2.3 A dislocation dynamical model for a continuous yield point phenomenon
2.3.2 Results
En el Mundo de la Imagen Verdadera no existe el sufrimiento, pero en el mundo fenoménico existe y tiene su valor. Usando el término "valor del sufrimiento", tal vez podamos parecer partidarios del "culto al sufrimiento"; pero la verdad es que los sufrimientos de esta vida desaparecen cuando conocemos su significado y extraemos alguna lección. El sufrimiento surge cuando nuestro modo de vivir no está de acuerdo con nuestra Imagen Verdadera. Por lo tanto, cuando ocurre algo
que nos cause sufrimiento, necesitamos examinar nuestro modo de vida y verificar en qué punto no está de acuerdo con nuestra Imagen Verdadera.
Supongamos, que una persona se hiere accidentalmente. Con la herida, surge el dolor y la persona sufre. Ese sufrimiento tuvo origen en el hecho de que esa persona "tocó algo que no debería ser tocado". En otras palabras, hubo una fase en el procedimiento de esa persona, que infringió alguna ley de la naturaleza. Si comprende la lección y decide que de ahora en adelante, tratará de no tocar en cosas que le puedan herir, entonces el sufrimiento habrá sido valioso para ella. A partir de entonces, su vida estará más de acuerdo con las leyes de la naturaleza y, por lo tanto, será más feliz. Como vemos, el sufrimiento sirve para indicar si nuestro modo de vivir está de acuerdo o no con las leyes de la naturaleza. Es corrigiendo sus fallas que la humanidad camina en la dirección correcta.
El agua es indispensable para nosotros. Sin ella, no podríamos vivir. El agua, mitiga nuestra sed, lava nuestras ropas, mantiene limpia nuestra morada e irriga nuestras tierras. Ya sea como pequeños riachuelos, o formando lagos tranquilos, o fluyendo serenamente como grandes ríos, las aguas van a unirse al gran mar. Allí, acumulan innumerables peces y mariscos, que nos sirven de alimentos. ¡Qué grandes son los beneficios del agua!. Sin embargo, en determinadas circunstancias, puede causar inmensos daños. Por ejemplo, si la represa de Tonegawa se rompe, las aguas se precipitarán en torrentes, arrastrando casas e inundando chacras. Se podrán perder muchas vidas y serán enormes los daños materiales. Reflexionando sobre los beneficios proporcionados por el agua y los perjuicios que a veces nos causa, llegamos a la conclusión de que "el agua en sí, no representa el BIEN ni el MAL". Lo que hace que el agua mitigue nuestra sed o arrastre nuestras casas es nuestra "posición" ante los principios que rigen al agua. Cuando estamos en la "posición correcta" en relación a ellos, gozamos de sus beneficios y cuando estamos en la "posición equivocada", sufrimos daños físicos y materiales. A través de los sufrimientos experimentados, debemos reconocer el error de nuestra "posición" y buscar corregirlo. El valor del sufrimiento está en el hecho de que nos lleva a reflexionar sobre nuestras actitudes.
el invierno, nos permite cocinar los alimentos, en fin, nos proporciona innumerables beneficios. Pero ese mismo fuego puede, a veces, quemar nuestras casas y dejarnos en la intemperie, en pleno invierno. El mismo fuego y los mismos principios que lo rigen, pueden hacernos felices o infelices. Nosotros no podemos cambiar la naturaleza del fuego ni los principios que lo rigen. Ellos permanecen siempre inalterables. Entonces, ¿por qué el mismo fuego que nos da tantos beneficios nos causa, a veces, tan grandes sufrimientos? Es porque, a veces, nos colocamos en una "posición" contraria a los principios que rigen al fuego. Conociendo bien esos prin- cipios y colocándonos en la "posición" de poder usarlos sabiamente, nos servirán como fieles criados. Esto se aplica a todas las "leyes". Si estamos sufriendo de una forma u otra, es una señal de que nuestro modo de vivir está en desacuerdo con algún "principio".
Hasta aquí, hablé de las consecuencias que sufrimos; por nuestras "posiciones" en relación a los "principios" (las "leyes") que rigen la materia. Pero, lo que dijimos anteriormente, se aplica también a nuestras "posiciones" en relación a las "leyes que rigen el mundo de la mente" (o leyes mentales). Dios no es un ser parcial que da felicidad a algunos, que ama y da infelicidad a otros que no ama. Si estamos
sufriendo por algo, la culpa no es de Dios. Es nuestra actitud mental la que no está de acuerdo con las "leyes mentales". Por eso, cuando sentimos algún sufrimiento, debemos examinar nuestra actitud mental para verificar en qué punto está en desacuerdo con las "leyes mentales", e inmediatamente corregir nuestros errores.
De esa forma, conseguiremos eliminar el sufrimiento. El sufrimiento es como una "señal roja" que nos garantiza nuestra seguridad. Y surge, cuando nuestra mente comienza a inclinarse hacia el lado equivocado, para advertirnos que si continuamos así, terminaremos destruyendo totalmente nuestra vida.
Amando a otros, se sentirá feliz. Pero, odiando a los demás, con seguridad sentirá una íntima amargura. Esa amargura, ese sufrimiento, surge como una "luz roja", para alertarnos de que odiar es una actitud mental errónea. Esa "señal roja", aparece siempre que tomamos actitudes mentales erróneas, tales como: odiar,
enfurecerse, desconfiar, envidiar, tener celos, etc., para avisamos de que no debemos proseguir por esos "caminos equivocados". Si no damos importancia a esa "señal roja" y continuamos avanzando en la dirección equivocada, terminaremos destruyéndonos a nosotros mismos, contrayendo alguna enfermedad o envolviéndonos en accidentes.
Para volvernos realmente libres de sufrimientos físicos y mentales, necesitamos anular nuestro "yo". Cuando anulamos nuestro "yo", Dios se manifiesta en nosotros. Sentimos odio, resentimiento, tristeza, celos, ira, envidia, etc., porque existe en nosotros lo que se llama "yo". Cuando eliminamos a nuestro "yo", todas las personas dejan de parecemos simples extraños y se vuelven nuestros "hermanos en Dios". Entonces, no podremos dejar de amar a todas las personas y a todas las cosas. Y, amando a todas las personas y a todas las cosas, sólo podremos sentir felicidad.
Dios ama a todas las personas. Por eso, Él es siempre feliz. Pero, no se puede decir lo mismo de nosotros, seres humanos. Muchas personas, son infelices, porque aman a unos y no aman a otros. El mayor santo es aquél que consigue amar imparcialmente al mayor número de personas. Pero, hasta llegar a ese elevado estado espiritual, esa persona debe haber pasado por muchos sufrimientos, gracias a los cuales tuvo varias oportunidades de reflexionar y de conseguir aprender a dirigir su mente hacia el lado correcto y vivir de modo correcto. Como ya dije, el "sufrimiento" es la señal que nos indica los errores de nuestras actitudes mentales y de nuestro modo de vida. Por lo tanto, siempre que aparezca debemos hacer un serio examen de conciencia y corregir nuestros errores.