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mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora so-

mos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Pero

sabemos que cuando él sea manifestado, seremos semejantes a él,

porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperan-

za en él, se purifica a sí mismo, como él también es puro”.

Comprender nuestra identidad en Cristo es absolutamente esencial para nuestra vida cristiana. Nadie puede comportarse constantemente de una manera contraria a su percepción acerca de sí mismo. Si creemos que somos malos y no hacemos nada bien, probablemente viviremos de esa manera haciendo todo mal. Si comenzamos a vernos como hijos de Dios, viviremos en victoria y libertad como Jesucristo.

Conocer quiénes somos en Dios, sin duda es la verdad más im- portante que podemos poseer. Como hijos de Dios hemos reci- bido una nueva identidad, transformándonos en recipientes de su naturaleza y sus riquezas. Unidos en Cristo, tenemos todo de- recho para disfrutar de una relación de intimidad con Dios como nuestro Padre.

¿QuiÉnes sOmOs en cRistO?

Hay un sinnúmero de cristianos que luchan con su comporta- miento diario porque se esfuerzan bajo un falso concepto de su identidad. Se ven como pecadores que esperan llegar al cielo por la gracia de Dios, pero en realidad no pueden sobrellevar sus tendencias pecaminosas. ¿Por qué no pueden vivir vidas victorio- sas en Cristo? Porque tienen una percepción errónea de quienes son en Él.

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Una de las mejores maneras de crecer y madurar es recordar- nos constantemente quienes somos en Cristo. Entre más rea- firmemos esta realidad, nuestro comportamiento reflejará la verdadera identidad. Recordemos que nadie puede comportarse constantemente de una manera contraria a la manera como se percibe a sí mismo. Debemos percibirnos como hijos de Dios, para vivir y caminar según esta realidad.

cOncLusiÓn

“Escucha, hijo mío, y recibe mis dichos, y se te multiplicarán años

de vida”

(Proverbios 4:10)

En estos capítulos enfaticé la tarea importante que tenemos de tomar decisiones para el perfecto desarrollo de nuestra vida y también para las de quienes nos rodean, porque pueden ser be- neficiados o afectados por ellas.

Recuerde: Las decisiones tienen el poder para solucionar pro-

blemas o para complicarlos más. Por eso hay tantos consejos en la Palabra de Dios sobre qué debemos hacer y qué no. Nuestras acciones correctas e incorrectas demostrarán como resultado la decisión que hemos tomado.

No es sabio tomar decisiones contra la voluntad de Dios refleja- da en su Palabra. Determínese a agradarlo en todo. Su presencia transformará su vida para que se manifiesten su voluntad y su propósito, reflejando una vida más abundante.

Morir a nuestros deseos personales y carnales para atender la voz de Dios nos llevará por un camino lleno de vida, pues nuestra actitud determinará el curso hacia una vida más abundante o a una vida llena de lamentos y reproches.

Si desea cambiar su realidad actual, sométase al Señor con hu- mildad y un corazón arrepentido. Pídale que quite todo dolor que experimentó en el pasado para que no vuelva más a su presente. Pídale que transforme su presente para que sea realmente el Señor de su vida, porque sólo así su futuro estará alineado con el propósito de Dios.

Efesios 3:20:

“Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas

mucho más abundantemente de lo que pedimos o pensamos, según

el poder que actúa en nosotros…”.

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cÓmO cAminAR en unA vidA ABundAnte

Proverbios 3:1-2:

“Hijo mío, no te olvides de mi instrucción, y guar-

de tu corazón mis mandamientos; porque abundancia de días y años

de vida y bienestar te aumentarán”.

Proverbios 3:22:

“… y serán vida para tu alma y gracia para tu

cuello”.

Proverbios 4:13:

“Aférrate a la disciplina y no la sueltes; consérva-

la, porque ella es tu vida”.

Proverbios 4:20-22:

“Hijo mío, pon atención a mis palabras; in-

clina tu oído a mis dichos. No se aparten de tus ojos; guárdalos en

medio de tu corazón. Porque ellos son vida a los que los hallan, y

medicina para todo su cuerpo”.

Proverbios 6:23:

“Porque el mandamiento es antorcha, y la instruc-

ción es luz. Y las reprensiones de la disciplina son camino de vida”.

Proverbios 8:35:

“Porque el que me halla, halla la vida y obtiene el

favor de Jehovah”.

Proverbios 10:11:

“Fuente de vida es la boca del justo, pero la boca

de los impíos encubre la violencia”.

Proverbios 10:16-17:

“La obra del justo es para vida, pero el logro

del impío es para pecado. El que guarda la disciplina está en el ca-

mino de la vida, pero el que descuida la reprensión hace errar”.

Proverbios 19:16:

“El que guarda el mandamiento guarda su alma,

pero el que menosprecia sus caminos morirá”.

Proverbios 19:23:

“El temor de Jehovah es para vida; el hombre

vivirá satisfecho con él y no será visitado por el mal”.

Proverbios 21:21:

“El que sigue la justicia y la bondad hallará

vida, justicia y honra”.

Proverbios 22:4:

“Riquezas, honra y vida son la remuneración de la

humildad y del temor de Jehovah”.

Mateo 7:13-14:

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la

puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos

los que entran por ella. Pero ¡qué estrecha es la puerta y qué angosto

el camino que lleva a la vida! Y son pocos los que la hallan”.

Mateo 10:38-39:

“El que no toma su cruz y sigue en pos de mí no es

digno de mí. El que halla su vida la perderá, y el que pierde su vida

por mi causa la hallará”.

Mateo 19:17-18:

“Él le dijo: ¿Por qué me preguntas acerca de lo

bueno? Hay uno solo que es bueno. Pero si quieres entrar en la vida,

guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Jesús respondió: No

cometerás homicidio, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás

falso testimonio”.

Mateo 19:29:

“Y todo aquel que deja casas, o hermanos, o herma-

nas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o campos por causa de mi

nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna”.

Lucas 12:15:

“Y les dijo: Mirad, guardaos de toda codicia, porque

la vida de uno no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.

Juan 3:16:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado

a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda,

mas tenga vida eterna”.

Juan 3:36:

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que des-

obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece

sobre él”.

Juan 4:14:

“Pero cualquiera que beba del agua que yo le daré, nunca

más tendrá sed, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente

de agua que salte para vida eterna”.

Juan 5:21:

“Porque así como el Padre resucita a los muertos y les da

vida, así también el Hijo da vida a los que quiere”.

Juan 5:24:

“De cierto, de cierto os digo que el que oye mi palabra y

cree al que me envió tiene vida eterna. El tal no viene a condenación,

sino que ha pasado de muerte a vida”.

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Juan 5:29:

“…y saldrán, los que hicieron el bien para la resurrec-

ción de vida, pero los que practicaron el mal para la resurrección de

condenación”.

Juan 5:39-40:

“Escudriñad las Escrituras, porque os parece que en

ellas tenéis vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí. Y

vosotros no queréis venir a mí para que tengáis vida”.

Juan 6:33:

“Porque el pan de Dios es aquel que desciende del cielo y

da vida al mundo”.

Juan 6:35:

“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida. El que a mí viene

nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás”.

Juan 6:40:

“Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que

mira al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y que yo lo resucite en el

día final”.

Juan 6:47-48:

“De cierto, de cierto os digo: El que cree tiene vida

eterna. Yo soy el pan de vida”.

Juan 6:63:

“El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha

para nada. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son

vida”.

Juan 10:10:

“El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir.

Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abun-

dancia”.

Juan 10:27-28:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me

siguen. Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las

arrebatará de mi mano”.

Juan 11:25:

“Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que

cree en mí, aunque muera, vivirá”.

Juan 12:50:

“Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así que, lo

que yo hablo, lo hablo tal y como el Padre me ha hablado”.

Juan 17:3:

“Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único

Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has enviado”.

Juan 20:30-31:

“Por cierto Jesús hizo muchas otras señales en pre-

sencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.

Pero estas cosas han sido escritas para que creáis que Jesús es el

Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nom-

bre”.

Hechos 11:17-18:

“Así que, si Dios les dio el mismo don también a

ellos, como a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién

era yo para poder resistir a Dios? Al oír estas cosas, se calmaron y

glorificaron a Dios diciendo: ¡Así que también a los gentiles Dios ha

dado arrepentimiento para vida!”.

Hechos 17:25:

“…de común acuerdo nos ha parecido bien elegir

unos hombres y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé

y Pablo…”.

Romanos 2:6-8:

“Él recompensará a cada uno conforme a sus

obras: vida eterna a los que por su perseverancia en las buenas obras

buscan gloria, honra e incorrupción; pero enojo e ira a los que son

contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injus-

ticia”.

Romanos 5:18:

“Así que, como la ofensa de uno alcanzó a todos los

hombres para la condenación, así también la justicia realizada por

uno alcanzó a todos los hombres para la justificación de vida”.

Romanos 6:4:

“Pues, por el bautismo fuimos sepultados juntamen-

te con él en la muerte, para que así como Cristo fue resucitado de en-

tre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos

en novedad de vida”.

Romanos 6:23:

“Porque la paga del pecado es muerte; pero el don de

Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro”.

Romanos 8:6:

“Porque la intención de la carne es muerte, pero la

intención del Espíritu es vida y paz”.

2 Corintios 3:6:

“Él mismo nos capacitó como ministros del nuevo

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