por una teoría filosófica de base, venga apoyada por actitudes apropiadas frente al material histórico mismo. Lo que hoy se llama bistoncismo, en un sentido peyorativo, expresa así, en primer lugar, un hecho cultural, a saber, el desplazamiento del interés por el cambio frente al sistema, por la diacronia frente a la sincronía. Pero, en segundo lugar, también la decisión —condicionada, a su vez, por otro hecho cultural mayor— de buscar la solución al pro blema de la inteligibilidad del mundo histórico, no ya del lado de la ontologia, sino sobre la base de una reforma de la epistemolo gía. Estos hechos culturales condicionantes, especialmente activos en la obra de Dilthey, son, com o se sabe, por una parte, el gran éxito de la cultura alemana del siglo XIX que fue la apoteosis de la historia (Ranke, Burkhardt, Droysen, etc), y, por otra, el auge del positivism o que impone, com o modelo de toda inteligibilidad, el tipo de explicación empírica dominante en el campo de las cien cias naturales.
La época de Dilthey es, por tanto, a la vez la época del auge de la historia, !a del rechazo del hegelianismo y la de la apología del conocimiento experimental, de modo que no es de extrañar el propósito diltheyano de proporcionar al conocim iento histórico un carácter de cientificidad comparable al que las ciencias de la naturaleza habían conquistado. Porque es en competencia con el positivismo como Dilthey proyectará dotar a las ciencias del espí ritu de una metodología y una epistemología tan respetables y eficaces como las de las ciencias de la naturaleza. Por eso la conse cuencia de este trasfondo condicionante será la oposición, que atraviesa toda la obra de Dilthey, entre explicación de la naturale za y comprensión del espíritu, y que, finalmente, desde el afán por separarla de la explicación naturalista, acabará arrojando la com prensión al conflictivo ámbito de la intuición psicológica.
miento que da Dilthey al problema de la historia de la filosofía. El punto de partida vuelve a ser, para él, la misma antinomia que lo fue para Hegel, a saber, la que se produce entre la pretensión de verdad universal, propia de la filosofía, y la conciencia histórica, que muestra la relatividad de toda construcción humana. A pesar de la multiplicidad de las filosofías, deben poderse encontrar en ellas intenciones comunes, pues la filosofía parece implicar una aspiración a la unidad integral de nuestro conocim iento, de nues tro querer y de nuestra sensibilidad; es esfuerzo por fundar, sobre un conocimiento objetivamente válido, la ley de nuestra acción y la jerarquía de nuestros valores; busca determinar, en virtud de la universalidad de la verdad, el fin de la vida humana y el sentido último de toda manifestación histórica: «La historia de la filosofía nos hace patentes las actitudes de la conciencia ante la realidad, las relaciones reales entre estas actitudes y el desarrollo que así surge. De esta suerte nos ofrece la posibilidad de conocer el lugar históri co de cada una de las manifestaciones de la literatura, de la teolo gía, de la ciencia. La base justa no puede ser establecida más que como método filosófico»4.
Pero si Hegel resuelve esta aporía, identificando la historia de la filosofía con su propio sistema, Dilthey, obligado por la con ciencia histórica, se verá abocado a un circulo en el que, más que reconocer la condición misma de posibilidad del conocimiento histórico, verá un límite irrebasable para la cientifícidad de la his toria. En efecto, según Dilthey, el carácter de verdad de los siste mas debe determinarse mediante la identificación empírica de aspectos comunes o conexiones entre ellos. Pero, para esto, es ne cesario conocer ya de antemano esa verdad que vamos a tratar de
A D i l t h e y ,
W.: «La conciencia histórica
yla concepción del mundo», en
descubrir. Sólo la observación de Gadamer, según la cual «el lla mado sujeto del conocimiento es de la misma naturaleza ontológi ca que el objeto, de tal manera que objeto y sujeto pertenecen al mismo movimiento histórico'»5, parece capaz de explicar la accesi bilidad básica del mundo humano histórico al conocimiento. Pues sólo si se admite la pertenencia básica del sujeto del conocimiento de la historia a su ámbito de objetos, el conocim iento histórico puede aparecer com o autocomprensión, quedando el problema de la sistematización del conocimiento histórico vinculado al de la relación comunicativa de los hombres entre sí, que no sólo es un problema teórico sino, también, práctico.
Lo que impide a Dilthey entender esto así no es otra cosa que el ideal científico propio de la Ilustración, de reminiscencias carte siano-racionalistas, que se introduce en su planteamiento por la competencia del positivismo, y que no entiende el saber y la refle xión desde la pertenencia del sujeto a la historia misma, sino como un movimiento que enfrenta y separa al sujeto de su objeto6, Dilt hey entiende la certeza propia de las ciencias del espíritu como la perfección de la certeza vital de la vivencia psicológica, para lo que hay que poner en duda prejuicios, dogmatismos, etc., hasta llegar a resultados seguros. En Dilthey, ia Ilustración se realiza como ilustración histórica: «El cartesianismo epistemológico, al que Dilthey no logra escapar, acaba por anular en él la peculiaridad autoimplicante del conocimiento histórico»7.
J Ga d a m e r,