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Chapter 4. Capturing Ideas of Citizenship: Methods, Procedures and

4.2. Research Questions and Sample Selection

Figura 10. Caricatura titulada “Crónica del colombiano que salvó al mundo” Autor Daniel.

Al principio de esta investigación nos preguntábamos por la dimensión de Colombia, acercarnos si quiera a una perspectiva que nos diera luz de cuan variada es su población, su territorio, ecosistema, política, entre tantos rasgos distintivos para llevar al contexto escolar una idea concluyente de país. Pero la inquietud motivadora nos arroja a un océano de

84 información referido en datos, cifras y conceptos descomunales que se suman a los sucesos que materializan esos números de similar dimensión.

Cuanto mayor sea la ambición por comprender a Colombia en el mar de todo su esplendor inevitable será también el naufragio o el hundimiento, hablamos de una labor que debe conceder por lo menos la inclusión para evitar ahogarnos en el intento. Un barco no puede tripularse con un solo navegante, requiere de otros individuos que se sumen a la labor, cada uno sirviendo al otro, desempeñando un rol, trabajando por un mismo objetivo, si bien es cierto que algunos resaltan la labor del capitán, éste no podría adentrase en esos mares ni mucho menos llegar a su destino de manera individual.

De esta misma manera no existe posibilidad de vislumbrar la paz en Colombia ni incomunicado, ni apartado, los seres humanos somos sujetos sociales y sujetos comunicables, nuestras experiencias hablan por nosotros mismos y tienden a vincularse con los demás a manera de influencia, de enseñanza, de relación como para hallar en ello caricia, piedad y calor. El lenguaje es una facultad en constructo al ser colectiva se transmite, se comparte, así como se hereda también se ofrece, y la escuela como columna vertebral de la sociedad donde coexisten tantas maneras de pensar, de ser y de hacer, podría trazar el mapa y la ruta para adentrarnos en la aventura de comprender a Colombia.

Esta investigación encontró en la caricatura un sendero del que podría valerse la escuela pues socialmente ha tenido éxito como retrato y reflejo de esa sociedad con sus virtudes y carencias. La caricatura es una oportunidad para desalojar tanta rabia, tanta impotencia en especial tanta angustia moradora en nuestras mentes, corazones y almas, permite comunicar lo que se halla adentro y que es imperativo sacar.

Hablamos de pensar y configurar una cultura política de jóvenes para hablar de paz, una cultura del encuentro, a propósito, ese fue el llamado del representante de la iglesia; el Papa Francisco que en su visita a Colombia el pasado 7 de septiembre del presente año invitó a los jóvenes a perdonar y no ser esclavos de odios, “Ustedes tienen esa facilidad de encontrarse, ustedes pueden enseñar a los grandes que la cultura del encuentro no es pensar todos del mismo modo, es saber que más allá de nuestras diferencias, somos todos parte de algo grande que nos une y nos trasciende, somos parte de este maravilloso país. Ayúdenos a enseñar a los

85 grandes a entrar en esta cultura del encuentro que ustedes practican tan bien.” (El Heraldo. consultado 8 / 09 / 2017).

La paz yace en lo más profundo de nuestra consciencia, pero aletargada por los miedos heredados de nuestros ancestros, es increíble ver como la literatura, la música, el arte son testimonio inescrutable de ese espíritu, que se ha hecho caricatura para transmitirse de generación en generación; Cien años de soledad de García Márquez, La rebelión de Joe Arroyo, Retrato de Colombia de Débora Arango, no son más que una manifestación caricaturesca de la paradoja de vivir en Colombia, cada una de estas obras recarga y/o desborda el entendimiento, es decir, donde lo oral y lo escrito copulan y reconfiguran el significado de maneras, podría decirse, pintorescas o paródicas, ya sea desde la ironía, el sarcasmo, la hipérbole (en la literatura) la melodía, la harmonía, el ritmo (en la música) los matices, la tonalidad, la luz y la sombra (en la pintura).

Esta experiencia fue reveladora porque la paz por la que todos nos dimos cita, fue una condición para conocer ese ser maravilloso que habita en el otro, ese ser que guarda consigo la nostalgia del pasado aún vivo en el colombiano de cepa. Poco a poco estos jóvenes fueron forjando una cultura desde sus propios conocimientos que en efecto sustentó una idea de paz distante de lo que se dice en las calles, en la escuela, en la familia, en la sociedad misma, no porque fuera mejor sino porque se trató de una idea de paz sujeta a la participación y anclada en el debate; actividades emergentes no de la imposición sino desde la voluntad.

Sostener que la paz es propósito y efecto, fuerza y consecuencia, hacer y también poder, invita a considerarla como una obligación no sólo desde las instituciones o de los ciudadanos sino de los jóvenes a quienes se les ha apartado de esta responsabilidad.

Es importante mencionar que un elemento en común entre los participantes fue el hecho de conocer a otros jóvenes para ampliar su círculo en el marco de la contingencia social, también para contrastar perspectivas. Como docente en la investigación, supe el valor de guardar silencio, cuánto más hay por aprender si me alejo del ruido que causa el ego de suponerme educador, pues como se mencionó con antelación, la educación va de adentro hacia afuera, y esta experiencia fue fiel a ese criterio.

86 Un docente investigador piensa en nuevos senderos y objetivos para hacer significativa su práctica; investigador porque explora y se abre camino a otras posibilidades problematizando su propia experiencia y docente porque en un cúmulo de teorías y corrientes, de saberes y disciplinas en los que él se encuentra inmerso, atiende a las necesidades de la enseñanza- aprendizaje de su propio contexto y de su conocimiento práctico.

La paz; la caricatura joven del post-conflicto.

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