Israel experimentó una seria situación inflacionaria casi sin in- terrupciones desde el nacimiento de su estado en 1948.17
Aun a pesar de ser una nación joven, su historia registró ya ex- tensos controles sobre precios y salarios. Las primeras medidas fueron dispuestas en abril de 1949, oportunidad en que el gobierno anunció que la nueva república fijaría precios máximos para la ma- yor parte de los productos y habría racionamiento para los "artícu- los de primera necesidad", como vestimenta, alimentos, y mate- rias primas. Considerando que la población en un principio aceptó la implantación de dichos controles con alivio, el continuo aumen- to de la emisión monetaria implicaba que la constante presión in- flacionaria llevó a incrementos en los costos, reduciendo los már- genes de beneficio de los productores. De manera gradual, co- menzó a formarse un mercado negro que incluía un considerable número de bienes que estaban sometidos a precios fijos.
Durante 1949 y 1950 los precios oficiales de algunos artículos de primera necesidad se vieron reducidos verdaderamente en térmi- nos absolutos, exacerbando de este modo los desabastecimientos e impulsando a mayor cantidad de productos a ingresar al mercado negro. Cada vez era mayor la cantidad de gente que descubría que tenía que surtirse en el mercado negro, de manera que el costo real de vida se reflejaba aún menos en el índice oficial del costo de vida. Al ampliarse la relativa magnitud del mercado negro, las re- ducciones de los precios (bien intencionadas, como siempre) en
4000 años de control de precios 1 4 1 realidad provocaron el alza del costo de vida en lugar de reducirlo.18
Los controles de precios asimismo incentivaron grandes afluen- cias de productos importados. Fue otra consecuencia del sistema de racionamiento aplicado a los bienes de industria doméstica, y que alentó al público, cada vez en mayor proporción, a comprar sustitutos producidos en el exterior. Posteriormente, para empeo- rar la situación, el abastecimiento local de productos agrícolas su- frió un grave perjuicio debido a una sequía en 1951.19
Con el tiempo, el gobierno se vio obligado a reconsiderar su po- lítica. En 1951 se permitió un aumento en los precios, ajustándose también la política monetaria.
En la práctica, los controles sobre los precios habían revelado todos los indicios conocidos de un deslizamiento hacia un poder estatal arbitrario.
Con el propósito de llevar a cabo los controles impuestos, se or- ganizó un extenso sistema burocrático (3.000 funcionarios para una población de 1,4 millones); dicha política estimuló al público a denunciar a los transgresores; para atrapar a los evasores se colo- caban barreras en los caminos, se disponían arrestos masivos y se creaban tribunales especiales para su procesamiento.20
Los controles también disminuyeron la eficiencia de la econo- mía, al precipitar la monopolización en algunos sectores de la in- dustria e inducir al público a dedicarse a ciertas actividades, como el trueque, las transacciones en especie, la degradación de la cali- dad de los productos y otros mecanismos típicos de evasión.
Entre 1951 y 1953 la moderación en los controles provocó un au- mento del 150 por ciento en el índice oficial del costo de vida. Pero esto exageraba el incremento real soportado por la vasta mayoría del público, ya que con anterioridad se surtía en el mercado negro y había pagado precios mucho más altos que el índice de costo ofi- cial pautado.21
De este modo, los controles sobre los precios al principio subesti- maron al índice oficial del costo de vida con respecto al real, para luego sobreestimarlo. No obstante, hacia el año 1953 la tasa anual inflacionaria descendió al 28 por ciento, según cifras oficiales.
El período siguiente (1956-1961) fue una era de crecimiento es- table y caída de desempleo. Para 1959 el gobierno había eliminado totalmente el control de precios. Aun así, se aplicaron nuevas me- didas fiscales con el objeto de ejercer cierto control en algunos precios. Dichas medidas significaron, de alguna manera, formas disimuladas de control de precios.
142 Schuettinger-Butler Mas la política monetaria inflacionaria llevada a cabo en el pe- ríodo posterior a 1960, provocó una devaluación ineficaz en 1962, y un llamado a la restricción salarial voluntaria.
En 1963 el gobierno dispuso el congelamiento de precios y sala- rios, pero a pesar de ello, los salarios básicos subieron un 10,5 por ciento; en 1964 los salarios quedaron sometidos a una pauta del 5 por ciento (aun así, aumentaron un 11 por ciento). La reducción en los beneficios que esta situación provocaba, generó recesión durante 1966.22
Desde 1967 hasta 1969 el congelamiento de precios se aplicó ri- gurosamente. El gobierno capitalizó totalmente el sentimiento pa- triótico nacido a partir de la guerra de los seis días, y este período particular en la historia de Israel parece haber sido el único por el cual los proponentes de este sistema proclamasen algún éxito en pro de los controles de precios y salarios. Sin embargo, debe desta- carse que tanto la unidad nacional motivada por la guerra, como la existencia de un alto índice de desocupación y de restricción fiscal, constituyeron factores especiales que sin ninguna duda colabora- ron en forma significativa.23
Después de 1969 la inflación subió nuevamente y culminó en 1971 con la devaluación de la moneda y la reimplantación de los controles de precios y salarios. A pesar de la intención manifesta- da por el gobierno de limitar los aumentos en los precios a un nivel anual del 4-8 por ciento, la inflación continuó subiendo, y el exceso de liquidez monetaria fue destinado, como sucedía desde 1963-65, a las plazas inmobiliarias.
En un momento dado, las empresas constructoras vendían de- partamentos a estrenar con una antelación de dos o tres años. Pero una vez implantados los controles, decidieron interrumpir su acti- vidad. La medida que disponía el control de precios no compren- día a aquellos que no eran a estrenar, y así sus precios se elevaron a las nubes.24
Para 1972 el fracaso de estos controles resultó evidente y se re- solvió eliminarlos. A mediados de la década del setenta la infla- ción en Israel fue particularmente crítica, alcanzando un incre- mento del 40 por ciento en 1974. Desde entonces, la depresión mundial ejerció el efecto de suavizar la inflación israelí de manera considerable. En resumen, la experiencia de Israel puede conside- rarse como un fracaso más del sistema de control de precios y sala- rios. La historia de Israel se destacó por una tasa inflacionaria sig- nificativamente más alta con respecto al promedio internacional
4000 años de control de precios 143 de los países industrializados. Tal resultado, no sólo se debió al ejercicio de una política monetaria negligente, sino además a una grave distorsión en la economía durante el período de vigencia de los controles. El alcance de la distorsión y de la mala distribución de los recursos estuvo directamente relacionado a la rigurosidad y a la duración de los controles.25
AUSTRALIA: UN CONGELAMIENTO QUE FRACASO Desde 1921 hasta 1953 la "política de ingresos" de Australia fue variada. El salario básico de Australia se ajustaba automáticamen- te, cada tres meses, de acuerdo con la variación del índice de pre- cios al consumidor. En abril de 1975, se decidió reajustar el índice salarial. Dicho sistema de reajuste aún está en práctica, aunque en años recientes generó controversias.
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta 1973 no existió ninguna política activa de controles de precios por parte del go- bierno. En el año 1973 se creó el Tribunal de Justificación de Pre- cios (Price Justification Tribunal); en casi tres décadas, tal hecho significó el primer intento de control de precios (en esta oportuni- dad, sobre una base voluntaria).
El 13 de abril de 1977, el gobierno australiano impuso un "con- gelamiento" de precios y salarios que rigió sólo 41 días. Este con- gelamiento fue duramente criticado como una de las más funestas tentativas de todas las llevadas a cabo en la extensa e infortunada tradición de controles de precios y salarios. Peter Samuel, econo- mista australiano, resumió en forma concisa este episodio breve e imprudente de la historia económica de Australia.
Las causas del "derretimiento" del "congelamiento" eran inhe- rentes a su irracionalidad. Nadie hubiera pensado en congelar los precios que se determinaban con la flexibilidad de la oferta y la de- manda de todos los días —como ser los precios de una completa variedad de productos alimenticios, trabajos de construcción y servicios contratados.
¿Qué hacer con los productos importados cuyos precios están fuera de las facultades de "congelar" de cualquier gobierno? ¿Y qué ocurre con los aumentos de precios que están por implemen- larse, ya sea aprobados por organismos reguladores oficiales, o bien notificados, pero aún no en vigencia?
1 4 4 Schuettinger-Butler mente la publicidad y el apoyo popular, anunciaron que no paga- rían ningún excedente para aprovisionarse de ninguno de los pro- ductos que vendían, después de lo cual no sorprendió que muy pronto comenzaron a mermar las ventas de muchas de sus líneas de productos. Hubo enorme confusión acerca de los detalles sobre el modo en que supuestamente funcionaría el congelamiento.
En principio se dijo que el congelamiento dependería del acuer- do de todos de no aumentar los precios y salarios; que no se pre- tendería que el sector empresarial soportara el congelamiento de sus precios a menos que los costos de sus insumos también estuvie- sen congelados. También se anunció que sería voluntario. Ambos principios muy pronto fueron dejados de lado. Se criticó y se ame- nazó con represalias a una empresa que declaró no poder respetar el congelamiento de precios. Los sindicatos censuraron el progra- ma y pronto se comprobó que todo era una una artimaña caótica, mucho ruido y poco pensamiento o acción. El 24 de mayo se reco- noció su fin, a sólo 41 días desde su inauguración. La Comisión Mediadora (Arbitration Commission) y los sindicatos dispararon los últimos torpedos en el casco del barco que se hundía, y pocos lamentaron su desaparición.
Lo que debe rescatarse es que muchos de nuestros líderes de opinión viven mentalmente en un mundo de conceptos medievales ilusorios. En ocasiones, critican a la economía de mercado como "economías del siglo diecinueve", pero su pensamiento es mucho más primitivo. Al imponer semejante locura como el "congela- miento", se revelan a sí mismos como cautivos de las nociones pri- mitivas que propugnan la existencia de precios y salarios objetiva- mente "justos" y de conceptos de regulación que responden al tipo proteccionista. Historiadores del pensamiento económico proba- blemente datarían su ideología en algún lugar del siglo catorce.26
EGIPTO: LA RUEDA DE LA HISTORIA COMPLETA SU