• No results found

Objective 6 : To report on the differential effectiveness of the two value change methodologies.

1.9 RESEARCH METHOD

Actualmente se plantea la necesidad de mejorar la productividad de los sectores económicos a fin de elevar el nivel de vida. La productividad está estrechamente relacionada con la eficiencia y el rendimiento (Mariño, 1992), teniendo en cuenta que el hombre es la esencia de la productividad, mientras

que el conocimiento tecnológico es la forma de mejorarla. Su dimensión es total y a largo plazo, y los resultados deben compararse con los beneficios en el sistema global, social y de realización personal (Gómez, 1991). Para generar índices de productividad, esta se define como la relación entre la salida y la entrada de cualquier sistema (Mariño, 1992). Tradicionalmente muchas empresas presionan sobre la salida buscando cantidad sin tener en cuenta la calidad. Definitivamente es más acertado enfatizar en la calidad, ya que esto lleva a que se cometan menos errores, influyendo directamente en los costos y por ende en la productividad.

La combinación adecuada de elementos básicos (mano de obra calificada, buen ambiente de negocios, infraestructura física y mercado de capitales) ge‑ nera la posibilidad de producir eficientemente. Pero esto se logra incorporando tecnología aplicada y su adecuada gestión a los procesos de producción. Ase‑ gurando flujos de conocimiento, capacitación y maquinaria, se pasa a una fase intermedia en la que la eficiencia en la producción más la reducción de costos y las mejoras en la calidad, diseño, materiales, empaque, comercialización, gerencia, etc., hacen más productivo un país de economía emergente. Si se da la combinación de mayor productividad y menores costos de producción se obtiene un nivel suficiente de competitividad (Villamizar y Mondragón, 1996).

Para lograr la competitividad, entendida como la capacidad para mantenerse en un mercado exigente y difícil, en términos de sostener una posición favora‑ ble respecto a los otros competidores y cumpliendo con las expectativas de los clientes, se debe tener una buena administración integrada y coherente de todos los factores empresariales, tecnológicos y productivos. Así mismo, la competiti‑ vidad implica la capacidad para enfrentarse a los retos de internacionalización y globalización de la economía mundial, dentro de unos principios de justicia y uso sostenible de los recursos de medio ambiente (Bernal y Laverde, 1995).

En este sentido, se plantea que un actor del mercado requiere de ventajas competitivas sobre sus competidores para asegurar sus beneficios y mantenerse en el mercado a largo plazo (Porter, 1990). Una ventaja competitiva es cualquier característica de la empresa que la diferencia de la competencia directa dentro de su sector (Escobar, 1997). Sin embargo, para que se mantenga la ventaja competitiva debe construirse a partir del conocimiento científico y tecnológico. Las ventajas comparativas, en cambio, son características fundamentales que poseen intrínsicamente un país o una empresa, y pueden generar beneficios si son bien encauzadas y explotadas. Considerando que son las empresas las que compiten y no las naciones, a las primeras les corresponde crear ventajas competitivas, mientras que el Estado debe generar un ambiente propicio por

4

medio de políticas e incentivos a la innovación y al mejoramiento continuo (Pineda, 1997).

La evolución de la noción de competitividad de aquella que gira alrededor de los costos y las ventajas comparativas, hacia otras que consideran la calidad de los productos y la importancia crucial del entorno, se ha enriquecido en los últimos tiempos y ha permitido avanzar en la comprensión de ambientes más

complejos como los actuales; tal es el caso de la competitividad sistémica,

que tal como lo establece la Organización de Cooperación para el Desarrollo

Económico, OECD, toma en cuentano solo la eficiencia interna de la empresa

sino también el entorno, trascendiendo del concepto de competitividad estructural, en el cual se contemplan solamente elementos medulares como la

innovación, la organización empresarial y lasredes de colaboración (Esser et al.,

1996), dejando de lado la dimensión política en la creación de competitividad. De acuerdo con la Cepal (2001), uno de los elementos distintivos del concepto de competitividad sistémica es la vinculación de los elementos de cuatro diferentes escuelas de pensamiento: (1) la economía de la innovación y las teorías evolutivas, dentro de las líneas de pensamiento de Schumpeter; (2) la escuela postestructuralista con la redefinición del papel del Estado en los procesos de industrialización tardía; (3) la nueva economía institucional, básicamente dentro de los esquemas neoclásicos, con el énfasis en los sistemas de reglas y derechos de propiedad, y (4) la escuela moderna de administración. En el área de las ciencias sociales, la competitividad sistémica también se relaciona con la sociología económica, la sociología industrial, la geografía económica y las ciencias políticas, todas ellas con la noción de redes, elemento central del concepto de competitividad sistémica.

North et al. (2005) presentan un abordaje sistémico de la relación información,

conocimiento, innovación y competitividad, basados en la escalera del saber y su aplicación en el diagnóstico de la condición inteligente en Mipymes de diversos sectores, las cuales a pesar de ser muy dinámicas carecen de sistemas avanzados de gestión. En la escalera del saber se tiene la dimensión informacional que parte del manejo de los símbolos, datos e informaciones hacia la generación de estructuras más complejas de conocimiento y prácticas que sostienen el proceso de innovación, como base de la competitividad sostenible. Los autores mencionan que en Europa son muy recientes las iniciativas para mejorar la gestión de la innovación y del conocimiento como estrategias hacia la competitividad; es más, plantean que la estrategia de innovación predominante se centra en elementos que conforman el capital estructural de la organización; sin embargo, se reconoce que para que la organización sobreviva debe velar

5

por el mantenimiento de la competitividad de sus productos y servicios a través de las nuevas ideas y conocimientos que aporta el capital humano, por tanto la estrategia de innovación también debe tener en cuenta el conocimiento que tiene cada empleado, el papel que juega cada uno de ellos en la empresa y la forma como lo desempeñan.

La capacidad competitiva de las empresas de los diferentes sectores se ve reflejada en el potencial creativo y técnico del talento humano; a pesar de ello, algunos autores plantean que estas presentan deficiencias en aspectos

de gestión básicos (Castellanos et al., 2002b; Murcia, 2004; Pineda, 2004), los

cuales pueden ser superados con la ayuda de las instituciones de apoyo o la

conformación de equipos multidisciplinarios (Aspelund et al., 2005; Colombo y

Grilli, 2005), ya que es a través de la gestión del conocimiento, el fomento de las capacidades de aprendizaje empresariales y la creación de una cultura hacia la valoración de sus activos intelectuales, que se logrará mejorar la competitividad

sistémica de las organizaciones (North et al., 2005).

La importancia de la competitividad a nivel macroeconómico se debe a la influencia que tiene sobre: crecimiento del comercio e inversión exterior, integración de mercados supranacionales, globalización de la competencia, así como la creciente productividad en todos los sectores. En síntesis, para lograr competitividad es necesario ir más allá de la tecnología y la productividad con bajos costos, mejor calidad y más servicios complementarios (Villamizar y Mondragón, 1996), lo cual implica gestionar eficientemente los recursos tangibles e intangibles de los sistemas productivos.