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En la descripción de la virtud, decíamos que se trata de comunicar con los otros a partir del interés y de la preocupación que se muestra por lo que son, por lo que dicen, por lo que hacen, por lo que piensan y por lo que sienten. Sin embargo, no puede manifestarse este interés si no se ha aprendido a expresar verbalmente y también con los gestos. Tampoco se pueden ofrecer los propios pensamientos, etc., de un modo atractivo, sin contar con estas capacidades. En una palabra, se trata de saber preguntar, y de saber informar con gracia sobre temas interesantes. Y creo que es más importante aprender a preguntar que aprender a informar. Aunque evidentemente, tiene que haber un equilibrio.

Para preguntar, de acuerdo con lo que hemos dicho, será necesario conocer a la otra persona en algún grado. Porque si no conocemos algunos datos básicos sobre su profesión, su procedencia, sus intereses, sus hobbies, etc., no será posible preguntar sobre temas en que pueda aportar alguna información interesante. Por ejemplo, si se empieza preguntando a un desconocido sobre su opinión respecto a las ventajas e inconvenientes del mercado común, es posible que no tengan ninguna opinión ni sepa nada del tema. Por eso, las conversaciones entre desconocidos suelen empezar por intercambios de información básica o se discute algún tema conocido por todos, aunque sea de un modo superficial y sin conocimiento de fondo. Me refiero a temas tales como la educación, la política o la vida social y características de la región correspondiente. Si la comunicación versa sobre un tema en que todo el mundo sabe poco, suele ser bastante insatisfactorio. En cambio, si el tema tratado es de la especialidad de una persona puede resultar que termine dando una «conferencia» a los demás.

De estas consideraciones podremos sacar una serie de consecuencias. La sociabilidad supone saber compaginar la atención personalizada, con la que se pretende dejar al otro compartir lo que él sabe, lo que él considera importante personalmente, con la atención al grupo, buscando el modo de recoger opiniones en torno a temas de interés generalizado.

El saber preguntar implica, quizá, pensar en algunas preguntas o temas con anterioridad al encuentro y luego escuchar la contestación, volviendo a preguntar para adelantar en la discusión y expresando la propia opinión con brevedad, en algún momento. En este sentido, ser sociable supone ser genera lista; ser una persona con intereses generales amplios.

Por otra parte, no se debe olvidar de los sentimientos de los demás. No es fácil reconocer cómo reacciona cada persona respecto a la temática que se discute. Sin embargo, la sociabilidad significa preocuparse por sus sentimientos.

Estas capacidades pueden desarrollarse en situaciones familiares, animando a los hijos a preguntarse entre sí cosas interesantes después de un programa de televisión a partir de cualquier suceso conocido por todos. Luego, al venir algún invitado, explicar a los hijos adolescentes quién es y sugerirles preguntas que le pueden hacer. De este modo, el joven ganará en confianza en saber preguntar, y se interesará por los demás, porque consigue que digan cosas interesantes.

Por otra parte, hemos dicho que también se trata de aprender a expresarse personalmente. Es una capacidad poco atendida en los colegios, en general. Los alumnos no suelen tener soltura para expresarse. Las causas de esta situación son múltiples. Entre ellas, la insistencia en la memorización de conocimientos sin estimular el pensamiento propio; la aceptación, por parte del joven, de unos cuantos «eslogans» que repite continuamente sin matizar; el uso frecuente de «muletillas» y de expresiones vulgares y, en consecuencia, el deseo de convencer por la «fuerza» con la que se dicen las cosas más que por la fuerza del argumento.

Siendo consciente de esta situación, los padres pueden estimular a sus hijos para que aprendan a expresarse entre ellos. Desde pequeños pueden contar cuentos a sus hermanos, organizar algún juego en que los hijos tienen que hablar durante un tiempo limitado sobre un tema que sacan de una lista a volea, pedirles que cuenten lo que ha

pasado en un programa de televisión; dejarles leer el periódico y que luego cuenten cuáles son los sucesos más importantes, etc. Y nunca se debe olvidar lo importante que es la lectura para que los hijos vayan aprendiendo vocabulario y estilo en su expresión. No hace falta insistir aquí en que estas lecturas necesitan ser orientadas no sólo por su contenido, sino también por el mismo estilo del autor.

Hemos hablado ya de los problemas de la timidez en la convivencia, pero también existe respecto a la expresión verbal, el problema de los que son «antisociales» por no saber callarse. Con los hijos se tratará de hablarles a solas e intentar conseguir que sean más reflexivos. Y en la medida de lo posible, se debe hacer esto mismo con los amigos. Resumiendo, los problemas más importantes que hemos destacado respecto a la capacidad de comunicarse son: informar demasiado o informar mal por falta de vocabulario o de reflexión; informar sobre los propios intereses sin tener en cuenta los de los otros; no informar por timidez o por soberbia; no saber preguntar; no escuchar; no saber adelantar en la conversación; y no saber hablar de temas que son, en sí, interesantes.

EL APROVECHAMIENTO Y LA CREACIÓN DE LOS CAUCES PARA SER

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