• No results found

Research Model 1 Introduction

Vendor Selection

5 Research Model 1 Introduction

Facultad de Comunicación. Universidad de Navarra

D. Diego Quiroga y Losada (1880-1975), marqués de Santa María del Villar, apa- rece asociado a Navarra como uno de los fotógrafos itinerantes que más importancia dedicó a la Comunidad a lo largo de su carrera fotográfica. Por otro lado, es en Navarra, en la Institución Príncipe de Viana, donde se encuentra gran parte de su archivo fotográfi- co; y también donde se han ido celebrando, desde julio de 1965 hasta nuestros días, importantes exposiciones y publicaciones de sus fotografías. Por ejemplo, una exposición- homenaje celebrada en julio de 1973, gracias a la gentileza de D. Francisco Javier Beúnza, vinculó definitivamente al marqués de Santa María del Villar con Navarra, lo que sería confirmado con otras exposiciones posteriores en Sangüesa y otras localidades de Nava- rra, hasta la titulada Fotógrafos Históricos de Navarra, celebrada en Pamplona en Junio de 1988, en la que las fotos de Santa María del Villar se exhibían junto con las de José Galle y Luis Rupérez. Otras exposiciones tuvieron lugar en la Asociación Fotográfica de Chantrea, en la CAN de Burlada, en la Universidad de Navarra o en el Palacio-Archivo de los Reyes de Navarra.

Las fotografías de Santa María del Villar ilustran algunas antiguas publicaciones dedicadas a temas de la comunidad foral como la Guía histórico-artística de la Basílica de Uxué de R. P. Jacinto Clavería de Arangua (Madrid, 1936), o el libro Por el Pirineo Nava- rro de Cayetano Enríquez de Salamanca (Madrid, 1978). En 1973, coincidiendo con el homenaje de Sangüesa, la Asociación Fotográfica y Cinematográfica de Navarra, dedicó a la fotografía del marqués de Santa María del Villar su boletín de Septiembre. Pero la obra que más influyó de cara al conocimiento del marqués de Santa María del Villar fue Foto- grafías de Navarra, editado en 1982 por la Diputación Foral a través de la Institución Príncipe de Viana, que sirvió como reclamo y referencia para la realización de mi tesis doc- toral, defendida en la Universidad de Navarra en junio de 1998, con el titulo Santa María del Villar, fotógrafo turista (en los orígenes de la fotografía artística española), y que vio la luz ese mismo año en una edición de lujo publicada por la Fundación Príncipe de Viana.

En una de sus últimas entrevistas poco antes de su muerte en 1975, D. Diego Qui- roga afirmaba conocer hasta el último rincón de Navarra, región a la que admiraba pro- fundamente “por su fe recia, su arte, sus gentes y, sobre todo, por sus hermosos valles pire- naicos que tanto le habían cautivado”. Su primera estancia data de 1890, cuando siendo sólo un niño solía pasar la época de la vendimia en una casa solariega de su abuela,

situada en Allo, y conocida como “La Manchega” (donde estaba la bodega), hasta que la filoxera acabó con las viñas y vendieron la finca. Desde entonces sus viajes a Navarra fue- ron continuos, recorriéndola de parte a parte, con una especial dedicación a la zona media y del Pirineo. Realizó dos veces el Camino de Santiago (1905 y 1907), fotografiando los paisajes y monumentos de la ruta, y en 1916 descendió desde Urzainqui hasta Tortosa en una de aquellas almadías que tanto le entusiasmaban, y de las que nos ha dejado unas fotografías técnica y estéticamente excelentes.

Con José María Álvarez de Toledo, conde de la Ventosa, ilustre aficionado que lle- garía a presidente de la Sociedad Fotográfica de Madrid, realizó su primera excursión fotográfica hasta Roncesvalles en 1910 por Zabaldica, Larrasoaña, Imbuluzqueta, Zubiri, etc., que tendría varias secuelas después, hasta la excursión más importante de 1920, de la que quedan abundantes testimonios fotográficos y también escritos. Otras muchas foto- grafías de este momento se perdieron en 1936, con la destrucción de su archivo de Madrid, pero siguió viajando a Navarra con gran frecuencia desde San Sebastián, que sería su residencia definitiva después de la Guerra.

Son más de mil (de las 13.000 fotografías que atesora el archivo de la Fundación Príncipe de Viana) las imágenes dedicadas a Navarra, con paisajes, tipos y monumentos tanto de la zona del Pirineo como del resto de la Comunidad. Y en esta colección se encuentra sin duda algunas de sus mejores fotografías, tanto por su carácter documental, como por su calidad estética. Por todo esto, sin ser navarro, puede ser considerado como uno de los más importantes fotógrafos de la Comunidad foral, por lo que no es extraño que se le haya dedicado también un número monográfico, el 35, de la colección Panora- ma, editada por la Institución Príncipe de Viana.

Izquierda: Marqués de Santa María del Villar. “Sopa boba en La Oliva”, 1936. Derecha:

Marqués de Santa María del Villar. “Almadía por el Esca”, h. 1910.

CICLOS Y CONFERENCIAS

Nicolás Ardanaz. “El cartel de Fiestas de San Fermín”, 1953. Museo de Navarra.

La Navarra de la que fue testigo Nicolás Ardanaz con su cámara es la que se corresponde con las décadas 1930 a 1970 inclusive. El fotó- grafo pamplonés (1910-1982), que inicialmente quiso ser pintor y por ello recibió una formación como tal en el estudio de Javier Ciga Echandi, tuvo conciencia de ser un documentalista creativo. Por un lado, es paten- te su preocupación por reflejar aspectos de su tierra próximos al cambio de los tiempos, y en esta actitud coincide con otros fotógrafos como Aquilino García Deán, en lo relativo a Pamplona ciudad, y con Diego Quiroga y Losada, Marqués de Santa María del Villar, que, aún siendo donostiarra, dedicó a representar la Navarra imperturbable un buen número de fotografías de su trayectoria como “fotógrafo turista”, en expresión de su biógrafo Jorge Latorre. Pero también ésta fue la actitud de otros pintores coetáneos de Navarra, como Miguel Pérez Torres, Jesús Basiano, José María Ascunce, Jesús Lasterra y Pedro Lozano de Sotés, por no hablar de las escenas patriarcales recogidas por Inocencio García Asarta y Javier Ciga en sus lienzos del primer cuarto del siglo XX. Mas, por otro lado, su interés por el documento fotográfico se manifestó de manera artística, como fiel discípulo de Ciga, del que tomó sus temas fundamentales y un saber hacer pictórico.

El catálogo de su obra fotográfica nos descubre varios bloques temáticos con subapartados: guerra civil; acontecimientos; retratos (niños, ancianos, tipos representativos, autorretratos); paisajes (montes, árboles, ríos, caminos, campos, invierno nevado, cielos, casas y pueblos); Pamplona (perspectivas de la ciudad, paisaje urbano, el río Arga, la Catedral, ritos religiosos, folklore, tráfico, industria y crecimiento inci- pientes, sus fiestas); labores (agrícolas y pecuarias, comercio, trabajo doméstico, oficios, transporte, animales domésticos); religiosidad popu- lar (procesiones y romerías); además de composiciones.

En lo que constituye un gran reportaje de una Navarra hoy pro- fundamente transformada, cuyos testimonios fotográficos conserva el Museo de Navarra.