evaluación conviene enviar al colegio un cuestionario general, sobre las características del niño, su conducta, rendimiento, relaciones con otros niños y profesores, así como posibles dificultades del niño en el aula o en el centro. Junto al cuestionario interesa enviar una carta introductoria, agradeciendo la colaboración del profesor por cumplimentar el cuestionario, el cual será de gran ayuda para completar los datos del niño en la evaluación clínica que se está realizando. Se pide a los padres que lo entreguen al tutor del niño o, en su caso, al profesor que más relación tenga con él, y debe asegurarse de que es una de las personas que conoce bien al niño. Los padres deben dar el consentimiento previo, y haberlo comunicado al profesor, como parte de la evaluación psicológica que se vaya a realizar (véase consentimiento informado en el capítulo 5). En el caso de que sea el psicólogo orientador del centro escolar o de los servicios de la comunidad, deben informar a los padres y recibir su consentimiento para una evaluación formal.

Para guardar la confidencialidad del profesor que informó en el cuestionario no debe constar su nombre en los datos que figuren en el informe que se elabore al final de la evaluación del niño (Monaco et al., 1997; Young y col., 2010). En el cuestionario del profesor se pregunta por áreas generales y por los temas siguientes (Sattler, 2003 y McConaughy, 2005): Saber si el profesor ha detectado un problema. Especificar o describir la conducta o el problema del niño en el colegio. Comportamiento en el aula, recreo. Participación, colaboración en clase, etc. Información de su rendimiento académico, áreas en las que destaca y en las que muestra dificultad; si cumple los objetivos del curso. Nivel de atención. Seguimiento y terminación de los trabajos. Relación social con compañeros y profesores. Estado de ánimo del niño. Perspectiva y apoyo de la familia. Acciones y actitudes que se han llevado a cabo para abordar el problema en el colegio. Dado el escaso tiempo que tienen los profesores, el cuestionario ofrecerá seleccionar respuestas alternativas para economizar tiempo y esfuerzo. También se invita a anotar sus observaciones de forma más amplia, si el profesor lo ve oportuno. Una vez obtenida esta información, el terapeuta la contrasta con la proporcionada por los padres y la observada en las sesiones de evaluación. Con estos datos se puede plantear una entrevista posteriormente de forma más ajustada a los temas que se consideren de mayor relevancia. Para cualquier contacto con otros profesionales del colegio será necesario pedir el consentimiento a los padres. En algunos centros la entrevista se concierta en grupo, con todas o algunas de las

personas implicadas en el tratamiento del niño: el terapeuta, los padres y el orientador del centro, el tutor, el profesor de apoyo (P.T.) y el especialista en lenguaje (A.L).

La entrevista con los profesores es una forma directa de obtener información sobre el niño dentro del colegio. En ella se recaba información relevante para añadir a la evaluación y planificar el tratamiento del niño. La información de los profesores suele ser precisa por la posibilidad de observar al niño en el aula, en su rendimiento académico, sus relaciones sociales y también al contar con la referencia del grupo de compañeros a modo de pauta normativa. El adulto, al distribuir generalmente el control y la atención al grupo de niños y no tanto de forma individual, tiene una visión diferente a la que pueda tener el psicólogo que le evalúa o trata.

Los profesores, en algunos casos, se pueden sentir preocupados por tener que proporcionar opiniones sobre el niño a otro profesional, y con frecuencia se lamentan de no recibir información de la evaluación o tratamiento que lleva el niño fuera del colegio. Si se establece una relación más estrecha entre terapeuta y profesor, se facilita llegar a acuerdos sobre objetivos que se puedan abordar dentro del colegio y en la intervención, lo cual redundará siempre en beneficio del niño.

3.8.1. Habilidades del terapeuta con el profesorado

Para la buena marcha de la interacción con el profesor el terapeuta debe mantener habilidades de comunicación similares a las que se mencionaron en la entrevista con los padres y en las generales de la evaluación. Asimismo, es necesario tener presentes las características del contexto donde se desenvuelve el otro profesional, y las condiciones y objetivos en los que se desarrolla el contacto. La relación que se establezca entre ambos profesionales determinará la posibilidad de cooperar. El clínico debe cuidar aquellos aspectos que se consideran básicos para una relación de colaboración: una buena comunicación, demostrar competencia, habilidades profesionales y respeto por los niños y las familias (Pozo, 2013) (véase, en capítulo 5, relaciones de colaboración).

Aclarar el objetivo de la entrevista

Generalmente es conveniente deshacer prejuicios que puedan existir entre los entrevistados, explicitando la necesidad de coordinarse en cuanto a que el contexto en el que se conoce al niño es diferente y es necesario contrastar la información que cada una de las partes tiene de él. Insistir en la diferente relación que ambos mantienen con el alumno, y en las diferentes circunstancias que influyen al niño según donde se desenvuelve. Los profesionales serán conscientes de que las dos visiones son complementarias y aportan conocimiento sobre la forma de ser del niño y mejoran la perspectiva de ambas partes. El clínico debe reiterar la valiosa información que el profesor tiene del niño, por el tiempo que pasa con él durante el día y a lo largo de todo un curso y en ocasiones permanece durante

dos o tres años. La cotidianeidad de la relación facilita la observación y medición de conductas y puede hacer comparaciones del nivel de desarrollo con el resto de los compañeros (Reeves y Gross, 2005).

Por otra parte, la actitud del terapeuta debe ser de colaboración y comenzar aportando los resultados de la evaluación clínica y plantear la posibilidad de conversar sobre los resultados y el tratamiento. No hay que olvidar que el profesor es un gran aliado de la terapia, ya que puede proporcionar mucho apoyo al niño en su medio natural, en combinación con el terapeuta, y ser una base importante para su recuperación. Los datos de la evaluación sobre las características del niño y sus dificultades pueden complementar la información que tiene el profesor sobre su problema, sus capacidades, conducta, conducta social, etc.

Objetivos de la entrevista

Las entrevistas con los profesores son útiles especialmente cuando se desea entrar en un intercambio de pareceres, donde el profesor proponga sugerencias para ayudar al niño y el clínico aporte también las suyas. La perspectiva del profesor sobre la situación del niño será:

Especificar la descripción de situaciones u observaciones de conductas en realidades concretas dentro del aula. Conocer las intervenciones o estrategias que se están utilizando en el colegio sobre las dificultades del niño y cuál ha sido el resultado. Acordar las actuaciones que se van a llevar a cabo en la escuela y coordinarlas con la terapia. Informar al profesor sobre los resultados de la evaluación clínica, capacidades, puntos fuertes y débiles. Intercambiar criterios sobre los diferentes puntos de vista del problema del niño. Conocer el comportamiento del niño dentro de la escuela en diferentes momentos. Coordinación entre ambos profesionales sobre los aspectos a evaluar en el aula. Tipos de entrevista

Se han elaborado diferentes tipos de entrevistas para los profesores, con el objeto de delimitar de forma precisa los problemas del niño en el colegio. Algunos modelos de entrevista determinan problemas académicos (Shapiro, 2004) (véase en McConaughy, 2005) o identifican problemas de conducta específicos en la escuela (Kratochwill y Shapiro, 2000), y también se pueden utilizar modelos de entrevista semiestructurada para profesores (McConaughy, 2004b).

Estrategias de la entrevista

preferible conversar, en persona, con el profesor tutor y valorar, asimismo, las circunstancias en las que se desenvuelve el niño. En algunos trastornos la observación del niño en el entorno escolar y especialmente en el recreo es básica, ya que es donde se evidencia la capacidad de relación social del niño, sus recursos y su integración en el colegio. En aquellos trastornos relacionados con limitaciones sociales es un dato que aporta información relevante para el diagnóstico (Asperger).

En preescolares es habitualmente el tutor el que comparte todo el tiempo escolar con el niño en el aula. En primaria y secundaria, también está la figura del profesor tutor, que suele tener un nivel de información mayor y conoce más al niño, ya que el resto de los profesores tienden a transmitir y comentar con él las incidencias o temas relevantes del alumno. Sin embargo, en ocasiones también puede ser conveniente tener una entrevista con otro profesor que imparte una asignatura determinada, por su perspectiva concreta o por el tipo de dificultad que muestra el niño en su clase.

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