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Chapter 3: Methodology

2. Research methods and techniques

99 Ovidio: Tristia. L ibri p rim o e secondo, Turin, 1970, pág. XX IX. 100 Ovid: a p o e t between tw o worlds, Berkeley, 1945, reimpr. 1956.

interiorización es un rasgo muy moderno de su poesía del destierro: el tremendo problema de la soledad y de la inco­ municación del hombre en el mundo moderno es algo que encontramos ya en estos poemas.

Por todo ello, como parece apuntar J. Carcopino 101, tal vez sea Ovidio el poeta más moderno de las letras lati­ nas. Si a esto añadimos lo dicho antes sobre su papel inno­ vador por lo que al género elegiaco autobiográfico y en verso se refiere, cobran pleno sentido las palabras de Séne­ ca catalogándolo de poetarum ingeniosissimus, y que bien podríamos traducir como «el más original de los poetas».

De esta manera, no sólo encontramos justificación pa­ ra la poesía ovidiana del exilio cuando descendemos al aná­ lisis concreto y detallado de cada uno de los poemas, en sí mismos considerados, como alguien ha puesto de mani­ fiesto 102, sino también, y diríamos que sobre todo, cuan­ do analizamos dicha producción en su conjunto.

2.3. Su influjo en la literatura posterior

Elogiado y considerado ya en vida como uno de los más grandes poetas de Roma 103, aunque no precisamente

101 Loe, cit., p ig . 51.

102 C f., por ej., E. J. Ke n n e y, «The poetry o f Ovid’s exile», Proc. o f the Cambridge Philol. Society 191 (1965), 37 y sigs.; J. Ba r s b y, Ovid, Oxford, 1978, págs. 41 y sigs., y E. Bl o c k, «Poetics in exile: an analysis o f Ep. ex. P onto 3, 9», California Studies in Class. A ntiq. 13 (1982), 18 y sigs.

103 El propio poeta nos dice que gozaba de gran fama en su época (por ej., Trist. II 188), hasta el punto de que su imagen circulaba graba­ da en anillos (Trist. I 7, 1 y 7), y que en los teatros sonaba para su poesía el aplauso popular (Trist. V 7, 25). Por otro lado, nos consta que sus versos figuraban inscritos, com o los de Virgilio, en los famosos graffiti de Pompeya.

ni ante todo por sus elegías del destierro, Ovidio continuó siendo uno de los principales modelos, al menos por lo que a la forma de expresión se refiere, para los poetas de la época del Imperio e incluso para los propios cristianos 104 : recordemos, por ejemplo, a Silio Itálico 105, Estado, Juve­ nal 106, Arnobio 107, Ausonio, Claudiano, Rutilio Nama- ciano, Prudencio 108, Paulino de Nola, Sidonio Apolinar y Venancio Fortunato, entre otros.

Entre los autores de la Antigüedad que, de un modo o de otro, se hacen eco de las elegías ovidianas del destie­ rro, tenemos a Quintiliano, quien las critica por excesiva­ mente exuberantes y redundantes, y a Rutilio Namaciano, quien en su poema Sobre su regreso imita ostensiblemente el tono de la elegía ovidiana, por considerarse también él como un desterrado de su patria en Roma.

Pero si la poesía del destierro no tiene demasiada re­ percusión en su época ni en los siglos inmediatamente pos­ teriores, su influjo es enorme durante la Edad Media 109, convirtiéndose entonces en el poeta de mayor relieve e im­ portancia, después de Virgilio y por delante incluso del pro- 104 Cf. E. J. Ke n n e y, «Some reminiscences o f Ovid in Latin Literatu­ re», en A tti... I, 145 y sigs.

105 Cf. R. T. Br u è r e, «Color ovidianus in Silius Punica 1-7», O vi­ diana..., 475-499.

106 Cf. E. Th o m a s, «Ovidian echoes in Juvenal», Ovidiana..., 505-525. 107 Cf. H . Le Bo n n i e c, «Échos ovidiens dans ¡’A dversus orationes d ’Arnobe», Colloque Présence d ’Ovide, París, 1982, 139-152.

108 Cf. W. Ev e n e p o e l, «La présence d’Ovide dans l’oeuvre de Pru­ dence», Colloque Presence d ’Ovide, 165-176, y A. Sa l v a t o r e, «Echi ovi- diani nella poesia di Prudenzio», A tti... II, 257-272.

109 Cf. S. Ba tta g l l a, L a tradizione d i O vidio nel m edioevo, Nápoles, 1960; A. Mo n t e v e r d i, «Ovidio nel medievo», Studi O vidiani..., 65 y sigs., y G. Pa n s a, Ovidio nel m edioevo e nella tradizione popolare, Sul- mona, 1924.

pio Horacio, como evidencian los diversos cánones medie­ vales de autores clásicos, como los de Conrado de Hirsau, Emérico, Hildeberto de Lavardin o Chaucer. Su influjo es grande entre los poetas carolingios desterrados, como muy bien ha señalado G. Brugnoli 110, y asimismo es nota­ ble en los Poemas menores de Hildeberto de Lavardin, poeta exiliado, a caballo entre los siglos xi y x i i , que imita los poemas ovidianos del destierro 111, al igual que Marulle, soldado exiliado en Italia, del siglo x v, que también imita a Ovidio en sus Epigramas. En general, diríamos que casi todos los poetas errantes o clérigos desterrados o expulsa­ dos de sus países durante esta época toman las elegías del destierro de Ovidio como modelo principal de su poesía, plasmando en ella un lamento por sus circunstancias vita­ les m . Otro autor que acusa un evidente influjo de estos poemas ovidianos es Albertino Mussato, del círculo de poe­ tas de Mantua, a caballo entre los siglos xm y xiv, que cultivó el género de la epístola poética y de la elegía y alguna de cuyas composiciones es un claro centón de las

Tristes 113.

Durante el Renacimiento, Ovidio continúa siendo con­ siderado uno de los grandes modelos a imitar por casi to­ dos los poetas elegiacos 114, aunque ya no con la intensi­

110 «Ovidio e gli esiliati carolingi», A tti... II, 209 y sigs.

111 Cf. A.-F. Sa b o t, «Présence d’Ovide au XII siècle: poésie latine élégiaque, lyrique provençale», Colloque Présence d ’Ovide, 241-60.

112 Cf. S. Vi a r r e, «Exil ovidien, exil médiéval», Colloque Présence d ’Ovide, 261-272.

113 C f . E. R. Cu r t i u s, Europäische Literatur und lateinisches M ittel­ alter, Bem a, 1948 = Literatura europea y E d a d M edia Latina [trad. esp. M. F. y A . Al a t o r r e], Méjico-Buenos Aires, 1955, pág. 313.

114 Cf. C. Ja m e s o n, «Ovid in the Sixteenth century», en Ovid, ed .

dad con que lo había sido en época medieval. Por lo que se refiere a su influjo en España durante esta época, remi­ timos al interesante artículo de R. Schevill, «Ovid and the Renaissance in Spain» 115.

Durante los siglos χνιι y xviii, el influjo del poeta se mantiene a través, sobre todo, de las numerosas traduccio­ nes que de estos poemas se hacen, especialmente en la Fran­ cia de Luis XIV 116, destacando las del abad de Marolles, la de Binard y la de Kervillars. Evidente es, por ejemplo, el influjo de Ovidio en Racine, tal y como ha puesto de manifiesto G. May 117. En la España de esa época destaca, hacia la mitad del s. xviii, la figura del poeta salmantino Francisco Sánchez Barbero, condenado al presidio de Me- lilla, que compara su destierro con el del poeta de Sulmo­ na en su epístola A Ovidio, donde el influjo del poeta lati­ no es evidente.

Posteriormente, durante el Romanticismo, observamos, en relación con el influjo de los poemas del destierro de Ovidio, un hecho doble y aparentemente contradictorio. De una parte, la imagen del poeta desterrado y perseguido ejercerá un gran atractivo entre los poetas románticos: así, por citar un ejemplo, es notable la influencia de la elegía ovidiana en la lírica del destierro del Duque de Rivas, y podríamos decir que esta influencia es evidente en la serie de autores que va de Chenier a Lamartine, pasando por Víctor Hugo y Goethe 118. Ahora bien, de otra parte, la

115 En University o f California Publications in Modern Philology 4 (1913), 19 y sigs.

116 Cf. H. Ba r d o n, «Sur l’influence d’Ovide en France au XVII siè­ cle», A tti... II, 69 y sigs.

117 G. Ma y, D 'O vide à Racine, Paris-New Haven, 1949.

imagen de poeta excesivamente adulador que ofrecen sus elegías del destierro le valió un juicio bastante negativo a cargo de algunos críticos del Romanticismo, que hubie­ ran preferido que nuestro poeta hubiera asumido de un modo más «romántico» su condena.

El influjo y la presencia de Ovidio llega hasta nuestros días, como evidencia la famosa novela del rumano V. H o­ ria, D ios ha nacido en el exilio 119.

2.4. Historia de la transmisión del texto

La tradición manuscrita de las elegías ovidianas del des­ tierro no ofrece demasiada complejidad, aunque hay que distinguir entre las Tristes y las Pónticas.

Por lo que a la reconstrucción del texto de las Tristes se refiere, contamos con numerosos manuscritos, que po­ demos clasificar, siguiendo a Owen 120, en tres grupos:

1) Un primer grupo que comprende los dos mejores