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En Extremadura -como en la mayor parte de la Península- se poseen pruebas materiales de la presencia de pueblos pertenecientes al periodo Paleolítico Inferior. Los restos hallados se concretizan, fundamentalmente, en hachas, raspadores, cinceles de

piedra y buriles, procedentes de las fases Chellense- Abbevillense y Acheulense. De la cultura Musteriense

(Paleolítico Medio), se han recogido muy pocos restos en nuestra región, pero éstos son abundantes en períodos posteriores correspondientes ya al Paleolítico Superior: Auriñaciense, Solutrense y Magdaleniense. A esta última

cultura pertenecen las pinturas rupestres aparecidas en la Cueva de Maltravieso (cerca de Cáceres) -

Los rasgos comunes de todos estos pueblos anteriores a la aparición de la agricultura se resumen en los siguientes puntos:

Forman grupos familiares reducidos.

Se dedican a labores de caza y recolección. Debido a las fluctuaciones en la presencia de animales para la caza, se caracterizan por una amplia movilidad.

__ Alta tasa de natalidad, alta mortalidad infantil 61

y edad de mortalidad baja.

Sus lugares de habitación son difíciles de precisar por la ausencia de estructuras

arquitectónicas o por la incapacidad de encontrarlas debido a la acumulación de tierras,

Con el paso del tiempo la organización social se hace más compleja; el clan deja paso a la tribu, más estable desde el punto de vista del asentamiento. Surge la cultura Dolménica, que ha dejado abundantes restos en Extremadura. Los conjuntos megalíticos más importantes de nuestra región se concentran en Valencia de Alcántara, Hernán Pérez, Aldea del Cano y Talavera la Vieja, en la provincia de Cáceres, y Olivenza, Barcarrota, Pizarrilla y Azuaga, en la de Badajoz.

Pero lo verdaderamente interesante de esta época de antiguos pobladores <protohistoria), para cuestiones relacionadas con la evolución lingoistica, es la nueva etapa que se abre con la oleada de pueblos que invaden la Península alrededor del año 1000 a.C. <penetración de tribus célticas) y. sobre todo, la distribución de las

culturas prerromanas en Extremadura <Lusitanos, Vettones, Túrdulos y Célticos).

la actual provincia de Cáceres, donde se dedicaron casi exclusivamente a tareas ganaderas. Su legado cultural son los denominados “verracos”, de los que existen muestras en Botija, Montehermoso, Segura de Toro, Malpartida de Plasencia y Hervás.

Los Lusitanos se instalaron entre el río Alagón y la actual frontera de Portugal. Descritos como un pueblo feroz, de costumbres salvajes y con acentuadas desigualdades sociales, fueron protagonistas de largas guerras contra Roma en la época de romanización.

<Tomado de M. Cardalliaguet Quirant, Historia de

Extremadura, Badajoz, Universitas Editorial, 1988,p. 34) LOS PUEBLO PRw1att~S

EM E~<TRE&<ÁQUR4

Los Túrdulos ocupaban la zona sur del Guadiana, en lo que hoy es la mayor parte de la provincia de Badajoz. Fue un pueblo ibérico que sucumbió pronto al yugo romano-

Todos estos pueblos, de habla indoeuropea, dejaron su huella, ya no sólo en la cultura material repartida por todo el territorio, sino también en los nombres de los lugares que ocuparon: los topónimos.

Aunque el problema de la invasión ligur todavía no está definitivamente resuelto, si parecen, en efecto, de este origen topónimos como ‘Azubroz’ (río cercano a las ruinas romanas de Caparra) ~, ‘Aznbrum’ (garganta que va desde Pinajarro hasta el río Santihervás>2, ‘Magasca’

(rio de la provincia de Cáceres que desemboca en el Tajo), el propio ‘Badajoz’, en el que se descubre el sufijo mediterráneo —oz, frecuente en muchos nombres toponímicos de España y del noroeste de Italia

<territorio ligur)3.

Nombres célticos transmitidos por contacto con los

Véase M. Mayans castanos, Artes y pueblos primitivos de la Alta Extremadura, Plasencia, La victoria, 1961, p. 166.

~ Idem.

Véase R. Menéndez Pidal, Toponimia prerromana hispánica, Madrid, Gredos, 1968, p. 102—103.

latinos, formando híbridos, también son frecuentes en la toponimia: W mansio It. Ant. Mirobriga (Capilla), Nertobriga Concordia lulia (Fregenal de la Sierra), Turobriga (en las cercanías de Aroche), Arabriga (en el norte de Cáceres), Augustobriga (Talavera la Vieja)4.

De la raíz ibérica Thar ‘río’ parece que procede el topónimo Ibor <río de la zona suroriental de la provincia de Cáceres y apellido de los pueblos ribereños: Mesas de Ibor, Fresnedoso de Ibor, Bohonal de Ibor, Castañar de Ibor y Navalvillar de Ibor), aunque no faltan voces que pongan en tela de juicio esta posible etimología al considerar que la raíz ibérica ibar “no encaja bien en estos lugares”5

La llegada de los romanos a la Península supuso -como no podía ser de otra manera en un periodo de conquista- la aniquilación de las culturas indígenas y la imposición de nuevos modos de vida y de un nuevo lenguaje. El latín se impuso como lengua y se convirtió en elemento unificador de los procesos comunicativos, dando cohesión a las formas de expresión en la inmensa mayoría de los territorios peninsulares.

véase y. García de Diego, “Escarceos de toponimia extremefla”, RES, 1976, PP. ~

Idem, p. 396.

Los principales asentamientos romanos en Extremadura fueron Emerita (Mérida), Metelinum (Medellín), Norba Caeserina <Cáceres) y Turgalium (Trujillo). Como afirma Marcelino Cardalliaguet Quirant, “la colonia Augusta Emerita se convertiría en uno de los nudos de comunicación más importantes de toda Hispania, ya que las tres grandes calzadas que cruzaban la

Lusitania y la ponían en las provincias, convergían eran la Vía de la Plata, Augusta (Astorga); la

Felicitas lulia <Lisbo Caesaraugusta <Zaragoza); Bracara Augusta <Braga) y a Emerita (Mérida)’. Este desde fecha muy temprana, siempre sobre el carácter de Extremadura.

comunicación con el resto de en ella”6. Estas tres calzadas de Emerita <Mérida> a Asturica Vía ¡Jalma tía, de Olissipo a) a Toletum <Toledo) y y la Vía Guinea, que partía de Conimbriga (Coimbra) y llegaba nudo de comunicaciones prueba, lo que se ha venido repitiendo fronterizo y de tierra de paso

La presencia romana en Extremadura dejó sentadas las bases de la evolución lingoistica posterior -al igual que en el resto de la Romania- y perpetuó

6 M. Cardalliaguet Quirant, Historia de Extremadura, Badajoz,

Universitas Editorial, 1988, p. 46.

También se localizan en Mérida otras seis calzadas que la ponían en comunicación con Córdoba, la desembocadura del Guadiana, Sevilla, Lisboa -por otros dos itinerarios- y Zaragoza -por Lusitania-.

topónimos en la región, entre los que destacan, aparte de los consabidos Mérida, Coria, Medellín o Herrera, los que se derivan de antiguos posesores latinos: Montánchez, Ruecas, Eljas, Cedillo, Botija, etc. Según

la opinión de Sánchez Salor, “en Cáceres, los topónimos que responden al nombre del posesor antiguo no presentan sufijo de posesión (—anus, —enus, —mus) con tanta frecuencia como en otras regiones. Son más frecuentes los topónimos que responden al viejo sufijo —jus, —la, o —ilius, —lila, o incluso a un genitivo latino”8.

La invasión árabe propició un nuevo golpe de timón a la historia de la Península. Los árabes -como ya ocurrió siglos antes con los romanos- extendieron una nueva mentalidad y un nuevo patrón de vida entre los pueblos conquistados: construyeron nuevas edificaciones (alcázares, adarves, almenas>, introdujeron cultivos hortofruticolas (albaricoque, albérchigo, acelga, altramuz), perfeccionaron los sistemas de riego

<acequias, norias, aljibes, albercas, azudas), impusieron un nuevo modelo de pesas y medidas <quilates, arrobas, quintales, fanegas, maquilas), extendieron sus instituciones jurídicas y ocupaciones <alcalde, alguacil, albañil, alfarero) y dejaron -en fin- una

8 E. Sánchez Salor, “Topánásos derivados de nombres de

‘possesores’ latinos en la provincia de Cáceres”, en AAW: Estudios dedicados a Carl os Callejo Serrano, cáceres, Diputación Provincial,

1977, p. 732.

huella imborrable en la toponimiat

El territorio que hoy ocupa la Baja Extremadura perteneció, en una primera etapa de dominación, a la provincia musulmana ‘Al-Garb’ (“el occidente”), que también integraba los territorios portugueses de la Lusitania romana. Esta provincia conoció un momento de gran prosperidad económica, “surgieron entonces numerosas poblaciones que aún hoy conservan sus nombres árabes. La agricultura y la artesanía extremeñas se enriquecieron con nuevos cultivos y especialidades, se multiplicaron las ferias y mercados, e, incluso, las fiestas populares de muchos pueblos actuales recogen la

huella cultural de los musulmanes.”’0

De la época árabe sobreviven numerosos topónimos en nuestra región. Miguel Asín Palacios” ofrece una lista de 63 nombres de lugar que proceden directamente del árabe y otros 20 “probable o seguramente arábigos no descifrados todavía”’2. Entre los primeros cita los

véase R. Menéndez Pidal, Manual de Gramática Histórica Española, Madrid, Espasa-Calpe, p. 22-24.

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