Chapter 3: Current Issues
9. Residential Architecture
Tal como Foucault lo mostró a lo largo de todas sus investigaciones, tanto la estructura del poder como la del Estado han cambiado sustancialmente en los últimos cincuenta años. En un simposio en la Universidad de Vincennes, Foucault definió esos cambios como un replanteamiento estructural del “Estado providencia” y, con ello, como el surgimiento de un Estado cualitativamente diferente y, en consecuencia, como una nueva economía del poder66.
66 Michel Foucault, “Nuevo orden interior y control social”, Revista Viejo Topo (Extra
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Esta reestructuración se hacía manifiesta en un repliegue aparente del Estado, caracterizado por los siguientes elementos:
• una ampliación del margen de tolerancia del Estado en zonas que no eran claves para la supervivencia del sistema;
• la ubicación de áreas estratégicas donde el Estado no permite la más mínima incidencia de la sociedad civil;
• la consolidación de un sistema de información que permite cubrir todo riesgo potencial, sin necesidad de una vigilancia represiva permanente;
• la constitución de consensos estadísticos para legitimar sus decisiones a través de un manejo institucional de los medios de comunicación. De esta nueva caracterización del Estado derivaba Foucault, como es obvio, cambios sustanciales en el ejercicio del poder en la sociedad contemporánea.
Foucault partirá de un cuestionamiento radical de los postulados convencionales sobre el poder para plantear cuáles son sus nuevos parámetros en las sociedades contemporáneas. Los postulados que, a su entender, deben ser puestos en suspenso para lograr una reinterpretación adecuada del poder son:
• el postulado de propiedad, que considera que el poder es poseído por la clase dominante;
• el postulado de localización, que señala al Estado como el ámbito exclusivo del poder;
• el postulado de subordinación, que subordina el poder a un modo de producción específico;
• el postulado de modo de acción, que define a la coerción física e ideológico-política como instrumentos de dominación, y
• el postulado de legalidad, que considera que en el derecho y la ley se materializa el dominio del poder67.
Dejando de lado estos argumentos, no para negar su validez, sino para que no contaminen, a priori, una perspectiva diferente en su análisis, enuncia entonces Foucault la serie de proposiciones que definen la nueva economía del poder en las sociedades contemporáneas:
• el poder se ejerce a partir de innumerables puntos, en un juego de relaciones móviles;
• las relaciones de poder son inmanentes a toda situación particular, micro o macropolítica;
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• no hay matriz general del poder, sino que surge de acuerdo a cadacircunstancia;
• las relaciones de poder no son espontáneas sino intencionales, ejerciéndose siempre hacia miras y objetivos específicos;
• el poder absorbe la verdad y utiliza el saber –así como el placer– como mecanismo de control68.
La red de poderes que, como vectores invisibles, entrecruza la sociedad contemporánea, tendrá como fin principal la interiorización del orden institucional con vistas a conformar una sociedad disciplinante y disciplinada. Este proyecto de dominación masivo, permanente y homogéneo ya no amenaza de muerte sino que gestiona la vida, ejerciéndose como anatomía política del cuerpo humano y biopolítica de la población a través de una vigilancia jerarquizada, un cuerpo de sanciones, procedimientos de selección y una disciplinización del sexo y la sensibilidad que nos convierte en sujetos predispuestos al dominio.
Esta reconsideración del poder, aguda y punzante, será complementada por otros autores en diferentes sentidos. Roland Barthes lo definirá como un organismo trans-social, ligado a la historia del hombre, que no se encuentra sólo en el Estado, sino que se desliza en las cuestiones sutiles y cotidianas de la vida, incluso en los mismos impulsos liberadores que intentan cuestionarlo69.
El poder se presenta, desde esa perspectiva, como un elemento plural en el espacio y perpetuo en el tiempo histórico, que Barthes califica como una
libido dominandis, la cual, a través del lenguaje, se reproduce y multiplica
por el tejido social. Ante ello, la alternativa que nos queda es la literatura como espacio del despoder, donde la dimensión utópica nos permite tomar la distancia necesaria para relativizarlo y, cuando es necesario, incluso desplazarse y abjurar de esa verdad que el poder termina utilizando para someternos.
Elias Canetti realiza una de las aportaciones más singulares a esta reinterpretación del poder70. Las entrañas del poder son exploradas por
Canetti desde una óptica que desborda la consideración socio-política convencional, hundiéndose en las raíces del mismo y mostrando cuáles han sido los símbolos, instrumentos y elementos que desde siempre han caracterizado su ejercicio. Sin embargo, su aporte decisivo a este debate viene, sin duda, representado por su análisis del secreto como médula del poder, punto clave en el ejercicio contemporáneo de éste y del control que ejerce sobre la sociedad.
68 Michel Foucault, Historia de la Sexualidad (Tomo I), México: Siglo XXI, 1984. 69 Roland Barthes, Discurso Inaugural, México: Siglo XXI, 1985.
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Donde hay secreto hay poder. El conocimiento de algo y el desconocimiento de ello determinan la relación de dominio entre las partes. La información que alguien posee lo coloca en situación de ventaja frente a quien no la posee. La dominación, individual y social, se estructura a partir de lo que alguien o alguna clase o sector sabe y que no saben los demás. La dinámica que se genera a partir de ello, constituye la esencia misma del poder que, con nuevos mecanismos, no hace sino reproducir las prácticas primitivas que desde entonces han definido su ejercicio.