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Si hay algún ámbito que debería caracterizar especialmente la Asociación Estratégica Birregional UE-AL éste debería ser, sin duda, el de su vertiente social, educativa y de cooperación al desarrollo.

El Parlamento Europeo ha propuesto lanzar una decidida y generosa política de cooperación al desarrollo de Latinoamérica, centrada especialmente en la lucha contra la pobreza, así como en los ámbitos de la educación, cultural, social, de la salud y de la migración.

Las razones para ello son evidentes: aunque la UE -Comisión más Estados miembros- es el primer donante de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) en favor del continente latinoamericano, la realidad es que la pobreza en América Latina se comprende fácilmente cuando se sabe que los ingresos de hasta dos dólares diarios siguen superando el 40 % y la pobreza extrema, de hasta un dólar diario de ingre- sos, se acerca al 20 % de la población.

Un análisis comparativo de los últimos 20 años en el continente latinoamerica- no muestra que, a pesar de haberse llevado a cabo con determinación muchas de las reformas económicas y estructurales preconizadas por el «Consenso de Washington», la pobreza y el nivel de indigencia apenas si han disminuido, al tiem- po que han aumentado índices como los de concentración de la riqueza (y por tanto de la desigualdad) y la disminución del empleo estable.

En particular, la lucha contra la pobreza y la desigualdad, la acción conjunta en materia de educación y de salud, y la dignificación y recuperación social de las poblaciones indígenas, deben estar en la base de una nueva y generosa política de desarrollo de la UE hacia América Latina, basada en medidas como:

- la apertura progresiva de los mercados de la UE en línea con los objetivos previstos en los Acuerdos de Asociación;

- la creación del Fondo de Solidaridad Birregional propuesto por el Parlamento Europeo en 2001;

- la adopción de un marco legislativo diferenciado y la asignación de recursos presupuestarios adecuados y no inferiores proporcionalmente a los que el nuevo Acuerdo de Cotonou prevé para los países ACP;

- una política migratoria negociada, decida y generosa;

- la apertura de los programas de la Unión Europea relativos a la formación profesional, a la educación, la cultura y la cooperación científica y técnica; - y, en fin, el apoyo a programas de reformas institucionales y fiscales, y la integración completa y efectiva de la población indígena en la vida política, económica y social de cada país en igualdad de derechos con el resto de los ciu- dadanos.

Sólo así cabría considerar que la Asociación Estratégica entre ambas regiones es digna de tal nombre y reposa en algo más que en el desarrollo del comercio entre las partes.

Por otra parte, los trabajos actuales del Parlamento Europeo hacia América Latina van encaminados a asegurar que la próxima Cumbre de Viena sea un éxito. En esa próxima Cumbre, la IV, de Jefes de Estado y de Gobierno de la UE/América Latina y Caribe que se celebrará en mayo de 2006, se debería llegar con un acuerdo entre la UE y MERCOSUR, listo para firmar.

En Viena se deberían fijar las fechas para el comienzo de las negociaciones comerciales, base para el futuro acuerdo de Asociación entre la UE y América cen- tral, y entre la UE y los países de la Comunidad Andina.

Todos estos elementos son parte de la ambiciosa estrategia birregional que ya adoptó el PE en su resolución de 2001: «Hacia una asociación global y una estrate- gia común para las relaciones entre la UE y América Latina.»

Naturalmente esta relación birregional deberá hacerse para, con y por el bien de los ciudadanos.

No es suficiente que avancemos hacia espacios económicos si el ciudadano no encuentra en ellos la respuesta a sus inquietudes y problemas cotidianos.

Discutir sobre acceso a mercados o disminución de aranceles sólo tiene sentido si se habla también de cohesión social y de solidaridad, porque detrás de todos los tecnicismos del comercio internacional, hay seres humanos cuyas vidas se verán profundamente afectadas por su aplicación.

El Parlamento Europeo que tengo el honor de presidir, ha insistido siempre, a través de sus resoluciones, ante las demás instituciones de la UE y ante los gobier- nos de los Estados miembros, en la necesidad de ayudar, con todos los medios dis- ponibles, a los países latinoamericanos a construir una sociedad basada en la dig- nidad humana y en un progreso equitativo y sostenible.

Es un sueño que puede hacerse realidad.

Por él se nos ha acusado muchas veces de ser excesivamente ambiciosos, soña- dores y aún quijotescos, en nuestras propuestas.

No es éste último un particular calificativo que nos deshonre. Conviene decirlo precisamente ahora; porque, aunque fruto del trabajo común, las propuestas de la UE se deben parte al esfuerzo combinado de políticos, diplomáticos y funcionarios españoles y portugueses.

Y por otro lado, porque ello resume bien cuánta imaginación, determinación y entrega serán necesarias para poner las relaciones Unión Europea-América Latina-Caribe a la altura que merecen en un entorno complicado últimamente por el dificultoso proceso de ratificación de una Constitución Europea a cuya cita his- tórica España y sus ciudadanos han llegado, esta vez, los primeros.

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