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La palabra4 es la unidad de estudio de la lexicología. Este término ha provocado una

ingente cantidad de literatura en cuanto a su definición.

Los conceptos lexema y unidad léxica no se utilizan de manera consensual por parte de todos los lexicólogos o los lexicógrafos. Cruse (1986: 49) distingue entre ambos términos y dice así:

(...) The two types will be called lexical units and lexemes. (...) Lexical units are those form-meaning complexes with (relatively) stable and discrete semantic properties which stand in meaning relations such as antonymy (e.g.: long: short) and hyponymy (e.g.: dog: animal), and which interact syntagmatically with contexts in various ways to produce, for instance, the different sorts of anomaly discussed in chapter 1. A particular lexical unit, of course, expresses its semantic identity through such relations, but its essence cannot be exhaustively characterised in terms of any determinate set of such relations. The meaning aspect of a lexical unit will be termed a sense. Lexemes, on the other hand, are the items listed in the lexicon, or ‘ideal dictionary’, of a language; (...) they have different functions, which impose different constraints on their nature. Senses need to represent unitary ‘quanta’ of meaning, but they do not need to be finite in number. (...) A lexeme, on the other hand, may well be associated with indefinitely many senses, but the set of lexemes must be finitely innumerable.

No creemos pertinente la distinción entre ambos conceptos ya que, según Cruse, la unidad léxica no conlleva una distinción entre los varios sentidos que puede tener (p.e. take).

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Palabra será el término que utilicemos, de aquí en adelante, para designar la palabra ortográfica (una sucesión de letras encuadrada entre dos espacios o pausas).

Con ello creemos que se pierde una información importante: el concepto de polisemia y nuestra concepción de los fuzzy edges o límites borrosos aplicados al campo de la semántica léxica. Analizaremos un ejemplo: el verbo take, tal como se analiza en el capítulo 6 de este trabajo5,

presenta nueve mutaciones. Dicha unidad en cuestión queda traducida en la primera de ellas por el verbo consentir, giro traductológico que implica un cambio de campo léxico. La causa cognitiva y traductológica de este cambio en el campo léxico del verbo se debe al hecho de que consentir es un verbo al que, a partir de ahora, denominaremos borderline6. Se trata de un tipo

de verbos que permite su adscripción tanto a uno como a otro campo léxico ya que el significado de la unidad en cuestión se sitúa en un punto intermedio que ambos campos comparten. En este caso específico, se trata de un verbo que se sitúa entre el campo de los verbos de HABLA y el de SENTIMIENTO.

De aquí en adelante utilizaremos los términos lexema y unidad léxica sin que ello suponga una distinción entre los dos. Dicho concepto, (lexema), parte de la concepción saussureana del signo lingüístico:

Llamamos signo a la combinación del concepto y de la imagen acústica... (1980: 103)

Ello implica la conjunción de la forma y su contenido en una sola unidad, que actúa de manera estable y coherente (tanto en tiempo como en distribución) en los ejes paradigmático y sintagmático de la lengua. Se trata, por tanto de unidades prototípicas (utilizando la terminología de Rosch sobre los prototipos semánticos). Esta unidad léxica es, como decimos, el punto de inicio de los estudios lexicológicos y basándose en su definición, se han realizado abstracciones sobre el comportamiento del componente léxico de las lenguas.

La ambigüedad formal de las unidades léxicas queda resuelta inmediatamente recurriendo al principio de oposición estructural. Esto es, una unidad que presenta coincidencia formal en el plano de la lengua (p.e. work) puede ser desambiguada rápidamente por el lingüista sustituyéndola por otra de significado similar en el plano del habla:

Peter works here = (Peter has a job here)

The machine works very well = (The machine operates very well).

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Véase pp. 494-495.

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La homonimia puede ser total o parcial. Esta última se divide en dos fenómenos que conciernen al aspecto de coincidencia de ambas unidades:

(i) Homografía: si las unidades coinciden sólo en su grafía (p.e. pupils-pupils son homógrafos puesto que en el primero de los casos su significado es ‘student’ y en el segundo es ‘part of an eye’).

(ii) Homofonía: si coinciden sólo en la forma fonética (p.e. pair-pear).

Pero como ya decíamos anteriormente, este fenómeno léxico no ofrece grandes problemas al lingüista, porque la diferenciación de los significados se hace de forma rápida.

El caso de la homonimia es tan sólo uno de los tres fenómenos que se pueden presentar: la sinonimia y la polisemia constituyen dos más7.

La sinonimia se localiza cuando encontramos un significado coincidente en dos unidades léxicas, que tienen formas diferentes. B. Lewandowska-Tomaszczyk la define así:

Terminologically, synonymity relations in natural language may be assumed to characterize the words or larger linguistic units (phrases, clauses, sentences, texts) which have identical meanings with other words, phrases, clauses, differing in their form. This broad sense of synonymity embraces both the traditional synonyms with their inter-lexical identity relations, as well as different types of paraphrase, i.e., inter- clausal/sentential/textual pairs. The narrower, classical sense of synonymy is limited to the identity of meaning only between words. (1990: 181)

Observamos que B. Lewandowska contempla la sinonimia desde un punto de vista tradicional, al que la autora añade un espectro de aplicación del fenómeno en los niveles de los sintagmas, las oraciones y los textos. Asimismo, el fenómeno que en este estudio se contempla abarca también la paráfrasis como un aspecto más de la sinonimia.

La desambiguación de la sinonimia sí ofrece algunos problemas al lingüista, ya que el fenómeno que se debe tratar se encuentra en el plano del significado, no del significante. Por tanto, se requiere una investigación semántica apropiada y, en ocasiones, la ayuda de un diccionario8. En el modelo lexemático-funcional, como vimos anteriormente, la sinonimia no

se considera total, sino que se localiza en la misma dimensión (o espacio semántico) para las

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La referencia a estos fenómenos se hará de forma sucinta, ya que no es éste el objeto de estudio de este trabajo y su análisis con profundidad no procede temáticamente.

dos unidades y está restringida a contextos de uso y, en estos casos, supone la adición de una marca pragmática que distribuye su ocurrencia.

El último fenómeno al que haremos referencia en este apartado es la polisemia9. Existe

una cantidad ingente de definiciones de este fenómeno y la cuestión se multiplica si se intenta diferenciar de la homonimia (tratada anteriormente). En la mayoría de las ocasiones, los autores se decantan por la asignación de uno u otro fenómeno dependiendo de la definición que se utilice.

La característica que permite diferenciar la homonimia de la polisemia es que en ésta el fenómeno concierne a una unidad léxica con distintas definiciones semánticas, mientras que la homonimia se trata de la coincidencia morfofonológica de dos unidades diferentes. Así, su desambiguación consistirá en delimitar si se trata de una sola (polisemia) o de dos unidades léxicas (homonimia).

Volviendo al punto de partida que ha dado lugar a la disertación sobre los fenómenos que relacionan las unidades léxicas, queremos ofrecer una relación de las características que, en este estudio, permitirán distinguir qué es de lo que no es para nosotros una unidad léxica (o lexema):

Una unidad léxica debe estar delimitada ortográficamente por una pausa al principio y otra al final. Este rasgo, en principio, permite la inclusión de unidades como correr, mesa, por, el, antes, before, the o by. Esta característica excluye términos como echar de menos, sentir lástima por alguien o to be pissed off, cuya inclusión en nuestros campos léxicos ha sido descartada por no poder ser incluida en la categoría unidades léxicas.Una unidad léxica debe pertenecer a las clases morfológicas verbo, sustantivo o

adjetivo. Se eliminan de esta manera las clases adverbio y determinante, por no estar dotadas de contenido léxico, sino gramatical10. De esta manera, se descartan

las unidades por, el, the, by o before mencionadas en el párrafo anterior.

Una unidad léxica debe designar un proceso, un ente o una cualidad como sus referentes en el mundo real. Es decir, la relación del significante saussureano con el referente no sólo abarca los referentes concretos, sino que la relación puede

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Para un estudio detallado del fenómeno y sus soluciones, véase Lewandowska-Tomaszczyk (1990), en el que se propone un modelo que aúna factores de índole pragmática, cognitiva y léxica que permiten la desambiguación de las unidades léxicas.

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Para un estudio teórico de la polisemia, véase Márquez Linares (1998: 93-116).

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quedar establecida tanto con referentes concretos como abstractos11. Así, entran

dentro de la categoría unidades léxicas love, suffer, hurt o cripple.

Las características arriba expuestas deben darse todas en conjunción, no en aislamiento. Es decir, el hecho de que se presenten dos (y no más) de ellas en una unidad no implica su inclusión en la categoría unidad léxica.

Atendiendo a las características arriba expuestas, ofrecemos una definición de lo que en este trabajo se considera unidad léxica: una unidad léxica es aquel término delimitado ortográficamente por una pausa al principio y otra al final y cuya relación con el referente del mundo real o imaginario se establece de modo estable y coherente. La unidad léxica, por supuesto, debe pertenecer a las categorías sintácticas verbo, nombre o adjetivo.

Las características que se aplican a una unidad léxica tienen que ver con sus rasgos ortográficos, sintácticos, morfológicos y semánticos. Abundando algo más en el aspecto semántico de la unidad léxica e incidiendo en el tema que ha ocupado la mayor parte de este apartado, queremos señalar que los problemas semánticos que pueden ofrecer las unidades léxicas (polisemia, homonimia y sinonimia) no son objeto de este trabajo, pero, grosso modo, su desambiguación es posible siguiendo las pautas generales de la lingüística tradicional en general y del modelo lexemático-funcional en especial.

1.3 El modelo lexemático-funcional

El análisis que propone este modelo está basado en dos corrientes lingüísticas fundamentales en el siglo XX. Por un lado, la teoría de campos léxicos de E. Coseriu (1977b, 1978, 1981b, 1990) y por otro, la gramática funcional de S. Dik (1978, 1989). Los dos objetivos fundamentales del modelo lexemático-funcional son los siguientes (Faber y Mairal, 1997-8):

The two main objectives sought in this lexicological model are firstly, the specification of the semantic architecture of the lexicon of a language, and secondly,

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Para estos menesteres, no procede la diferenciación entre referent (entidades del mundo real) y reference (entidades mentales) que ya apuntaba Bühler en 1979 y que han marcado un hito en la lexicología moderna. La introducción de esta distinción sólo complicaría las cosas ya que con el término referente abarcamos toda designación real del símbolo (o unidad léxica/gramatical). Ello no quiere decir que nos situemos en contra de esta terminología ni que creamos que su aplicación aporta grandes resultados en otro tipo de aplicaciones. Tan sólo afirmamos que, para nuestro propósito, su aplicación no es necesaria y abogamos por una simplificación de los conceptos.

the representation of knowledge based on the linguistic encoding found in dictionary entries. (1997-8: 36)

Este modelo basa sus premisas en la idea de que la lengua es un sistema de interacción social cuya finalidad última es establecer la comunicación entre los seres humanos (teoría funcional en oposición a la teoría formal de las lenguas). En él se considera que los ejes sintagmático y paradigmático son complementarios a la hora de realizar una descripción detallada del lexicón de una lengua. Así, la información obtenida en el eje paradigmático es de una importancia crucial en el estudio del eje sintagmático y viceversa.

El modelo lexemático-funcional, como anteriormente decíamos, incorpora los principios teóricos de la gramática funcional de S. Dik, expuestos en sus libros Functional Grammar (1978) y The Theory of Functional Grammar (1989). No parece relevante analizar con detalle aquí sus principios teóricos, pero sí queremos abordar las premisas básicas de Dik con respecto a la organización del lexicón de las lenguas.

Para Dik (1978) los principios metodológicos sobre los que debería evaluarse una gramática funcional deben tener en cuenta los tres estándares de adecuación explicativa: la adecuación pragmática, la adecuación psicológica y la adecuación tipológica (1978: 6-9)12.

La relación entre la sintaxis, la semántica y la pragmática se enuncia de la siguiente manera:

Syntax is autonomous with respect to semantics; syntax and semantics are autonomous with respect to pragmatics; the priorities run from syntax via semantics to pragmatics. (1978: 4)

Las unidades léxicas están construidas a partir de predicados que ocurren como unidades léxicas del lenguaje en cuestión. Un marco predicativo consta de los siguientes elementos:

• Una forma léxica

• La categoría sintáctica a la que pertenece • El número de argumentos que requiere

• Las restricciones de selección que tiene el predicado sobre sus argumentos • Las funciones semánticas que cumplen los argumentos (1978: 15-16)

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De las tres adecuaciones de las que Dik habla, nos interesa, sobre todo, la adecuación psicológica. En este sentido, véase Fernández Sánchez (1997), Tesis Doctoral. Este estudio supone el establecimiento de

La inclusión en el marco predicativo de todos y cada uno de los elementos arriba mencionados consigue hacer de cada unidad léxica un objeto lingüístico único que permite su análisis y su inclusión en una red semántica de rango superior. Las unidades léxicas se definen a través de la lengua, esto es, unas en función de otras, y no mediante la inclusión de elementos extraños a la lengua. Dik (1978) lo enuncia así:

The defining predicates in meaning definitions are lexical items of the object language. (1978: 46)

La definición de las unidades léxicas se formula se articula mediante el principio de la descomposición léxica gradual13 (stepwise lexical decomposition), enunciado de la siguiente manera:

The defining predicates used in meaning definitions may themselves be defined in other meaning definitions. (1978: 47)

Este principio garantiza que los predicados de las definiciones son siempre semánticamente los más complejos en términos del sistema léxico de la lengua en cuestión.

La estructura formal de las definiciones semánticas de las unidades léxicas corresponde a la estructura formal de las expresiones lingüísticas.

The structure of the definiens of meaning definitions, is of the same formal type as the structures underlying linguistic expressions. (1978: 47)

Esta premisa afirma la necesidad de definir la lengua a través de la lengua, adaptando el tipo formal a las representaciones formales.

El quinto y último principio relacionado con las definiciones semánticas tiene que ver con las unidades léxicas complejas (aquéllas que no pueden ser definidas en función de otras menos complejas). Dice así:

In every language there is a set of simple lexical items the meanings of which cannot be defined by means of meaning definitions. (1978: 48)

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De esta manera, este grupo de palabras que no pueden ser descompuestas en términos más simples se convertirá, automáticamente, en los archilexemas de sus respectivos campos léxicos. Faber y Mairal (1997-98) definirán el archilexema así:

The archilexeme or superordinate term of each field is determined through stepwise lexical

decomposition (Dik 1978), method used to establish the semantic hierarchy within lexical

domains. (1997-8: 37)

Dik es consciente de que su contribución al análisis del componente léxico de las lenguas no es todo lo integradora y completa que se desearía. Así, Martín Mingorance (1990) retoma esta idea al entender que el concepto de descomposición léxica gradual está en consonancia con los postulados de la teoría del campo léxico, concretamente de E. Coseriu, perteneciente a la escuela de Tübingen. Martín Mingorance (1990) piensa que la integración de ambos modelos aumentará de forma evidente sus respectivas capacidades descriptivas. Haremos, a continuación, un breve repaso de los principios fundamentales de la teoría de campos léxicos y la lexemática de Coseriu.

La semántica estructural data de 1964, el año en que E. Coseriu y B. Pottier desarrollaron, por separado y mediante el método estructural, la teoría de “los campos léxicos” de J. Trier y L. Weisgerber. La idea de Trier, de forma resumida, es que el léxico de una lengua está constituido por un conjunto jerarquizado de grupos de palabras (o campos léxicos), donde cada grupo de palabras cubre un dominio bien delimitado al nivel de las nociones (campo conceptual) y cada uno de estos campos está formado por unidades que no permiten la existencia de huecos entre sí.

La tesis fundamental que todos los autores arriba mencionados compartían es que el léxico de una lengua está organizado de forma natural. Así, sería la función del lingüista reconocer y clasificar todos los procesos mentales que el hablante realiza de forma natural e inconsciente. Este postulado ha provocado mucha literatura al respecto y no queremos redundar en el mismo.

El desarrollo de estos postulados requería de un método de análisis. Fue la escuela de Tübingen, con E. Coseriu a la cabeza, quien proporcionó dicha metodología en los años 60. La lexemática de Coseriu supondrá el instrumento de análisis léxico que aplica los principios fundamentales del estructuralismo europeo a la descripción y definición de las unidades léxicas.

Un campo léxico es un conjunto de lexemas unidos por un valor léxico común (valor del campo), que esos lexemas subdividen en valores más determinados, oponiéndose entre sí por diferencias mínimas de contenido léxico... Un campo está representado muchas veces por una “palabra archilexemática” correspondiente a su valor unitario. ... Los valores de orden muy general, que funcionan en series de campos... pueden llamarse clasemas (término propuesto por B. Pottier).

Y a continuación, Coseriu (1977: 136) enumera las características generales de los campos léxicos:

a) Los campos léxicos no están organizados necesariamente “sin residuo” por sus subdivisiones: una parte más o menos amplia de los mismos puede estar representada sólo por los archilexemas;

b) entre los campos léxicos hay a menudo interferencias: ellos no representan una sola clasificación homogénea, de clases “discretas”, sino varias clasificaciones simultáneas fundadas en criterios diferentes;

c) los campos léxicos no son campos de objetos (“Sachgruppen”);

d) los campos léxicos no coinciden con los “campos conceptuales” (éstos pueden ser también campos terminológicos);

e) los campos léxicos no son campos asociativos: son, más bien, lo contrario de éstos (los campos léxicos son “centrípetos”, en relación con las “palabras”, los campos asociativos son “centrífugos”)

Con estos postulados, el lingüista rumano anticipa ya las características del campo léxico, que después se formularán definitivamente en 1978. El estructuralismo europeo en el que se basan los estudios de la escuela de Tübingen sigue fielmente el principio saussureano de que el objeto de estudio de la lengua es la lengua misma. Esta afirmación da lugar a un análisis de la lengua según una estructura triple (Coseriu 1978: 206-207) en la que se distingue entre el

significado (“el contenido dado en cada caso por una lengua determinada”), la designación

(“la referencia a la realidad entendida como extralingüística”) y el sentido (“el contenido particular de un texto o de una unidad textual”). Según Coseriu, el objeto del estudio del vocabulario es el estudio del significado léxico.

Queremos, en último lugar, dedicar un espacio al eje axiológico que estructura los campos en dos mitades bien diferenciadas: los ejes axiológicos positivo y negativo. En nuestro

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